Relaciones familiares en la Biblia
autor: Joseph H. H. Weiler
Director Straus Institute for the Advanced Study of Law & Justice and Co-Director Tikvah Centre for Law & Jewish Civilization at the New York University
Stefano Alberto (coordinador)
Docente de Introducción a la Teología en la Universidad Católica Sagrado Corazón de Milán
fecha: 2010-08-27
fuente: Lezioni sulla Bibbia
acontecimiento: Meeting per l’amicizia tra i popoli: "Quella natura che ci spinge a desiderare cose grandi è il cuore", Rimini, Italia
(Meeting para la amistad entre los pueblos: "Esa naturaleza que nos empuja a desear cosas grandes es el corazón")
traducción: María Eugenia Flores Luna

Abraham y Sara, Isaac y Rebeca, Jacob, Lía y Raquel: el sorprendente contenido de las relaciones matrimoniales en la narración bíblica. ¿Por qué Isaac amó a Esaú y no a Jacob?

STEFANO ALBERTO:
Bienvenidos a todos, buenos días, estoy contento de verlos así numerosos porque - no es una novedad - demuestran que el pueblo del Meeting, como lo llaman los periodistas, es un pueblo mediamente inteligente, es decir sabe apreciar las cosas grandes, sabe distinguir las cosas grandes de las cosas medias o medio-pequeñas. Hoy es la segunda vez que tenemos la oportunidad de un gesto que dentro del Meeting es único, aunque el contenedor es tradicional, porque estamos sobre el palco donde son presentados los libros. Sólo que el libro del que hablamos hoy es un libro muy particular, más bien es el Libro por excelencia: la Biblia. Tenemos la ocasión de tener a un protagonista grande, que nos introduce a la lectura de algunos pasajes y algunas figuras de la Biblia. Por ejemplo, el relato de Adán y Eva, que ha llevado luego al pecado original y a la figura de Jacob, porque a Jacob lo sentimos muy cerca de nuestra sensibilidad, mucho más del patriarca Abraham. Joseph Weiler, no necesita tantas presentaciones, porque es uno de los Profesores más famosos de Derecho Constitucional en el mundo: enseña en la New York University y tiene otros tantos cargos. Hoy en la tarde, lo sentirán en calidad de experto de Derecho aunque, sus amigos lo saben, el encuentro que a él le interesa más es éste, encuentro para el que imagino también se haya preparado más, porque confluye aquí toda su vida, toda su fe, que es la fe del pueblo hebreo, del pueblo electo. Él ha acuñado una expresión, que nos sugiere cuando hablamos de la Biblia, O. T.: para nosotros, Old Testament, para él Only Testament.

JOSEPH H. H. WEILER:
También está en versión italiana: Antiguo Testamento, Verdadero Testamento.

STEFANO ALBERTO:
Como se percatarán, y a mí no me cuesta decirlo, como cristiano católico, como sacerdote: cuando escucho al profesor Weiler entrar en estas páginas maravillosas, que muchos de nosotros conocemos, con cierto pudor digo que entiendo lo que don Giussani siempre nos ha recordado, nuestros hermanos hebreos son nuestros hermanos mayores, porque tienen un conocimiento de la fidelidad de Dios dentro de la carne, dentro de la historia, que nosotros, quizás porque todo ha ocurrido más gratuitamente, no tenemos. En este sentido, estas dos horas y media son una contribución preciosa para ir a las raíces de la historia de cada uno de nosotros, guiados por una sabiduría, por una fe grande, porque en él vibra esta fe, de una humanidad extraordinaria. Como han visto en el programa, hoy veremos a Abraham y Sara, Isaac y Rebeca, Jacob, Lía y Raquel: el sorprendente contenido de las relaciones matrimoniales en la narración bíblica. A continuación, sólo haremos una pequeña pausa, veremos porque Isaac amó a Esaú y no a Jacob. Como siempre, les preanuncio, habrán grandes sorpresas. No digo más para no quitar espacio a aquello que es ante todo un gran testimonio. Gracias por anticipado.

JOSEPH H. H. WEILER:
Gracias a don Pino, gracias a todos ustedes. Generalmente me disculpo por mi italiano, pero hoy lo hago realmente porque no he preparado una traducción: lo hago un poco confusamente, Disculpen.

STEFANO ALBERTO:
Habla italiano mejor que algunos Ministros, como se habrán percatado.

JOSEPH H. H. WEILER:
Malo. Tiene razón, no solamente me interesa mucho esta lección, sino me siento nervioso: hoy en la tarde no estaré nervioso porque es mucho más fácil. Querría recordar una cosa: he empezado en el Meeting con una de mis más grandes desilusiones, culpa mía. En mi primer Meeting, en el 2003, era más joven y tonto y no pensaba pedir encontrar a don Giussani. Cuando he empezado a leer, cuando me he dado cuenta, ya era demasiado tarde, y siempre me reprocho aquel olvido mío. El año pasado se me ha ocurrido, hacer una lección en homenaje a don Giussani, y también continúo este año: es un homenaje a don Giussani. He hecho un compromiso: si me invitan otro año, la condición siempre será que yo pueda hacer este homenaje a don Giussani.

STEFANO ALBERTO:
¡No hay dos sin tres!

