Migrantes, el desafío del encuentro. "No son números ...
autor: Romano Prodi
presidente de la Fundación para la Colaboración entre los pueblos
Naguib Sawiris
chairman of Orascom Telecom Media and Technology Holding
Silvano Maria Tomasi
monseñor, miembro del Pontificio Consejo de Justicia y Paz
Giorgio Paolucci (moderador)
periodista
fecha: 2016-08-24
fuente: "Non sono numeri, sono persone". Migranti, la sfida dell’incontro
acontecimiento: Meeting per l’amicizia tra i popoli: "Tu sei un bene per me", Rimini, Italia
(Meeting para la amistad entre los pueblos: "Tú eres un bien para mí")
traducción: María Eugenia Flores Luna

GIORGIO PAOLUCCI:
Buenos días a todos y bienvenidos a este encuentro que se titula “No son números, son personas”. Migrantes, el desafío del encuentro. Como saben hay una muestra dedicada a este argumento: sabemos que muchos de ustedes la han visitado, otros quizá querrán verla. Hemos pensado iniciar este encuentro proponiéndoles el primer video que hay en la muestra y que no necesita comentarios, porque expone en su crudeza y en realidad los viajes de las personas que llegan hacia nosotros. Veamos este breve video y luego introducimos el encuentro.

(Proyección del video)

GIORGIO PAOLUCCI:
Quizá se requieran algunos minutos de silencio ante imágenes tan conmovedoras y tal vez en estas imágenes esté ya todo el significado de este encuentro, esté la clave que hemos querido ofrecer en la muestra que hemos preparado sobre los migrantes: la identificación, el sentirse partícipes del destino, de la suerte de miles de personas que, en las condiciones que han visto, desafían el mar para lograr realizar su destino, para alcanzar la felicidad, como dice Papa Francisco. “Los refugiados no son números, son personas, rostros, nombres e historias y como tales van tratados”. Es a partir de estas palabras, pronunciadas el 16 de abril pasado por Papa Francisco, durante la visita griega a Lesbos, que empieza la muestra. Una muestra nacida sin la ambición de emitir recetas para resolver los problemas más complejos relacionados a la migración, sino que propone ante todo una posición humana, un trayecto, como decía, de identificación con las asuntos de los que dejan su tierra en busca de un futuro mejor. Los migrantes que encontramos en nuestros países o en nuestras ciudades son a menudo sólo un eco lejano, la punta de un gigantesco iceberg en movimiento en el mundo.

244 millones, según las Naciones Unidas, las personas que viven en un País distinto de aquel en que han nacido, 60 millones los refugiados. Un fenómeno planetario que nos dice que lo que está ocurriendo no es sólo una época de cambios sino un verdadero cambio de época. Hemos invitado a tres personas que, por la experiencia hecha y por el rol que desempeñan, pueden ayudarnos a entender mucho más lo está ocurriendo y la responsabilidad que se busca no sólo en los Gobiernos sino en cada uno de nosotros.

Se los presento: Romano Prodi, Presidente de la Fundación para la Colaboración entre los Pueblos. De estos temas se ha ocupado durante mucho tiempo como Presidente del Consejo italiano, muchas veces como Presidente de la Comisión Europea, como enviado especial de las Naciones Unida para Sael, y también como profesor universitario y estudioso. Monseñor Silvano María Tomasi, Secretario Delegado del Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz, por muchos años Observador de la Santa Sede ante las Naciones Unidas en Ginebra. Y Naguib Sawiris, empresario egipcio, Presidente del Consejo de administración de Orascom Telecom Media and Technology Holding, fundador del partido Egipcios Libres, el primer partido liberal formado después de la revolución de 2011, reconocido como uno de los pioneros de la defensa de los valores democráticos, del pluralismo y de la democracia. Naguib Sawiris ha lanzado hace algunos meses la propuesta de una singular iniciativa señal de acogida de la que nos contará.

Damos la palabra primero a Monseñor Tomasi, porque en su larga carrera siempre ha prestado particular atención al tema de la convivencia entre los pueblos, entre las identidades, a raíz de la Doctrina Social de la Iglesia. Su contribución al catálogo de la muestra del Meeting sobre los migrantes define los flujos migratorios como una signo de los tiempos, un desafío para entender que todos somos parte de una casa común, de la misma familia humana, y recuerda la importancia del trabajo educativo de la Iglesia a raíz de las palabras, de los gestos fuertes realizados Papa Francisco. Lo escuchamos.

SILVANO MARIA TOMASI:
Desde hace ya meses y años las masas que solicitan asilo provocan miedo, rechazo, acogida, una gama de emociones y de políticas que dividen comunidades, crean aprensión e incertidumbre, revelan sin embargo también una generosidad desconocida. El miedo al terrorismo, la percepción de que la creciente presencia del Islam y de los refugiados amenazan el modo de vida local, impulsan a ensanchar el gap entre los partidos de derecha e izquierda con consecuencias que disgregan la Unión Europea. Ciertamente, estos nuevos éxodos son la luz roja de alarma de que nuestro mundo no funciona bien. Si tres mil mujeres, niños, adultos en busca de supervivencia han encontrado su tumba en lo profundo del Mediterráneo sólo en los últimos siete meses de este 2016, si miles de menores vagan por América Central hacia los Estados Unidos y son violados por el camino, algunos asesinados, otros simplemente desaparecen, si hemos llegado a tener 60 millones de personas arrancadas violentamente de sus casas y de su ambiente y obligadas a huir para salvarse, no podemos decir que el planeta tierra, nuestra casa común, goce de buena salud.

Y sin embargo tenemos los medios, los recursos, la tecnología, para remediar. Y entonces, ¿por qué nos atrincheramos detrás de muros y alambradas para no encontrarnos con el otro que toca nuestra puerta para no morir de hambre o bajo las bombas de guerras fratricidas? O ¿por qué los gastos militares de la comunidad internacional en 2015 han llegado a la cifra de casi $1.7 trillones (o sea 1.7 billones en moneda USA), un aumento del 1% en términos reales respecto al 2014, mientras para la ayuda humanitaria no se alcanza la cifra necesaria de 20 millones de dólares?

La experiencia de las migraciones forzadas no es nueva, pero la lección de la historia sobre el movimiento de pueblos no ha sido aprendida. Aquí un canto de los migrantes en forma de diálogo entre lobos y ovejas, o sea entre ricos y pobres:

“Nosotros somos ovejas, hijos de ovejas.
De generación en generación los lobos se calientan con nuestra lana y se alimentan con nuestra carne.
Un día vinieron a decirnos que en un país muy vasto, pero muy lejano, nosotros habríamos podido vivir mejor.
Oh ovejas, ovejas - nos gritan – miren que está el mar por atravesar.
Y nosotros lo cruzaremos.
¿Y si naufragan y se ahogan?
Mejor morir de una vez que agonizar toda la vida.
Oh pobres ovejas, pero ustedes no saben que en aquel país muy vasto y muy lejano hay enfermedades tremendas.
Ninguna enfermedad podría ser más tremenda que aquella que sufrimos de padres a hijos: el hambre”.

