Pirandello y Peguy, el velo y el evento
autor: Davide Rondoni
Poeta y escritor
Emilia Guarnieri (moderadora)
Presidente de la Asociación "Meeting per l’amicizia fra i popoli"
fecha: 2007-08-20
fuente: Il velo e l’evento. Pirandello e Peguy
acontecimiento: Meeting per l’amicizia tra i popoli: "La verità è il destino per il quale siamo stati fatti", Rimini, Italia
(Meeting para la amistad entre los pueblos: "La verdad es el destino para el que estamos hechos")
traducción: María Eugenia Flores Luna

MODERADOR:
Estamos aquí todavía con la poesía, porque siempre es bonito, porque la cita del año pasado con la poesía de Leopardi - no sé quién de ustedes estaba - para el Meeting ha sido importante. Este año aún le hemos pedido al amigo Rondoni de leernos poesía y Davide ha elegido algo menos evidente, quizás menos obvio, ha elegido este díptico de palabras, mejor dicho, quizás, este díptico de experiencias: el velo y el evento. Recorrerá el camino de estas dos sugestiones a través de la lectura de Pirandello y Peguy.
Yo querría introducir muy brevemente, simplemente indicando como me parece que estos dos términos, el velo y el evento, tienen que ver con el tema de la verdad y del destino que el Meeting ha puesto al centro de su reflexión. La poesía en cuanto tal siempre tiene que ver con la verdad. Porque, ¿la poesía qué cosa es? La poesía, justo en la acepción simple, experimental que quienquiera puede tener, es el descubrimiento de fragmentos de infinito, es el descubrimiento de chispas de verdad. La poesía es el canto que ilumina la vida. La poesía es aquella que hemos visto anoche - no sé quién ha tenido la suerte de asistir a la proyección de la película de Carl Dreyer Juana de Arco, y escuchar la música – sí, allí es evidente, desde el primer fotograma hacia adelante, qué cosa sea la poesía, porque es una lágrima que es algo más que una lágrima, es una mirada que es algo más que una mirada. La poesía es justo ese canto que ilumina, que hace desbordar la existencia. Y la poesía ocurre cuando un detalle, precisamente una lágrima, una mirada, un cabello desordenado, un muro desmoronado - piensen cuántos ejemplos tiene cada uno de nosotros en la memoria, de la lectura de poesía, una luna menguante, una escalera, una cometa, un árbol, un ciprés - mantiene el dramatismo impulsivo de su concreción. Si aún recordamos el espectáculo de ayer en la noche, el drama impulsivo de la concreción es justo absolutamente evidente, mantiene el dramatismo impulsivo de la concreción pero al mismo tiempo es transfigurado por el milagro de la poesía.
La poesía es un milagro, una cosa ocurre y frente a una cosa que ocurre uno dice: "es poesía", es algo que ha sucedido, algo que sucede, no porque lo hemos construido, sino porque sucede, es un milagro, un evento. Entonces los detalles se hacen eternos, capaces de durar para siempre porque, justo por la fuerza de aquel milagro que es la poesía, aquellos detalles capturan por un instante el infinito, porque estas cosas no son charlas, no son simples sugestiones. Ésta es justo la realidad de una experiencia, es decir aquellos detalles capturados y transfigurados por el milagro de la poesía, desvelan el nexo de aquel particular con el destino, es decir revelan la verdad de aquel particular, porque la verdad de cada cosa es su nexo con el destino.

Permítanme expresar mejor que como hago yo con mis palabras, que les lea dos textos de Ungaretti que me parece que digan justo lo que estamos tratando de decir. La noche bella: “Qué canto se ha elevado esta noche que entreteje de cristalino eco las estrellas del corazón. Cual fiesta surgía de corazón como las bodas. He sido un estanque de oscuridad, ahora muerdo como un niño la mama, el espacio. Ahora estoy borracho de universo”. El canto que se ha elevado esta noche, el canto vuelve borracho de universo, es decir, ¿qué quiere decir borracho de universo? Quiere decir que la propia vida, la propia carne está empapada de universo, es decir está empapada de totalidad. El canto empapa la existencia de totalidad, o aún: “Después de tanta niebla de una en una se descubren las estrellas. Respiro el fresco que me deja el color del cielo. Me reconozco imagen pasajera, envuelta en un giro inmortal". Precisamente, imagen pasajera, contingente, terminada, envuelta en un giro inmortal, es decir yo, un detalle, envuelto en un giro inmortal.
Pero si no existiera precisamente la concreción, la materialidad de aquella niebla, de aquellas estrellas, de aquel color del cielo, si no existiera el velo del contingente, el velo que don Giussani llama signo - Giussani dice que el signo es una realidad experimentable que adquiere su significado conduciendo a otra realidad -, si no existiera precisamente aquel velo, es decir aquel signo, nosotros no seríamos conducidos a esta realidad distinta, nosotros no reconoceríamos el evento que está en la realidad, porque el misterio del Ser nos atrae, pero nos atrae a través del velo de la realidad. El genio religioso, no al azar he citado a don Giussani, tal como el genio poético nos empujan a atravesar aquel velo, es decir nos impulsan a la aventura de la interpretación. No es un caso creo que la educación de muchos de nosotros haya sido acompañada y recalcada justo por la música y por la poesía, es decir por algo que nos ha ayudado a atravesar el velo de la realidad para captar el acontecimiento. David Rondoni, El velo y el evento. Pirandello y Peguy.

DAVIDE RONDONI:
Gracias a Emilia por lo que ha dicho, que es como el horizonte dentro del cual está el recorrido que yo haré, es como si fuera el terreno, la tierra buena dentro de la cual están los grumos, los terrones que yo intentaré remover. ¿Por qué Pirandello y Peguy, que son dos autores a los que en realidad nadie se acerca nunca? Porque Pirandello y Peguy en un mismo periodo de años, que son las primeras décadas del 1900, se ponen, de manera urgente y diferente, el mismo problema que tantos otros se ponían de manera dramática y urgente. Yo creo que nuestra época, la época a la que nosotros llevamos el desafío del título de este Meeting - es decir que la verdad no es una idea, no es la solución de un problema algorítmico o la ley justa, sino la verdad es un destino para el cual estás hecho - sea ligada, de algún modo marcada aún de manera notable por la dramática y urgente búsqueda y expresión que muchos hombres artistas, científicos, tuvieron en aquel momento particular de tiempo, que son los primeros veinte, treinta años de 1900. Peguy y Pirandello han nacido más o menos en los mismos años: el segundo ha nacido en el 1877 y Peguy en el 1873, por lo tanto a distancia de pocos años. Luego, como quizás sepan, Peguy muere durante la primera guerra mundial con una bala en la frente durante la batalla del Marne, en 1914, y el otro continúa y muere en 1936; pero, como a menudo ocurre, la formación, podríamos decir así, el volcán, la raíz de la obra de los dos está en los mismos años, el laboratorio fundamental de la obra de los dos está en los mismos años.