JOSEPH H. H. WEILER:
Bien. Entonces superamos el nerviosismo. Querría hablar de la institución del matrimonio, que está mucho en discusión: no hablo solamente del matrimonio homosexual sino también del matrimonio mismo, el rol del marido, el rol de la mujer. Se piensa que el último lugar adonde ir a mirar la institución del matrimonio sea la Biblia: mejor, por ejemplo, ir donde un sacerdote. Sabemos qué cosa diría el sacerdote: sean buenos, fieles, etc. ¿Pero qué diría la Biblia? Ella describe una institución patriarcal. Más bien, toda la crítica al matrimonio patriarcal viene de cómo la Biblia describe el matrimonio, donde sólo el marido es aquél que cuenta, donde a veces la mujer es una cosa que se compra y se vende. Se va y se la pide al papá, es él que da a su hija: justo una compraventa, donde hay intereses económicos, alianzas políticas y donde el rol de la mujer es sólo aquel de hacer hijos varones. Éste es el modelo de matrimonio que pensamos cuando pensamos en la Biblia. Querríamos algo más contemporáneo, más sensible. Esto es equivocado. ¡Porque, hoy, lo que quiero hacer es una gira sobre la vida matrimonial de los patriarcas! Sobre la vida de Abraham, el primer patriarca, con Sara, y luego de Isaac con Rebeca y luego de Jacob con Lía y Raquel. ¿Qué vemos, cuando hacemos esta gira? Primero vemos que la Biblia, incluso siendo muy sintética en las expresiones, sobre todo en la lengua hebrea, posee una fineza psicológica y sociológica increíble: veremos matices sobre la relación conyugal, sexual, afectiva entre los cónyuges que es realmente sorprendente. Y luego veremos que hay diversidad, que el matrimonio de Abraham con Sara es muy diferente del matrimonio de Isaac con Rebeca y aquel de Rebeca con Isaac es muy diferente al de Jacob con su primera mujer Lía y con la segunda, Raquel. Tendremos tres o cuatro modelos de matrimonios diferentes. No es un modelo único de matrimonio, lo que la Biblia nos ofrece. Luego veremos cosas radicales: en el discutir sobre el matrimonio, quiero focalizarme sobre los aspectos afectivos y luego sobre los aspectos institucionales.
Entonces, he aquí mi tesis como ejemplo, tanto para crear un poco de interés. El matrimonio de Abraham y Sara era un matrimonio triste, según yo Abraham nunca ha amado a Sara, no ha tenido nunca una pasión por Sara. Ella ha sufrido y él ha sufrido. Lo que es bonito, para mí, en la Biblia, es que no es una telenovela, no trata de volver bonito lo que no lo es, es muy áspero y cruda. Pues, éste es un matrimonio casi sin amor, loveless. Siento misericordia sea por Sara que por Abraham, del mismo modo en que hoy siento ternura cuando veo parejas casadas en que sé que no hay amor, no había o ya no hay. El gran Abraham, aquel que realmente más que todos los patriarcas ha padecido las pruebas más feroces, como sacrificar al propio hijo, las ha superado todas a lo grande. Pero con su mujer ha fracasado, no ha superado la prueba del matrimonio, desde el punto de vista afectivo. Esto es sorprendente, no se espera que la narrativa de la Biblia sea tan realista, abierta: haría falta leer con atención, y he aquí entonces un ejemplo de la radicalidad. Vamos a Isaac y Raquel, siempre como vista previa, para despertar el apetito, visto que luego será un poco aburrido ir paso a paso en la lectura. Pues, yo he hecho una lista para entender cuáles son los factores que hacen de un hombre un patriarca. He identificado cinco: el patriarca tiene una revelación directa de Dios, tiene una misión, tiene que hacer un viaje de la tierra no prometida a la Tierra Prometida, tiene que tomar la responsabilidad de la generación siguiente. Ahora, una sorpresa que ha dejado a mis amigos hebreos que leen la Biblia todo el día con la boca abierta, es que yo he descubierto que el verdadero patriarca, en la relación entre Isaac y Rebeca, es Rebeca. Es Rebecca: sobre todo, Isaac es cero. Rebeca tiene la revelación directa, él no ha salido nunca de la Tierra Prometida, ha sido ella quien hizo la gira. Vemos que, cuando Abraham manda a su siervo a encontrar mujer para su hijo, para Isaac, va al padre y dice: querría a tu hija para mi hijo. El padre de la chica generalmente dice: ¿cuánto me pagas? En cambio, Labán, el padre de Rebeca, dice: le preguntamos a la chica. Ella decide si aceptar. A Abraham, Dios dice: deja tu tierra, tu familia, tu padre y anda a la tierra que te mostraré. La misma cosa le dice a la jovencita Rebeca: deja tu tierra, tu familia, tu padre para partir. Es ella que dice: querría ir. En cierto sentido, su padre dice: no, espero que ella diga que no. También pasando de la parte emocional y afectiva al rol, la Biblia nos sorprende porque, formalmente, es Isaac el patriarca y Rebeca la mujer. En realidad, desde todos los puntos de vista, ella es el patriarca. Es él que hace un poco la función de mujer.
