Las parábolas en el Antiguo y el Nuevo Testamento
autor: Joseph Weiler
presidente EUI (Instituto Universitario Europeo)
Stefano Alberto (moderator)
profesor de Teología en la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Milán
fecha: 2016-08-23
fuente: Lezioni sulla Bibbia: le parabole nell’Antico e nel Nuovo Testamento
acontecimiento: Meeting per l’amicizia tra i popoli: "Tu sei un bene per me", Rimini, Italia
(Meeting para la amistad entre los pueblos: "Tú eres un bien para mí")
traducción: María Eugenia Flores Luna

STEFANO ALBERTO:
Buenas tardes, bienvenidos a todos, un saludo especial a los que no han logrado entrar pero están conectados con nosotros y por tanto no pierden este encuentro no encuentro - queríamos precisarlo desde el inicio -, porque aunque hay una sala, si hay uno que habla no es formalmente un encuentro, o mejor es un encuentro en el sentido que compartimos y aprovechamos de la pasión, la genialidad y la fe del profesor Joseph Weiler que todos ya conocemos. Este ciclo de lecturas bíblicas ha iniciado en 2010 y las personas que han ya participado en estos encuentros, se han dado cuenta de qué quiere decir leer, no sólo leer un texto, sino qué significa entrar con todo uno mismo en un texto, y no un texto cualquiera, sino en un texto de la Biblia.

El tema de este año es particularmente intrigante, porque por segunda vez Jospeh Weiler entra y nos invita a entrar con él al Nuevo Testamento. Esta vez como tema están las parábolas, algunas de las parábolas de Jesucristo, algo, digamos sintéticamente, no quiero quitarle tiempo a Joseph, algo que continuamente desafía nuestra libertad, desafía lo que ya sabemos. Cuando después de la narración de la parábola del buen sembrador, los suyos, los discípulos le han preguntado (Mateo 13): ¿Por qué hablas con parábolas? Jesús da una explicación muy larga, no la leemos toda, pero sintéticamente dice: para que quien mira pueda no ver, quien escucha pueda no entender. Que es como decir: uso este lenguaje para desafiar la libertad de cada uno, para descubrir los pensamientos escondidos del corazón. Las parábolas como desafío a la libertad y al corazón del hombre. Abordaremos algunas parábolas, no digo más, tenemos casi una hora y veinte, una hora y media de trabajo. La palabra a Joseph, agradeciéndole ya con anticipación por todo.

JOSEPH WEILER:
Gracias don Pino, más que nunca estoy nervioso, puede ser que más que nunca tenga necesidad de tu ayuda alguna vez. Antes de entrar en las parábolas quiero explicar algo sobre la metodología. Mi intención no es tomar tres, cuatro o cinco parábolas y decir aquí está la parábola y he aquí el significado de esta parábola. Se pierde tanto si se hace así, porque las parábolas son desafiantes, no son lineales. Será un fracaso si muchos de ustedes en algunas cosas no estarán en acuerdo conmigo, pero mi objetivo no es convencerlos de mi interpretación, sino hacerles ver cuánto es interesante, cuánto es compleja, cuánto nos hace pensar cada parábola.

Hay otra razón: según yo, como costumbre, haría falta leer y releer y releer, porque cada vez que se lee estas parábolas, y no sólo éstas, todo en la Biblia, se descubre algo nuevo. Si la actitud es justo la parábola aquí está la solución, se hace la vida muy fácil, se vuelve uno flojo y se da la responsabilidad a los demás para dar la solución, y en cambio yo quisiera que ustedes, después de la lección, dijeran “vale la pena ir allí, releer, descubrir las cosas que no hemos pensado”, es muy diverso como experiencia intelectual si se hace el trabajo solos. Entonces lo que hacemos hoy es más la enseñanza de un método del pensar que la solución a un problema. A veces digo a mis estudiantes, enseñando derecho: «Hay dos modos de presentar un paper académico: hay un modo que es “aquí hay un problema difícil, escúchenme y les daré la solución”; hay otro tipo de paper es: “aquí está el problema, escúchenme y verán que el problema es aún más complejo que lo que hemos pensado”». Y es el segundo enfoque que quisiera adoptar respecto a las parábolas. Pero hay otra cosa: los católicos tienen la eucaristía, nosotros los hebreos no la tenemos, nuestro modo de acercarnos a Dios es leer sus parábolas en la Biblia. Una ocurrencia que ya he dado varias veces, pero que daría aun hoy: se dice Antiguo Testamento, yo digo Auténtico Testamento, la misma sigla A.T.

STEFANO ALBERTO:
O. T.

JOSEPH WEILER:
Old Testament, Only Testament, O. T. vale para las dos. Sin embargo quisiera decirles que este enfoque vale también para ustedes. Si se lee el relato de la Pasión, es la narración sobre Jesús, si se leen las parábolas, son las palabras vivas de Jesús. No vale sólo como ejercicio intelectual, - Giussani hablaba de la Presencia -, es un modo de sentir esta Presencia. Entonces quisiera aclarar, abiertamente, como motivación, no la de escuchar, y luego decir “estoy de acuerdo, no estoy de acuerdo”, sino adoptar el enfoque que les indica el agua viva, que cada vez descubre algo.