Son dos hombres que tienen ambos una vida no simple: Pirandello es un exiliado que va a estudiar a Alemania, es un hombre que no tiene éxito ni menos en la vida porque se ata a una familia que tiene un fracaso económico muy grande, se liga a una mujer que a cierto punto se vuelve loca, luego se casa con otra, pero también ésta a un cierto punto da señales de desequilibrio, por lo tanto la experiencia de la locura era algo que tenía en casa. Del mismo modo, tampoco Peguy tenía una vida sentimental sencilla, luego en todo caso es un hombre que vive su carrera cultural en una pequeña tienda, en una callejuela junto a la Sorbona, es decir la gran universidad de París, desde donde polemiza con la Sorbona, él, es decir una pequeña hormiga a lado de un elefante. De su obra, que será luego la más importante, él venderá una copia, por lo tanto no ha sido un hombre de éxito, desde un cierto punto de vista. Son pues dos hombres de vida difícil por lo tanto no dos hombres para los que la vida ha sido fácil, podríamos decir así. Hay luego, pero lo digo sólo para los que querrán eventualmente hacer investigaciones más profundas o quien estudiará filosofía, etc., algunos críticos que han visto en el nombre de Bergson y en su filosofía algo que ha interesado a ambos autores pero sólo lo señalo y basta.
Decía que en aquellos años, los primeros años de 1900, estos dos autores participan en un movimiento general, podríamos decir así, de re-discusión, de investigación, de inquietud también sobre qué es la realidad. También son los años en que Max Plank explica la teoría de los “cuantos”, por lo tanto se percata de que la realidad que tocamos está hecha de energía; son los años en que, en 1905, Einstein publica la teoría de la “relatividad” por lo tanto las relaciones entre el espacio y el tiempo se ve que no son como parecen; son los años en que Martinetti publica, en 1909, el Manifiesto del Futurismo, donde también los artistas se percatan de que si la realidad está hecha de energía, entonces también las palabras, los colores, las líneas con que se hace arte son quizás algo que se puede animar de otro modo. Son los años en que está Kafka que escribe, está Eliot que escribe La tierra desolada, está Svevo. Entonces, son los años en que el hombre reflexiona de manera profunda sobre sí mismo y como un poco en el vacío, es decir apegándose a varias posibilidades para interpretarse, para comprender la verdad sobre sí mismo. Son los años en que se elabora aquella que será la gran ideología que en la Revolución de Octubre dará vida al gran fenómeno del comunismo internacional, son los años en que se agota el impulso del positivismo: con la gran derrota de la primera guerra mundial, la gran confianza del arte y la ciencia, frente a “la horrible masacre”, como el Papa la llamó, conoce una crisis, un replanteamiento.
Las “magníficas suertes y progresivas" no son quizás tales; en fin, son años en que hay una gran elaboración en torno a qué es la verdad del hombre y de la realidad, qué cosa significa conocer la realidad, cómo se hace para conocer la verdad de algo. Gramsci, que era también un buen lector, dice, de Pirandello - así para trazar una línea de conjunción entre los personajes, luego entramos en el detalle – dice del teatro de Pirandello que son como bombas de mano. Y ustedes saben, si han leído algo, que efectivamente, cuando fueron presentadas las primeras obras de Pirandello, ocurrió una gran una confusión, la gente peleaba, perseguía al autor por la calle. La crónica de la primicia de Seis personajes en busca de autor, presentada en Roma, fue un momento de caos y así muchas otras ocasiones, fueron es decir como bombas de mano estalladas en lo habitual, en la costumbre.
Otro crítico de corriente opuesta - Gramsci, historicista, marxista, de la otra parte Carlo Bo, católico, espiritualista -, de Peguy dice: Hay, en las palabras de Peguy, tanto de aquel explosivo que puede hacer saltar toda nuestra tranquilidad y es verdad que ambos autores sea Pirandello cuando habla de su teatro, sea Peguy cuando habla de sí mismo, dicen que la peor cosa con la que se tiene que ver cuando se está tensos a buscar la verdad de la vida, la peor cosa es encontrarse y tener que ver con aquella que Peguy llama un alma “ya hecha”, un alma ya acostumbrada - dice en un texto suyo - prendiéndosela con los periódicos, es decir con esta charlatanería continua, con este reducir todo a chismorreo que pasa en un día. Peguy dice: en este sentido la invención del periódico es indudablemente la que hace época, la que señala una fecha desde el principio del mundo. Hay algo peor que tener un mal pensamiento: es el tener un pensamiento ya hecho. Hay algo peor que tener un alma perversa, es tener un alma ya hecha. Hay algo peor también que tener un alma perversa, es tener un alma habituada.
He aquí, estos dos artistas se encuentran a tener que provocar - porque tienden a tratar de conocer la realidad - un ambiente de almas ya hechas, lo llaman de varios modos: el mundo moderno, el mundo burgués, aquellos que esperan que el arte sea “entretengámonos un poco y luego volvemos con los mismos pensamientos ya hechos de antes”, lo que nosotros llamamos normalmente el lugar común, la homologación. Pirandello, en su prefacio para Seis personajes, dice: “Hay diversos tipos de escritores, yo soy un escritor de tipo filosófico, es decir un escritor que se plantea el problema de conocer la realidad. No escribo porque me interesa la literatura, sino porque me interesan las cosas, la vida, por eso mi teatro es revolucionario”. Por lo tanto, ¿cómo hacer para conocer la verdad, es decir cómo hacer para decir algo cierto sobre lo real, sobre la realidad, sobre mí, sobre las cosas? Una realidad que, como nos dice Pirandello pero todos entendemos, parece hecha de cosas que parecen permanecer y de cosas que cambian, de cosas que parecen fluir y de momentos en que emerge algo que nos parece estable, el Ser, llamémoslo, algo que entendemos ser más que una duración, sustancia, forma. Son dilemas sobre los que todavía hoy nosotros normalmente debatimos: ¿qué es lo esencial y qué cosa es en cambio lo puramente formal? ¿Qué es objetivo y subjetivo? ¿Qué es lo auténtico para mí y para ti? ¿Cómo hacer para conocer la verdad?
