¿Qué tienen que decirse la genética y el Génesis?
autor: Edoardo Boncinelli
Jefe del laboratorio de Biología molecular del desarrollo del Departamento de investigación biológica y tecnológica (Dibit) del Instituto científico H. San Raffaele (Italia)
Alessandro Maggiolini
arzobispo de Como (Italia)
Alberto Mingardi (moderador)
periodista en Il Foglio
fecha: 2004-08-16
fuente: Cosa hanno da dirsi la genetica e la Genesi?
traducción: María Eugenia Flores Luna

Interesante diálogo sobre el sentido de la vida, sobre la fe y sobre la ciencia entre un investigador apasionado y los más acreditados en el campo de la Biología molecular, el profesor Edoardo Boncinelli y un "hombre de Iglesia", entre los más controvertidos por la claridad de exposición del propio pensamiento definido a veces como demasiado "ortodoxo", monseñor Maggiolini, Arzobispo de Como.

Para el profesor Boncinelli, que se define religioso, pero no creyente, el sentido de la vida no existe; sin embargo cree que el deber primario del hombre sea aquel de dar un sentido a un universo que no lo tiene, maravillándose de todo lo que le está entorno, y considera la religión como una exigencia biológica de dar un sentido a la existencia. Sin embargo reconoce el poder de la razón en la investigación de la verdad y la indisolubilidad de la civilización occidental y de la experiencia de la cristiandad.
Como demuestra monseñor Maggiolini la religión católica consiente, permite y provoca la ciencia; si es bien vivida "obliga" a la investigación, liberando por todos los esquemas propuestos; si la fe es reducida al equilibrio de las emociones, quiere decir que no se ha captado el aspecto dramático de la religión que impulsa a interrogarse, que impulsa a usar la razón y que da sentido a la ciencia, pero sobre todo a la vida.

En el umbral del misterio somos conducidos por la razón

Boncinelli: Empezaría con decir que yo no logro ver grandes motivos de contraste entre ciencia y fe. Si por "ciencia" entendemos las preguntas fundamentales y las respuestas fundamentales. Si pensamos en las aplicaciones prácticas allí, sí, en cambio hay contraste - pero la incompatibilidad está entre una clase de moral y otro tipo de moral. Sin embargo, acerca de la ciencia, que es la cosa más importante para mí, no hay duda de que la biología es y siempre quedará en el ojo del ciclón: porque cuando se acerca al hombre, cuando se acerca a la psique, cuando se acerca a la mente, todas las cosas se ponen candentes.

Mingardi: ¿Ningún muro-contra-muro, en definitiva, entre ciencia y fe?
Boncinelli: No, absolutamente. La única cuestión sobre la que no hablamos la misma lengua es si el paso del mono al hombre haya ocurrido gradualmente, o de golpe. Otras problemáticas no las veo. Los adversarios aguerridos y, temo, pronto vencedores, de la ciencia, son otros: aquellos epistemólogos y aquellos filósofos paladines del relativismo, del "nada está claro", del "no sabemos nada". Es de aquí que viene el peligro verdadero para la ciencia y, creo, para la cultura occidental en general.
Maggiolini: La distinción entre ciencia como cognición y la técnica, como aplicación del saber, es muy importante para nuestra discusión. Está claro que la ciencia tiene que estimularse a conocer lo más posible y cuanto más se extiende, más se ahonda y mejor es. Fe y filosofía van de la mano con esta actitud. O, por lo menos, una filosofía del ser y no del parecer, capaz de hacer cuentas con lo empírico, con lo práctico, con lo mensurable. Y una fe capaz de apegarse a la transcendencia. Al mismo tiempo, está claro que a guiar la aplicación científica, es decir la técnica, será una moral que pondrá al centro de las propias consideraciones una antropología. Hará falta ver qué es el hombre, y cuáles son los límites dentro de los que puede ser manipulado, no conocido.