El tercer punto metodológico es que de una parte hay una aproximación a las parábolas, hay una aproximación al Nuevo Testamento que quiere entender el significado que tenían las palabras de Jesús en el periodo histórico al que pertenecía, por el otro hay una aproximación que considera aquellas palabras, la Biblia, una cosa eterna, que debe tener un significado para todos los tiempos. Quisiera mostrarles que adoptando estas dos aproximaciones se ven las cosas de manera diversa. Entonces comencemos con la parábola más famosa: el hijo pródigo. Debemos leerlo, ¿don Pino nos hace el placer?

STEFANO ALBERTO:
11 Dijo aún: «Un hombre tenía dos hijos. 12 El menor dijo al padre: Padre, dame la parte del patrimonio que me corresponde. Y el padre dividió entre ellos sus bienes. 13 Después de no muchos días, el hijo menor, recogió sus cosas, partió hacia un país lejano y allí despilfarró su herencia viviendo como un disoluto. 14 Cuando hubo gastado todo, vino una gran carestía en aquel país y él comenzó a encontrarse en dificultad. 15 Entonces fue y se puso al servicio de uno de los habitantes de aquella región, que lo mandó a los campos a cuidar cerdos. 16 Habría querido saciarse con las algarrobas que comían los cerdos; pero ninguno se las daba. 17 Entonces volvió en sí mismo y dijo: Cuántos asalariados en casa de mi padre tienen pan en abundancia y yo aquí ¡muero de hambre! 18 Me levantaré e iré con mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el Cielo y contra ti; 19 ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo. Trátame como a uno de tus peones. 20 Partió y se encaminó hacia su padre. Cuando estaba aún lejos el padre lo vio y conmovido corrió a su encuentro, le echo los brazos al cuello y lo besó. 21 El hijo le dijo: Padre, he pecado contra el Cielo y contra ti; ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo. 22 Pero el padre dijo a los siervos: Rápido, traigan aquí el más hermoso vestido y vístanlo, métanle un anillo al dedo y sandalias a los pies. 23 Traigan el ternero más gordo, mátenlo, comamos y hagamos fiesta, 24 porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido hallado. Y comenzaron la fiesta.
25 El hijo mayor se encontraba en los campos. Al regresar, cuando estaba cerca de la casa, oyó la música y las danzas; 26 llamó a un siervo y le preguntó qué fuera todo eso. 27 El siervo le respondió: ha regresado tu hermano y tu padre ha hecho matar el ternero más grande, porque lo ha encontrado sano y salvo. 28 Él se enojó, y no quería entrar. El padre entonces salió a rogarle. 29 Pero él respondió a su padre: Aquí, yo te sirvo desde hace tantos años y nunca he trasgredido una orden tuya, y tú no me has dado nunca un cabrito para hacer fiesta con mis amigos. 30 Pero ahora que este hijo tuyo que ha gastado tus haberes con las prostitutas ha regresado, para él has matado el ternero más grande. 31 El padre le respondió: Hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo que es mío es tuyo; 32 pero hay que hacer fiesta y alegrarse, porque tu hermano había muerto y ha regresado a la vida, estaba perdido y ha sido hallado». (Lucas, 15, 11-31)

JOSEPH WEILER:
Es una lección bellísima, bastante transparente, de la gran virtud del perdón: el hijo menor, impaciente quiere su parte, luego va a desperdiciarla yendo con prostitutas, y a cierto punto no sólo regresa, sino muestra un arrepentimiento real - “he pecado ante Dios, y también ante ti”- pide perdón y su padre, que podía estar amargo y podía castigarlo, lo perdona. Pero veamos algunas cosas que son menos obvias. Ahora haré un ejemplo de lectura que busca la verdad relacionada con el contexto de la época.

¿Cuál es el significado del ternero más grande? Leyéndolo hoy, 2000 años después, pensamos en algo precioso, cuando el hijo mayor dice: a mí no me dabas ni siquiera una cabra, y a él le das el ternero cebado, a él le das algo precioso y a mí no me das ni siquiera una miserable cabrita. Pero es muy posible, es una especulación, pero es muy posible que en el contexto en que Jesús hablaba, el ternero más grande estuviera en preparación para ir a Jerusalén, para hacer un sacrificio por el cual se preparaba el mejor ternero para Dios, tres veces al año cuando se va a Jerusalén. Y ya aquí hay una lección muy subversiva de parte de Jesús: es más importante matar este ternero cebado - para ejercitar el perdón - en este contexto que ir al templo y sacrificarlo. Se pone el corazón frente, si quieren, a la ley, o a la formalidad, se pone al otro ante el deber formal de la ley. Y según yo, en el contexto en que Jesús hablaba, tantos habrían entendido esta lección. Este es un ejemplo de la lectura en un contexto histórico. Pero aún más interesante para mí, no es el hijo menor, sino el hijo mayor. ¿Por qué quisiera proponer que el hijo mayor es el verdadero protagonista de esta parábola?