Podrían ser líneas escritas mirando el noticiero de estos días con las imágenes de las carretas del mar llenas de personas que solicitan asilo o de cadáveres flotando o alineados en las playas del sur de Europa, mirando en sus ojos el sentimiento de orgullo de los sobrevivientes a la travesía de Libia a Lampedusa, de Turquía a Lesbos.

En realidad, estas líneas aparecieron en un diario alemán en 1880 y fueron traducidos y reportados por los socialistas Dario Papa y Ferdinando Fontana en su libro New York publicado en Milán en 1884. Entonces se trataba del éxodo de los trabajadores y campesinos italianos y europeos hacia América y otros continentes. De 1876 a 1976, 24 millones de Italianos emigraron, sin contar los clandestinos. En los barrios pobres y marginales de las grandes ciudades del Nuevo Mundo, donde casi la totalidad se asentó, venían presentados con poca empatía. La Relación del Inspectoría para la Inmigración al Congreso Americano sobre los inmigrantes Italianos en los Estados Unidos de octubre de 1912, cambiado el nombre del grupo nacional, podría ser plataforma política de los partidos xenófobos de los Países europeos de hoy. La Relación dice:

“Generalmente son de pequeña estatura y de piel oscura.
No aman el agua, muchos de ellos apestan porque tienen el mismo vestido por varias semanas.

Se construyen barracas de madera y aluminio en las periferias de las ciudades donde viven, cerca los unos a los otros.
Cuando logran acercarse al centro alquilando a caro precio apartamentos en mal estado.

Habitualmente se presentan en dos y buscan una habitación con cocina. Después de pocos días se vuelven cuatro, seis, diez.
Entre ellos hablan lenguas incomprensibles, probablemente antiguos dialectos.
Muchos niños vienen utilizados para pedir limosna pero a menudo delante de las iglesias mujeres vestidas de oscuro y hombres casi siempre ancianos invocan piedad, con tonos lastimeros y petulantes.
Tienen muchos hijos que les cuesta mantener y son muy unidos entre ellos.
Dicen que sean adictos al robo y, si son detenidos, violentos.

Nuestras mujeres los evitan no sólo porque son poco atrayentes y selváticos sino porque se ha difundido la voz de algunos estupros cometidos después de emboscadas en calles periféricas cuando las mujeres regresan del trabajo.
Nuestros gobernantes han abierto mucho los ingresos a las fronteras pero, sobre todo, no han sabido seleccionar entre aquellos que entran a nuestro país para trabajar y aquellos que piensan vivir de sus recursos o, incluso, de actividades criminales…

Privilegiados los venecianos y los lombardos, poco intelecto e ignorantes pero dispuestos más que otros a trabajar.
Se adaptan a habitaciones que los americanos rechazan con tal de que las familias queden unidas y no discuten el salario.
Los otros, aquellos a los cuales es referida gran parte de esta primera relación, provienen del sur de Italia.
Los invito a controlar los documentos de proveniencia y a repatriar a la mayoría. Nuestra seguridad debe ser la primera preocupación”.

La memoria nacional parece débil y ofuscada por el miedo a los recién llegados. Varios Gobiernos de los Estados Miembros de la Unión Europea parecen incluso carecer de perspectiva histórica aunque no hay duda de que el movimiento de los pueblos es el origen del desarrollo de la civilización, de intercambio de conocimiento, de progreso técnico. Michael H. Fisher, en su libro Migration: A World History desarrolla un caso convincente que concluye: “La historia de las migraciones está al centro de la historia del mundo (“migration history is the core of world history”, p.125).
Las Naciones Unidas informan que hoy 250 millones de personas viven y trabajan en un País diferente de aquel en que han nacido. El movimiento de los pueblos es un dato continuo, estructural de la historia de la familia humana, que a la larga trae beneficios para todos. Entonces retorna la pregunta: ¿por qué la energía para la respuesta a este fenómeno va en dirección del control, de la prevención del arribo, de políticas de contención, todas iniciativas que van contra la evidencia de la historia? Una voz, sobre todo una acción alternativa como apoyo a los erradicados de ayer y de hoy, sin embargo, no falta.

Es la voz de las mujeres y de los hombres que, inspirados en el mensaje y el ejemplo de Jesús, o escuchando la voz del corazón y la razón, han comprendido las migraciones como ocasión de encuentro y de afirmación que, antes que las fronteras, está la familia humana a la que todos pertenecemos. El otro no es tal porque es inferior o porque su diversidad lo deba catalogar un grado o dos debajo de mí, sino es otro yo porque me da la posibilidad de descubrirme a mí mismo, de tomar conciencia de mi dignidad de persona en la relación que establezco con él. El otro es una necesidad para mí. Si el otro no existe como término de parangón, yo quedo blocado en mi mundo y pierdo la oportunidad de desarrollar un auto conciencia que se abre a horizontes ilimitados. Al afrontar las migraciones contemporáneas, no podemos por tanto prescindir de un punto de partida fundamental: la actitud hacia el otro tiene que ser ante todo de recíproca acogida. Las diversidades que vienen de un pasado separado se encuentran para construir un futuro común.

Si frente al otro está ante todo la actitud de acogida recíproca que tiene que constituir el método que hace el encuentro fructífero, ello tiene que ser también capaz de asumir los problemas que surgen. No es un método ingenuo o indoloro. Mientras de una parte puede haber clausuras irrazonables, de la otra puede haber una imposición agresiva e injusta de tradiciones que violan los derechos humanos fundamentales. Del encuentro parte la búsqueda común de la verdad en un diálogo respetuoso. Hoy, me parece, que hay dos exigencias particularmente relevantes: la coherencia que tendría que vincular principios y valores afirmados en la práctica cotidiana, la distinción entre política y religión.