Pues, ante todo Peguy - parto de él - desarrolla su polémica contra aquellos que entonces y en parte todavía hoy eran los presuntos métodos que el hombre ha elaborado para llegar a estar seguro de algo. Hay varios modos que el hombre ha ideado y está ideando para llegar a estar seguro, para llegar a conocer la verdad. Peguy se preocupa en particular por tres cosas, señalo dos: una es el hecho de que el hombre de su tiempo, que es también el hombre de nuestro tiempo, presume conocer la realidad porque logra hacer un conocimiento de tipo analítico o científico e histórico. No voy a describirles todas las situaciones exactas pero entenderán, en todo caso la obra se llama Zangwill. Peguy era un personaje un poco extraño, tenía una revista llamada Los cuadernos de cada quince días, Les cahiers de la quinzaine, y decía a uno de escribirle un artículo, éste le escribía uno de veinte páginas y él escribía un prefacio al artículo de sesenta páginas: claro que por esta razón la revista no tenía mucho éxito. Pero de este modo él ha escrito sus obras, que son casi siempre prefacios a obras de otros, de éstas otras ya no nos acordamos, de las suyas sí.
Aquí él desarrolla una polémica - les leo ahora algunos fragmentos - donde acusa al intelectual moderno, es decir al que cree lograr llegar a la verdad, intelectual que, además, se dice ateo, laico, etc., de sustituirse a Dios, es decir, presumir tener la misma capacidad de Dios de conocer la realidad. Dice: “Agotar la inmensidad, lo indefinido, la infinidad del detalle (la búsqueda del historiador, del científico) para conseguir el conocimiento de todo lo real (el método analítico que de las ciencias exactas se ha querido también transportar a las ciencias humanas, como si también la literatura, la ciencia del espíritu, la filosofía pudieran ser analizadas con los mismos métodos de la ciencia) ésta es la sobrehumana ambición del método (que él define) “discursivo”: partir de lo más lejano posible, abrirse una vía a través de la más larga serie posible, para venir lo más tarde posible, apenas llegados volver a partir para un viaje interno, el más largo posible, pero si desde el punto de partida, el más lejano posible a la llegada, el más retardado posible y en este mismo punto de llegada una serie infinita, indefinida de detalles se interpone inmensa”…
En conclusión, este viajar en el detalle, creyendo agotar todos los detalles de la realidad.
Ésta – dice Peguy - es la presunción del método analítico, pero sólo un Dios lograría agotar la realidad en todos los detalles, porque cada vez que nos afanamos sobre un detalle, otros se proponen infinitamente. Y por lo tanto dice que el hombre moderno cree haberse liberado de Dios y en cambio el hombre no ha estado nunca tan incómodo frente a Dios, es decir así envidioso de Dios y luego continúa y dice: “… Cuando el teórico, (es decir el que supone conocer la realidad a partir de una teoría que analiza todos los detalles y por lo tanto llega a la verdad), se encuentra frente a una realidad compleja, no sólo llena de complicaciones, sino de complejidad, particularmente cuando se encuentra en presencia de una doble realidad, el primer instinto al que se atiene, porque se trata de aquel que es malo, es de tomar en consideración sólo una parte de esta realidad compleja; él elimina instintivamente, automáticamente todo el resto, lo que lo molesta, en particular modo la otra parte de dos partes, sin ninguna preocupación, al contrario, él se retiene satisfecho, se complace, se enfrenta con eso, se siente muy fuerte; estaría preocupado si conservase mucha realidad, si la respetase, estaría ansioso si conservase toda la realidad, no se reconocería, así nacen los sistemas” (en que el hombre obliga a la realidad, censurando unas partes y a través de esto supone llegar a la verdad. El sistema es una realidad incompleta).
Insisto, es un período en que los sistemas, entonces como ahora, son fuertes, se habla del fin de las ideologías pero en realidad el sistema, entendido como un marco de ideas dentro del cual introduzco la realidad, la que existe, la que no existe la dejo fuera, la olvido. Los sistemas también hoy son fuertes, si entonces existía el sistema histórico-marxista o positivista, hoy hay otros sistemas, como por ejemplo el sistema sentimental, que éste también es un sistema: existe sólo lo que permanece en mi sentimiento. Dice: “el sistema es una realidad incompleta. Ustedes, que son fieles a toda la realidad no podrían ser nunca más que los intérpretes y después de ustedes cada amante de la realidad no irá para nada a investigar la interpretación de ustedes, el lenguaje de ustedes sino el lenguaje de la realidad misma”, - es decir el que no elige ser sistemático, es uno que se hace intérprete de la realidad y tiene valor en cuanto da la palabra a la realidad misma.
