Las Casas, el santo de los indios
autor: Franco Cardini
fuente: Las Casas, il santo degli indios

Gracias a él las leyes coloniales españolas fueron modelo de equidad, a diferencia de lo ocurrió en los otros dominios

Mistificaciones que dificilmente se terminan…

¿Recuerdan en 1992, las celebraciones del descubrimiento de América y los heroicos furores posteriores que surgieron en muchas de las primeras mujeres de la vida cultural (y no sólo) italiana y europea, todos con la pretensión de que la Iglesia católica se disculpara a gritos por el “genocidio de los indios” perpetrado por los conquistadores españoles en el siglo XVI?
En vano los historiadores serios - y no sólo los de fe católica – objetaron exponiendo las razones objetivas de la búsqueda científica; sin duda se dijo, que abusos y delitos fueron cometidos, pero que no se podía hablar de genocidio (tanto es así que todavía hoy Latino América está poblado por indios: más bien han sido los indios de las praderas norteamericanas quienes han sido eliminados sistemáticamente); también se añadió que muchos delitos atribuidos falsamente a los conquistadores se debieron en realidad (además de las epidemias) a los habitantes criollos, es decir a los propietarios de tierra y a los empresarios españoles y portugueses nacidos en el Nuevo mundo y que actuaron por desprecio a las leyes de la corona y del magisterio de la Iglesia.
Pues, hace diez años, estas documentadas razones fueron sepultadas por la pacotilla de una pseudo historia anticatólica: aquella misma que había sido sustentada largamente en escritos como el Candide de Voltaire y Il barone rampante de Italo Calvino, en los cuales no se hablaba del hecho de que los reformadores ilustrados de 1700 habían en realidad promovido el esclavismo y al contrario los "viejos conservadores" de la Compañía de Jesús fueron los que organizaron y armaron a los indios de las reducciones contra los cultos y progresistas saqueadores de pobre carne humana.

… y luminosidad de la figura de Las Casas

Ojalá la recuperación del interés respecto a una figura-clave de la redención de los indios y de la lucha por los derechos a los oprimidos, Bartolomé de las Casas, no permita la reanudación de aquellos temas históricos tan calurosamente debatidos hace una década y luego dejados habitualmente caer. Bartolomé, sevillano, hijo de un compañero de viaje de Cristóbal Colón, terminó apenas los estudios en Salamanca cuando se fue, a los 28 años, en 1502, exactamente hace 500 años, para tomar posesión de los plantíos paternales en el Caribe. Fueron justo la ferocidad de los colonos y los sufrimientos de los indígenas lo que hizo madurar en él una seria y profunda vocación religiosa, que desembocó en 1510 en su acceso al sacerdocio. Fueron sus despiadadas denuncias del sistema de explotación esclavista de la encomienda lo que atrajo sobre él las persecuciones del ambiente de los españoles locales pero también la atención del gobierno central.
En 1516, le pidieron volviera a España, fue encargado oficialmente por el cardenal Francisco de Cisneros - el gran franciscano que en aquel entonces también era regente del reino, en la espera de que el joven Carlos V asumiera el gobierno - para tutelar los derechos de los indios. Cisneros supo enseguida también despertar un interés en el soberano por la causa que Las Casas defendió: él, regresando al Nuevo Mundo, vistió en el 1523 el habito dominicano, y eso lo puso en parte al amparo de las persecuciones de los notables criollos y de los mismos prelados españoles encargados de guiar la Iglesia colonial, y a menudo de acuerdo con los esclavistas.
Desde entonces el Fraile Bartolomé invadió sistemáticamente el gobierno central con denuncias, informes, súplicas y documentaciones urgentes sobre los abusos de los españoles y los sufrimientos de los indígenas. Gracias al trabajo intenso de Bartolomé, traducido en un documento terrible - la Breve relación sobre la destrucción de Indias - la promulgación de parte de Carlos V, en el 1542, de las "Nuevas leyes sobre Indias", un auténtico hito de sabiduría y equidad: en el nombre de estas leyes los perseguidores de los indios podían ser condenados, encarcelados y hasta sometidos a la pena capital. Ciertamente, la lejanía de las colonias respecto al centro del gobierno, la dificultad de las comunicaciones, la debilidad de las instituciones del gobierno colonial y los frecuentes casos de colusión y corrupción no permitieron muchas veces la aplicación de estas sabias leyes: se inició el proceso , así se dio el primer paso.
Nombrado en 1544 obispo de Chiapa en Guatemala, Las Casas no pudo resistir la violencia que le propinaban sus adversarios por que su acción les había golpeado en lo más profundo de sus intereses. Tuvo que volver en el 1547 a la patria, incluso para preservar su vida: pero aquella retirada se transformó en una victoria. Cerrado en un convento, el Fraile Bartolomé escribió su documentada, implacable Historia de Indias: mientras tanto no dejaba de espolear al soberano para hacer justicia en América. Y Carlos V, cuyo austero cristianismo estaba impregnado por el magisterio de Erasmo de Rotterdam, se fiaba solamente de él en las cuestiones del nuevo mundo y sistemáticamente seguía sus consejos. Gracias a él, la legislación colonial española (aunque desaforadamente a menudo traicionada) fue una extraordinaria documentación de justicia y de equidad.

no así otros…

Nada parecido se realizó nunca en las colonias francesas y portuguesas (excepto el breve momento de unidad con España), aún menos en aquellas inglesas, holandesas, belgas. Fue en gran parte para liberarse de aquellas leyes que las burguesías hispanoamericanas del 1800 se rebelaron contra su gobierno central: y en las repúblicas "liberadas" el esclavismo continuó y en algún caso - como en Chile y en Argentina - hubo más tarde, en el 1800, el genocidio de los indios. Aquel genocidio que los presbiterianos colonos ingleses de Norteamérica perpetraron ferozmente entre el 1600 y el 1800 sin que la corona británica, hasta que duró su autoridad sobre las colonias, se opusiera. Una verdad incómoda, que la propaganda pseudo histórica anticatólica ha tratado de disimular hasta hoy.

n.b. los títulos menores son añadidos de la redacción de Culturanuova.it

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