a. La acogida y el aprecio por el otro, extranjero incluso, en la tradición cristiana, pero no sólo, constituye la otra vertiente del culto que los fieles creyentes son llamados a dar a Dios, un acto de su confesión de fe. Esta coherencia queda sin embargo un desafío. Fundirse en un amor de Dios y del prójimo es un desafío continuo que se da con celos, egoísmos, intereses, poder. La misma historia bíblica nos lo demuestra: la acción de Caín hacia su hermano Abel, de Israel hacia los pueblos vecinos, a menudo enemigos, los hermanos de José hacia el más pequeño de ellos, los discípulos de Jesús hacia los que realizaban curaciones y no pertenecían a su grupo. La tensión entre el amor de Dios y el amor del prójimo se resuelve al reconocer a Dios en el prójimo, en el otro que encuentro (1 Jn. 3, 17). He aquí la clave de la acogida. Encontrar la mirada del otro, escucharlo, el otro que los Padres de la Iglesia de los primeros siglos han definido “aquel que es tu propia carne”. En la acogida no todo está claro. Abraham en los robles de Mambré recibe y da de comer al huésped que no conoce y nace la esperanza: a él y a Sara, viejos y sin hijos, es prometido un hijo y la historia cambia. El profeta Elías, migrante, pide comida a la viuda de Sarepta. Ella usa el último puñado de harina y la última gota de aceite que tiene para cocinar un pan para el huésped, pero de allí nace el futuro porque la harina y el aceite no se agotan por todo el periodo del hambre y de la sequía. Si somos personas de fe, entonces coherentemente integramos acogida y culto: La sorpresa del resultado no faltará.

b. La acogida presupone reciprocidad para hacer posible la convivencia. Los recién llegados tendrán que entender que la hospitalidad que reciben exige sin duda para un adaptarse respetuoso la apropiación también por parte de ellos de los valores fundamentales de la comunidad de acogida, aquel núcleo esencial de deberes y derechos razonablemente universales como la igual dignidad del hombre y de la mujer, la libertad de conciencia y de credo, la aceptación del pluralismo en la sociedad, la separación de política y religión, la igualdad de los ciudadanos frente al Estado. En realidad, se abre aquí un debate complejo sobre la universalidad de los derechos humanos, sobre el rol público de la religión y sobre la naturaleza del Estado moderno. Los flujos migratorios del mundo árabe y africano hacia Europa obligan ahora a las democracias occidentales a proponer de nuevo al interno de su espacio esta discusión que antes era un enfrentamiento entre pueblos que viven en regiones geográficamente diversas del globo. Asumiendo realísticamente que las migraciones continuaran, a la larga es más sabio pensar en su integración que consumir todas las energías en discusiones emotivas y poco concluyentes sobre los números de solicitantes de hospitalidad. Una dimensión crucial de la acogida es precisamente la integración que no tendrá que ser como el choque de dos autos cuando ambos son modificados sino en una modalidad de mutua destrucción. Antes bien la integración es el encuentro de dos experiencias humanas vividas que en el diálogo caminan juntas hacia el futuro y construyen una identidad comunitaria más rica y dinámica a través de un intercambio de dones. El otro por tanto puede volverse una fuerza propulsora hacia un futuro mejor para todos.

Pero el riesgo de manipulación es alto. El debate público sobre el impacto de la inmigración se refiere tanto a la percepción cuanto a las estadísticas actuales. Liberarnos de las deformaciones de la realidad provocadas por el miedo y por ideologías egoístas, es un paso necesario para encontrar al otro como es. En la campaña electoral americana la inmigración es un tema que provoca reacciones emotivas ardientes. Sin embargo observa el Pew Research Center, en términos reales el porcentaje de inmigrantes en la población americana, cerca del 14%, ha crecido sólo del 1% en las últimas décadas. Es igualmente útil e interesante notar que, más allá de la conmoción creada por la prensa, el número de primeras solicitudes de asilo en 2015 de 100 mil personas de la población nacional, ha sido así: 1,770 en Hungría, 1,600 en Suecia, 1,000 en Austria, 540 en Alemania, 390 en Malta, 250 en Holanda, 140 en Italia, 60 en Inglaterra. En 2016, el porcentaje de nacimientos en el extranjero en Europa es igualmente significativa, con el 18.3 % en Suecia, 18.5% en Austria, 30.1% en Suiza, 15.6% en Alemania, 15.9% en Irlanda, 13.4% en Francia, 13.0% en Bélgica, y 9.8% en Italia, y en los Países del Este de Europa un porcentaje mucho más bajo.

Dirigiendo la mirada sobre el mapa de las migraciones, se descubre una realidad más compleja que redimensiona las emociones. En 2014, por ejemplo, los ciudadanos italianos residentes en el extranjero han aumentado de 155 mil unidades, que asciende a 4.637.000, con un incremento superior a aquel de los ciudadanos extranjeros residentes en Italia (5.014.00 a fin de año), por lo que el aumento ha sido sólo de 92 mil unidades. El UNHCR (ACNUR Alto comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) nos recuerda que más del 85% de los solicitantes a asilo son aceptados en los Países más pobres en vía de desarrollo. Si piensan en el Líbano, grande poco menos que el Trentino-Alto Adigio, que tiene 4 millones y medio de habitantes, acoge 1 millón 200 mil refugiados, más que toda Europa que tiene más bien más de 500 millones de habitantes. En conclusión, la acogida que comunidades parroquiales, Municipios, familias ofrecen es la preparación de la nueva sociedad y se contrapone a la esterilidad de tantos discursos xenófobos. El otro somos también nosotros. En el mundo globalizado de hoy, la contribución del ejemplo y del mensaje cristiano se hace aún más necesario que en el pasado en su universalidad que garantiza convivencia y la construcción de la casa común: es el camino del futuro.

GIORGIO PAOLUCCI:
Al profesor Romano Prodi damos ahora la palabra partiendo de algunas afirmaciones que él ha hecho en una entrevista publicada hace pocos días en Atlantide, la revista de la Fundación para la Subsidiariedad.

Y allí, en esta entrevista que pueden encontrar en el sitio del Subsidiario en la sección de Atlantide, el profesor Prodi denuncia una carencia de visión por parte de los Gobiernos europeos en relación a las migraciones. Habla de una Unión Europea con la vista corta y sin aliento, y pone en evidencia que el miedo está prevaleciendo sobre la razón y denuncia la falta de un proyecto, de una larga visión, de una planeamiento en relación a un fenómeno que está destinado a durar mucho tiempo, pero que continuamos a afrontar sustancialmente según una lógica ligada a la emergencia. Europa envejece, África desborda de jóvenes en busca de futuro y no sólo de trabajo, sino también en busca de libertad, en busca de realización de su deseo de felicidad: ¿cómo es capaz de responder a esto Europa? Sirven intervenciones con visión de futuro. ¿Cómo estar frente a estos cambios históricos, a esos grandes desafíos que las migraciones traen hasta nuestra casa?