Ahora, otras cosas. Pensemos en el matrimonio bíblico: hasta Jesús, los hombres tenían muchas mujeres, ¿justo? Existe en la Biblia el famoso Rey David, que tenía a cinco mujeres, no se cuentan aquellas de su hijo Salomón. En cambio los patriarcas eran monógamos. Es verdad que Abraham ha tomado a Agar, pero la ha cogido solamente porque su mujer le ha dicho de cogerla. No ha sido elección suya, ha sido fatal porque, como explicaré, para mí se enamoró de Agar. Isaac amaba a Rebeca con un amor loco, y la ha amado desde el principio al fin. La sola razón por la cual Jacob tenía dos mujeres es porque Labán lo ha engañado. Él, pobrecito, ha trabajado siete años por Raquel: disculpen, señoras y señoritas, ¿quién de ustedes no habría querido un marido listo a trabajar para ustedes por siete años? Gran amor ¡cierto! Pues, piensen en el pobre Jacob: ha trabajado por siete años, viendo a esta chica cada día sin poderla tocar, amar y acariciar. Después de siete años, por fin, llegó la boda. No había luz: fue a su tienda, por fin la podía besar, hacer el amor. Y en la mañana descubrió que era la hermana. Sólo por eso, tenía dos mujeres y odiaba a Lía. Para mí, ha sido una revelación darme cuenta que aquella de los patriarcas era una tradición monógama.
Ahora, quisiera decir una cosa muy importante: esta lectura de la Biblia que querría ofrecerles, porque hasta ahora sólo han tenido un vista previa, no es normativa, no es la lección que la Biblia quiere impartir, ¡no es así! Mi objetivo es la esperanza de hacerles amar la Biblia, de crear en ustedes una sed, y hambre, para que vayan a leer la Biblia con el mismo gusto que he tenido yo en toda mi vida. Leerla, reflexionar, ver: en mi vida - estoy a punto de cumplir 59 años - he leído el libro del Génesis cincuentaicinco veces. Y cada año, cuando la leo, descubro cosas nuevas. Mi esperanza siempre es un homenaje a don Giussani porque, entendámonos, él adoraba la Biblia, la leía en continuación, en todos sus libros hay millares de referencias a las historias de la Biblia, siempre con interpretaciones de una fineza exquisita. Pues, yo tengo esta lección no para enseñarles qué cosa pensar sobre el matrimonio, sino sólo con la esperanza de crear la sed, para que lean de vez en cuando un capítulo de este libro. Uno a la semana, ¿por qué no? Así, un día podrán decir: en mi vida he leído toda la Biblia. Una gran cosa. Una última cosa como prefacio: tengan paciencia, espero no aburrirlos porque se dice que el diablo esté en los detalles, pero también la belleza está en los detalles, y tenemos que ver un poco los detalles.
Empezamos con Abraham y con Sara: la tesis que querría demostrar es que el de ellos fuese un matrimonio, desde el punto de vista afectivo, sin amor, loveless. Vamos a Génesis, capítulo 11, del versículo 27 al 30. Hay una cosa que ya desde el inicio es diferente, entre Abraham y Sara, de una parte, e Isaac y Jacob, de la otra. Cuando Isaac encuentra a Rebeca por primera vez, Rebeca llega de Irak y, viendo a Isaac de lejos, simula caer del camello para llamar su atención. Él la ve y la Biblia dice que se enamoró enseguida. Buena. Es un amor tan grande que olvida a su querida madre. Cuando Jacob ve a Raquel por primera vez, es un flechazo. Él pregunta: ¿tú quién eres? Ella se lo dice y él pregunta de nuevo: ¿puedo darte un beso? Le da un beso y empieza a llorar: ¡un gran amor a primera vista! Veamos en cambio a Abraham: “Abraham y Nacor tomaron mujeres”. He aquí, nada más. Ningún amor, nada, un hecho cronológico. Lo que es importante en el texto, en el versículo 29, es la falta de cualquier elemento romántico. ¿Me explico? Ha tomado una mujer, nada romántico, una cosa de normal administración: se quiere una mujer y se coge una mujer.
Ahora, vamos a Génesis 12, versículo 10. Abróchense los cinturones de seguridad. Entonces, versículo 11. En inglés se dice: behold now, es decir “ahora sé que tú eres guapísima”. En italiano han traducido: “Ves, yo sé que tú eres mujer de aspecto atractivo”. Pero las dos traducciones están equivocadas, porque la versión hebrea original es un poco más brutal. Él dice: “Mira, ahora sé que tú eres una mujer bonita”. Esto ahora es increíble para todos los intérpretes. ¿Por qué? ¿Cómo, ahora descubres que soy bonita? Hay hambre, carestía en el país, voy a Egipto y ella es extraordinariamente bonita, ella es tan bonita que él tiene miedo, sabe que lo matarían por cogerla. ¿Me explico? ¡Es tan bonita! Entonces él le dice: finjamos que tú eres mi hermana, porque si creen que eres mi hermana no me matan. ¡Malo Abraham! El rey de Egipto la coge enseguida como concubina de palacio. Pero no es ésta la razón por la cual soy crítico. Aquello por lo que soy crítico es el hecho de que cuando llegan a Egipto, él dice: ahora sé que tú eres bonita. ¿Qué quiere decir “ahora sé que tú eres bonita?”. Disculpen, aquí tenemos a uno que es casado con una mujer tan bonita que arriesga la vida por ella y ¿no lo sabía antes? No tenemos la impresión de un hombre que mil veces ha acariciado a su mujer y le ha dicho: ¡cuánto eres bonita! Hay uno que, cuando llega a Egipto por primera vez, descubre cuánto su mujer sea bonita. Me hace pensar que cuando se dice que Sara no puede tener a hijos, la razón no esté clara.
Vamos a la próxima parte. No he señalado el capítulo, se los cuento. Vamos al 13, no, al 16. He aquí, leamos juntos: «Sara, mujer de Abraham, no le había dado hijos. Pero teniendo una esclava egipcia llamada Agar, Sara dijo a Abraham: "He aquí, el Señor me ha impedido tener prole. Únete a mi esclava: quizás de ella podré tener hijos". Abraham escuchó la voz de Sara.
Así, al termino de diez años de cuando Abraham habitaba en el país de Canaán, Sara, mujer de Abraham, toma a Agar la egipcia, su esclava y se la dio de mujer a Abraham, su marido.