Mingardi: El profesor Boncinelli ha hecho emerger un tema fuerte, refiriéndose a los relativismos, a los escepticismos que persiguen y que están un poco de "moda" en este período.
Monseñor Maggiolini ve el mismo peligro dentro de la cristiandad. El punto es éste: qué rol puede ser reconocido a la razón humana, y por qué este rol parece descolorido, recientemente, por lo menos en la formulación de ciertos "pensamientos."
Maggiolini: El relativismo no da ningún punto no digo de detención, sino tampoco ninguna dirección, no traza ningún recorrido. Representa una actitud que ya no se maravilla de nada, deja que la ciencia también conduzca la propia indagación aun a detrimento de los valores y de la dignidad humana y, al mismo tiempo, no ofrece caminos, alternativas de investigación.

Boncinelli: Yo estoy convencido del poder de la razón. Del poder de la búsqueda de la verdad (no digo de la "posesión" de la verdad, sino de su investigación). Y del hecho de que, algo se diga, la razón es el mejor instrumento que nos haya sido dado para explorar el universo, al menos en sus aspectos materiales.
Mingardi: ¿Y entonces por qué motivo se respira difusa antipatía por la razón humana?
Boncinelli: Ante todo porque hemos quedado quemados por las exageraciones del Iluminismo y del positivismo. Y las reacciones de hoy son igualmente exageradas. Por algún siglo, el hombre de la calle pensaba que con la razón se pudiera solucionar todo. Ciertamente, la ciencia, si bien administrada y bien suministrada, crea progreso y bienestar material. Pero no nos regala la felicidad, no es aquella su tarea. Hace las cuentas con la dura realidad, la ciencia no puede hacernos felices, el hombre de la calle ha empezado a volverse contra la razón. Sobre eso, luego, se han adherido otras teorías, otros pensamientos - que no vienen cierto del hombre común, sino son el pan de quien vive de lo que escribe y lo que teoriza. Una filosofía radical chic: hombres que están bien, a quienes no falta nada, que han localizado en esta, como se ha dicho antes, "moda" de hablar mal de la razón, un instrumento para conseguir riqueza y éxito. Si observas, sin contraproponer nada: si a la razón me contrapusieran el valor de los sentimientos, daría una carcajada, pero no tendría nada que objetar. Me parece doblemente absurdo echar a la basura la razón sin quererla reemplazar con nada. Hace falta distinguir entre irracionalidad y falsa racionalidad. La irracionalidad es un factor natural, no podrá ser nunca eliminada, y es justo que sea así. La falsa racionalidad me parece urticante: ¿cómo se hace para negar que el instrumento privilegiado del progreso, del crecimiento del ser humano, (sobre el plano material, por lo menos) sea razón y método experimental? Las posiciones como la de Giovanni Reale y de Darío Antiseri me parecen francamente inaceptables.

Maggiolini: Por mi parte, distinguiría un conocimiento empírico, una metafísica y una fe. Por cuanto concierne al conocimiento empírico, creo que el método sea aquel experimental: indagación, formulación de los esquemas interpretativos, investigación de verificación y falsificación. La metafísica se agregará donde haya que interpretar algún fenómeno que no parece reducible a la empeirìa - y allí entra una afirmación, que es una afirmación de valores inmateriales. Pienso en la inteligencia, pienso en la libertad, en la libre voluntad del hombre. Y también pienso en el remontar de la razón a la transcendencia - sin por eso captar lo transcendente en términos "positivos" o exhaustivos. Por cuanto concierne a la fe, hace falta estar atentos a no "aplastar" la fe en un sentimiento irracional. Hay un área de investigación, al interno de los contenidos de la fe, y existe la posibilidad de inervar de racionalidad, dentro de un límite, el dato revelado. Es verdad, existe el "misterio" - pero del "misterio" hace falta demostrar al menos la no-absurdidad. En este sentido, si se aceptan estos análisis, a mí me parece de veras tener que compartir el rechazo de la pulverización de la razón y de la celebración del pensamiento débil.
Boncinelli: La tripartición que usted ha hecho, monseñor, es interesante, y la comparto en pleno. Pero recordemos que la metafísica entra en cualquier cosa que nosotros hagamos, los a-priori de la experiencia son metafísicos. La metafísica es el punto de partida. En cuanto a la fe, a mí me parece que sea una exigencia biológica de la humanidad: estas dos almas, no desaparecerán nunca.
Maggiolini: Es muy interesante esta llamada a la metafísica como primera posición del pensamiento. También porque el científico mismo no puede no ser hombre. Por lo que concierne a la fe, yo acepto que pueda ser vista como una actitud solicitada por la biología o por la psicología. Creo pero que, si fuera así, la fe sería un grito irracional y, por consiguiente, ya no sería lo que el catolicismo llama fe. La fe es lo ultra-racional que pero no es irracional en el sentido de contra-racional. Existe el "misterio": pero en el umbral del "misterio" somos conducidos por la razón.

