Mentiras interesadas sobre la conquista española
autor: Franco Cardini (entrevista)
fecha: 1992-08-22
fuente: Il Sabato, num. del Meeting 1992, pp. 5/12

El año de celebracion del 5° centenario del descubrimiento de América ha sido caracterizado por un montón de voces, polémicas y revelaciones sensacionalistas más o menos infundadas y contradictorias entre ellas. Hemos pedido a un estudioso serio como a Franco Cardini, una ayuda para orientarnos en aquella selva enredada y llena de trampas en que la historia del descubrimiento de América se ha convertido.

¿Un historiador qué opina de todas las polémicas, a menudo inventadas, y de los lugares comunes pseudo-historiográficos sobre el descubrimiento de América, promovidos en el medio en este año de celebraciones?
Creo que el esfuerzo laudable, que hoy va de moda, de tratar de entender las culturas distintas de las nuestras y que ha llevado al desarrollo del asi llamado indigenismo y por lo tanto al hecho de culparse y de lamentarse a cerca de lo que ha sucedido en 1500 en América, se debe repetir también respecto a las culturas que estamos acostumbrados a considerar como nuestras. Pensamos que nuestros padres del 1400-1500 fueran gente que pensaba más o menos como nosotros, y por lo tanto cuando pensaron cosas que a nosotros parecen aberrantes, entonces concluimos que se trataba de fanáticos. Pero la realidad es otra. La realidad es que aquella no era gente que pensaba como nosotros. El mismo “ser cristiano” era diferente del nuestro. Es por lo tanto inútil y absurdo preguntarse cómo los cristianos del 1500 pudieron llevar a cabo exterminios. El genocidio no, porque aquello nunca sucedió, y llamarlo comúnmente holocausto sólo es una bufonada periodística.

Usted refuta el primer dogma de la pseudo historiográfica dominante: por todas partes se habla y se escribe con seguridad cierta de este genocidio…
Hubo una devastación demográfica; pero sabemos bien que ha sido determinada fundamentalmente por algunas enfermedades contagiosas. Para provocar un genocidio se requiere una voluntaria destrucción sistemática, cosa que no tiene nada que ver con la conquista española del nuevo mundo. No se hubiera podido hacer, puesto que no había ninguna razón para exterminar a los indios. Probablemente acontecieron también matanzas por motivos de tipo religioso, pero son episodios que conocemos y si se meten juntos con todos los episodios más cruentos contados por Las Casas, llega a algunos centenares de muertos. Temas ampliamente estudiados y documentados. Lo interesante es que actualmente se está realizando una cosa ridícula, es decir que los estudiosos serios del argumento, de Pierre Chaunu a Marcello Carmagnani, que no son simpatizantes del catolicismo ni de España, admiten que no hubo genocidio, que más bien la corona española siempre quiso proteger intensamente a los indios, y que si acaso lo que sucedía era que la corona española no lograba siempre hacerse obedecer.

¿Pero entonces sobre la conquista se contaron un montón de mentiras?
Mientras los estudiosos están de acuerdo sobre estos hechos de los cuales ya no se habla, existe una propaganda semicultural confusa muy activa, que reaviva los viejos lugares comunes de la propaganda inglesa y americana entre los años Setecientos y Ochocientos. Y en primera línea, paradójicamente están las lágrimas de cocodrilo católicas. Desaforadamente, en efecto, los ambientes católicos de mediana cultura son presa de un tipo de desinformación sobre la historia auténtica del catolicismo y por tanto permeables a todas las palabras de orden propagandista que vienen del mundo laico. Son absolutamente incapaces de reaccionar y de averiguar. De averiguar porque son ignorantes, de reaccionar porque tienen miedo de pasar como fanáticos y reaccionarios. Sólo a algunos católicos he escuchado repetir servilmente todos los lugares comunes que los manuales de historia de baja calidad les cuentan sobre las cruzadas y la Inquisición.

¿Pero, entonces, cómo colocar, más allá del propagandismo y de la habladuría, el problema de la conquista?
Ha sucedido una cosa muy simple: la corona de España, expandiéndose sobre América, ha pretendido expandirse con aquellos caracteres de control y dirigismo típico de la monarquía española. Sólo que esto se ha chocado desde el principio con la voluntad de los colonos, es decir, de aquellos españoles que decidieron trasladarse a América y de hacer una vida acomodada disfrutando de las conquistas coloniales. En este sentido, en el fondo, el mundo español del 1500 no ha inventado tipológicamente nada. En efecto, por ejemplo, las repúblicas marineras que tenían las colonias ultramar hicieron la misma cosa, sólo que lo hicieron en proporción más pequeña.

Aplicando categorías hermenéuticos y antropológicas, la cortina de humo ideológico levantada sobre el descubrimiento de América luego puede disiparse…
Ciertamente, sólo así logramos entender que el reino de España, y en parte aquel de Portugal, ha tratado de administrar una realidad nueva, la realidad de grandes civilizaciones que no tenían lo que en toda la Edad Media se creía fuese índice de civilización: el contacto con Dios y la Revelación. Los españoles salían de un mundo en el que el centro de todo era el Dios de Abraham porque también los judíos, también los musulmanes eran copartícipes de esta realidad. ¿Qué había fuera? Es desde la antigüedad que se sabe de India, desde el tiempo de Marco Polo se sabe de la cultura china pero en el fondo estas culturas son paganismos poco claros a los ojos de la Europa occidental. Son realidades lejanas, casi monstruosas. Con el descubrimiento de América nos encontramos totalmente frente a otra dimensión, a hombres que naturalmente parecen buenos, pero no tienen ninguna relación con una realidad revelada. Ven la vida, la muerte, la naturaleza, la familia, la sexualidad en un modo completamente diferente. Todo esto lleva a reaccionar de modo tradicional: se envían unos soldados, unos misioneros, unos colonos y se trata de tener el más posible contactos estrechos de éstos con la madre patria, que no es solamente, fíjense, un estado, sino también una religión.