Él se unió a Agar, que quedó embarazada. También hoy, en el hebreo moderno, de manera muy poética, para describir la relación sexual se dice: vengo contigo. Delicado, nada más. “Fue con Agar y quedó embarazada. Y cuando Agar se percató que había quedado embarazada, miró a su dueña con desprecio”. Bueno, detengámonos aquí, de momento. Desprecio todavía es una traducción demasiado fuerte: quiere decir más bien tomar a su dueña un poco a la ligera. Entonces, podemos imaginar que Sara se fuese enfadada. Pero ahora, de nuevo cinturones de seguridad, tenemos que leer de veras con atención el diálogo entre Sara y Abraham: «Y Sara dijo a Abraham: “la injuria hecha a mí recaiga en ti”». Da la culpa a él, no a Agar, ¿ven? “Yo he puesto a mi sierva en tu regazo y desde que ella se ha percatado que estaba embarazada me mira con desprecio. El Eterno sea juez entre yo y tú”. Se podía pensar que ella habría tenido que decir que el Señor, el Eterno, habría sido juez entre ella y Agar. En cambio, pide que el Eterno sea juez entre ella y Abraham.
¿Cómo se explica esto? Fácilmente. Ella sabe muy bien que Agar no habría osado nunca tratarla con desprecio, tratarla a la ligera, si no hubiera tenido en cierto modo el consentimiento de Abraham. Ahora, estoy seguro que Abraham no ha ido con Agar a decirle que podía despreciar a su mujer. ¿Qué ha sucedido? Para mí está muy claro: Abraham se enamoró de Agar, se enamoró de su amor y de su ser encinta y del hecho que podía darle un hijo. Y Agar sintió este amor. Y sintiendo el amor de Abraham hacia ella, se permitió tratar con desprecio a su dueña. Es delicado, da ternura: una situación terrible para Sara, una situación terrible para Agar, una situación terrible para el mismo Abraham. Ahora vamos adelante. Querría que fuéramos al próximo capítulo. “Y Abraham: he aquí tu sierva, está en tu poder, haz con ella lo que quieras. Sara la trató duramente y Agar huyó de ella”. También aquí, la traducción es fea, porque he dicho que la Biblia no nos esconde nada y la palabra que se usa en la versión hebrea dice no que la trató duramente sino que la torturó, y que hasta la torturó casi de manera sexual. Es usada, en efecto, la misma palabra que se usa para un abuso sexual. De seguro no es bonito, pero confirma mi hipótesis, que Sara había visto en Agar una mujer que le ha quitado el cariño del marido y queda enfadada, frustrada: por eso, la trata tan mal que la Biblia usa la palabra dura que expresa una tortura sexual, para que ella se vaya.
Vamos a la próxima parte, vamos al capítulo 18. Vienen los mensajeros de Dios y dicen que después de un año habría tenido un hijo. «Luego le dijeron: “¿Dónde está Sara, tu mujer?”. Contestó: “Está allá en la tienda”. El Señor continuó: “Volveré contigo dentro de un año a este fecha y entonces Sara, tu mujer, tendrá un hijo”. Mientras tanto Sara estaba escuchando en la entrada de la tienda y estaba detrás de él. Abraham y Sara eran viejos, de edad avanzada; había cesado en Sara lo que les ocurre regularmente a las mujeres. Entonces Sara se rió dentro de sí y dijo: “¡Mustia como estoy debería probar el placer, mientras que mi patrón es viejo!”. Pero el Señor dijo a Abraham: “Por qué Sara ha reído diciendo: ¿Podré de veras parir, mientras que soy vieja?”». Éste es el famoso pasaje que me han explicado que don Giussani había estudiado y del cual extraía una enseñanza muy interesante. A mí me interesan las palabras, y aquí la traducción es justa. Vamos adelante un poco. Entonces Sara negó: “¡No he reído!”, porque tenía miedo; pero aquéllos dijeron: "Sí, que has reído". Abraham regaña a Sara porque ha reído. Esto es extraño porque, después, también Abraham reirá, al pensar en tener un hijo después de un año. Pues, hay una cosa extraña: ¿por qué Abraham, que ríe también él, regaña a Sara cuando ríe? ¿Me explico? Vamos atrás, al versículo 12: es demasiado bonito, haría falta concentrarse. Se dice que ella era vieja, que no tenía menstruaciones, que estaba ya en menopausia. Sí, pero ella dice otra cosa. No dice: no puedo tener a hijos. Sino dice: “¿vieja como soy, tendría tales placeres?”. Está hablando del placer, no del hecho físico de que no puede tener hijos. Si estamos realmente atentos al texto, Sara no pone en duda la capacidad de Dios de crear la situación de una nueva fecundidad para ella, sino piensa: yo no puedo tener estos placeres. Hay aquí niños pequeños, entonces no hablamos de los placeres de los que ella habla. Sara añade: “Y también mi señor es viejo”. Hay chicos, no querría ser demasiado explícito. Pero esto explica porque Abraham se enfada: no se puede decir enfadado porque ella ríe, puesto que él mismo ríe. Abraham está enfadado porque se da cuenta de que ella se ríe de él, porque ya él es demasiado viejo y estas cosas ya no puede hacerlas. Pero, señoras y señores, no es así, porque Sara después muere, Abraham coge una nueva mujer y con esta nueva mujer tiene muchos hijos. No quiere decir solamente que es viril, sino también que es potente, que estas cosas las sabe hacer todavía. Aquí vemos de manera sutil que no habían relaciones sexuales entre ellos, porque cuando Sara dice: “estos placeres ya no tendré más y mi señor es viejo”, significa que, puesto que no hacen el amor, ella cree que él esté viejo y ya impotente y no pueda hacerlo. Pero en cuanto ella muere y él se casa, ¡cómo hace, el amor! ¿Me explico? Tiene a otros hijos. Ella lo ha pensado impotente, en cambio él no probaba deseo por ella, y por tanto no hacían el amor. ¿Me explico?
Vamos al final de esta historia triste pero delicada. Vamos al 23: “Los años de la vida de Sara fueron ciento veintisiete: éstos fueron los años de la vida de Sara. Sara murió en Kiriat-Arba, es decir Ebron, en el país de Canaán, y Abraham vino a lamentarse por Sara y a llorarla”. Hay dos cosas que decir aquí: haría falta leer y no dar por descontado. Sin ninguna preparación, al improviso, Sara muere. Miremos lo que sucede antes, el sacrificio de Isaac: todos los intérpretes hebreos dicen que Sara murió porque supo de aquella cosa, es decir de la gran prueba de la cual Abraham no había hablado con ella. Al improviso, ella sabe que él había cogido a su hijo y que estaba listo para matarlo: y muere, tiene un infarto. Pero hay una cosa extraña: ¡si ésta fuese mi clase de Jurisprudencia, torturaría a mis estudiantes para hacerme decir de ellos qué cosa hay de extraño en el versículo 2! ¿Cuál es la palabra clave sobre la óptica de la relación afectiva entre Abraham y Sara? “Vino”. Él no vivía con ella. Cuando ella muere, él tiene que ir para lamentarse y llorarla: es decir, él vivía en otro lugar. Vamos al capítulo 25, por favor: “Abraham cogió otra mujer: ella tenía por nombre Chetura. Ella le dio a Zimràn, Ioksan, Medan, Madian, Isbak y Suach”. El Talmud, que como la Biblia no tiene piedad, dice que Chetura es Agar, es el otro nombre de Agar. Apenas la mujer se va, Abraham va a casarse con su verdadero amor que es la egipcia Agar y tiene aquellos hijos con ella.