Boncinelli: Esto pero vale solamente para la religión cristiana, no es verdad para otras religiones.
Maggiolini: Profesor, atención: hablaba incluso de religión católica. Otras religiones no tienen este elemento. Piense en el Budismo que, viéndolo bien, no es tampoco una religión: no es una relación con un ser transcendente - tal como el Confucionismo. Son simplemente morales. Y tampoco el islamismo es un rito, una exigencia de la razón. Porque el Islamismo ve todo reducido al Libro, al Alcorán.

Boncinelli: Éste es un punto importante: estos discursos nuestros, si los hiciéramos en India, perderían significado. Nosotros vivimos una religión que ha crecido junto a los filósofos, que es muy evolucionada, inmanente y llena de recursos. La esencia de la fe, según yo, es en todo caso una adhesión a un principio superior - y, siempre según yo, la expresión de una exigencia biológica de dar un sentido a nuestra existencia.
Maggiolini: Me encuentro un poco incómodo cuando Usted dice que es una exigencia biológica.
Boncinelli: Digamos innata.
Maggiolini: Bueno, ya innata me tranquiliza mayormente. Digamos que es el complejo de la existencia humana que se interroga, por lo tanto también el aspecto racional. Pero el aspecto racional no abarca la totalidad. Si comprehendis, non est Deus, diría San Agustín. Pero querría volver a cuanto Usted ha señalado antes, es decir la coexistencia de diferentes sensibilidades religiosas. Porque, cuando se examina el problema desde el punto de vista con el que nos estamos confrontando hoy, nos percatamos de que es ilusorio soslayar las diversidades religiosas de fondo. Una religión no se agota en sí misma. Crea un punto de vista, crea una mentalidad, que luego se refleja en los varios aspectos de ésta o aquella civilización.