ROMANO PRODI:
Ya Monseñor Tomasi ha resaltado estos problemas y quisiera responder a la pregunta de Paolucci. Hay un dato impresionante, es decir que Europa ha absorbido en el pasado más inmigrantes que ahora, antes de la crisis. Hoy el problema se vuelve dramático por dos guerras, la de Siria y la de Libia, el proceso de migración se vuelve absolutamente incontrolado, crea miedo, no es regulado y no es aceptado. Pero como Monseñor Tomasi ha dicho, este fenómeno lo tendremos por mucho tiempo. Sólo un dato: Alemania, Italia y España están en un nivel demográfico decreciente de manera impresionante. De los últimos datos, tenemos 1,29% de niños por cada mujer y que para tener un equilibrio tendremos que tener dos y dos y algo más. Con la inmigración, tenemos ahora 1,39, un poco más, porque inmediatamente después de pocos años los inmigrantes adoptan los mismos hábitos demográficos de la población.

Pero este desequilibrio demográfico está provocando efectos que no son muy considerados por parte de nuestra gente, es decir que a mitad de siglo Alemania perdería en torno a 10 millones de habitantes sin inmigración. Italia perdería en torno a 6 millones de habitantes, es decir más de los habitantes de toda la Emilia Romaña, más el Trentino Alto Adigio. Y tenemos ante nosotros un África que a mitad de siglo pasará de 1 a casi 2 mil millones de habitantes. Hay un desequilibrio que da impresión (luego me detengo con los datos, porque no hay que dar muchos), pero la edad mediana es aquella: tantos más viejos, tanto más jóvenes, en Italia es 46 años. O sea, tenemos tantos italianos que tienen 46 años cuantos tienen menos de 46 años. En Mali, en Nigeria, en Mauritania, la edad mediana es entre 17 y 18 años. Reflexionen sobre esto. Entonces, el discurso de Europa debe ser aquel del grande plan de inversión en relación con África, porque de lo contrario queda sólo inmigración. Tienen que saber que ya hoy las remesas de los emigrantes son más importantes que toda la masa de ayudas, privadas o públicas, que van hacia África, y por tanto su contribución es considerada también para las familias que quedan allá el elemento de vida. No es sólo como hemos visto por el documental y como nos ha dicho Monseñor Tomasi: “La vida es más importante cuando hay hambre, para vivir se hace cualquier cosa”.

Atención, ha quedado el único remedio también para la vida de aquellos que quedan en África, para las familias, por tanto es una fuerza enorme. Es claro que los Países europeos individuales, frente a este flujo, solos no pueden intervenir a largo plazo y tampoco a breve. Aquellos a largo plazo tienen un gran plan de desarrollo y de inversiones en África. No he usado la palabra ayuda, es implícito que aun eso se necesite pero quede bien claro que tenemos que acompañar y ayudar el desarrollo económico de África.

En los últimos años el continente africano ha hecho progresos y se desarrolla de modo ligeramente superior a la media mundial, pero parte de tan abajo que el acumulo de hambre, de problemas es enorme y será enorme también para el futuro. Por tanto, hace falta un programa a nivel continental - si no, no basta - de ayudas, pero en breve, como hemos visto por las imágenes y por las palabras: hace falta un serio programa de gestión de lo que sucede. La gestión es difícil por las dos guerras: la guerra de Siria y la guerra de Libia. Más difícil justamente en un modo dramático. Quiero decir: cuando yo estaba en el Gobierno, ¿cuántas veces Gadafi me ha amenazado con mandarme barcas de inmigrantes? No lo ha hecho nunca porque se gestionaban las cosas de País a País, porque se encontraban las mediaciones y por tanto no se inyectaba este miedo y esta migración incontrolada. Hoy, hemos tenido sea de Siria que de Libia dos flujos del todo incontrolados. Aquel siriano ha sido recientemente en parte regulado, o sea la parte que llegaba a Europa y no aquella que llega a los Países vecinos que es cuantitativamente mucho más grande. La parte que llegaba a Europa ha sido regulada un poco con el ambiguo acuerdo - y repito la palabra ambiguo acuerdo - con Turquía y ha quedado sólo este enorme flujo hacia Italia. Y nos encontramos con una gran generosidad al acoger y al salvarlos en el mar pero con desorganización, clausura y grandes incompetencias cuando estos luego viven en nuestro territorio.

El problema de la acogida está justamente en esta fase: la enseñanza de la lengua, la reorganización, la valorización de los recursos humanos: este es un nivel muy importante. La semana pasada he encontrado administradores locales de la región en que estamos. A propósito del dato que daba antes Monseñor Tomasi de los 150 mil italianos que migran, cuando yo preguntaba cómo son los nuevos problemas de las migraciones, la respuesta para mí ha sido impresionante: “Vea, profesor, con la crisis llegan menos y sobre todo parten para el extranjero los muchachos más dotados y más preparados de la segunda generación”. Es decir, somos un País que no es capaz de absorber los recursos humanos, no digo la destinación final de un enorme número de migrantes que no podemos preparar, sino la ayuda a la valorización de las personas que en cambio tenemos la posibilidad y la obligación de preparar. En cuanto a la destinación final, sin duda el retorno no puede ser más que una política europea.

Los Países individualmente no tienen ni la dimensión ni la capacidad de regular este flujo aun en caso de un fin o por lo menos de una disminución de los conflictos que tenemos en frente. Sólo porque la dimensión del problema es talmente grande que exige una obra de carácter continental y no local.

Aquí me detengo, porque me había sido hecha una pregunta explicita y quiero limitarme a esta. En este momento, los Países europeos individualmente no tienen la fuerza de una política que no mire el problema de las elecciones nacionales. O sea, el verdadero problema, la verdadera crisis de nuestra democracia es el hecho de que estamos frente a la abreviación de los tiempos de reacción de la política con elecciones siempre más cerca, con los sondeos de opinión que hacen que cada elección, aun aquella de importancia local, se convierta en un hecho político nacional. Todo esto está acortando los tiempos de reacción de nuestra política, y cuando digo nuestra no es sólo italiana sino de todos los Países europeos. Cuando ha sucedido el caso griego, el gobierno griego - si queremos usar un lenguaje familiar - había engañado, no hay duda, había dado datos absolutamente falsos sobre el déficit. Pero cuando se ha presentado este problema, su dimensión era mínima porque Grecia tiene el 2% del producto bruto europeo con 30 mil millones de euros, una cifra no pequeña pero a nivel continental muy gestionable. Nosotros podíamos regular un País. Pero había elecciones locales en Alemania, en el País que comanda en Europa, tres meses después, y el gobierno alemán no ha querido o podido proceder. Y en tres meses los 30 mil millones se habían vuelto 300, porque mientras tanto la especulación había seguido su curso: puedo multiplicar este ejemplo en todos los casos de la política de cada País. O salimos de esto, o bien la tragedia de los muros se volverá inevitable porque cada electorado, guiado por el miedo, empuja a su gobernante a poner muros. Todo el peso cae obviamente en los Países que confinan con el mar, hacia África, y por tanto hace particularmente difícil la situación italiana. El discurso europeo es un problema, primero, esencial para nuestro País. Segundo, esencial para que todos los Países europeos no vengan tomados por el miedo y no adopten por tanto la doctrina del muro contra muro.