Dice Peguy que éstos, los “realistas”, no tendrán ninguna fama porque después de ellos uno no los buscará, sino buscará aún el lenguaje de la realidad y hace un ejemplo: “Millones de personas que han dicho que este vaso es de plástico, es decir que han dado la voz a la realidad, de éstos no quedará fama, si en cambio llega uno y dice que este vaso es de hierro o este vaso me sirve, es decir crea un sistema alrededor de aquel vaso, aquél es un filósofo que queda porque crea un sistema”. Y en efecto la historia de la filosofía está hecha así, de personas que han hecho sistemas sobre la realidad. Luego continua: “Millares y millares de millones de imbéciles habían dicho y repetido que los tinteros de madera son de madera y se pretendía también que por este motivo se llamaran tinteros de madera: ¿quién conocerá alguna vez los nombres de tal multitud de imbéciles? Tal multitud se pierde en la célebre noche de los tiempos, noche esencialmente inmemorable”. Todavía: “Porque toda la desgracia de esta pobre y común humanidad deriva justo del hecho de que ella es desilusionante, inestable, precaria, en cuanto viva, pero desde el día en que los demás, científicos, terapeutas, la tendremos inmóvil y fría, extendida en la tumba de nuestros cálculos, entonces esta miserable humanidad ya no tendrá congestiones pulmonares, ya no tendrá disfunciones cardíacas, ya no se romperá el pie, ya no tendrá congestiones cerebrales, porque su corazón no latirá más y su cerebro ya no será el instrumento material de sueños eternamente desilusionantes”. Todavía: “Un mundo en que se podía prever hasta en los más pequeños detalles de tiempo y lugar, hasta el centésimo decimoquinto decimal, un eclipse de sol anular y total, pero donde nadie podía responder por la fidelidad o la traición de un amigo, un mundo en que todo el personal científico, mortificado cuanto el pobre mundo ordinario quedaba desarmado delante de estas capitales eventualidades, delante a estas simples y graves inminencias: la guerra o la paz; un mundo en fin donde se podía saber si se habrían visto cinco fases de la luna o la vigésima tercera centésima septuagésima séptima parte del sol el 28 de julio de 2024 a las 11: 23 minutos y 57 segundos y 21 centésimos de la mañana, pero donde nadie sabe, pueblo u hombre, si en la próxima noche, en esta misma noche la vieja muerte vendrá a llamar a su puerta, un mundo en el que se puede saber todo, excepto lo que es esencial saber, un mundo donde una costra superficial de conocimientos cuadriculados, no sirve más que para disfrazar mejores ignorancias infinitas, un mundo que es un desafío perpetuo y viviente a la tranquilidad, a las banalidades, a las certezas, a las sepulturas científicas”.
Entonces, la gran polémica que Peguy empieza, está precisamente contra la presunción de que la verdad se alcance a través de estas coberturas cuadriculadas, es decir la presunción del intelectual moderno de hacerse como Dios, capaz de agotar todos los detalles, científicamente, históricamente, mediante un análisis de la realidad. Y dice - es interesante esto - es como si tú te pusieras distante de la realidad para poder verla toda, es decir te conviertes en Dios, te metes en el lugar de Dios. El hecho de que no se logre por estos métodos, también nobles, de la búsqueda histórica, científica, no agota la pasión por la verdad. Tanto es así que en su diario, en la biografía que se llama Notre jeunesse, Nuestra juventud, Peguy es claro sobre esto. Dice que la justicia y la verdad que hemos tanto amado, a las que hemos dado todo, nuestra juventud, todo, a la que nos hemos dado completamente por todo el período de nuestra juventud, no eran justicia y verdades abstractas, no eran justicia y verdades muertas, no eran justicia y verdad de libros de bibliotecas, justicia y verdades conceptuales-intelectuales, justicia y verdad de partido intelectual, sino eran orgánicas, eran cristianas. Luego llegaremos a eso. No eran para nada modernas, eran eternas y no sólo temporales, sino eran Justicia y Verdad, una Justicia y una Verdad viviente.
Como, entonces, si los métodos que parecen entregados por los lugares comunes son métodos que bloquean en una sepultura la realidad, la matan de algún modo, porque la amputan para hacerla estar en un sistema, porque bloquean la vida porque la quieren analizar: si es así, ¿cómo hacer entonces para encontrar una Verdad y una Justicia viviente? Y éste es Peguy. Se podría decir mucho más, pero ésta es la gran polémica que Peguy desarrolla contra los historiadores, los sociólogos, los positivistas de su época.
Pirandello, por otra parte, es un escritor, también como Peguy, al cual le interesa la literatura porque le interesan las cosas. Si Peguy pone en cuestión los métodos de los intelectuales, Pirandello pone en cambio en cuestión las cosas de la vida normal, es decir los métodos que normalmente tenemos todos, (que a lo mejor no somos filósofos, históricos o científicos). Por ejemplo, pone en cuestión las palabras. Nosotros pensamos que con las palabras se pueda decir la verdad. Nuestro pensamiento ya hecho, nuestra alma ya hecha, suponen que hablando se diga la verdad y Pirandello - como saben, por esto es bastante conocido y hasta ha creado un adjetivo, pirandelliano – en cambio pone en cuestión esto. En efecto hace decir a un personaje suyo, en los Seis Personajes, el padre que habla en esta historia terrible: “¡Pero precisamente está todo aquí el mal! En las palabras. Todos tenemos dentro un mundo de cosas, cada uno un mundo de cosas suyo y ¿cómo podemos entendernos, señor, si yo en las palabras que digo pongo el sentido y el valor de las cosas como están dentro de mí, mientras quien las escucha, inevitablemente, las asume con el sentido y con el valor que tienen para sí mismo, del mundo como lo tiene dentro? Creemos entendernos, no nos entendemos nunca. Mira, mi piedad, toda mi piedad por esta mujer, ha sido entendida por ella como la más feroz de las crueldades”.
Cuantos podremos decir entre nosotros más o menos las mismas cosas, cuantas veces palabras con las que nosotros expresamos algo son malentendidas, no se entiende. Es que estamos, como veremos en el encuentro que haremos en los próximos días sobre el misterio del lenguaje humano, todos dentro de una “gran traducción”. Cuando también yo dijera mamá – la palabra más simple, la palabra primaria –, ustedes tienen que traducir esta palabra en su experiencia de mamá y puede ser que no se entienda. Es como si Pirandello pusiera bombas en nuestra tranquilidad: no sólo las palabras, también la realidad. En Así es, si les parece, a un cierto apunto un personaje - no les voy a hacer la historia de las obras, pero la verán, si quieren - dice: “No pueden decirlo ustedes de un cierto hecho como no puede decirlo nadie y no ya porque estos datos que de hecho están buscando hayan sido anulados - si buscan noticias sobre uno -, extraviados o destruidos por un accidente cualquiera, un incidente, un terremoto, ¡no! , sino porque ellos los han anulado en sí mismos en su ánimo: ¿quieren entenderlo? Creando él o ella un fantasma que tiene la misma consistencia de la realidad donde ellos ya viven en perfecto acuerdo - está hablando de una pareja que se ha creado como una realidad propia, no se comprende quienes son realmente. Dice: “Un fantasma que tiene la misma consistencia de la realidad, donde ellos ya viven en perfecto acuerdo, apaciguados y no podrá ser destruida esta realidad suya por ningún documento porque ellos respiran dentro, la ven, la sienten, la tocan. A lo sumo para ustedes podría servir el documento, para quitarse una tonta curiosidad, les falta, y he aquí Ustedes enfrente condenados al maravilloso suplicio de tener enfrente y cerca cual fantasma y cual realidad y no poder distinguir el uno de la otra”.