Civilización occidental inseparable de la experiencia cristiana

Mingardi: Ésta es una constatación importante. Estamos obligados en fin a darnos cuenta de que la civilización occidental es inseparable (y justo como conjunto de pensamientos, sensibilidad, instituciones) de la experiencia de la cristiandad. Sin ella, la ciencia por como nosotros la conocemos sería incluso impensable.
Boncinelli: Ciertamente. No nos olvidemos de que la ciencia ha nacido para descubrir las leyes de naturaleza. A la base hay un impulso metafísico, todo gira alrededor de un asunto metafísico-religioso: el universo es único, porque ha sido creado por un único creador, y es gobernado por leyes bien precisas e "investigables". Y de eso, creo, tenemos que felicitarnos. Pero querría también decir, como vivo en mi tiempo, que tengo la impresión de que este lado racional y "sistematizator" de la religión se vaya atenuando siempre más. Para la ventaja de un paganismo difuso. Como en los Estados Unidos: una reciente investigación ha revelado que el 85% de los americanos se declara "creyente de alguna idea". Aumenta el número de los testigos de Jehová. Me ha ocurrido encontrar a un taxista que ha visto a los 25 extraterrestres venidos de otra galaxia que un bonito día se lo llevarán a él y a los otros de su secta. Atención: esta "niebla" que nos circunda no parece despejarse. Y de mi parte estoy muy preocupado, porque se acentúan de la religión los aspectos más materiales, las sensibilidades "animistas", y se pierde este gran valor unificante, el valor de la razón.
Maggiolini: Profesor, yo capto la observación que Usted hacía y la pondría en estos términos: prescindiendo de episodios según yo excesivamente enfatizados (como aquel de Galileo), en el fondo la religión católica no sólo consiente, permite, sino hasta provoca la ciencia. Exige que el hombre se meta en una actitud de "dominio" de la Creación: es lo que está escrito en el Génesis, donde el hombre tiene la tarea de custodiar y de dominar la Creación.
Boncinelli: ¡Y de poner nombres a las cosas!
Maggiolini: Ciertamente, de dar nombres, es decir de categorizar, de conocer el universo que lo circunda. Me parece que eso sea muy importante, junto pero al aspecto, ¿cómo decir?, más "ecológico". Existe el dominio y existe la custodia. Dicho esto, comparto plenamente las preocupaciones de Boncinelli. Acabo de escribir un libro que me ha puesto al centro de polémicas intra-eclesiales pero no sólo, donde digo: atención, aquí estamos perdiendo la cultura cristiana pero no solamente por la Iglesia, sino por el Viejo Continente y el Norte América. Y esto para mí es un riesgo de veras preocupante porque también acabaremos por decepcionar a las personas que, incluso no creyentes, esperan en cambio que los creyentes los soliciten para una aventura humana de búsqueda de la verdad. Tengo la impresión de que hoy la Iglesia no sea atacada desde fuera, sino se esté desmoronando desde adentro: está perdiendo la propia originalidad, el propio pensamiento. Y si continuamos en esta dirección, creo que Europa no será digna de sobrevivir.
Mingardi: Perderá sin duda su especificidad, las razones más profundas de su ser.
Maggiolini: Exacto. Será eliminada por un único pensamiento que podrá ser el único pensamiento de las religiones orientales. Pero también aquel otro único pensamiento que se declina en alguna "banalidad americana."
Boncinelli: Que es lo que yo llamo el "papocchio": una síntesis heterodoxa de valores cristianos, marxismo y psicoanálisis. Una sopa infinita de la que no se libera porque hay dentro todo y lo contrario de todo. No sólo: los americanos han vivido el psicoanálisis viniendo del comportamentismo. Por lo tanto ha salido un improbable "Todo es posible con la educación"… ojala fuera verdad.
Mingardi: Hay que hacer una aclaración, es decir que no toda la cultura americana es así. Más bien: la vitalidad superior de la academia estadounidense también se ve en un mosaico de escuelas y puntos de vista diferenciados y extremadamente ricos. No se puede "aplastar" un universo cultural tanto fecundo sobre ciertas posiciones sólo porque "hacen moda".
Boncinelli: El problema es otro. Aunque monseñor Maggiolini dice que la biología no es todo, de hecho, en la historia de la Tierra, vence quien hace más hijos. Por lo tanto enseguida, a pesar de todas nuestras bonitas charlas, los europeos ya no estarán - y habrá otros pueblos en nuestro lugar. Lo que podemos hacer es dejar nuestra cultura, ciertamente no tenemos intención de imponer nuestros genes porque sería ridículo, pero existe todo un patrimonio por transmitir. Del modo, como ha hecho Grecia con los romanos, por "civilizar a los bárbaros", endulzando y enriqueciendo los caracteres. Espero que pueda haber una alternancia de personas físicas, pero que pueda quedar la cultura occidental. El otro peligro real, es también un dato estadístico esto, es que hay una crisis de "vocaciones". Poquísimas personas quieren ser sacerdotes - es un problema de ustedes, querido monseñor, pero es una cuestión seria con que la Iglesia se tiene que medir. Las ideas son una bonita cosa, pero luego se necesitan las personas que las lleven adelante.
Maggiolini: Querido Boncinelli, usted me está diciendo las mismas cosas por las que yo estoy entre comillas "bajo acusa" en este momento. Pero yo estoy convencido de lo que he escrito: he titulado el libro “Fin de nuestra cristiandad”. No fin del cristianismo sino fin de "nuestra" concretización de aquel mensaje. Si piensa que de los jóvenes lombardos entre los 20 y los 35 años, sólo el 2,5% quedan unidos a la Iglesia, con una tendencia que va bajando. Si piensa que tenemos continuos trasplantes de extracomunitarios, aquí se necesitará que alguien al menos reaccione a la tentativa de "de-cerebración" que están cumpliendo respecto a nosotros, y tenga el coraje de pensar y de proponer de nuevo la originalidad del pensamiento católico.