Mi tesis sobre la vida afectiva de Abraham y Sara acaba, no hay que reír, casi hay que llorar, es una historia triste. Pero lo que es importante, desde mi punto de vista, es que tenemos la descripción del más grande protagonista del Antiguo Testamento. Piensen un poco, se trata de Abraham y de Sara, patriarca y patriarca. Se podía pensar que la Biblia presentara su matrimonio de manera idealista y en cambio tenemos una descripción bastante dura: ¡he aquí la vida real! ¡También esto es el matrimonio! Para el discurso social, del rol, tengo otra cosa: incluso no teniendo gran afección, su estatuto como patriarca está asegurado, viene enterrada en la tumba patriarcal y patriarcales son los herederos: son solamente Isaac e Ismael, no los hijos que nacen después. Pues, pensemos un poco, porque es muy interesante: pasamos de la vida afectiva al rol institucional de marido y mujer en el mundo de Abraham y Sara. Los herederos son solamente Isaac e Ismael, todos los otros hijos son despachados con regalos, no sin nada, pero no son considerados verdaderos herederos de Abraham. Es una cosa extraña, tomemos la hipótesis del Talmud, que Chetura sea realmente Agar: ¿por qué los hijos que vienen después son tratados de modo diferente respecto a Ismael? Sólo por una razón: porque había sido Sara a decir a Abraham de hacer este hijo. Es decir, Ismael toma su estatuto porque era hijo para Sara: los demás hijos no eran de Sara y no son herederos.
Está en su estatuto de patriarca, definir quién será heredero y quién no será heredero. ¡Es ella que define, no Abraham, no el padre! Si tuviéramos más tiempo, les haría ver a nivel institucional su posición, que es muy importante. Por ejemplo, cuando ella despide a Agar, Abraham protesta, porque Abraham tenía un gran sentido de justicia y no le parecía justo que Agar viniese echada: ésta es la historia oficial de la Iglesia. También está la historia poco oficial, que dice que él de veras amaba a Ismael, porque era su primogénito, que no quería echarlo. Y Dios dice a Abraham: “Tú tienes que escuchar a tu mujer, ¡decide ella sobre estas cosas!”. Es decir, incluso no teniendo una relación afectiva, desde el punto de vista institucional su posición no está nunca en cuestión. Entonces, cerramos con Abraham y Sara y vamos a ver a Rebeca e Isaac. ¿Interesante, no? Voy un poco más veloz.
Vamos a Génesis 24: «Abraham era ya viejo, entrado en años, y el Señor lo había bendecido en todo. Entonces Abraham dijo a su siervo, el más anciano de su casa, que tenía poder sobre todos sus bienes: “¡Deh!”». ¿Qué quiere decir este deh? Deh, don Pino, mete tu mano bajo mi muslo: ¿no quedaría demasiado bien, justo? «Mete la mano bajo mi muslo y te haré jurar para el Señor, Dios del cielo y Dios de la tierra, que no tomarás para mi hijo una mujer de entre las hijas de los Cananeos, entre los cuales habito, sino que irás a mi país, a mi patria, a elegir a una mujer para mi hijo Isaac. Le dijo el siervo: “¿Si la mujer no me quiere seguir a este país, tendré que reconducir quizás a tu hijo al país del que tú has salido?”». ¿Por qué insisto en leer esto? Primero, para explicarles una cosa que tampoco mis amigos más cercanos entienden. Tomen a la profesora Marta Cartabia, que yo quiero como si fuera mi hermana: Si un día supiera que uno de sus hijos quiere casarse con uno de mis hijos, para mí sería una tragedia, una calamidad. ¡Si se vuelven judíos, es otra cosa, bienvenidos! ¿Pero entonces, ven dónde empieza esto? Hay otra razón por la cual insisto, esto de momento lo archivamos, ¿está bien?
Vamos al 24, versículo 10: «El siervo toma diez camellos de su dueño y, llevando todo tipo de cosas preciosas de su dueño, se puso de viaje y fue al País de los dos ríos, a la ciudad de Nacor. Hizo arrodillarse a los camellos fuera de la ciudad, cerca del pozo de agua, en las horas de la tarde, cuando las mujeres salen a llevar agua. Y dijo: "¡Señor, Dios de mi dueño Abraham, concédeme hoy un feliz encuentro y ten benevolencia hacia mi dueño Abraham! ¡He aquí, yo estoy cerca de la fuente, mientras que las niñas de la ciudad salen para sacar agua"». ¡Qué bonita palabra, niña! «Ahora bien, la chica a la que diré: “Baja el ánfora y déjame beber”, y que contestará: “Bebe, también a tus camellos daré de beber”, sea aquella que tú has destinado a tu siervo Isaac; de esto reconoceré que tú has tenido benevolencia para mi dueño. No había acabado todavía de hablar, cuando he aquí Rebeca, que nació de Betuél hijo de Milca, mujer de Nacor, hermano de Abraham, salía con el ánfora sobre el hombro. La jovencita era muy bonita de aspecto, era virgen, ningún hombre se le había unido. Ella baja al manantial, llenó el ánfora y sube. El siervo entonces corre a su encuentro y dijo: “Hazme beber un poco de agua de tu ánfora”. Contestó: “Bebe, mi señor”. De prisa bajó el ánfora al brazo y lo hizo beber.
Como hubo acabado de darle que beber, dijo: “También para tus camellos sacaré, hasta que acaben de beber”. De prisa vació el ánfora en el abrevadero, corre de nuevo al pozo y sacó agua para todos los camellos de él».
¡Exactamente lo que quería! Ahora es interesante, porque a este punto se podía esperar que él fuera donde el padre y cerrara el trato. Ahora empiezan a suceder cosas extrañas. Primero: piensen en lo que el siervo de Abraham ya ha dicho: “¿Qué haré si ella no aceptara venir conmigo?”. Si pensamos en el contexto patriarcal, es una pregunta que no tiene sentido. Entonces se comprende que aquí se trata de otra cosa. Después hay otra cosa que es muy interesante: sobre Sara no sabemos nada: “Abraham tomó a Sara como mujer”. Y tampoco sobre Raquel sabemos nada: Jacob llega, ve a Raquel, se enamora, y no sabemos nada, sólo sabemos que Raquel era muy bella y que en cambio Lía era fea. Pero lo que es extrañísimo, en la historia de Rebeca, es que hay un capítulo entero que habla, no de Isaac, no de Abraham, no de Jacob sino de Rebeca misma. Cuando ha acabado el capítulo, cuando vamos adelante, hay una conversación entera. Luego ella va a su casa, donde Labán, tratan y Labán pregunta si ella quiere, si está lista para ir adelante, ¿me explico? Y ella dice: “Estoy lista para ir adelante”. Versículo 50: Entonces Labán y Betuèl contestaron: “Del Señor la cosa procede, no podemos decirte nada. He aquí Rebeca delante de ti: tómala y anda y sea la mujer del hijo de tu dueño, como el Señor ha hablado. Hay una elección de Dios mismo: “Cuando el siervo de Abraham oyó sus palabras, se postró en tierra delante del Señor”.