STEFANO ALBERTO:
Debería haber un micrófono que pueda girar, porque no somos pocos, y están también aquellos conectados…

JOSEPH WEILER:
Y no se preocupen, no hay una respuesta correcta.

STEFANO ALBERTO:
Entonces no hay una respuesta justa por tanto…

JOSEPH WEILER:
Pero aún más interesante para mí - y es mi tesis real de hoy sobre el hijo pródigo – es que el verdadero protagonista y la lección más importante no la da el hijo menor, sino el hijo mayor. ¿Por qué quisiera proponer que el hijo mayor es el verdadero protagonista de esta parábola? ¿Hay alguien? ¿Andrea?

STEFANO ALBERTO:
Tendría que haber un micrófono. O gritar muy fuerte o… he aquí el micrófono que puede girar, porque no somos pocos (hay también gente en conexión…).

JOSEPH WEILER:
No se preocupen: no hay una respuesta correcta. ¿Por qué podemos decir que, en realidad, el protagonista, la lección importante concierne al hijo mayor? Les diré mis ideas sobre esto. Porque el hijo mayor es nuestra realidad: ustedes mismos, gente la mayor parte religiosa, decente, que trata de vivir una vida de imitatio Dei (todos somos pecadores, pero al menos se prueba). Y luego se ve otro canalla, que es rico, que tiene mil terneros gordos. Y quién de nosotros no ha pensado al menos una vez: ¿cómo es posible? Quién realmente está tratando de vivir una vida de imitatio Dei, cada día, como dice el hijo mayor - y tengo mucha empatía, incluso simpatía, por él - parece no recibir nada, ni una miserable cabra y ese, que iba con prostitutas, ¡recibe todo! ¿Cómo es posible? Digo, en voz baja, ¿cómo es posible, Dios? ¿Qué mundo es éste? ¿Quién de nosotros, al menos una vez, no ha pensado esto, viendo a uno que seguro es puro, y tiene una vida difícil, mientras el otro que va con las prostitutas, florece? Eh! El hijo mayor habla por nosotros mismos: su planta es la planta que la mayor parte de nosotros posee; es mucho más difícil identificarse con el hijo menor (sí, habrán algunos), pero es muy fácil identificarse con el hijo mayor. ¿Verdad? Y en este contexto, incluso siendo muy importante, me da escalofríos el acto de generosidad hacia el hijo menor, el perdón.

Interesante es la respuesta de Dios al hijo mayor. También aquella es una lección muy importante, porque ¿qué dice Dios? “Tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo”. Quiere decir: si haces esta pregunta, no has entendido el sentido de tu vida. El sentido de tu vida no era trabajar cada mañana los campos (como dice el hijo mayor, “de tantos años te sirvo y nunca he trasgredido una orden tuya”), porque siguiendo esta vida, ya has ganado mil veces más que un ternero cebado. Porque todo lo que es mío ya es tuyo. No debes esperar un premio, porque el premio ya es la vida que has elegido hacer. Y por eso, ¿por qué no festejar a tu hermano menor, que ahora tiene también él la posibilidad de vivir la vida que tú estás viviendo ya y que es ya un premio, sin ternero cebado? Para mí, ésta es una lección bellísima: el hijo mayor es el protagonista porque es nosotros; la pregunta que hace el hijo mayor es la pregunta que hacemos nosotros al enfrentar la vida y ver esta imposibilidad, lo que florece con las prostitutas y a lo que sigue decir “no, ya has terminado”. La propia vida no es un premio, es la vida que sigue, porque siguiendo esta vida lo que es mío ya es mío. El hijo pródigo es el hijo mayor, porque también él, haciendo esta pregunta, muestra que estaba perdido y ahora se ha hallado: los dos perdidos, los dos encontrados en la respuesta que da la parábola. Vamos adelante: vamos con ‘el siervo que no perdona’.

STEFANO ALBERTO:
21 Entonces Pedro se le acercó y le dijo: « ¿Señor, cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano, si peca contra mí? ¿Hasta siete veces?». 22 Y Jesús le respondió: «No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete.