Boncinelli: Ésta es la civilización de Marx: el nivel intelectual debe necesariamente descender, puesto que en el mundo, en lugar de saber contar diez millones de personas, saben contar dos mil millones de personas, es inevitable que se tenga que bajar un poco aquel nivel. Un cierto reblandecimiento de las cumbres intelectuales está en el orden de las cosas: pero se deberían perder los detalles, no los principios de la cultura occidental.
Maggiolini: De mi parte declinaría lo que usted ha dicho en los siguientes términos: tenemos una generación que crece la que tiene menos capacidad de análisis y de organización de las nociones. Tiene mucho menos sentido crítico.
Boncinelli: Eso, yo no me arriesgo a decirlo.
Maggiolini: En cambio yo lo diría.
Boncinelli: Mire, como las dotes de las personas son distribuidas como una campana - la curva gaussiana -, la mayor parte de nosotros están, digamos así, "en el promedio". Una vez, en cambio el número de individuos tomados en consideración era menor, una pequeña parte de la población mundial. Hoy hablamos de otros números: pero existe la misma probabilidad que uno tenga más sentido crítico que antes, o bien que tenga menos. Si hacemos el promedio, probablemente (y subrayo: probablemente), vemos un aplastamiento debido simplemente al hecho de que los números han aumentado.
Maggiolini: Creo en cambio que al menos se pueda decir que todas las agencias de consenso que a menudo logran interrogantes profundos, aquellos que van a hacer brotar el sentido crítico, concurren a nivelar la vivacidad cultural de una persona. Además, tengo que admitir que me da cierta impresión que se está hablando de ciencia y el discurso gira alrededor no de la ciencia stricte dicta sino, ¿cómo decir?, a lo que lleva "a la ciencia", a lo que provoca la ciencia. Que no es simplemente el sueldo o bien la gloria de una sensación descubierta: es la exigencia de contestar a las invocaciones, a las esperas de una humanidad y de encontrar una aspiración que se tiene "dentro."
Mingardi: El problema no se puede reducir al crecimiento del "número" de quien tiene las habilidades de base. Sino sea de algún modo ligado a la misma naturaleza de las agencias educativas: no sólo Italia sino toda Europa paga la total falta de competición en este sector. Y nos encontramos con un monopolio que por fuerza mayor acaba por dañar a quien lo padece, es decir los estudiantes.
Boncinelli: Estoy hablando del mundo, no de Italia.
Mingardi: También en el mundo: tanto que es cada vez más clara, cristalina, la diferencia entre Países que atraen cerebros y Países que los hacen escapar.
Boncinelli: Lo que es cierto es que se ha extendido el nivel de los usuarios. Sobre el hecho que sea cambiada la calidad de la oferta y la selección de la oferta, no sé.
Maggiolini: Vean, yo me pregunto si la metodología de enseñanza no sea de por si orientada a un cepillado de las inteligencias. Quiero decir: prueben a pensar en una escuela solamente teórica, o casi. Piensen en una escuela solamente ideológica, o casi. Prueben a pensar en una enseñanza de tipo orwelliano, por la que una frase repetida se convierte en una verdad porque ya no se interroga más. Tengo la impresión de que se juega de veras demasiado sobre las emociones para tener calmada a la población y luego se le narcotiza tratando de hacer pasar algunos eslóganes como si fueran evidencias, pero no son evidencias. He aquí, yo hago una fatiga enorme, también en el campo católico, a desarraigar de todo esta baratija que no es cultura.
Boncinelli: Tengo miedo de que todo esto sea inevitable. Aunque haría distinción: sobre el nocionismo, ¿por ejemplo? ¿Qué hay de más nocionista que Internet? Pero es igualmente real que en un contexto de ese tipo, uno tiene sí todas las informaciones al alcance de la mano, pero al final agarra lo que le interesa y que puede metabolizar.
Mingardi: Es como una biblioteca.

