¿La vida (no) existe?
autor: Marco Bersanelli
fecha: 2013-12-25
fuente: LA VITA (NON) ESISTE? La speranza incarnata in un bambino smonta Scientific American
(¿LA VIDA (NO) EXISTE? La esperanza encarnada en un niño refuta Scientific American)
traducción: María Eugenia Flores Luna

La conocida revista Scientific American ha recientemente publicado un artículo firmado por Ferris Jabr con un título bastante provocativo “Por qué la vida, en realidad, no existe”. El autor insiste sobre un aspecto muy conocido para los estudiosos del sector respecto al fenómeno “vida”: la persistente dificultad a definir rigurosamente el confín entre mundo viviente y no-viviente. Efectivamente, a pesar de las repetidas tentativas de biólogos y naturalistas, y también de los científicos de la Esa (European Space Agency) y de la Nasa en busca de vida extraterrestre, hasta ahora nadie ha logrado precisar de modo satisfactorio las propiedades que discriminan lo que es animado respecto a lo que no lo es. Para cada definición se encuentra un contra-ejemplo, una excepción que mezcla las cartas. La dificultad parece aumentar recientemente: a medida que los biólogos moleculares investigan los detalles de los procesos elementales que respaldan el funcionamiento de los organismos vivientes, el confín entre vida y no-vida parece deshacerse, haciendo presagiar que trazar una línea clara a nivel biofísico quizás sea para siempre imposible.

La conclusión un poco acelerada del joven periodista de la Scientific American es que, entonces, lo que llamamos vida es en realidad un concepto abstracto, “inventado por nosotros”. Hablar de organismo viviente no sería más que una representación mental nuestra, fundamentalmente ilusoria, que nosotros asociamos a los sistemas particularmente complejos. Y es a causa de nuestro incurable antropocentrismo, “de nuestra soberbia y de nuestro narcisismo”, que damos importancia al concepto de vida siendo nosotros los titulares. Entonces, ya que no logramos definir la vida, la vida no existe.

Hay una importante debilidad en el argumento de Jabr. Su tácita asunción es que el único elemento en base al cual podemos definir lo que es real y lo que no lo es son los mecanismos elementales que se someten al tejido material de las cosas. Esto lo conduce a negar un dato evidente (¡nada es más inmediatamente evidente que el fenómeno de la vida!) justo porque la vida parece huir de una definición en términos físico-químicos. Del resto podemos estar seguros de que los ladrillos elementales de la “materia viviente” son “inanimados”. Si descompusiéramos nuestro cuerpo en sus últimos elementos materiales encontraríamos protones, neutrones y electrones, partículas idénticas a aquellos que forman las rocas, el mar, las estrellas. ¿Pero podemos por eso negar que la vida exista, y que la vida sea un fenómeno absolutamente original y significativo? Sería como decir que la piedad de Miguel Ángel analizada al microscopio se revela constituida nada más que por partículas de mármol, eso que no es más que un bloque de mármol. En vez de apoyarse en la evidencia de que la vida existe (y la piedad de Miguel Ángel es una obra maestra), y poner en tela de juicio la asunción de inicio, Jabr prefiere subvalorar la evidencia. Y ésa no es una buena idea, porque equivale – además – a dudar de un pilar fundamental de la ciencia experimental.

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