23 A propósito, el reino de los cielos es similar a un rey que quiere ajustar cuentas con sus siervos. 24 Comenzadas las cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. 25 Sin embargo no teniendo éste el dinero para restituir, el patrón ordenó que fuera vendido él, la mujer, los hijos y cuanto poseía, y así saldara la deuda. 26 Entonces el siervo, postrándose a tierra, le suplicaba: Señor, ten paciencia conmigo y te restituiré todo. 27 Apiadándose del siervo, el patrón lo dejo ir y le condonó la deuda. 28 Apenas salió, el siervo encontró otro siervo como él que le debía cien denarios y, aferrándolo, lo sofocaba y decía: ¡Paga lo que debes! 29 Su compañero, postrándose a tierra, le suplicaba diciendo: Ten paciencia conmigo y te pagaré la deuda. 30 Pero él no quiere entenderlo, fue y lo hizo encarcelar, hasta que no hubiera pagado la deuda.
31 Visto lo que sucedía, los otros siervos entristecieron y fueron a referir a su patrón todo lo ocurrido. 32 Entonces el patrón hizo llamar a aquel hombre y le dijo: Siervo malvado, yo te he perdonado toda la deuda porque me has rogado. 33 ¿No deberías de tener tú también piedad de tu compañero, así como yo he tenido piedad de ti? 34 E, indignado, el patrón lo puso en manos de los guardias, hasta que no le hubiera restituido toda la deuda. 35 Así también mi Padre celeste hará a cada uno de ustedes, si no perdonarán de corazón al hermano». (Mateo 18, 21-35)

JOSEPH WEILER:
Bien, gracias. La lección parece clara, transparente. La diferencia entre las deudas es 600.000 veces más grande. Pero el primer siervo es perdonado mientras él no perdona a su siervo.
Tenemos que problematizar esto. Quisiera problematizarlo de dos maneras diversas. La primera: parece que el pecado del siervo que no perdona sea “tú has sido perdonado y en cambio tú no has perdonado a tu siervo y por eso ahora debes sufrir”. Pero quisiera hacer dos hipótesis.

Supongamos que la primera parte de la parábola no exista, existe sólo la segunda parte: dos siervos, uno tenía una deuda con el otro de 600 denarios y él ha dicho págame, si no te… ¿La respuesta no debía ser la misma? ¿Ven el problema? Si no hubiera tenido la experiencia de haber sido perdonado él mismo, habría debido sin embargo tratar a su hermano, su vecino, como a sí mismo, amarlo como a sí mismo. Da la impresión que sea malévolo sólo porque ha sido perdonado y ahora no perdona. ¡Pero piensen en la misma parábola sin la primera parte! Tenemos que juzgarlo de la misma manera, ¿verdad? Entonces es problemático, porque parece que su pecado sea sólo porque ha sido perdonado pero no perdona, sin embargo si no hubiera tenido la experiencia de haber sido perdonado, ¿habría actuado bien? ¿Es así? Difícil decir sí, sí, es así: que su pecado sea sólo porque él ha sido perdonado. Corazón de piedra es corazón de piedra, que haya sido perdonado o no. ¿Cómo resolvemos este problema? Ahora, dejamos este punto al aire. Segunda hipótesis: apenas hemos leído el hijo pródigo, que pide perdón y es perdonado. Cambiemos un poco la parábola: el siervo va donde el otro siervo, lo trata mal, como aquí, y luego va donde su maestro y le dice “perdóname, he pecado ante Dios, ante ti”. ¿Lo perdonamos o no?

Si tenemos que ser coherentes con el hijo pródigo, tenemos que perdonarlo. ¿Qué dicen sobre la segunda hipótesis? Se arrepiente, pide excusa sincera: entonces ¿viene perdonado o no viene perdonado? ¿Sí o no? ¿Sí? ¿Sí? Ves, la potencia del mensaje del hijo pródigo, primera parte: que todos vengan perdonados. Leamos con atención la última frase: “Así les hará también mi Padre celeste, si cada uno de ustedes no perdona de corazón al propio hermano”. Es una respuesta mucho más nuancée (esfumado): vendrá perdonado si antes hace la paz, pide perdón a su hermano y ese lo perdona: sólo a este punto puede con sinceridad ir a pedir perdón a Dios. No se puede pecar contra otro hombre y luego ir a Dios a decir “excúsame”, “perdóname”, etc… La obligación es antes, la obligación ética-moral, horizontal entre las personas viene antes: ¿has hecho la paz con aquel contra el que has pecado? ¿Le has pedido perdón a él? Sólo a este punto puedes ir a pedir perdón a Dios y ser perdonado por Dios. Pongamos esto en un contexto histórico, como he dicho antes: recordemos que Jesús era un buen hebreo y como buen hebreo ha aprendido la lección del Yom Kippur, que es el día en que se va a pedir perdón a Dios. Y la ley es muy clara: antes de pedir perdón a Dios, tengo que pedir perdón a los demás. Ésta es la primera etapa de recibir el perdón de Dios. Y así ponemos juntos al hijo pródigo y al siervo con el corazón… Está bien, todos son perdonables, pero no podemos evitar las relaciones entre los hombres.

Y si quieren saber, en el fondo, dónde ocurre esto “amen a su prójimo como a ustedes mismos”, no deben olvidar el final de la frase: “Amen a su prójimo como a ustedes mismos, yo soy el Señor”. Amar al prójimo como a uno mismo es la condición para la relación con Dios. ¿Qué dice don Pino? ¿Te convence? ¿Habrías insistido si hubiera venido a decirte a ti “antes anda a pedir perdón a ese otro siervo”?

