Ludwig van Beethoven - Séptima sinfonía
autor: Luigi Giussani
fuente: El Tema Del Destino Como Fondo Constante

La Séptima sinfonía de Beethoven es como la representación de una fiesta primordial. Los movimientos primero, tercero y cuarto florecen profusamente en un fantástico volcán de música, de temas colmados de alborozo y júbilo: resultaría un revoltijo de no encontrarse fusionados en un orden profundo. Imagínense un gran salón con los convidados que danzan durante una fiesta: el primer movimiento nos invita a entrar en dicha fiesta y nos asalta toda su riqueza de sentimientos, movimientos, colores y luces que rezuman de lo más profundo del corazón, del cuerpo mismo de los hombres que toman parte en ella. Parece como si colmara todo.

Pero en un cierto momento una persona, la más excéntrica y extravagante se separa, sale a tomar el aire. Abandona la sala y se detiene frente a una ventana observando, con indiferencia, todo ese voltear, ese vocear, ese clamor, esa música: lo mira todo desde fuera y se percata de cuánto es vano todo.

De improviso la fiesta se restringe y el vasto salón se empequeñece, la gente se ve comprimida hasta el punto de sentirse sofocar por el sudor y el calor. E1 hombre contempla con ironía y sarcasmo la nada, lo que desde dentro parece todo; mira con cinismo o con aprensión ese destino de las cosas.

De un sentimiento análogo nace el segundo movimiento, aparentemente tan antitético respecto a los otros que da miedo, uno se siente el corazón en un puño: cambia inopinadamente la situación. Otros ojos, otro corazón, otra sensibilidad: se abre camino una nueva música. Es como si dicha música expresara la verdad de todo lo disfrutado anteriormente.

El acorde de fondo básicamente es siempre el mismo, uno de los acordes más tristes que se hayan oído en la historia de la música: indudablemente en su interior encierra una bellísima melodía temática, pero el verdadero tema es ese acorde que, con leves variaciones, perdura casi ininterrumpidamente desde el principio hasta el final e incluso cuando parece que ha desaparecido, cuando parece arrastrado por la espontánea y natural melodía, por el espontáneo y natural deseo de vida del hombre cuando uno menos se lo espera, vuelve y remata el trozo. Es un acorde que llena casi toda la pieza y la domina, mientras la melodía encierra una tal sugestión y riqueza de variaciones que uno tendría que estar contento pero no puede estarlo: el tema del destino y de la tristeza impera sobre el tema de la vida como un persistente fondo.

Aquel hombre es profeta de como terminará el lance dentro de poco pero concluido el segundo movimiento, es como si se sacudiera de encima la melancolía y volviera a entrar para reanudar el baile.

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