El problema verdadero no es el nocionismo, es la ideología

Boncinelli: Digamos así. Una biblioteca con las bombillas encendidas. En todo caso, decía, el problema verdadero no es el nocionismo. Es la ideología. Que confunde los cerebros y que desgraciadamente ha contado mucho, no en el Tercer mundo sino en los Países occidentales. Además, no es un caso que donde haya una fuerte componente ideológica (marxista o católica), la biología sea muy débil. Porque cuando se acerca al hombre, los ideólogos se retraen. La ideología, que todos dan por muerta, en realidad se ha simplemente fragmentada. ¡Puesto que yo no soy ciertamente tierno hacia la Iglesia, se asume que simpatice por los así llamados "laicos": ¡pero absolutamente no! También hay allí otra ideología: los laicos son además ideologizados, igualmente sectarios. No basta con decir siempre y en todo caso que la Iglesia se equivoca, para ser libres. Desgraciadamente lo que falta también en Italia y un poco en el mundo, es una cierta independencia de juicio. Un cierta, verdadera laicidad. Otro tema interesante es aquel, que hemos bosquejado apenas y que concierne a la emotividad. Este halago de las emociones, que está muy de moda (basta prender la televisión), no se limita a recordarnos que estas emociones nosotros las tenemos y siempre las tendremos. Intentar reemplazarlas con la reflexión racional es extremadamente peligroso. Creo pero que no hay estrategias o planes de acción: que sea un proceso sustancialmente espontáneo, sin directores más o menos ocultos.
Mingardi: Usted ha individuado el problema del laicismo.
Boncinelli: ¡Yo lo llamaría anticlericalismo, que es diferente!
Mingardi: Es un fenómeno que tiene sus raíces en el Iluminismo cuando ha habido la errada percepción, de parte de ciertos intelectuales de la Europa continental, que la religión fuera solamente superstición. Y junto a esta superstición se intentó enterrar la Escolástica, que es uno de los más grandiosos edificios intelectuales construidos por la razón humana. He aquí, probablemente esto se "siente" aún hoy: vivimos en la paradoja que quien hace el voltairiano profesional, desprecia la razón humana.
Boncinelli: Ojala hubieran leído a Voltaire.
Mingardi: Sin embargo Voltaire es el fundador de este sentimiento. Gran escritor, pero liberal "intolerante", perjudicialmente cerrado hacia todo lo que venía del pensamiento cristiano.
Maggiolini: Sí, es el inventor del esloganismo inteligente, diría. Pero, querido Boncinelli, cuando Usted pone juntos ideología marxista e "ideología" católica, reacciono diciéndole: un catolicismo malentendido y mal vivido. Si es bien vivida la fe, libre de todos los esquemas impuestos, "obliga", empeña a la investigación. Es capaz de enorme criticidad. Dicho esto, debería añadir que la Iglesia está sustentando lo que de valido el iluminismo ha llevado. Porque, a pesar de la condena (según yo equivocada) no tanto de la Escolástica (Abelardo, santo Tomás, Buenaventura) sino de la Tardo-escolástica, en todo caso el Iluminismo ha hecho el intento de poner la razón en condición de razonar. Hoy, con el post-moderno, se está teorizando una especie de docta ignorantia que es solamente ignorancia y ¡ya no es docta! Se pone en duda todo, y se queda con certezas de cartón. Pienso en quien afirma que la norma moral sea solamente una pietas respecto al pasado, por ejemplo. ¿Pero por qué? Sí están traicionando los mismos valores de un Iluminismo sólido. Y ahora toca a la Iglesia, (la Fides et Ratio) invitar a retomar, reconsiderar la importancia de la razón. Antes o después, se levantaba la cuestión del Estado ideológico. Que existe, no hay duda. Pero me parece que junto a una ideología de Estado, esté también floreciendo una ideología difusa en la sociedad - no nos ilusionemos que no haya. También es el problema de la escuela, que tiene un rol importantísimo, debería cultivar los talentos y sembrar oportunidad. Pero no querría que nos encontráramos con los profesores todos preocupados de "eludir" el punto, pero tengan la satisfacción de encender las inteligencias. De agitar conciencias. Y aquí añadiría la importancia fundamental de la familia: justo porque es en la familia que se inicia a no tener más miedo de dialogar, de discutir. Si la escuela se convirtiera en la natural continuación de la familia, si se encontrara de manera un poco más fraterna, me parece que sólo así se podría retomar algo más en el cultivo de la razón.

Boncinelli: Entiendo que sea un poco fuerte poner junto catolicismo y marxismo. Pero por algunos aspectos se parecen. Eso no quita que hoy, quien de hecho defiende principalmente la razón sea la Iglesia. Sobre eso, no hay duda.