STEFANO ALBERTO:
Creo que no, lo habría quizá… Instintivamente dices: el perdón vale inmediatamente, sin embargo es verdad que el perdón no puede saltar… quedaría fuera del perdón.

JOSEPH WEILER:
Esto es muy farisaico.

STEFANO ALBERTO:
Mucho, por supuesto. (ríen)

JOSEPH WEILER:
Vamos al próximo. Los dos deudores, los dos acreedores en el contexto de la mujer pecadora, que en la tradición es María Magdalena (pero no está escrito en ninguna parte que lo sea).

STEFANO ALBERTO:
“Uno de los fariseos lo invitó a comer con él; y él, entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa…”

JOSEPH WEILER:
Ésta es la versión de Lucas: en los otros Evangelios (porque la historia, de esta mujer, es la única que está en todos los Evangelios) dice que entró a la casa de Simón el leproso, pero aquí lo trata como fariseo.

STEFANO ALBERTO:
36 Uno de los fariseos lo invitó a comer; y él, entró a casa del fariseo, se sentó a la mesa. 37 Y he aquí, una mujer que estaba en la ciudad, una pecadora, sabiendo que él estaba a la mesa en casa del fariseo, llevó un pomo de alabastro lleno de aceite perfumado; 38 y, estando a los pies de él, detrás, llorando, comenzó a regarle de lágrimas los pies; y los secaba con sus cabellos; y le besaba y besaba de nuevo los pies y los ungía con el aceite. 39 El fariseo que lo había invitado, viendo eso, dijo entre sí: «Éste, si fuera profeta, sabría qué mujer es ésta que lo toca; porque es una pecadora».40 Y Jesús respondiendo le dijo: «Simón, tengo algo que decirte». Y él: «Dime Maestro».41 «Un acreedor tenía dos deudores; uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta.42 Y porque no tenían con qué pagar condonó la deuda a los dos. ¿Quién de ellos pues lo amará más?» 43 Simón respondió: «Creo que sea aquel al cual ha condonado más». Jesús le dijo: «Has juzgado rectamente». 44 Y, volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? He entrado a tu casa, y tú no me has dado agua para los pies; pero ella me ha regado los pies de lágrimas y los ha secado con sus cabellos. 45 Tú no me has dado un beso; pero ella, desde que he entrado, no ha dejado de besarme los pies. 46 Tú no me has echado aceite en la cabeza; pero ella me ha rociado de perfume los pies. 47 Por eso, yo te digo: sus muchos pecados le son perdonados, porque mucho ha amado; pero aquel al que poco he perdonado, poco ama». 48 Luego dijo a la mujer: «Tus pecados son perdonados».49 Aquellos que estaban en la mesa con él, comenzaron a decir ente ellos: «¿Quién es éste que perdona también los pecados?» 50 Pero él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado; vete en paz». (Lucas 7, 36-50)

JOSEPH WEILER:
Bien. Quisiera comenzar a discutir primero un poco el contexto histórico y luego el mensaje de la parábola. El contexto histórico. Aquí vemos de manera mucho más transparente el significado del ternero cebado. La vía del perdón en esta época era ir al templo y sacrificar un animal, porque sólo los sacerdotes podían dar el perdón en cuanto eran intermediarios entre el pueblo y Dios. Entonces éste es un acto muy radical de parte de Jesús Él se toma la responsabilidad directamente de perdonar a la persona y tienen que recordar que ésta es una realidad de gente creyente de verdad, donde el peso del pecado es un verdadero peso, no una cosa formal. Jesús de manera transparente desafía a la autoridad eclesiástica, el método regular de obtener el perdón. Comienza aquí la revolución cristiana. En este acto, de manera muy transparente. Pero regresemos ahora a las parábolas. Parece una variación del hijo pródigo. Aquí una prostituta, una pecadora, obtiene el perdón. ¿Verdad? Entonces ¿qué agrega la parábola del deudor y de la mujer pecadora que es perdonada, a la parábola del hijo prodigo? ¿No parece el mismo mensaje? ¿Cuál es el valor agregado de esta parábola a la parábola del hijo pródigo? ¿Alguien es capaz de explicármelo?

STEFANO ALBERTO:
¡Espera, espera! ¡Aquí está!

Intervención del público:
Al final dice: “Por eso yo te digo, sus muchos pecados le son perdonados porque mucho ha amado”. Por tanto el amor es la condición para el perdón.

JOSEPH WEILER:
¿Y cuál es el significado de esto?

Intervención del público:
Que primero hace falta amar, luego hace falta perdonar. Parece que sea eso.

JOSEPH WEILER:
Tocado el meollo. Daré mi versión, que es una variación de aquello que dicen ustedes. En el hijo pródigo la gran virtud es el perdón. El acto de perdonar a otro es una gran virtud ante Dios. Aquí es relacional, es decir el perdón no es sólo de gran valor por sí mismo, sino aumenta la cantidad de amor en el mundo. Más perdonas, más resiste la tentación de no perdonar; un gran pecador logra resistir, esto aumenta la importancia del amor en las relaciones humanas. ¿Quién no recuerda con emoción cuando Juan Pablo II ha ido a perdonar a aquel que había tratado de matarlo? Y quién no ve intuitivamente, que no se trata sólo del valor del perdón, porque cada uno puede ser perdonado. En efecto es un ejemplo espectacular de amor.