No poder distinguir el uno de la otra: el fantasma y la realidad. Pirandello es como si hubiera hecho ver, de manera provocadora - y no porque era nihilista (pero eso lo veremos después) - a los cómodos burgueses sentados al teatro (y por lo tanto a nosotros, a quien tiene un alma ya hecha): miren, amigos, ¿se dan cuenta? ¿Están en un fantasma o en una realidad? ¿Dónde están realmente? En efecto, con un fondo extraordinario también pone en cuestión la conciencia, palabra mágica de la modernidad. En el momento en que no hay ya ninguna referencia fuera de mí mismo, la realidad o Dios, o cualquier forma de autoridad para mi vida, la conciencia, “me basta la conciencia”.
Y Pirandello a un cierto punto hace hacer a un personaje de Cada uno a modo suyo esta descripción de la conciencia que es muy interesante. Hay un pequeño diálogo, y uno dice: “¿Qué quiere decir, excusa, que tienes tu conciencia y te basta? ¿Que los otros pueden pensar de ti y juzgarte como a ellos también les gusta aun injustamente, y que tú mientras tanto estás seguro y confortado por no haber hecho mal?” No es así, cuando uno dice: estoy en paz con mi conciencia, ¿qué me importa lo que dicen los otros? Es afirmación típica de nuestra época. Y en efecto él dice que sí, entiendo esto. Mi conciencia, ciertamente. Y el otro le dice: “¿Pero quién te da este consuelo, de estar seguro de algo?”. “Mi conciencia, precisamente”, contesta aquél. ¡Ay bella! Y el otro personaje: “Por qué crees que los otros, en tu lugar, si les hubiera ocurrido un caso como el tuyo, hubieran actuado como tú”. He aquí porque, querido amigo. Y también porque, fuera de los casos concretos y particulares de la vida sí hay ciertos principios abstractos y generales, sobre los que podemos estar todos de acuerdo, porque cuesta poco. Mientras tanto, mira, si tú te cierras desdeñosamente en ti mismo y afirmas que tienes tu conciencia y te basta, es porque sabes que todos te condenan y no te aprueban, y aún se ríen de ti. De otro modo no lo dirías. El hecho es que los principios quedan abstractos, nadie logra verlos como tú en el caso que te ha ocurrido. Ni a ver a sí mismo en la acción que has cometido. Y entonces, ¿de qué te sirve la conciencia, me lo dices? ¿A sentirte solo? No, por Dios, la soledad te asusta. ¿Y qué haces entonces? Te imaginas muchas cabezas, todas como la tuya. Tantas cabezas que son más bien la tuya misma, las que a un cierto punto, tiradas por un hilo, te dicen sí y no, no y sí como tú quieres. Y esto te consuela, y te hace seguro. Pero, ¡hombre!, es un juego magnífico ese de tu conciencia que te basta. Es corrosivo….” Ahora el pensamiento es un poco articulado, pero es corrosivo decir que tu conciencia te basta porque en realidad reduces el mundo a un teatro en el que haces pensar a los otros lo que tú quieres. Porque algunos principios abstractos y generales, en lugar de ver y partir del caso particular de la vida, estás sobre los principios abstractos y generales sobre los que todos pueden estar más o menos de acuerdo.
Son cosas que irían todas profundizadas, pero para decir que Pirandello “se divierte” - aunque no se divertía porque era un trágico, por ciertos aspectos - a poner en cuestión las palabras, la realidad, la conciencia, eso sobre lo que normalmente nos basamos para conocer la verdad. Y entonces, hay esta especie de obra de desmontaje que Pirandello y Peguy en su parte polémica hacen. ¿Y entonces? Si no se puede encomendar a los métodos científicos, si no se puede encomendar a las palabras, si no se puede encomendar a la realidad, si no se puede confiar en la conciencia, ¿cómo se hace para conocer lo real? ¿Cómo se hace para estar seguros de algo? Ambos son dos autores provocadores, porque nos llevan sobre este borde, sobre este límite, dejándonos casi sin reparo. Pero ¡ay de los autores que les dan reparo!, no son autores.
Hay una anotación que querría hacerles, pequeña pero interesante, según yo, que liga los dos personajes, las dos figuras. Para Pirandello todo esto ocurre en el teatro, es decir en todo caso en un lugar público: este descubrimiento de que la vida no es tan simple (decimos así, banalmente) no ocurre sólo en tu habitación, sino ocurre mediante un compartir, un lugar público. Del mismo modo, Peguy - pero no les voy a leer las citas - dice que el punto en que viene fuera la verdad en la historia y en el mundo es un pueblo. Y también esto, entienden, es un poco contracorriente. Es decir, ambos autores, de algún modo, reconocen que el problema de la verdad, y por lo tanto también de eliminar todos los condicionamientos, todas las seguridades, todo lo que te vuelve el alma ya hecha, el pensamiento hecho, y no vivo, este procedimiento, este proceso, no ocurre cuando estamos solos, ocurre en todo caso en un lugar común, en un lugar público, en el teatro o en el pueblo. No son individualistas. Son dos autores de algún modo contrarios a la hipótesis, en cambio hoy predominante, del hecho que tú, solo, haces un recorrido.