Maggiolini: Digamos que también al interno de la Iglesia hay cierto debate.
Boncinelli: Sí, pero, al menos por mis conocimientos, los hombres de Iglesia son más informados y paradójicamente más abiertos que aquellos que se venden para laicos. Siempre lo digo, a modo de broma: si en vez de invertir en prelados, Italia hubiera invertido en científicos, seríamos el País más a la vanguardia del planeta. Sobre escuela y familia, en cambio, tengo algunas perplejidades: la familia, en particular, está muy cambiada. Se mitifica un poco: muchas familias son disgregadas, muchos padres de familia están ausentes. Cierto, bastaría que padres y madres de familia estuvieran presentes, no digo en la enseñanza sino en el ejemplo, en los primeros seis/siete años de crecimiento.
Maggiolini: Pensaba exactamente en esto. Al período en que la persona se "estructura."
Boncinelli: No hay necesidad de dar buenos preceptos, porque se consigue luego el resultado opuesto. Basta con dar el ejemplo: si en casa se habla de todo, si se comporta bien, si se razona abiertamente en vez de por esquemas hechos, hay un "imprinting" en los primeros seis/siete años que luego es destinado a durar. Me parece que en cambio las casas estén cada vez más vacías.
Mingardi: Pero también hay otro problema. Es decir que a menudo se crea artificialmente un antagonismo entre las dos empresas formativas, escuela y familia, alimentado (y esto es un dato de hecho) precisamente en la escuela pública e ideológica.
Maggiolini: Quería retomar justo este aspecto: estoy perfectamente de acuerdo de que el momento más importante sea antes de los 6/7 años, luego el chasís ya está hecho y se construye sobre ello. Pero si la escuela se convierte en una escuela, no digo de Estado, sino más generalmente de un poder hegemónico, entonces está acabada. Se va inevitablemente hacia la ideología, hacia el pensamiento homologante y prefabricado. Es necesario que las personas y las familias, tengan el derecho a elegir una formación que ellos mismos se buscan. Teniendo en cuenta luego que la cultura propuesta no necesariamente vendrá aceptada y tendrá que padecer una crítica también ella. Pero si tiene que existir esta crítica, la escuela tiene que ser libre y un lugar de comparación entre perspectivas y pensamientos diferentes.
Mingardi: Y ésta también parece una de las más grandes aporías de lo que hemos llamado "laicismo" o "anticlericalismo": es decir la idea de que la escuela pública sea ipso facto pluralista.
Maggiolini: Añadiría el hecho que, en Italia, hemos asistido a un fenómeno singularísimo: yo entiendo la libertad de enseñanza en la universidad, pero cuando se trata de escuelas medias, también los últimos años del bachillerado, quien entra en la escuela no tiene el derecho de expresar las propias opiniones como si fueran verdad. Tiene el deber de sentirse responsable por la cultura de los chicos y las familias, de dar un cuadro en general. De otra manera tenemos una especie de manipular a discapacitados, un tener sometidos a los chicos - salvo luego ver que los chicos, por suerte, hacen lo contrario de lo que les es dicho.
Boncinelli: Precisamente. Toman lo que les da la gana. En todo caso, por mi experiencia, hace veinte-veinticinco años había muchos profesores que tenían una gran componente ideológica pero entendían los problemas. Con la crisis de la ideología esto ocurre menos, pero el problema es que son cambiados los argumentos. En la escuela los profesores hablan con los estudiantes del ambiente (sin entender nada), se habla de posiciones "verdes" sin conocer la ciencia - ¡y se cree así que se esté haciendo cultura! No es tarea de la escuela hablar de droga, ambiente, tolerancia en sentido tan genérico. Y así, en los liceos donde he estado, los chicos estaban preparadísimos, (por los profesores, obviamente) en afirmar que la ciencia es mala, que crea enormes peligros. Esto se ha convertido en un tipo de credo de los profesores más "comprometidos". Y creo que eso a la larga será indudablemente nocivo: primero porque no llega a nada. Segundo, porque no está en la tendencia mundial. O la ciencia se apaga completamente, o bien si el mundo va adelante y tú siempre te metes en posiciones de retaguardia, a la larga resbalas en el tercero, cuarto, quinto mundo.