En este sentido hay un valor agregado importante en esta parábola de los dos deudores. Dice la parábola: “Más grave es el pecado, más difícil es el perdón”, porque tenemos la tentación de la venganza, de castigar, de punir etc., pero más noble es el perdón porque lleva amor a este mundo. El mundo que puede perdonar es el mundo que puede amar. Y esto no resulta de modo tan transparente en la parábola del hijo pródigo. Entonces realmente hay un valor agregado en esta parábola de los dos deudores y de la mujer pecadora que es perdonada. Vamos a las “diez vírgenes”

STEFANO ALBERTO:
25 El reino de los cielos es similar a diez vírgenes que, tomadas sus lámparas, salieron al encuentro del esposo. 2 Cinco de ellas eran necias y cinco sensatas; 3 las necias tomaron las lámparas, pero no llevaron consigo el aceite; 4 las sensatas en cambio, junto con las lámparas, llevaron también aceite en pequeños vasos. 5 Porque el esposo tardaba, se aletargaron todas y se durmieron. 6 A medianoche se elevó un grito: ¡Ahí está el esposo, vayan a su encuentro! 7 Entonces todas las vírgenes se despertaron y prepararon sus lámparas. 8 Y las necias dijeron a las sensatas: Dennos aceite porque nuestras lámparas se apagan. 9 Pero las sensatas respondieron: No, que puede faltar para nosotras y para ustedes; vayan más bien y compren. 10 Ahora, mientras aquellas iban a comprar el aceite, llegó el esposo y las vírgenes que estaban listas entraron con él a la boda, y la puerta fue cerrada. 11 Más tarde llegaron también las otras vírgenes comenzaron a decir: Señor, señor, ábrenos! 12 Pero él respondió: En verdad les digo: no las conozco. 13 Velen pues, porque no saben ni el día ni la hora. (Mateo 25, 1-13).

JOSEPH WEILER:
Esta parábola la encuentro muy difícil. Tomemos las primeras cinco vírgenes sensatas, virtuosas. Son sensatas, ¿pero son también virtuosas? ¿Es por la caridad cristiana que rechazan compartir el aceite con las otras cinco? Bien. ¿Qué dicen? ¿Cómo se puede explicar, qué trata de enseñarnos la parábola? Aquel rechazo que parece contrario a todo lo que hemos leído hasta ahora con la necesidad de perdonar, de ser generosos, de amar, en base a todo aquello que hemos leído hasta ahora, tenemos que decir que no es tan cristiano su comportamiento. Pero sí, tomemos como hipótesis que hay una lección importante también en este hecho. ¿Qué puede ser? Han dicho a sus compañeras que pedían aceite para las lámparas, “no, vayan a comprar su aceite”. ¿Quién tiene alguna idea?

STEFANO ALBERTO:
Discernimiento, se ha elevado un grito al fondo…

JOSEPH WEILER:
Esta parábola me parece indicar más bien una virtud moderna, utilitarista: “No has invertido bien, entonces hoy paga”. Lo que dicen los nordistas a Grecia, a Italia, a España: “ ¡Debieron pensar antes!”.

Intervención del público:
Si se presta atención a los necios se pierde también uno mismo.

JOSEPH WEILER:
Nos acercamos, es alegórico, ¿verdad? El aceite es alegórico, ¿alegoría de qué? Aquel aceite ¿qué representa en esta historia? No amor, muy fácil.

Intervención del público:
[No se siente]

JOSEPH WEILER:
!Pero esto no es alegórico! He hecho una pregunta muy precisa: ¿qué significa, qué representa alegóricamente el aceite? Alguien ha gritado amor, que es siempre una buena respuesta a cualquier problema ¡amor! Pero tenemos que agregar algo…

Intervención del público:
Quisiera un momento entender una cosa: ¿qué se entiende por necio y qué se entiende por atento?

STEFANO ALBERTO:
¿Qué se entiende por sensato y necio?

JOSEPH WEILER:
Éste es un truco de los profesores universitarios, cuando no saben la respuesta tienen dos métodos, dicen: ¿qué dices tú? O bien: ¡veamos más tarde! ¡No sé la respuesta! Escuchen, porque tenemos que apurarnos un poquito. Tenía razón quien ha gritado amor, aunque amor es la respuesta a todo y por eso no es siempre suficiente.