¿Hay diferencias entre el colonialismo español y aquel inglés y holandés sobre el Nuevo mundo?
La diferencia fundamental entre España y el resto del mundo que ha hecho la realidad colonial está en el hecho de que el reino español permanece como un reino católico, en el cual la relación filial entre el l rey y los súbditos es muy importante. En el resto de Europa ha sucedido en cambio otra cosa: la Reforma. Así el mundo ibérico, quedando católico, queda integracionista hacia los hombres del Nuevo mundo, mientras las potencias reformadas, abandonando el principio de la responsabilidad hacia los súbditos viejos y nuevos, les permitieron a sus colonos de hacer lo que querían con los indios, sólo imponiendo rentas de tipo económico: ¡la contrata total!

¿Por tanto, como Max Weber ha observado, la ética protestante realiza el espíritu del capitalismo?
Sí, ciertamente. Basta con examinar el conflicto entre dos modelos diferentes: aquello español y católico que no reconoce una primacía a la economía y el modelo inglés-holandés reformado que en cambio lo reconoce. Por ello, en efecto, la economía es el papel tornasol para establecer si, hasta qué punto y en qué medida se tiene éxito. Y si uno tiene éxito, esto quiere decir que uno está en gracia de Dios. Luego que es uno de los elegidos. Y entonces quien rechaza el Evangelio, quien queda atacado a sus tradiciones, y sus tradiciones le impiden crecer, de vivir materialmente mejor, es un enemigo de Dios. Es uno no tocado por la gracia. Y esto es el mecanismo con el que, por ejemplo, los cuáqueros han destruido las tribus indias en el Norte de América. La diferencia entre los dos modos de colonización también se deduce por los resultados. Existe hoy un mundo en América latina que es intensamente mestizo. Esta civilización mestiza es el resultado de una fusión fisiológica pero también cultural. En cambio los colonos del Norte no se han mezclado nunca con los indios. Los han rechazado hacia el oeste, luego los han masacrado. Lo que queda es esta vergüenza cívica que son las reservas. Me pregunto, entonces, como una cultura de este tipo puede escandalizarse tanto por el nazismo y el comunismo. Ciertamente si el único principio es aquello de las libertades individuales, entonces no hay que indignarse. Pero procediendo con una lógica de mucha menor libertad individual pero de mucha mayor responsabilidad comunitaria, la monarquía española no habría aceptado nunca ver reducidos a sus propios súbditos a un nivel de postración como aquello de los indios y de los negros de América, sin intervenir con autoridad desde lo alto.

¿Qué hacía la muy maltratada Isabella de Castilla?
En efecto, Isabel no ha favorecido la ruina y la matanza de los indios. Más bien, en su testamento afirma que también los indios, en cuanto hombres, tienen derecho a la libertad y a la propiedad que son derechos naturales que no se pueden sacar a nadie. Afirmar que Isabel es responsable de las matanzas de los indios quiere decir ignorar groseramente los parámetros cronológicos, ya que Isabel ha muerto en el 1504 y las matanzas no habían iniciado en ese entonces…

¿Qué papel ha tenido la notoria leyenda negra en la demonización de España y los católicos?
La leyenda negra nace de la propaganda inglesa y holandesa, que se esfuerza de presentar España como lugar de la eliminación de la libertad durante las guerras de la segunda mitad del 1500, de la opresión religiosa y de la represión sexual y la monarquía española como basada en la superstición por excelencia, es decir, aquella papista. Esta leyenda es retomada por el movimiento ilustrado francés que es deudor de la revolución cultural-científica inglesa de la mitad del 1600 y también de la propaganda de Cromwell. En efecto el Iluminismo ha retomado por sus polémicas contra el catolicismo una serie de lugares comunes de la propaganda de Cromwell, sin preguntarse de dónde vinieran. El cristianismo de Cromwell era mucho más lúgubre que aquello católico. Cromwell fue un gran asesino de comunidades católicas irlandesas y escoceses, aunque eso es ignorado por los católicos. Las mismas revueltas criollas contra los españoles entre el 1700 y el 1800 han sido apoyadas por franceses e ingleses, que pero no han relatado que la razón de tal revuelta era que la monarquía española continuaba una gestión de tipo autoritario de las colonias, y eso impedía la explotación esclavista de los indígenas. Y el esclavismo, manteniendo bajos los precios de producción, constituía uno de los elementos portante del liberalismo. He aquí porque el esclavismo se tiene que considerar un llevado del protestantismo y del liberalismo y la guerra de liberación contra España en América latina, apoyada por Inglaterra y luego por los Estados Unidos, estaba dirigida a entregar América latina al libre juego de petición, ofrenda, producción, consumo.
Pero la historia, se sabe, la escriben los vencedores …

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