GIORGIO PAOLUCCI:
Damos ahora la palabra a Naguib Sawiris que, por muchos aspectos, cruza los argumentos de los que estamos hablando como emprendedor y como hombre que ha participado en la fase sucesiva a la transición, después de la revolución egipciana de 2011, fundando precisamente este partido de los egipcianos libres, y que desde siempre está atento aun a los temas ligados a los movimientos de los pueblos, a las migraciones. Además, también ha lanzado hace algunos meses la propuesta de la que luego nos hablará en la segunda parte de su intervención, adquirir una isla en el Mediterráneo para hospedar a los inmigrantes. Damos a él la palabra, para que nos cuente este fenómeno visto desde uno de los puntos de partida de estos grandes flujos migratorios y visto también desde el punto de vista de una persona que nos ayuda a ver un escenario internacional, visto que él tiene empresas también en Europa.

NAGUIB SAWIRIS:
Gracias. Me siento honrado de estar aquí con ustedes hoy. Se trata de un argumento que me apremia. Creo que debemos regresar a la primavera árabe para ver en dónde se origina el problema de los migrantes. Cuando ha iniciado la primavera árabe, las personas han ido por las calles y se han rebelado contra los dictadores de sus Países en Egipto, en Libia, en Siria. Su esperanza siempre ha sido aquella de buscar una vida mejor, una vida democrática y combatir por la propia libertad. Desafortunadamente, los eventos no han ido como se había esperado, porque estas personas se han encontrado frente a dos opciones: adoptar un régimen religioso, fanático, o bien aceptar una dictadura. Ambas opciones seguramente no son aceptables y en seguida a la persecución de las minorías con el crecimiento del Isis, hay un cambio instrumental en aquello que es el fenómeno de los migrantes, porque antes de la primavera árabe los migrantes dejaban el propio País porque querían una vida mejor, mejores condiciones de vida, un salario mejor. Pero después de la primavera árabe, los migrantes - hablo en particular de las minorías en el Medio Oriente - escapan de su País para salvar la vita. Sabemos todos aquello que el Estado islámico ha hecho a los cristianos de Siria e Irak, a las otras minorías. En este caso, las personas escapan para salvar la vita, por tanto hace falta distinguir estos dos aspectos, las personas que migran para buscar una vida mejor o las personas que escapan para salvar su vida, porque si se sube a una barca con la esperanza de salvar la vita, se arriesga un destino peor, por lo cual todos debemos de algún modo compartir este aspecto hablando de corazón, por tanto no considerando las meras consideraciones políticas o las cifras.

Creo que el mundo, en particular aquel occidental, haya fracasado, porque cuando hemos asistido al aumento del extremismo de Al-Qaeda y del Isis, y a lo que ha ocurrido primero en Irak, luego en Siria y en Libia, sólo mirábamos, no hemos hecho nada. A lo mejor en el pasado se iba a mirar, se iba a buscar a Bin Laden en Afganistán; ahora que sabemos dónde están en realidad no hemos hecho nada, sobre todo la administración americana. Se han enviado aviones de reconocimiento, para ver dónde estaban estas personas pero no se ha hecho nada. Estas personas han sido obligadas a la esclavitud, todo el mundo lo sabía y ha cerrado los ojos. Por tanto, habríamos tenido que afrontar a estas personas porque son soldados del mal y no hemos hecho nada con respecto a ellos.

Hay dos aspectos para afrontar el extremismo y el terrorismo. Y no hay ninguna solución que no sea el uso de la fuerza, no hay modo de afrontar el terrorismo con las conferencias, hace falta afrontarlo precisamente con personas que combatan por una buena causa. Y luego hay otro modo de reaccionar: crear puestos de trabajo para las personas, pagar salarios decentes. Si lo hiciéramos, estas personas no vendrían a nosotros. Por tanto, haría falta tener una especie de Plano Marshall europeo para África, a fin de crear puestos de trabajo en los Países africanos. Y tenemos que hablar con los Gobiernos de estos Países, porque a menudo y de buena gana hay Gobiernos corruptos que a menudo no hacen aquello que es necesario hacer para salvar a su gente. Para volver a mi idea de la Isla, se trata de una idea con la cual quiero limpiar un poco mi conciencia: soy una persona muy sentimental y cuando miro la televisión y veo un video como éste, tan chocante, cuando miro el cuerpo del niño en la playa turca, pienso: soy afortunado pero este niño habría podido ser mi hijo. ¿Cómo me habría sentido si hubiera sido mi hijo? No quiero quedar indiferente frente a estas imágenes, por tanto me he dicho: ¿una persona como yo, un símbolo como yo, un empresario, qué podría hacer?”.

Tengo experiencia, por ejemplo, en el sector del desarrollo, por tanto la idea de la isla ha sido simplemente aquella de comprarme un lugar en el paraíso en la tierra, hacer algo bueno para limpiarme un poco la conciencia y pensar que, frente a ciertas imágenes, al menos he hecho algo. La idea ha sido simple. He visto que había tantas islas en Grecia, algunas en Italia, también: en particular, las islas griegas son de propiedad privada y algunas de estas privadas las ponen en venta. He hecho un elenco de cerca 23 islas y he hecho negociaciones con los propietarios.

Mi idea ha consistido en esto: de cualquier manera hubiera comprado la isla, habría acogido en ésta a tantos refugiados como fuera posible y estas personas habrían luego construido y realizado allí su patria, habrían construido escuelas, hospitales, etc., habrían creado puestos de trabajo. Habría habido médicos efectivamente que habrían trabajado en los hospitales, habría habido ingenieros, por tanto un modelo sostenible con personas que habrían llegado a esta isla y habrían realizado todas las circunstancias para una vida mejor. El financiamiento de alguna manera habría sido suministrado por mí, todo lo que habría necesitado habría sido la aprobación del Gobierno griego: porque obviamente habría habido necesidad del control de pasaportes, de controles de seguridad. Por lo cual, me he dirigido al Gobierno griego y he encontrado al Ministro griego. Al principio estaba entusiasmado con la idea, ha prometido su apoyo y le he dicho simplemente: “No tengo necesidad de nada de usted, simplemente me debe asegurar que está dispuesto a acoger 20 mil refugiados para poner en esta isla. Les daré una lista, así usted me podrá decir cuál es la mejor y yo haré luego el resto con la colaboración de las personas”.