Vamos adelante un poco: el siervo excitado quiso volver enseguida con la chica a su país. Dice: “Déjenme ir con mi patrón”. Pero el hermano y la madre de ella dijeron: “Que quede la jovencita con nosotros algún tiempo, una decena de días; después, te irás”. Les contestó: “No me retengan, mientras que el Señor ha concedido buen éxito a mi viaje. ¡Déjenme partir para ir con mi patrón!“. Ahora, la cosa más sorprendente: “Dijeron entonces: “Llamemos a la jovencita y preguntémosle a ella misma”. Llamaron pues a Rebeca y le dijeron: “¿Quieres partir con este hombre?”. Ella contestó: “Iré”»; porque cuando Dios dice a Abraham: “Deja todo y anda a la tierra prometida”, Abraham deja todo y va a la tierra prometida. Aquí sucede indirectamente, cuando el padre dice que es el Eterno que decide, si esta muchacha decide ir. Piensen: llega un siervo para llevársela, a una tierra diferente, a un hombre diferente, a un destino nuevo, y la madre quiere que se quede. Sería la cosa más fácil para ella decir: “Querría pensar, querría quedarme con la mamá, con el papá, etc.”, y en cambio ella dice: “Sí, iré”. A mí me vienen las lágrimas. Porque es una persona que ha entendido su destino, del mismo modo que Abraham había entendido su destino y de Jacob que entendió su destino. Está lista para hacer el viaje, y el viaje es simbólico, es el mismo viaje que había hecho Abraham, exactamente sobre las huellas de Abraham, es el mismo viaje que hace Jacob: también Jacob tiene que dejar la tierra de Israel, la Tierra Santa, ir a este lugar, de Labán, y luego hacer todo el viaje de regreso. ¡Lo hacen en tres! Abraham, Jacob y Rebeca. Y ella lo hace, no porque es obligada, sino porque toma precisamente en mano su destino.
Veamos otra cosa: «Ella contestó: “Iré”. Entonces ellos dejaron partir a Rebeca con la nodriza - ven cuánto es joven - junto con el siervo de Abraham y sus hombres. Y bendijeron a Rebecca y le dijeron: “¡Tú, hermana nuestra, conviértete en millares de miríadas y tu estirpe conquiste la puerta de sus enemigos!”». Dos cosas extrañas: primera que ella es bendecida, generalmente es el hombre que es bendecido, el patriarca, no la mujer, no la madre, ¿me explico? Segundo, el contenido de la bendición es un contenido masculino. Es exactamente el mismo contenido que han tenido Abraham y Jacob: tu descendencia será fuerte, será muy numerosa. En todo, ella es patriarcal, el contenido es patriarcal. Para cerrar sobre esto: “Isaac suplicó al Señor por su mujer, porque ella era estéril y el Señor lo atendió, así que su mujer Rebeca quedó embarazada. Ahora, se topaban los hijos en su seno”. ¿Por qué seno? ¡Me han enseñado que se dice regazo! “Y ella exclamó: "¿Si es así, por qué esto?”». Fue a consultar al Señor. El Señor le respondió: “Dos naciones están en tu seno y dos pueblos de tu regazo se dispersarán; un pueblo será más fuerte que el otro y el mayor servirá el más pequeño”. Lo que es importante aquí, es que es Rebeca a tener la revelación directa de Dios, no Isaac, no el padre. Es ella misma. ¡Es ella que es responsable! Luego, hay una cosa que hemos aprendido el año pasado: hemos dicho que Jacob en hebreo también es la palabra usada para indicar a un deshonesto, tiene la misma raíz de deshonestidad. Y la cosa más desconcertante de Jacob es que, cuando la madre Rebeca le dice de engañar al padre, y él responde que es imposible engañar a su padre, no se juzga a Rebeca por la revelación, sino sólo a Jacob se le juzga severamente, por esto. Ella tenía que maniobrar para realizar la profecía que Dios mismo le había hecho, pero no ha dicho nunca esto a Jacob, no le ha dicho a Jacob que fue Dios quien le había revelado todo, porque la revelación entre Rebeca y Dios es una cosa entre Rebeca y Dios, no es una cosa de poner por ahí.
Por fin, vamos al 27, versículo 46. ¿Recuerdan que les he dicho una cosa para archivar? Ahora vamos al archivo y tomamos aquella cosa que hemos hecho guardado antes. Luego Rebeca le dijo a Isaac: “Tengo asco de mi vida a causa de estas mujeres hititas: si Jacob toma mujer entre las hititas como éstas, entre las hijas del pueblo, ¿para qué me sirve la vida?”.
¿Quién ha dicho esto, en la primera generación? Abraham. Ha sido Abraham a entender que su hijo, el heredero, no puede casarse con una de estas hijas de la tierra, sino que tiene que ir y casarse con uno de los suyos. ¿Quién hace ahora, este discurso? No Isaac sino Rebeca, es Rebeca que desempeña el rol de patriarca, que es responsable. Iniciamos la historia de Rebeca. Aquí hemos visto un matrimonio muy interesante: desde el punto de vista afectivo, de suceso, al menos desde el punto de vista de Isaac, porque él se enamoró de Rebeca: no tenemos tiempo, pero también hay una frase traducida que expresa los juegos sexuales entre Isaac y Rebeca y dice que era un matrimonio de amor, también desde el punto de vista de la felicidad sexual, lo contrario del matrimonio entre Abraham y Sara. Es un modelo de matrimonio en que el rol verdadero es la patriarca. No estamos hablando detrás de la historieta en la cual atrás de cada hombre importante hay una mujer. ¡Es ella la persona importante del matrimonio! No es que ella explica, es ella misma que decide: también esto, admítanlo, no se espera, que en la Biblia haya una historia de matrimonio donde los pantalones son de la mujer, la patriarca de Israel.
