Sábana Santa. La verdadera partícula de Dios
autor: Antonio Socci
fecha: 2012-07-05
fuente: La vera particella di Dio
traducción: María Eugenia Flores Luna

En estos días ha sido proclamado en todo el mundo el descubrimiento del famoso “bosón de Higgs”, la así llamada "partícula de Dios”. Pero también hay otro “descubrimiento”- casi desconocido - al que quiero acercarlo: más que la “partícula de Dios” él muestra a Dios mismo .

Se trata de un estudio sobre el Sudario de Giuseppe Baldacchini, un científico italiano ya dirigente en el laboratorio del Enea de Frascati, (ver http://www.sindone.info/BALDAKKI.PDF).

El primer descubrimiento - aquel del bosón - nos dice que en efecto existe una partícula que algunos físicos teóricos habían hipotizado como necesaria para el funcionamiento del mundo subatómico.
Ya Albert Einstein se asombraba constatando que el mundo de lo infinitamente pequeño y aquel de lo infinitamente grande han sido hechos no por casualidad, ni por el caos sin leyes, sino según una grandiosa y perfecta Racionalidad, tanto que la racionalidad humana puede intuir la existencia de estas realidades subatómicas aún antes de que sean descubiertas experimentalmente.
Eso significa que la misma Racionalidad que ha hecho el universo, también ha hecho la razón humana. Einstein decía:
Quienquiera esté seriamente ocupado en el trabajo científico se convence de que las leyes de la naturaleza manifiestan la existencia de un espíritu inmensamente superior al del hombre y uno frente al que nosotros, con nuestras modestas facultades, debemos ser humildes”.

Einstein - contestando sea el positivismo sea el panteísmo - explicaba así su racional reconocimiento de Dios:
Mi religiosidad consiste en la humilde admiración del espíritu infinitamente superior que se revela a sí mismo en los mínimos detalles que nosotros somos capaces de comprender con nuestra frágil y débil inteligencia. La convicción intensamente apasionante de la presencia de un poder racional superior, que se revela en el universo incomprensible, funda mi idea de Dios”.

Y propio gracias a las reflexiones de Einstein y a los últimos descubrimientos de la ciencia que Antony Flew, el padre del ateísmo filosófico, el fundador de las actuales divulgadores del ateísmo como Richard Dawkins, anunció, en el 2004 en Nueva York, haber llegado a la certeza racional de la existencia de Dios: “I now believe there is a God!” (Ahora creo que hay un Dios, ndr), afirmó después de una gloriosa carrera como ateo.
En el clamoroso libro en que explica este cambio suyo, filosófico-racional, “There is a God”, (Harper One 2007), se interroga también sobre la posibilidad de que esta Inteligencia omnipotente se haya metido en contacto con los hombres o que hasta haya venido sobre la tierra haciéndose hombre.

Los griegos antiguos llamaban “Logos” a la evidente racionalidad del universo. Y el cristianismo ha entrado en el mundo justo con esta noticia: el Logos, la Razón-Palabra con que Dios ha creado el mundo y las leyes racionales que gobiernan el cosmos, es un hombre entre nosotros.
El Evangelio de san Juan inicia así: “El Logos se ha hecho carne y ha venido a habitar entre nosotros”.

Flew afirma que ciertamente “la figura carismática de Jesús” es tan humanamente extraordinaria que se tiene que tomar en seria consideración el anuncio que le concierne.
¿En efecto con cuál otro rostro Dios habría podido nunca revelarse? Hasta el ateo Bertrand Russel definió al Nazareno “un hombre excepcional”.
Jesús es una figura tan sublime, inmensa e insuperable que - como J. Malegue escribió-después de él “lo difícil no es el aceptar que Cristo sea Dios; lo difícil sería aceptar a Dios si no fuera Cristo”.

Es posible encontrarlo hoy y seguirlo sólo porque él - siendo el Logos de Dios - ha resucitado de entre los muertos y está vivo.

¿Cómo se hace para saber si realmente ha resucitado?
Ante todo por los testimonios históricos de quien lo ha visto y tocado vivo, después de la crucifixión: testimonios que todos los apóstoles siempre han dado afrontando las persecuciones, las torturas y el martirio. No existen testigos más atendibles que los que confirman hasta el martirio lo que han visto y tocado con la mano.