Hay tantas personas en el mundo que se han puesto en contacto conmigo y han expresado su disponibilidad para hacer esto. Lamentablemente tengo que decir que mi idea no ha sido apoyada por el Gobierno griego, porque la respuesta sucesiva ha sido bastante vaga. No puedo simplemente tomar a los refugiados y ponerlos en la isla, hay derechos de soberanía y yo tengo obviamente que respetarlos, hay cuestiones relacionadas con la seguridad y necesidad de control de pasaportes, de lo contrario se cometerían violaciones al derecho griego y a la soberanía griega.

En Italia, la situación es diferente, las islas no son privadas sino del Gobierno: sin embargo pienso aún que mi idea sea óptima, es muy simple. Hay sólo necesidad de voluntad política para sostenerla, voluntad política que pueda dar luz verde para sostener a estas personas y crear una nueva sociedad, un nuevo ambiente en una de estas islas. Si la experiencia tiene éxito, la podremos multiplicar, replicar, se podrán crear puestos de trabajo y esto también a beneficio de Grecia o de Italia, con proveedores a lo mejor locales. Y luego, en el futuro, cuando el problema sea resuelto, muchas de estas personas seguramente estarán deseosas de regresar a su País de origen. No es ciencia ficción, no es ni siquiera una fábula sino una idea factible, simple y concreta. Soy una persona seria, no me he metido nunca en la cabeza una idea que en el futuro no haya realizado, por lo cual hago a todos un apelación: ayúdenme a hacer presión sobre estos Gobiernos, a convencerlos, para decirles: ¿qué pueden perder al apoyar esta idea?. Como ha dicho el Presidente Prodi, tenemos necesidad de políticos que no miren sólo las elecciones sino políticos que tengan corazón, que se sienten frente a la televisión y miren un video como éste y lloren y se sientan mal frente a estas personas inocentes. He aquí el tipo de políticos que necesitamos. Gracias.

GIORGIO PAOLUCCI:
En las tres intervenciones se ha repetido la palabra miedo: lo diferente, lo nuevo da miedo. ¿Pero cuándo da miedo? ¿Y cómo se está frente a este miedo? ¿Cómo es posible mirarlo a la cara? ¿Cómo es posible vencerlo? El miedo es un sentimiento natural en el hombre y necesita, antes de demonizarlo, acompañarlo, como dice uno de los videos que hemos preparado para la muestra: “Se puede acompañar este miedo mirando a quien lo ha vencido, mirando las tantas experiencias positivas en que el encuentro con el otro, el encuentro con el extranjero, el encuentro con el diferente a mí se convierte en ocasión de enriquecimiento, se vuelve fecundo”. Aquí, entonces quería preguntar a nuestros huéspedes - visto que este tema del miedo es también políticamente muy usado pero sin embargo pertenece a la dimensión personal de las relaciones que cada uno tiene con quien es diferente -, más allá de las instrumentalizaciones políticas: ¿cómo se puede estar frente al miedo a lo diferente y cómo se puede vencer este miedo? Monseñor Tomasi.

SILVANO MARIA TOMASI:
Diría que hay al menos dos aspectos que tomar en consideración: el primero es que hace falta conocerse, el primer paso es conocerse y conocer a la otra persona, mirarla a los ojos, entender por qué ha tomado las decisiones que ha tomado: de allí se puede comenzar una relación que crea una sintonía de humanidad. El otro aspecto es conocer la realidad fuera de las personas, o sea las circunstancias reales que complican en el debate público la cuestión de la inmigración: por ejemplo, sabemos que las tasas pagadas por el millón y medio de migrantes que trabajan regularmente en Italia han cubierto el año pasado los gastos del Gobierno por servicios de inmigración, y además han pagado la pensión a 600 mil italianos. Entonces, si se comienza a ver el aspecto positivo que la presencia de inmigrantes implica se puede más fácilmente abrir un diálogo que concierne el aspecto económico sino luego pasa a la cuestión del estilo de vida, de los valores y de las relaciones humanas. De esta manera los muros caen y los miedos desaparecen y se comienza a mirar el futuro con más optimismo.

GIORGIO PAOLUCCI:
Presidente Prodi.

ROMANO PRODI:
Pensaba traducir este mensaje en acción política, en acción cotidiana, y este es un gran problema porque el miedo se vence sólo con una acción colectiva. Si individuos, aun de buena voluntad, se juntan pueden hacer algo pero hace falta un ejemplo que se multiplique; hace falta por ejemplo, una estructura que enseñe la lengua a todos en modo sistemático, hace falta una política de distribución de alojamientos de modo que haya una aceptación y que el peso inicial, que precisamente es el verdadero miedo de asentamientos extraños, no cree una verdadera ola de miedo que se expanda. Por tanto, de un lado está claro que se vence el miedo con la generosidad personal, pero ésta normalmente no basta frente a un dato de inmigración tan fuerte: hace falta una distribución de los pesos hecha por cada País a nivel europeo y distribuida en el territorio, impedir la creación de guetos y núcleos que permanezcan extraños al País, llamar a entes y estructuras locales para dividir de común acuerdo el peso de la introducción de las nuevas inmigraciones. Bajo este aspecto, el País que está afrontando mejor estos problemas, entre los grandes Países europeos, es solo Alemania, en donde hay una tradición organizada de un compartir y distribuir el miedo y el riesgo. Y tengo que decir sin embargo, no obstante esto, también la política alemana está ahora dominada por el miedo. Por tanto, con gran honestidad intelectual, les tengo que decir que el esfuerzo tiene que ser hecho, el esfuerzo tiene que involucrar a todos ustedes pero que el éxito es muy difícil y muy complejo.

Piensen, ha habido un momento en que la señora Merkel, que siempre está muy atenta al pulso de la opinión pública, ha realizado un gran acto de generosidad, y aun, creo, de interés para el País, abriéndose, justamente porque aquella ola de migrantes sirianos tenía un nivel intelectual elevado, tenía un nivel de especialización difundida muy fuerte. Y hubiera sido por tanto una apuesta para el País que tiene aquellos aspectos demográficos que hemos descrito antes. Y bien, ha tenido que dar marcha atrás porque el electorado, aun con todas estas premisas, ha sido invadido por el miedo. Cuando han llegado a la estación de Mónaco, al inicio han sido acogidos muy bien, luego, cuando este proceso ha durado, ha intervenido un aspecto de rechazo psicológico general. Por eso insisto en el discurso. O se hace una política europea en que se diga: muy bien, sembremos hacia África, trabajemos para el futuro, como ha dicho antes Sawiris, del Continente, o logramos gestionar este problema que hoy nos angustia, o bien el miedo domina.