¡Hagamos, velozmente Jacob y las dos mujeres, sin el texto, porque existe el derecho constitucional de ir al baño y ya estamos en violación! Querría decir velozmente algo de Jacob. Jacob se enamoró de Raquel, un amor loco, así loco que trata también bastante mal a Lía. Decidan ustedes, vayan a leer una historia exquisita con los matices, como sufre la pobre Lía. Imaginen al hijo de Lía, Rubén, el primogénito de Jacob: llega con flores particulares, con un aroma muy especial. Raquel quiere tener estas flores y le dice a su hermana: “Dame esas flores que tu hijo ha encontrado en los prados”. Y Lía contesta con amargura: “Discúlpame, ya has cogido a mi marido, ¿también quieres las flores?”. Entonces Raquel dice, y da ternura: “Si me das tus flores, yo te doy a Jacob por una noche”. Cuando viene Jacob - es de nuevo tierno -, encuentra a Lía que dice: “Esta noche tú vienes conmigo, Raquel te ha dado a mí por esta noche”. De llorar, justo de llorar. Éste es un matrimonio complejo, donde Jacob sólo tiene ojos para Raquel, y en cambio Dios tiene los ojos para Lía, porque es verdad que de Raquel tiene dos hijos, entre los cuales José el justo, pero Lía viene enterrada en Hebrón, en la tumba patriarcal. Raquel no está allí enterrada: ésta es la primera indicación de que el juicio de la Biblia es diferente del juicio de Jacob. Es decir, Jacob quería que su hijo José, tenido por Raquel, fuese el verdadero heredero, pero éste no es el juicio de Dios, no es el juicio de la Biblia, porque el verdadero heredero se convierte en Judas, el hijo de Lía. De Judas viene el rey David, no de José. De Lía, por lo tanto, viene Judas, luego David, el Mesías. Ésta es la línea, la línea es de Lía, la fea, no de Raquel la amada. Entonces, también aquí, al final, hay un matiz fabuloso, porque por fin tenemos un matrimonio de verdadera pasión y, por razones que explicamos otra vez, el juicio de lo Eterno es que al final vale Lía y no Raquel. José y Raquel son puestas a un lado y la línea se vuelve: Judas, el rey David, el Mesías.
Entonces, tenemos poco tiempo y no querría que Emilia se enfadara demasiado conmigo, porque en el Meeting todo tiene que funcionar bien, un encuentro sólo es de cuarentaicinco minutos y aquí ya estamos a una hora y media. Y yo quiero ser invitado, también el próximo año, porque en realidad el próximo año querría acabar el ciclo y luego hacer un pequeño libro en homenaje a Giussani, llamado: El Génesis de nuestra civilización: cinco ensayos sobre el libro del Génesis. ¿Entonces, qué cosa he decidido? En lugar de hacer ver todos los textos como hemos visto, he decidido leer el texto realmente con atención, recordándonos que el texto es muy corto, que no es expansivo, que necesitaría realmente reflexionar sin prejuicios, porque el texto mismo nos invita a tratar a los protagonistas como seres humanos, con todos los defectos. Incluso siendo grandes en la fe, son seres humanos. Y el ser humano comete errores. También esto es importante, porque nos permite identificarnos con ellos: si fueran perfectos, no sería fácil identificarse con ellos. Pues, veamos a los protagonistas en su humanidad, también con las debilidades.
Lo que quiero hacer ahora es explicar sencillamente mi tesis sobre el porqué Isaac quería a Esaú y no quería a Jacob. Y quizás, así, ustedes estarían interesados suficientemente para ir a leer el texto en la Biblia y ver si el texto verifica o no mi hipótesis: puede ser que tengan teorías diferentes. Haría falta no empezar con Isaac, aunque es extraño. Tengo que decir que los comentadores hebreos se vuelven locos porque no pueden aceptar que Isaac quisiera a Esaú y no a Jacob. Vayan donde aquellos intérpretes que explican porque Jacob quería a Esaú. Termino con decir: “No es verdad, no lo quería”. Y en cambio lo amaba. Pero no podemos empezar aquí, tenemos que empezar con José como el año pasado. Porque, para Jacob, la cosa más triste en la vida fue el hecho que su hijo preferido fue asesinado. Al menos, él creyó que había sido asesinado: por doce, disculpen, catorce años. Por catorce años él ha sufrido la idea de que José hubiera sido asesinado, y también de sentimiento de culpa, porque había sido él mismo a haberlo mandado, ¿se acuerdan? En cierto sentido, había procurado, este lío. Había procurado de manera profunda estos líos, no mandando a José a encontrar a sus hermanos, sino porque él mismo había creado el odio de los hermanos hacia José.
¿Cómo había creado este odio? No solamente porque prefería a José, diciendo que José era el que amaba más que a todos, sino enseñando esto de manera más encarnizada. El famoso vestido, como se dice, el vestido a colores. Piensen si ustedes hubiesen sido los otros once hermanos, y cada vez hubiesen visto al hermano número once que llega con el vestido, señal de ser el preferido del padre. Yo tengo cinco hijos. Si tengo o no tengo un preferido, de seguro no lo diría a ustedes y no lo diría a nadie y a los últimos a quienes lo diría son mis hijos. “Si” tuviera un preferido: no he admitido tenerlo. Entonces, hay dos preguntas que hacerle a Jacob, no a Isaac. Primero: ¿por qué ha preferido a José? ¿Y luego, por qué lo ha mostrado, por qué no fue suficientemente inteligente para mantenerlo escondido? A la segunda pregunta, es más fácil contestar, como ven si van a leer la Biblia. Viene de una tradición en que hay preferencias, y son mostradas. El mismo Jacob ha crecido en una casa donde el padre tenía una preferencia y la ha mostrado. Él era el hijo de Isaac y su padre prefería a Esaú. No tenía la inteligencia emocional para decir: yo he sufrido tanto por el hecho de que mi padre prefería a Esaú, que, aunque prefiero a José, es mejor no mostrarlo. ¡No! En la tradición hebrea se dice: “Lo que hacen los padres es una señal para los hijos”. Su padre hacía esto a él, él sin pensar hace esto a sus hijos. Él ha crecido en una casa en que había preferencia abierta, y por lo tanto también en su casa hay preferencia abierta.
Ahora, la pregunta más difícil. Aquí estoy un poquito orgulloso de mi respuesta. ¿Por qué prefería a José? Si vemos la descripción de Esaú y Jacob, sobre Esaú está escrito: “Era un cazador”. En cambio, José era uno que - se dice en la Biblia - se mantenía dentro de las tiendas". Es decir uno que… ¿cómo dirían, hoy, en italiano?