Sin motivaciones transcendentes faltan los motivos para vivir

Mingardi: Un chiste: también de las escuelas primarias ha salido la religión, ha entrado la ecología.
Boncinelli: La ecología es una cosa importante, de la que hace falta hablar pero con mira a las conclusiones, no tanto así para blanquearse la conciencia. Pero, si puesta en las manos equivocadas, se banalizada, se vuelve (como hoy en las escuelas que he visitado) una forma de paganismo.
Maggiolini: No puedo más que estar de acuerdo.
Boncinelli: La cosa que me desalienta más es que, mientras se enseña el respeto por los mosquitos, no se habla más de droga.
Maggiolini: Justo por eso haría falta retomar la dimensión religiosa, no tanto para reconducirla a la metafísica, sino para entender cómo, sin las motivaciones transcendentes, se acaba por no tener más motivos para vivir. Hoy no existe rebelión, más bien apatía, censura de estos temas. No es que se pierde solamente vigor, se pierde sentido. Luego se percata de los muertos del sábado en la noche, de los jóvenes suicidas.
Boncinelli: Aquello de los suicidios es un fenómeno generalmente correlato al grado de bienestar.
Maggiolini: No sólo. Se puede vivir en una sociedad próspera, pero priva de una cultura sólida.
Boncinelli: Y aquí hemos llegado a la clave de la cuestión. Sobre una cosa, en cambio, estamos en completo desacuerdo: para mí la vida no tiene sentido. Pero esto no justifica a uno que baja las armas y ya no hace nada. Porque si para mí, Edoardo Boncinelli, la vida no tiene ningún sentido, mientras que haya alguien, cercano o lejano a mí, que cree, yo tengo que hacer todo lo que está en mi poder para respetarlo y apoyarlo en sus convicciones. Pero no tengo ninguna duda de que la vida, un sentido no lo tenga.
Maggiolini: Estamos en posiciones opuestas. Si fuera echado por casualidad en el mundo, yo tampoco me rebelaría, pero me encerraría en mí mismo. Creo que si he nacido en este período, si he llegado justo aquí, quiere decir que tengo una misión por cumplir: que no es tanto un recorrido hacia una salvación "mía" en primer lugar sino un recorrido hacia una promoción humana mía, hacia un crecimiento mío.
Boncinelli: En cambio, monseñor, se puede vivir también convencidos de que la vida no tenga sentido. A pacto de que todo esto sea enriquecido, o si prefiere "vicariato" por el otro, por la comparación con quien está vecino. Yo, desgraciadamente, el "sentido" no lo veo, tanto me gustaría verlo, pero esto no me hace vegetar 24 horas sobre 24, no me hace asistir, estando callado, a los varios debates. También porque si el sentido no existe, se crea. El deber primario del hombre es dar un sentido a un universo que no lo tiene.
Mingardi: También decimos esto: es decir que, incluso en la hipótesis extrema de que la vida no tenga un sentido, no se elimina lo que es una especie de "deber" del hombre: asombrarse de todo aquello que le está alrededor.
Boncinelli: Absolutamente.
Maggiolini: Yo estoy convencido de que cuando usted dice que la vida no tiene un sentido, usted ya lo ha afirmado, aquel sentido. Cuando hablaba de metafísica como actitud primera, allí ya había una sensibilidad religiosa, quizás inconsciente.
Boncinelli: Pero en efecto yo me defino religioso, no creyente pero religioso.
Mingardi: Atención, pero: justo en aquel "papocchio" del cual usted hablaba antes, esta afirmación podría ser fácilmente malentendida. Me refiero a aquellas formas de religiosidad, entre comillas neo-paganas.
Boncinelli: ¡Por caridad!.
Maggiolini: Sí, desgraciadamente existe el peligro de que la religión se convierta en sólo un anestésico para el alma.
Boncinelli: Es parte de aquel psicologismo difuso según el cual se tiene que comer, dormir, vestir, "cuidar" el cuerpo y "cuidar" el alma. Y es así que la vive mucha gente.
Maggiolini: Será, pero es feo, y quizás también equivocado. Porque si se reduce la fe al equilibrio de las emociones, al no sentirse turbados, esto quiere decir no haber captado el aspecto dramático de la religión (católica), que es también aquella cosa que impulsa a interrogarse, que impulsa a usar la razón y, profesor me permita, da sentido no sólo a la ciencia. Sino sobre todo a la vida.

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