Lo digo también observando la evolución política: los partidos de la democracia tradicional, derecha o izquierda que sean, están profundamente sumidos en una crisis, si quieren de un tercio, de un cuarto, de la crisis económica, pero por los tres cuartos o dos tercios de este tipo de miedo. El miedo de perder la identidad: es un movimiento que en este momento no tiene confines, la Le Pen, las 5 Estrellas, Trump, es el mismo tipo de reacción a la penetración de lo extraño en la sociedad y al temor de que no venga gestionado. Acciones para contraponer las tenemos, y sin embargo es un camino largo, difícil, que exige sea una acción de generosidad individual sea también una acción de las instituciones, que hagan entender que el proceso viene gestionado y será gestionado también en el futuro, porque el verdadero temor es que la gente no sabe dónde termine. Tienen sólo la angustia de un proceso que nunca será gestionado. Y entonces la sociedad debe intervenir en breve y dar resoluciones por más tiempo, porque sólo este mixto de intervenciones en breve y largo tiempo puede dar al País tranquilidad. Sino es claro que el miedo se exprese también en el rechazo a la democracia.

Yo creo que este fenómeno sea el riesgo más grande para la democracia, porque se traduce – piensen en Brexit, piensen en los últimos debates con el temor concreto de perder todas las conquistas del welfare state. Si hay un problema de crisis y de dificultad en el sistema sanitario, inmediatamente ven la reacción de la gente que dice: debemos pagar más ticket, tenemos tiempos más largos para los análisis porque los inmigrantes nos quitan el puesto. Si tenemos un problema de desalojo, es porque tenemos 30 inmigrantes. Y entonces entienden la complejidad de la gestión de este aspecto, sólo porque es contradictorio respecto a las verdaderas exigencias económicas que tenemos: no gestionado, crea la angustia que termina con extenuar también el don que nos ha sido dado de entrar en los regímenes democráticos que tienen la capacidad de hacer expresar a la gente verdaderamente.

GIORGIO PAOLUCCI:
Naguib Sawiris.

NAGUIB SAWIRIS:
Pienso que las personas en Europa tienen el derecho de tener miedo y los recientes hechos en Alemania, donde hemos asistido a personas que han hecho fuego al interior de un supermercado o que han acuchillado a otros en el tren, lo demuestran. Se trata de personas cuyo objetivo era difundir el miedo: esto obviamente justifica el miedo de parte de los alemanes y los europeos. El problema está en los fanáticos que quieren que tengamos miedo, quieren que el miedo se difunda. Obviamente, reaccionamos del modo equivocado, miramos con sospecha a cada musulmán, tratamos a los musulmanes en nuestros Países de modo equivocado, los acusamos de ser todos terroristas y caemos en la trampa creada por estos fanáticos. No hay terroristas musulmanes, hay terroristas. Un verdadero musulmán jamás va a matar inocentes. Yo vivo en un País musulmán, todos mis amigos son musulmanes no son terroristas.

Tenemos el derecho de tener miedo pero tenemos al mismo tiempo que ser cautos con respecto a nuestras reacciones: he aquí por qué, si vamos más allá del fanatismo che hay en nosotros, podremos lograrlo. El miedo de perder el puesto de trabajo, porque a lo mejor el inmigrado llega y se lo puede robar, no es un argumento. En efecto, hay una historia que he leído ayer: los migrantes han creado tantos puestos de trabajo, han instituido empresas, han dado trabajo a personas por lo cual el problema está en los medios de comunicación. Los medios de comunicación cantan las malas noticias, sobre el hecho de que hay una bomba, que hay un loco que acuchilla a veinte personas. Son historias, pero la historia de un buen musulmán que ha salvado la vida a otras personas o de personas honestas, buenas como aquellas que hemos visto en el video, que salvan la vida a otras, no hacen noticia. Y no llegan por tanto a los medios de comunicación, que difunden el miedo y no nos ayudan a combatirlo.

GIORGIO PAOLUCCI
Propondría a los otros que agarraran la pelota que ha alzado Naguib Sawiris y concluir este encuentro reflexionando justo sobre este aspecto, del que mucho se habla también entre nosotros. El islam y los musulmanes que viven en Europa: ¿amigos o enemigos? ¿Amenazas o aliados? Preparando la muestra, hemos dialogado por ejemplo con el profesor Wael Farouq que es un intelectual islámico que enseña aquí en Italia desde hace algunos años, el cual sostiene que el principal enemigo, el principal anti-virus para detener el terrorismo de matriz islamista, es decir la degeneración de una experiencia religiosa en ideología del poder, son los musulmanes europeos. Una tesis que se puede discutir pero que ciertamente tiene una base. También porque él conoce bien aquello del cual habla. He aquí, ¿cómo estar frente a lo que puede ser visto sólo como una amenaza o puede llegar a ser lo que nos decía ahora Naguib Sawiris, un aliado, un amigo, uno con el cual hacer un frente común frente a este virus que está entrando, que ha entrado a menudo en las comunidades islámicas, sobre todo en las segundas y terceras generaciones, en las generaciones de personas nacidas en Europa, crecidas en Europa que han ido a las escuelas europeas? No son personas que vienen de lejos sino que son nacidas y viven entre nosotros, que quizá no han sido contagiadas, contaminadas por un virus positivo, por la civilización europea, que quizá ha olvidado qué cosa la tiene en pie, y han dejado espacio a este virus negativo. ¿Cómo estar frente a esta tragedia?

SILVANO MARÍA TOMASI:
Papa Francisco ha sido muy claro cuando ha dicho que no se trata de una guerra religiosa, estos actos de violencia tienen otros motivos y otras explicaciones. El color de las motivaciones, partiendo de la fe islámica, es sólo para esconder objetivos de poder y de interés. Por tanto, hace falta que seamos muy cautos al juzgar las motivaciones o el rol que el Islam tiene en estos actos de agresión que han sido cometidos en Francia y en otras partes del mundo. Sin embargo diría que si miramos el fenómeno de la integración, quizá ha sido la equivocación, de cualquier política pasada, de relegar las comunidades inmigradas a barrios aislados, creando suburbios como en Marsella, en Berlín o en París, donde crecen estos jóvenes de la segunda y tercera generación de manera tal que no están de verdad en contacto con la realidad nacional del País en que viven. Este es un aspecto que trae frustraciones, ven un bienestar en el País al que ellos no tienen acceso, la capacidad de ir a la escuela para sus coetáneos, a nivel universitario por ejemplo, que ellos no tienen y esto puede traer reacciones radicales.

El otro punto que hay que tener presente es que si pedimos a los inmigrantes que llegan y a los cuales se da hospitalidad y acogida que suscriban algunos principios fundamentales, sin los cuales la convivencia social no es posible, no es que hagamos un acto de violencia contra ellos, respetamos su libertad pero también digamos que para vivir juntos de manera pacífica tenemos que respetar algunos valores de fondo. La democracia, la aceptación del otro, la separación entre religión y política. Algunos de estas orientaciones sociales importantes tendrán que ser aceptados. Por tanto, la cuestión del Islam es extremamente compleja sin embargo puede convertirse en una esperanza si las comunidades de fe islámica en Europa aceptan lentamente una modernización como ha sido hecha por ejemplo en la tradición cristiana, el paso de una tradición literal a una menos literal. Si llegan a hacer este paso, entonces también las comunidades de fe islámica pueden convertirse en un recurso para construir un futuro común de paz, para tener la religión como la base para resolver problemas a través del diálogo y no a través de la fuerza.