Si no fuera una alegoría, no se entendería y no se podría aceptar el comportamiento de estas primeras cinco vírgenes. Si tú tienes un pan y el otro no lo tiene, también si no lo tiene porque lo ha desperdiciado como el hijo pródigo, haría falta compartir también el último pedazo de pan con el otro, ¿verdad? Si es una cosa material puedo condonar la deuda, pero si el aceite no representa un bien material, si el aceite representa un bien espiritual - fe, amor, generosidad de espíritu, misericordia - ¿cómo puedo compartirlo? Si alguno viniera a ti, don Pino, y dijera “dame un poco de tu misericordia, tú eres una persona misericordiosa, ¡dame un poquito!”, tu respuesta sería: “Si pudiera te lo daría de buena gana!”. Pero ésta es una cosa que sólo tú puedes obtener, trabajando en ti mismo puedes convertirte en misericordioso y generoso. Hay cosas que no podemos dar a los otros. Podemos testimoniar, mostrar una vida más válida, más valor, ejercitar estas virtudes pero no donarlas. Hay cosas que residen en la responsabilidad de la persona. Hay cosas que sólo tú puedes obtener. No puedo darte mi generosidad, no puedo darte mi capacidad de amor.

Esto es muy profundo. Es muy profundo porque responsabiliza a la gente. Responsabiliza no en el sentido que has sido flojo, ahora tienes hambre, ¡paga! ¡No! Hay virtudes que dependen sólo de nosotros. Y el único modo en que podemos darle a los otros es testimoniando. En este sentido, podemos entender a estas primeras cinco vírgenes. El aceite aquí es alegoría no de bienes materiales sino de bienes espirituales, de virtud de la persona, que el otro puede tratar de imitar pero debe necesariamente obtener él mismo. Necesariamente obtener él mismo. También el final de esta parábola es desafiante…

Intervención del público:
Usted ya estaba por introducir el tema. La última parte dice…

JOSEPH WEILER:
No, démonos del tú aquí, yo no conozco esta palabra “Usted”.

Intervención del público:
Ok. La última parte de la parábola ¿cómo se concilia con tu hipótesis? “«Señor ábrenos» pero Él responde «yo les digo, en verdad no las conozco»”. ¿Cómo se concilia con el hecho de deber tener virtudes para ser aceptado por Dios?

JOSEPH WEILER:
Has tomado las palabras de mi boca, porque he comenzado a decir que también el final de esta palabra es desafiante, porque hemos entendido el sentido de las primeras cinco vírgenes, pero el Señor al final, si ellas van a Él, ¿por qué no hacerlas entrar? Parece aquí que el Señor que podría mostrar generosidad de espíritu y decir “está bien, entren”, en cambio dice “no las conozco”.

Intervención del público:
Entonces, si se trata de un bien espiritual, ¿cuál es el sentido de la afirmación “no porque no bastaría para nosotros y para ustedes”?

JOSEPH WEILER:
Es una precisión justa que no es del todo coherente con la interpretación que he dado yo, sin embargo yo quisiera concentrarme en el segundo desafío: ¿cómo se explica el comportamiento del Señor que dice “no las conozco”? ¿Por qué no han sido perdonadas? No parece coherente con el mensaje de perdón, de más amor en el mundo. Pero hay una gran diferencia entre esta parábola y las otras parábolas que hemos apenas leído juntos. Cuando ha sido acordado el perdón existía el acto de penitencia, existía el acto de pedir perdón, existía el intento de mejorar; aquí las primeras cinco vírgenes dicen alegóricamente a las otras “vayan a comprar aceite” y no lo hacen, están allí a dormir y luego vienen a pedir “déjennos entrar”.

El perdón no es la licencia de cualquier comportamiento, para obtener el perdón es necesario que la persona sea consciente de su mala conciencia, de su debilidad, muestre el deseo de ser perdonado. Aquí el deseo no es de ser perdonado, el deseo es de entrar y festejar. Es una gran bella diferencia. ¿Niega el mensaje de perdón? No. Aun aquellos que hacen el más pequeño gesto de apertura al perdón serán perdonados, pero aquel gesto es necesario, la autoconciencia (he hecho mal ante Dios, ante los demás, etc.) es necesaria. Don Pino, ¿qué dices? Tú las hubieras dejado entrar, ¿verdad?

STEFANO ALBERTO:
No.

JOSEPH WEILER:
Yo soy Antiguo Testamento…

STEFANO ALBERTO:
No, hay un aspecto que es aquel que se llama Fe. Si no tienen fe, si no hay ni un hilo de fe y sobre todo se han procurado la Fe no del único que puede donarla…

Intervención del público:
Disculpen, ¿puedo preguntar una cosa?

JOSEPH WEILER:
Yo en realidad quisiera proceder con la parábola de los talentos, porque aquella es la más compleja de todas.