Se necesita el teatro, se necesita el teatro del pueblo, se necesita en todo caso un lugar en que algo suceda con otros. Hitler, dialogando con Mussolini, le había advertido. Porque ustedes saben que Pirandello se adhirió al partido fascista, era académico de Italia: normalmente la crítica, tal como sobrevuela sobre cosas que les diré dentro de poco de Pirandello, también sobrevuela sobre este pequeño hecho, liquidándolo. Generalmente la crítica oficial ha eliminado a casi todos los autores que se habían adherido al fascismo, por motivos políticos, en cambio Pirandello, como es un autor tan conocido y fuerte, ya no puede eliminarlo, y entonces sobrevuela sobre este pequeño hecho diciendo: “Pero lo ha hecho porque así tenía dinero para la compañía teatral”. En realidad, no es tan banal la cuestión. Pero Hitler, dialogando con Mussolini, lo había un poco puesto en guardia, diciendo: “Mira que tú confías en aquel Pirandello”, y Mussolini, probablemente así, como era romañolo no muy fino, habrá dicho: “Pero sí, Pirandello es un hombre de sentido común”. En su prefacio editado recientemente, el amigo periodista Gianni Riotta, director del Tg1, dice: “Beh, tenía razón Hitler, no hay que confiar en el sentido común de Pirandello, había hecho bien en avisar a Mussolini diciendo que Pirandello era un subversivo”. Yo creo que tuviera razón Mussolini, en cambio. Es claro que es difícil darle la razón a uno de los dos, pero en fin…, en el sentido no tanto que no es verdad que Pirandello es subversivo, de algún modo, cuanto el hecho de que Pirandello, aquello que deseaba (y él lo dice continuamente) no era anular una certeza, es decir un sentido común en la vida, era tenerlo realmente. Era tenerlo no de modo disfrazado, no confiando en las máscaras, no confiando en los convencionalismos: no concordaba con el alma muerta, el alma condicionada, en su teatro destruye todas las seguridades plácidas de los burgueses del tiempo, porque no quería tener una seguridad así, no concordaba con aquel sentido común. Quería otro sentido común. No quería conformarse con el hecho de que al charlar decimos la verdad. O que somos lo que parecemos. No concordaba. Y elimina, tira bombas de mano (para decir con Gramsci) en esta certeza pacífica. Pero no porque no quiere una certeza, él lo dice, citando a Goethe: “En toda esta nada, he buscado el todo”, anulando, destruyendo todo como en el teatro, como si la vida fuera un teatro, haciéndoles ver las tretas del teatro, haciéndoles ver las tretas de la vida, por lo tanto anulando un cierto artilugio teatral de la vida que conducimos normalmente: “en esta nada busco el todo”.
Peguy, a un cierto punto de su vida, comprende que la única cosa que permite el conocimiento de la verdad se llama evento cristiano. Es decir, la verdad no se alcanza, por un método de comprensión de lo real, de análisis de lo real, sino porque surge en un punto, ha surgido en un punto de la historia un evento que aclara tu humanidad y el sentido de las cosas. Dice a un cierto punto, en una bella página suya: “Monsieur Lodè (que es un autor) tiene el aire de creer que la humanidad en sí misma, que el hombre, tendría menos necesidad de Dios y de Jesús con respecto al siglo quince. Cree pues, este hombre feliz, que la bajeza, que la miseria, que la angustia del hombre se haya vuelto menor. No ha oído nunca hablar, no ha querido nunca hablar tampoco de dioses laicos, tampoco de dioses profanos, tampoco de los históricos, tampoco de los modernos, tampoco en el sentido del punto de vista puramente humano, que la miseria del hombre moderno, que la angustia del mundo moderno es una de las más profundas que la historia nunca haya tenido que registrar”.
Insisto, son los años de Kafka, de Svevo, de Eliot, de Ungaretti. “Cree pues, este raro genio, que la humanidad se haya vuelto menos dolorosa, cree que haya cambiado el corazón, cree que se haya mejorado el corazón humano. Cree que el padre que ve a su niño enfermo sufre menos que en el siglo quince. Que tenga menos necesidad de la plegaria y de los sacramentos. Cree que el hombre que muere muera menos que en el siglo quince, y que la humanidad ya no tenga la misma capacidad que en el siglo quince de angustia y aquello que llamamos neurastenia. Se reconoce bien aquí la incurable frivolidad del grosero burgués francés. La misma capacidad de vacío, y de hueco, y de ausencia, las mismas deficiencias, las mismas faltas. Cree pues, este grosero capitalista, y para atenernos sólo a este ejemplo sólo a este caso, cree pues que la ansiedad del pan cotidiano haya disminuido en el mundo, y que no hayan muchos hombres como en el siglo quince que tiemblen por el hambre, que tiemblen por el pan de su mujer y sus hijos, y que tiemblen menos, y que cuando piden nuestro pan cotidiano, y que lo pedimos para hoy, lo pedimos con un corazón más pequeño que en el del siglo quince”.
Aquí Peguy va a tratar una cuestión decisiva: no se entiende al hombre y a la realidad sin partir de la necesidad. Sin partir de la necesidad que es el hombre. Ningún discurso sobre la verdad, ninguna pretensión de conocimiento de la realidad, se puede hacer prescindiendo del hecho de que tú eres una necesidad. Hoy como en el siglo quince. Y que a esta necesidad la única respuesta posible es que algo entre en la historia, no que el hombre entienda la historia, no que el hombre analice la historia hasta el último detalle, sino que algo entre en la historia. En efecto dice: “Jesucristo, niña, no ha venido a decirnos frivolidades, tú entiendes, Él no ha hecho el viaje de venir a la tierra, un gran viaje, dicho entre nosotros, y estaba tan bien donde estaba, antes de venir no tenía todas nuestras preocupaciones, no ha hecho el viaje de descender a la tierra para venir a contarnos adivinanzas, chistes, como si la vida fuera una adivinanza que acertar, un enigma del crucigrama de entender, un formulita por resolver. No se tiene tiempo para divertirse, Él no ha puesto, no ha empleado, no ha gastado los 33 años de su vida terrenal, de su vida carnal, los 30 años de su vida privada y los 3 años de su vida pública, los 3 días de su pasión y su muerte, Él no ha puesto, no ha empleado, no ha gastado todo esto, sus 30 años de trabajo y sus 3 años de predicación, sus 33 años de plegaria, su encarnación, que es específicamente su encarnarse, su convertirse en carne y en algo carnal, su convertirse en hombre y su crucifixión y su vuelta a la tumba, su vida de hombre y su vida de obrero, su vida de fiel y su vida de Jesús, para venir a contarnos mentiras. Él no ha puesto, no ha empleado, no ha gastado todo esto, no ha hecho todo este derroche considerable para venir a darnos, para darnos al final adivinanzas para resolver, como un brujo”. Dice: “El hecho cristiano no ha venido para dar alguna adivinanza más para resolver, alguna noticia de más, alguna nota de más a la vida”. Y en efecto dice luego: “El que ama se mete por eso mismo, por eso solamente, mediante eso, dentro de la dependencia”.