En segundo lugar la otra “prueba” es dada por el hecho de que Jesús se muestra realmente vivo hoy. Eso se puede experimentar: “ven y ve…”. La vida cristiana hace tocar con la mano su presencia y lo que él hace ocurrir (incluidos los milagros, que cumple hoy como hace dos mil años).
Y - como dice la ciencia por las partículas subatómicas o por otras realidades físicas - es racional reconocer una causa por los efectos que produce y que se pueden constatar experimentalmente (también algunos cuerpos celestes han sido descubiertos así: por las perturbaciones que creaban).
Pero como a Dios le gusta llenar de maravilla y de razones el corazón y la mente de los hombres - como muestra la magnificencia del mundo - ha querido también abundar con otras señales que hablan a la inteligencia humana.

Y aquí venimos al segundo descubrimiento, aquel, que señalaba al inicio, del físico Baldacchini. El que se ha experimentado con una prueba única, el Sudario, que lleva las huellas, que se pueden estudiar científicamente, de lo que ocurre en el sepulcro de Jesús en la noche entre el 8 y el 9 abril del año 30.
Sabemos que aquella sábana ha envuelto ciertamente el cuerpo de un hombre muerto (con todos los suplicios narrados por los evangelios), sabemos que aquel cuerpo muerto no ha estado en la sábana por más de 40 horas porque no contiene huella alguna de descomposición y en fin sabemos - gracias al estudio de las manchas de sangre - que aquel cuerpo no ha sido sacado de la envoltura de la sábana con un movimiento físico, sino se ha como desmaterializado.
Por fin sabemos que una explosión de energía desconocida ha dejado sobre la sábana una imagen de las dos partes del cuerpo todavía inexplicable, una imagen pintada, pero obtenida como por quemadura superficial y que contiene informaciones tridimensionales.

Todo eso es explicable sólo con un evento excepcional como la resurrección y una resurrección donde el cuerpo no vuelve sencillamente en vida, sino adquiere propiedades únicas, volviéndose capaz - por ejemplo - de atravesar otros cuerpos como la sábana.
Eso en efecto narran los evangelios del cuerpo resucitado de Jesús que entró en la habitación del cenáculo aunque las puertas estuvieran encerradas.
Algunos físicos han hipotizado el formarse del “cuerpo mecánicamente transparente” (“mechanically transparent body”, Mtb), pero la reacción nuclear que presupone habría golpeado toda Jerusalén.
Entonces se ha afinado la hipótesis con la teoría del “método histórico consistente”, (Historically consistent method, Hcm).

Pero en su estudio Baldacchini observa: “el único fenómeno conocido en Física que conduzca a la desaparición completa de la masa con producción de energía equivalente es el proceso de aniquilación materia-antimateria (AMA) que puede ser hoy sólo reproducido a nivel subatómico en los laboratorios de partículas elementales, pero que ha sido en cambio dominante inmediatamente después del Big Bang, es decir en los instantes iniciales de existencia de nuestro universo”.
Las dificultades que se relevan en esta hipótesis (como la recuperación de la antimateria) pueden encontrar posibles soluciones en los así llamados “estados virtuales” que en cambio “no existen en la naturaleza”.

Baldacchini a este punto formula ecuaciones que podrían describir las consecuencias físicas del excepcional fenómeno y explicar sea el formarse de la imagen, sea la desmaterialización del cuerpo, sea el hecho de que no haya sido una explosión nuclear que habría devastado el área sea la instantánea re-materialización posible del mismo cuerpo en otro lugar.
Naturalmente con eso no quiere explicar ni la causa ni la vida sucesiva de aquel mismo cuerpo y sus características. Aquí se entra en efecto en un orden superior a la física, el orden espiritual, que gira alrededor del misterio de Dios el cual de las leyes cósmicas y de la materia es el Creador, el autor y el absoluto soberano.
Más que la “partícula de Dios”, todo el universo es de Dios. Como los cielos y tierra nueva de la eternidad. Iniciados en aquel sepulcro de Jerusalén el 8 abril del año 30.

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