STEFANO ALBERTO:
Bebón.

JOSEPH H. H. WEILER:
¿Cómo?

STEFANO ALBERTO:
Bebón, un chico muy infantil.

JOSEPH H. H. WEILER:
Bebón, dice don Pino. Al futbol no jugaba. Estaba en casa a leer libros, etc. En cambio su hermano Esaú iba a caza, andaba en los prados, etc. ¿Está bien? Jacob crece sabiendo que su padre Isaac prefiere a Esaú. Ahora tiene a sus hijos. ¡Si leen con atención – les recomiendo! - la Biblia, descubrirán una cosa interesante: que José en su comportamiento se parece mucho a Jacob, y en cambio los hermanos se parecen a Esaú. Entonces, todos podemos ser psicólogos. ¿Dónde están los psicoanalistas? Hay muchas explicaciones psicológicas posibles. Mira a José y siente ternura porque se ve a sí mismo. José con pasión, compensa el hecho de que él no ha sido querido por su padre, porque José se parece a él. Él ve a José y dice: también José es un…

STEFANO ALBERTO:
Bebón.

JOSEPH H. H. WEILER:
Bebón. Pues, prueba ternura hacia el bebón que se parece a él, mientras que los hermanos se parecen a Esaú. Vive un poco a la distancia de ellos. La explicación que la Biblia da es que amaba a José porque era hijo de la vejez. Pero esto sencillamente no es verdad, el hijo de la vejez era Benjamín. Entonces tenemos que encontrar una solución más profunda. Se puede decir que amaba a José porque era el hijo de su mujer preferida, de Raquel: esto es creíble. En cambio, la cosa más creíble para mí es que él ha sido herido toda la vida por el hecho de que el papá amaba a su hermano en cierto modo. Y compensa. Entonces, volvemos a la pregunta: ¿por qué Isaac amaba a Esaú y no amaba a Jacob? También aquí, necesitamos a nuestros psicoanalistas, porque tenemos que ir a la juventud de Isaac, porque también creo que el hecho de que Isaac prefería a Esaú nazca de su juventud, de su experiencia en la familia, de la relación con su padre. Como Jacob en la relación con José refleja la relación con su padre Isaac, la preferencia de Isaac hacia Esaú está en función de la relación con su padre, el gran Abraham.
Ahora, señores y señoras, chicas y chicos, hacemos una cosa importante. Generalmente, cuando se describe la famosa historia del sacrificio de Isaac, el protagonista es Abraham. Dios viene a Abraham y dice: “Anda, entrega a tu hijo amado, único y haz el sacrificio”. Y todo el discurso de Kierkegaard - ¡de todos! - es sobre Abraham: si tenía que escuchar, si no tenía que escuchar, si era un héroe o un cobarde. Siempre sobre Abraham. Hacemos una cosa radical. Vemos la historia del sacrificio de Isaac no de modo abrahamcéntrico sino isaaccéntrico, es decir, como es percibido todo este asunto desde el punto de vista de Isaac. Habría dado trabajo a los psicoanalistas para toda la vida. Imaginen a este chico, que piensa ser querido por su padre. Un día su padre le dice: “Vamos a hacer un sacrificio en la montaña”. Y él: “Sí, papá, voy de buena gana contigo”. Y luego al improviso le dice al papá: “Pero disculpa, ¿dónde está el cordero para el sacrificio? Y su papá dice: “Ah, no te preocupes, Dios nos dará el animal para el sacrificio”. Y después de tres días de esto que diríamos en inglés quality time, sólo Abraham e Isaac, por tres días: cuando llegan allí, Isaac está orgulloso, ama a su papá porque es único. Al improviso, se encuentra atado a un altar y su papá con un cuchillo, ¡listo para matarlo! Acontecimiento traumático. De seguro, justo. Y él deja de matarlo sólo porque el ángel dice a Abraham: ¡alto!, no lo hagas.
Pues, analizamos el asunto no desde el punto de vista del gran Abraham, al cual Dios dice: “Ahora sé que me quieres, que has estado listo también a sacrificar la cosa más…, etc.”, pero desde el punto de vista de Isaac. Él tenía que decir: mi padre me odia, estaba dispuesto a matarme. Justo. Ahora, también podía interpretar en otro modo. Antes pensaba que si había echado a Ismael, era porque su padre daba la preferencia a él, Isaac. Ahora, el pobre Isaac pensará: “Sé por qué Abraham ha echado a Ismael, para salvar su vida. Me ha mantenido, aquí, para sacrificarme sobre la montaña”. ¿Me explico? Pues, el resto de la vida de Isaac es pensar: “¿Por qué mi padre me odiaba tanto que estaba dispuesto a matarme?”. Volvemos al asunto que Isaac amaba a Esaú y no amaba a Jacob. Hay dos hipótesis, y ustedes pueden elegir. La primera hipótesis, extraña pero verdadera: también aquí Isaac se parece mucho a Jacob, en su modo de hacer. En cambio Esaú se parece mucho a Ismael, porque también de Ismael ha sido escrito en la Biblia que era salvaje, salvaje, también él es un hombre de los prados, cazador, etc. Pues, una hipótesis: Isaac mira a Esaú y mira a Jacob. En Jacob se ve a sí mismo. En Esaú ve a Ismael. Puede ser que ame a Esaú porque ama al hijo que él quería ser. Porque, si yo fuera como Esaù, si yo fuera como Ismael, quizás mi padre me amaría. Porque, saben, la tragedia de todos nosotros es pensar que hemos decepcionado a nuestros padres. Y toda la vida, pensamos en cómo podemos no decepcionar a nuestros padres. Entonces, él mira a Esaú. Ve en Esaú a Ismael. Ve en Esaú al hijo que él habría querido ser: sí, habría querido ser. Y por tanto da su afecto a Esaú. Aquél es el hijo, es decir su auto-odio: tenía que odiarse a sí mismo de manera muy profunda para explicar porque su padre estuviera listo a matarlo. Probablemente creía que hubiera sido realmente desilusionante para su padre. Y por tanto puede ser que amase a Esaú. Puede ser. Otra hipótesis: ¿pero ven la idea? La llave interpretativa es tomar la experiencia de Isaac sobre el altar y usarla en una manera tal de explicar por qué amaba a Esaú.
Hay otra explicación. Él sabe que en realidad Abraham lo amaba realmente, que él era el preferido. Y también sabe que Dios pide como sacrificio al amado, al auténtico amado. Pues, en realidad, muy farisaico, él ama a Jacob realmente. Él tiene miedo. “Si muestro mi amor por Jacob, un día Dios vendrá y me dirá de tomar a este mi hijo y de ir a matarlo. Entonces tengo que simular que quiero más a Esaú, para salvar al hijo preferido”. Ustedes pueden elegir. No hemos acabado. Porque aquí haría falta entonces explicar al mismo Abraham. ¿De dónde ha aprendido el mismo Abraham la preferencia de un hijo con respecto al otro, no importa si Ismael o Isaac, y no esconde esta preferencia? También aquí, he descubierto en la Biblia un paso que nadie había notado antes. De la familia de Abraham - vayan a verificar -, se escribe que han partido de Ur y han ido a Nahor. Y allí se han detenido. Cuando se describe a la familia de Abraham, se dice que tiene un hermano. Cuando llegan a Ur, el hermano desaparece de la narración. Ya no está. Podemos hipotizar: también Abraham ha crecido en una familia donde había un hermano preferido, un hermano no preferido. En efecto, el no preferido ha desaparecido de la narración.
Y los dejaré con un pensamiento. Y voy abajo, para estar un poco más lejos de don Pino. Pero ésta es la belleza del Meeting, porque aquí estamos abiertos a todo, a todas las hipótesis, aunque son muy desafiantes. Aquella idea del padre que prefiere a uno o al otro, lo tenemos también en la Biblia, de Nuestro Padre. Había dos hermanos, Abel y Caín. Y también allí, sin explicación, Dios aceptó el sacrificio de uno y no aceptó el sacrificio del otro. Prefiere uno de los hermanos al otro, de manera tan encarnizada que uno toma el cuchillo y mata al otro. Es decir, aquella idea de la preferencia entre los hermanos, con consecuencias desastrosas, viene desde el principio de la narrativa bíblica. ¿Por qué? A esto no daré una respuesta, porque cuando se llega a preguntarse por qué Dios hace esto o por qué Dios hace aquello, yo estoy callado. Sobre Abraham estoy listo a hipotizar, sobre Isaac estoy listo a hipotizar, sobre Dios ponemos una distancia. Señores y señoras, mil gracias.

STEFANO ALBERTO:
El hecho de que hayamos quedado aquí prácticamente todos, habla por sí solo. Él al inicio siempre está muy temeroso de que no haya bastante paciencia. Paciencia: s i pudiéramos, iríamos al almuerzo y volveríamos aquí en la tarde. Pero el profesor Weiler tiene otros compromisos, ustedes, me imagino, también. Dos breves anotaciones. La primera ya se le ha escapado, por lo tanto me limito a recordar: fijamos aquí un compromiso, un pacto. Falta el tercer pasaje, al menos el tercero. Luego, si se convirtieran en cuatro o cinco, aún mejor, pero el próximo año todos acá, sala aún más grande. La otra es que creo que cada uno de nosotros haya quedado una vez más asombrado, porque tocamos con la mano que Dios está en todo. Está dentro de la experiencia, el amor entre el hombre y la mujer, que puede desarrollarse en modos tan diferentes. Está dentro - he aquí, esto es muy giussaniano, y muy escandaloso para tantos otros católicos - de la preferencia. Dios prefiere: ama a todos, pero prefiere. Los hombres prefieren. ¿Qué es el carisma si no una preferencia, qué es esta amistad de la cual estamos tan agradecidos y orgullosos, si no una preferencia? He aquí, éste es un gran instrumento de la historia de Dios, que ha elegido. El cardenal Scola citaba a Gómez Dávila, el gran escritor de aforismos: ¡no es la sensualidad contra la religión, sino la abstracción. ¡Miren en qué concretamente, hasta qué particulares sobrecogedores, fascinantes, hemos sido conducidos! No sólo para darnos el gusto, la sed de conocer mejor esta historia, que es la nuestra, sino también de vivirla, como un título bellísimo del don Gius, En la carne. Gracias aún al profesor Weiler y gracias a todos ustedes.

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