Es lo que estamos diciendo en estos días en el Meeting: decir que la verdad es nuestro destino es decir que el destino se ha metido cpnrespecto a mí en esta extraña situación, como Giancarlo Cesana decía también en el encuentro introductorio, me ha puesto al centro. El que ama cae en servidumbre del que es amado. Es ley común, es fatal, aquel que ama cae, se mete bajo la servidumbre, bajo un yugo de servidumbre, depende del que él ama. “Sin embargo es justo esta la situación, mi niña, en la que Dios se ha dado por amor a nosotros. Dios se ha dignado esperar en nosotros, porque Él ha querido esperar de nosotros, esperarse algo de nosotros. Situación miserable, recompensa de cuál amor, prenda, rescate de cuál amor, recompensa singular. Él se ha puesto en esta singular situación, invertida. En esta miserable situación donde es Él que espera de nosotros, del más miserable pecador, que espera del más miserable pecador”.
Oigan como es interesante, porque un poeta no usa las palabras al azar, si es un poeta bueno, y aquí, a un cierto punto, Peguy dice: “Derrocamiento de la creación, es la creación a lo inverso”. Como decir, si en la creación parecía que el hombre tuviera que extenderse todo para buscar de algún modo la verdad y por lo tanto su destino (conocer el proprio rostro) mediante todos los métodos, los sistemas, ha ocurrido una inversión: una inversión de la creación. Con Jesucristo, con el evento cristiano, ha sucedido una inversión de la creación. Es el Creador que depende de su criatura. Se ha dejado poner a este nivel. El que es todo (el Destino) depende, aguarda, espera de lo que no es nada. El destino ha empezado a esperar de mí, ha empezado a ponerme al centro. Dios, encarnándose, ha hecho esta singularísima revolución, de desplazarSe del centro y de poner el hombre al centro. Se ha confiado todo a él, se ha encomendado todo a él, se ha dado todo a él, en las manos, en sus manos pecadoras. Por tanto, como decir, la verdad no es más una cosa allá, lejana. No es una cosa más a la cual yo tiendo, sino es una cosa que, hasta se ha puesto a depender de mí. Ya no es una cosa, allá, confusa en alguna nebulosa. “Espantoso amor, espantosa caridad, espantosa esperanza, responsabilidad realmente espantosa. El creador necesita de su criatura, se ha decidido necesitar de su criatura”. Ésta, entienden, es la inversión que el cristianismo ha llevado y que Peguy comprende, y dice de este modo: “La verdad ya no es una cosa que me chantajea de lejos, sino incluso se ha convertido en una cosa que depende de mí”. Por eso en el cristianismo el hombre es señor, y también religiosamente el cristianismo da una dignidad al hombre que ninguna otra religión da. Porque tú dependes de la verdad, la buscas, eres devoto, pero es como si también hubiera ocurrido al contrario: es ella que te aguarda. Es ella que espera de ti. Dicho de modo que quizás no se podría decir, tú eres más importante que la verdad: ha muerto por ti. Uno extraño derrocamiento, es una cosa que ningún otro método podría alcanzar, ni menos podría pensar. Ésta es la situación en la cual Dios - en la que la verdad, (uso la palabra) - se puso. Es un extraño vuelco, Peguy dice. Y sin este hecho, si no fuera por este hecho, la verdad quedaría en todo caso algo confuso e inalcanzable, porque no llegamos ni con las palabras ni con la conciencia ni con la ciencia ni con la historia ni con los sistemas. Si no fuera por este hecho, la verdad quedaría un chantaje lejano. Y en cambio este hecho introduce una historia de amor diferente con la verdad. ¿Qué es la verdad? ¿Quid est veritas? Pilato pregunta. Vir qui adest. Un hombre que existe. Un hombre que está. Esto, uno dice, es Peguy. ¿Y Pirandello?
Pirandello, que no es considerado, vendido por la crítica en la escuela y en los teatros como un nihilista, un escéptico, uno que en el fondo precisamente se divertía en desarmar todo y basta, escuchen qué cosa dice en una entrevista concedida poco tiempo antes de morir y editada en un libro de un crítico siciliano que se llama Pietro Mignosi, coterráneo de nuestro amigo don Ciccio que hará un encuentro fundamental en el Meeting, hoy. Este crítico siciliano que no encontrarán nunca citado en sus libros escolares y universitarios hace un libro que se llama El secreto de Pirandello, donde afirma que el problema de Pirandello es religioso. Fundamentalmente, no se comprende a Pirandello sin tener cuenta de un problema religioso, es decir de un problema de conocimiento de la verdad. Y Pirandello tenía este problema. Ahora bien, este Mignosi, que era contemporáneo de Pirandello, manda el libro a Pirandello, que le contesta dos o tres cartas en que dice: “Querido Mignosi, usted tiene razón. Éste es el secreto de mi obra. Ningún crítico, ni menos de aquellos que me alaban lo ha entendido y lo dirá nunca. Por lo tanto usted será obstaculizado, no tendrá suerte con este libro suyo. Pero sepa usted que para mí es un gran consuelo, porque, si hay una cosa que me conforta – dice Pirandello - es de haber sido seguramente un instrumento en las manos de alguien más grande que yo”. Pero además de esta afirmación, dice más claramente en la misma entrevista que su teatro es una revolución, es precisamente como bombas de mano en la tranquilidad burguesa que cree conocer la verdad así, con cualquier medio, como nuestras palabras, nuestra conciencia, nuestra ciencia, como si la verdad fuera precisamente más pequeña que nosotros, alcanzable para nosotros, precisamente. Como si fuera así. A un cierto punto Pirandello, reconstruyendo el recorrido de su obra, llega a decir: “Cristo es caritas (y Pirandello no es Ratzinger), es amor, sólo del amor que comprende y sabe conocer lo justo entre orden y anarquía, entre forma y vida”. No hay ninguna ley, no hay ninguna norma moral, no hay ninguna instrucción para el uso que encuentre la forma de equilibrio entre la forma y la vida, entre el fluir y el permanecer, no hay ninguna regla que logre encontrar el punto justo. Nadie lo ha encontrado nunca. Ninguna fórmula matemática encuentra el punto entre el fluir de la existencia y el permanecer de algo, entre la muerte y la vida, no hay ninguna regla que logre encontrar este punto. Sólo el amor lo encuentra, más bien, sólo el amor lo es. Dice Pirandello: “Sabe conocer lo justo entre orden y anarquía, entre forma y vida, y está resuelto el conflicto entre parecer y ser, entre lo que yo digo y lo que tú entiendes”. Y añade: “Estoy contento de que ninguna autoridad religiosa haya encontrado algo para condenar, que en mi obra nada haya ido al Indice. La Civiltá Cattolica (la revista) ha hablado a fondo, en tres artículos que forman un volumen”. Oigan que bonito: “Quiero decir que uno de los aspectos de mi obra es ésta: perfecta ortodoxia, en cuanto a posición de problemas. Y tales problemas no comportan sino una solución cristiana”.