GIORGIO PAOLUCCI:
Presidente Prodi

ROMANO PRODI:
La relación con el Islam antes que todo debe estar fundada en el sentido de realidad. Decía antes Sawiris que aquí los medios de comunicación han hecho tan primario y fuerte el choque que el diálogo se vuelve mucho más difícil. Miren, les doy un ejemplo. Yendo a hablar a los muchachos de la escuela media sobre la inmigración, hago la primera pregunta: “¿Sabe de qué País vienen sobre todo los inmigrantes?”. ¿Saben qué me responden todos? Son libios. No tenemos un solo inmigrante libio en Italia, pero esta es la visión de los medios de comunicación que ha dado completamente la idea que, primero, vienen todos de Libia, segundo, son todos islámicos, y por tanto que los dos problemas van juntos. Entonces, miren que muy pocos saben que el gran flujo de inmigración en Italia, antes que todo, es rumano, por tanto cristiano ortodoxo y que entre los otros grandes Países de inmigración tenemos a China, las Filipinas, Sudamérica. Y luego evidentemente tenemos también a Marruecos que es islámico, tenemos una presencia menor egipcia, tenemos Albania que es mixta, pero la obligación islámica representa una fracción menor que esta. La atención sobre esto está exasperando el problema de las inmigraciones.

Con respecto ciertamente al mundo islámico, está claro aquello que ha dicho antes Monseñor Tomasi, o sea hay un problema de diálogo sobre la modernización recíproca. Sobre cómo se entiende la relación, nosotros diremos, entre pecado y delito, o sea aquello que es un problema es la división entre el aspecto cívico y sagrado en la vida colectiva. Por tanto, aquí hace falta un diálogo de profunda aclaración. Cuando pienso en estas diversidades, pienso que estamos en un ambiente en que el aspecto religioso es importante, el pensamiento de Jesús es importante: y me viene siempre en mente una anécdota que me relataba el Cardenal Tauran hace algunos años.

Había ido a Burdeaux para hacer una lección a los adolescentes, además una escuela vinculada al mundo católico. Pregunta: ¿“Hay alguno que me pueda decir qué es la cuaresma?”. Son adolecentes del mundo católico y ninguno lo sabe. Finalmente se alza un chiquillo con aire despierto y dice: “Yo lo sé, Yo lo sé, es una especie de Ramadán”. Miren que el parangón entre los credos se hace con la comprensión de la fe de lo demás pero también con una profunda convicción de que vamos al diálogo con nuestra fe, y eso es un problema tremendo con respecto a la gente común, los intelectuales. Nosotros lo resolvemos bastante bien porque hemos estudiado estos problemas, verificado, etc. Pero cuando existe la comparación a nivel popular, hay solo un miedo a la diversidad que tiene que ser mediada sea por los líderes religioso-islámicos que por los líderes religiosos del mundo católico. Según yo, esto es importantísimo: existe esta diversidad, hemos partido de estas raíces, pero los dos tenemos un concepto profundo de comprensión y de relación. También hace falta sin embargo ser sinceros, hay desviaciones dadas por los intereses de los que hablaba antes Monseñor Tomasi: no podemos negar que un cierto tipo de radicalismo sea financiado no oficialmente por los Estados, por las fundaciones que de cualquier modo están ligadas casi oficialmente a estos Estados. Entonces, hay necesidad también de claridad política.

Por tanto, tres niveles: el nivel de comprensión de relaciones directas, un nivel de diálogo serio entre los credos pero también un discurso claro, político, entre Países. Porque evidentemente todos estos episodios de terrorismo, sobre todo en la primera fase, ahora se han convertido también en actos mucho más individuales, pero en una primera fase han sido abiertamente gestionados por ayudas y financiamientos semioficiales de determinados Países. Por tanto, el diálogo tiene tres niveles: uno personal, el nivel de los responsables de los credos religiosos, el nivel gobernativo en que los principios vienen traducidos en acción seria, leal y abierta. Gracias.

GIORGIO PAOLUCCI:
Inaugurando el Meeting hace pocos días, el Presidente Mattarella nos recordaba que “no nos defenderemos alzando muros hacia el exterior o creando barreras al interno. No será esta la defensa eficaz”. Y Papa Francisco, en el mensaje que ha enviado al Meeting, recuerda que muchas veces se cede a la tentación de cerrarse en el horizonte estrecho de los propios intereses, así que los otros, dice Papa Francisco, se convierten en algo superfluo o, peor aún, un fastidio, un obstáculo. Pero esto no es conforme a la naturaleza humana. El hombre está hecho para encontrar al otro, toda verdadera identidad se construye en la verdadera relación con el otro. El otro me es necesario para realizar plenamente mi identidad. La inmigración ciertamente representa un gran desafío, un desafío histórico, sea por las dimensiones que los flujos han asumido, como hemos visto en la relación de Monseñor Tomasi, sea porque proponen una interrogante fundamental: ¿quién es el otro para mí? ¿Y qué es lo que hace posible encontrarse y convivir?

Y me gusta recordar en conclusión algunas palabras pronunciadas por Papa Francisco cuando le ha sido entregado el premio Carlo Magno en mayo de este año. Ha aclarado la desorientación que prevalece en el viejo continente tentado - decía – de querer asegurar espacios más que generar procesos de inclusión y transformación. Y se ha preguntado: “¿Qué te ha sucedido, Europa humanista, paladina de los derechos del hombre, de la democracia y de la libertad?”. Y ha deseado una Europa capaz de dar a luz un nuevo humanismo basado en tres capacidades: la capacidad de integrar, la capacidad de dialogar y la capacidad de generar, invitando a descubrir la amplitud del alma europea nacida del encuentro de civilizaciones y pueblos diversos. Esta es la señal de un nuevo humanismo que acepta el desafío del encuentro que es la base de grandes movimientos migratorios y es un desafío que concierne a los gobernantes, los grandes que toman decisiones, pero que no puede dejar indiferente a ninguno de nosotros. Es el trabajo que nos espera, que va más allá del desafío de la inmigración, pero que pasa también a través de este desafío. Quiero agradecer a nuestros invitados por habérnoslo recordado y a todos ustedes deseamos un buen camino a lo largo de este trayecto, un trayecto exigente, necesario y también fascinante porque nos hace medir con el título del Meeting: “Tú eres un bien para mí”.

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