STEFANO ALBERTO:
14 Ocurrió que un hombre, partiendo para un viaje, llamó a sus siervos y dio a ellos sus bienes. 15 A uno le dio cinco talentos, a otro dos, a otro uno, a cada uno según su capacidad, y se marchó 16 Aquel que había recibido cinco talentos, fue inmediatamente a invertirlos y ganó otros cinco. 17 Así también aquel que había recibido dos, ganó otros dos. 18 En cambio aquel que había recibido un solo talento, hizo un hueco en la tierra y escondió el dinero de su patrón. 19 Después de mucho tiempo el patrón de aquellos siervos regresó, y quiso arreglar cuentas con ellos. 20 Aquel que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: Señor, me has dado cinco talentos; aquí, he ganado otros cinco. 21 Bien hecho, siervo bueno y fiel, le dijo su patrón, has sido fiel en lo poco, te daré autoridad para más; participa de la alegría de tu patrón. 22 Presentándose luego aquel que había recibido dos talentos, dijo: Señor, me has dado dos talentos; mira, he ganado otros dos. 23 Bien hecho, siervo bueno y fiel, le respondió el patrón, has sido fiel en lo poco, te daré autoridad para más; participa en la alegría de tu patrón. 24 Por último llegado aquel que había recibido un solo talento, dijo: Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no has sembrado y recoges donde no esparciste; 25 por miedo fui a esconder tu talento bajo tierra; aquí está el tuyo. 26 El patrón le respondió: Siervo malvado y negligente, sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido; 27 Habrías tenido que confiar mi dinaro a los banqueros y así, regresando, habría retirado el mío con intereses. 28 Quítenle pues el talento, y dénselo a quien tiene diez talentos. 29 Porque a quien tiene le será dado y vivirá en la abundancia; pero a quien no tiene se le quitará incluso aquello que tiene. 30 Y al siervo holgazán échenlo fuera a las tinieblas allí será llanto y rechinar de dientes. (Mateo, 24, 14-30)

JOSEPH WEILER:
Escuchen, este texto es el más difícil de todos, el más desafiante de todos. Yo hago el abogado para el tercer siervo. El tercer siervo dice: “Tú me has dado sólo un talento, a aquel le has dado dos, a aquel tres, a aquel cinco, a mí sólo uno. Yo era fiel a ti, no quería arriesgar tu dinero, tus bienes. Porque los otros han ganado, pero también podían perder, en cambio yo he conservado bien lo que me has dado”. Este siervo es también virtuoso, porque es el único que dice la verdad a la cara al patrón, “uno que aprovecha sin sembrar”. Entonces el desafío es: ¿qué mal he hecho? ¿Qué mal ha hecho, porque no ha ido a usarlos para tener intereses? Pensaba que eso fuera prohibido. Y luego el castigo es muy severo: aunque si en cierto sentido no se ha comportado bien, debe siempre haber una proporción entre lo que ha hecho o no ha hecho y lo que tiene que hacer.

¿Qué dicen? ¿Aceptan que es un gran desafío? Entonces, lo primero que tenemos que entender es el significado por el cual uno ha recibido 5, uno 3, uno sólo uno. Este es nuestro mundo: hay quien nace muy brillante, otro menos brillante, hay alguno que nace con capacidad deportiva de medalla de oro y el otro - come yo - que tiene dificultad para subir dos pisos por las escaleras. Representa nuestro mundo. Somos iguales en dignidad humana, pero no somos iguales en nuestras capacidades. Es una representación muy realista de la condición humana y de la condición social. Ahora, según yo, hay una lección muy profunda en esta parábola. Tú, creado a imagen de Dios, con tus capacidades y naturalmente con la libertad de elegir aquello que quieres hacer, tienes la tarea de imitar a Dios. Tú has recibido algún don cuando has sido creado (uno cinco, uno tres, uno uno), pero sólo uno es tu deber, no puedes decir “me corresponde a mí decidir utilizar, desarrollar o no desarrollar”; no, tú tienes la responsabilidad de hacer, con los talentos que has recibido, con las capacidades que Dios te ha dado, el máximo posible. No te corresponde decir “son cosas mías”. No basta obtener la libertad, no basta tener la capacidad, es un deber desarrollarla bien, como decía Giussani, arriesgarla.

Entonces el tercer siervo era malvado, en el sentido que pensaba que su libertad fuera absoluta, en cambio el mensaje es que tú tienes libertad pero también la responsabilidad de qué hacer con tu vida. Y tomar tu potencialidad para hacer bien y en vez de meterla bajo tierra, conservarla así, no es la manera correcta. Y por eso son premiados los dos primeros siervos.

STEFANO ALBERTO:
Gracias a todos. Si salimos de este encuentro con más preguntas que respuestas, el objetivo ha sido alcanzado y hemos hecho muy feliz a Joseph. Se puede estar de acuerdo, se puede no estar de acuerdo, podríamos estar aquí aún horas a discutir, la verdadera cuestión es que pienso que ninguno de ustedes, aun el más distraído, no tenga ganas de ir a ver estas parábolas, a releerlas, a hablar con los amigos. De todo aquello que se ha dicho podemos conservar esto: Dios espera con paciencia que yo quiera finalmente aceptar amarlo. Dios nos espera como un mendigo que está de pie, inmóvil y silencioso delante de alguien que quizá le dará un pedazo de pan. El tiempo es esta espera. El tiempo es esta espera de Dios que mendiga nuestro amor. Agradecemos otra vez al Profesor Weiler.

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