Porque, en el momento en que las palabras no bastan para decir la realidad, no logran decir la realidad, en el momento en que la cara que tienes a veces es una máscara, en el momento en que los convencionalismos en que vivimos muestran su límite, se derrumban, en el momento en que todo el teatro que a menudo nos construimos cae, se muestra, es inevitable saber que es un poco una ficción, en este momento, ¿cómo se puede vivir, si no -dice Pirandello- con una solución cristiana? Es decir, con un amor que viene encuentro a ti. Con la verdad que viene encuentro a ti. Con algo que pasa por las máscaras que somos, las ficciones que tenemos, las palabras imprecisas que tenemos, las tergiversaciones que somos, el límite que somos, la pobre humanidad desilusionante, como decía Peguy, si no mediante algo que nos viene a través de estas cosas.
Pirandello reconoce que él había puesto problemas ortodoxos, es decir problemas que un cristiano tiene, los problemas a los que el cristianismo responde. Porque el cristianismo no vuelve tu palabra priva de ambigüedad, porque entonces estaríamos en el Paraíso: sólo en el Paraíso probablemente diciendo mamá entendemos todos la misma cosa. Aquí no, aquí estamos en la traducción, en el límite. Por tanto, el cristianismo no quita la ambigüedad, la precariedad, la inestabilidad, el teatro. Pero hace venir al encuentro, mediante esto, una presencia que ama y que te pone al centro. Ésta es la experiencia de la verdad que Peguy ha hecho, aunque como quizás saben, por su historia personal, ha hecho la comunión una sola vez, el día que ha muerto, porque antes no podía hacerla. Y Pirandello a esta experiencia del cristianismo llega, como llegan todos los genios, entendiendo que el problema humano que él pone sólo es resoluble por un hombre que llega y que lleva consigo la vastedad de Dios, que se pone como frente a tus ojos y dice: “eres tú lo importante”.
En un bellísimo diálogo, que es El hombre de la flor en la boca, un monólogo, Pirandello pone en escena a este hombre que tiene una enfermedad, precisamente la flor en la boca, es un epitelioma. Dice: “¡Oye qué dulce nombre tiene esta enfermedad mortal”. ¡Epitelioma! Teatro también esto, una palabra dulcísima que te condena a muerte. Y dice: “La vida sólo sería un triste esperar el fin”. Y luego, mientras habla, este hombre dice: “En cambio, estos albaricoques, como son dulces”. Estos albaricoques. Hay un canto que sabemos, que habla de Cristo como dulcis praesentia como un albaricoque que no cae.

MODERADOR:
Gracias Davide. Yo querría sólo subrayar un aspecto, aquella de David es una riqueza por los contenidos que nos ha dicho, pero también porque es justo una indicación de un método para leer y para ver. Esto me conmueve. Habría podido elegir mil recorridos sobre Pirandello y sobre Peguy: ha sido justo la indicación de un método. Un método significa que se parte de un punto, se parte de algo que se vive, del cual se hace experiencia, y luego se lee, se encuentra. La razón por la cual momentos como éstos son útiles, son interesantes, es justo porque son indicativos de un método, de un método que en el estudio, en mirar el arte, en leer poesía, puede ser usado. Por lo tanto, el valor no está sólo en los contenidos que Davide nos ha dicho, sino justo también en este tipo de indicación. También digo esto porque, análogamente, querría invitarlos a visitar las muestras que hay en el Meeting, porque también las muestras que hay en el Meeting son de algún modo el resultado de un recorrido así hecho, es decir de una idea que luego, profundizada juntos, ha generado un recorrido, por lo tanto cosas por ver. También en el Meeting nada es casual, todo nace del hecho de que juntos se está arriesgando un juicio, una mirada, un encuentro con algo. Y les señalo en particular la muestra que es preparada en el Castel Sismondo, El espacio de la sabiduría. Santa Sofía en Estambul nacida, como quizás sepan porque lo hemos dicho en otro lugar, de la sugestión del viaje de Benedicto XVI en Turquía, y que de algún modo, proponiendo la imagen de este lugar extremadamente bonito, significativo y dramático, cual es precisamente Santa Sofía en Estambul, retoma aquella sugestión. Pero aquella sugestión significa aquel impulso ecuménico, aquel impulso al diálogo, aquella pasión al encuentro que ha animado el viaje de Benedicto XVI, por fotos y objetos artísticos de importante nivel y gran belleza. Santa Sofía es la posibilidad para nosotros hoy, aquí en Rímini, de recrearnos la misma belleza que quien ha acompañado al Papa a Turquía (y acompañando al Papa a Turquía, ha inventado la muestra) ha podido gozar. Además, les señalo también que la cosa está teniendo un relieve suyo, también justo desde el punto de vista del valor de la razón por la que la hemos hecho, porque tenemos aquí al embajador turco, además al director del museo de Estambul, y ayer ha llegado el mensaje de Bartolomeo I, el Patriarca de Constantinopla, un mensaje justo ligado a la Muestra, en el cual agradece por este evento. Son todas señales que también iniciativas de este género contribuyen en todo caso a construir pedazos de historia, pedazos de relación. Última cosa, aunque tendremos tiempo de hablar, les señalo que el próximo año, en el 2008, el 20 de abril, abriremos una gran Muestra artística-arqueológica de título Exempla, dedicada al itinerario de lo clásico, la reanudación de lo clásico, en el arte italiano entre el Doscientos y el Trescientos. Una operación cultural y expositiva muy grande, de la que además han visto estos leones que les miran, cuando ustedes giran en la Feria. He aquí, aquel león que les mira es el logo de la Muestra que Marco Bona Castellotti ya desde meses ha empezado a construir. Se les señalo porque esta Muestra abrirá el 20 de abril y por lo tanto al Meeting tendencialmente estaremos en cierre, y por lo tanto también es una invitación a organizarse a venir en primavera a Rímini para verla. Gracias y buena continuación del día.

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