San Pablo. La Carta a Filemón, homenaje a Marta Sordi
autor: Moreno Morani
Docente de Lingüística de la Universidad de los Estudios de Génova
Luigi Negri
Obispo de San Marino-Montefeltro
Alfredo Valvo (moderador)
Docente de Historia romana de la universidad Católica Sacro Cuore de Milán
fecha: 2009-08-24
fuente: Lettera a Filemone. Omaggio a Marta Sordi
acontecimiento: Meeting per l’amicizia tra i popoli: "La conoscenza è sempre un avvenimento", Rimini, Italia
(Meeting para la amistad entre los pueblos: "Conocer siempre es un acontecimiento")
traducción: Camilo, María Eugenia Flores Luna y Jorge Enrique López Villada

ALFREDO VALVO:
El 5 abril de este año murió Marta Sordi y queremos recordarla hoy con la sencillez y también con la determinación que siempre la han caracterizado. No se trata de una conmemoración sino de un recuerdo afectuoso de colegas, alumnos, docentes que la tuvieron como maestra, amiga también por un largo período de la vida y con la cual hemos podido intercambiar ideas y opiniones de modo tan franco y leal que hoy sentimos aún más su ausencia. Marta Sordi ha escrito una cantidad de obras de altísimo valor científico; recordarla hoy con una obra, La carta de Pablo a Filemón, que podría en apariencia ser considerada entre las menores, en el sentido que es de pequeñas dimensiones ya que nos acostumbramos a leer de Marta Sordi volúmenes de gran extensión y rica en noticias, no es para nada restrictivo. Marta Sordi, en 1987, año de edición de la Carta a Filemón (Milán, Jaca Book) se concentró mucho en esta obra, demostrando que ella tiene una riqueza y una profundidad que los que habían tratado antes sobre este tema no habían entendido. Esta obra ha sido elegida porque además de ser una de las más significativas entre aquellas breves es también una de las que se adapta mejor al tema del Meeting de este año y también a la encíclica "Caritas in Veritate". Brevemente agradezco a algunas personas que han hecho posible este encuentro: Primero que todo Mons. Luigi Negri, que está aquí con nosotros y que ha ejercido una verdadera paternidad sobre la Fraternidad a la que ambos pertenecimos, Marta Sordi y yo, y que ha querido este encuentro; los organizadores del Meeting, que han sido realmente grandes y han hecho "saltos mortales" para insertar este encuentro en un programa que ya estaba prácticamente definido; La editorial Jaca Book, que en una semana realizó una reedición corregida de la edición de 1987, disponible en la librería del Meeting. Sólo son 150 copias pero la editorial ha dicho que está dispuesta a reimpresiones adicionales de unas 100/150 copias en el caso no fueran suficientes las actualmente disponibles. Pero debo sobre todo un agradecimiento a ustedes, en esta circunstancia, porque hacen aún más concretos la gratitud y el afecto que han demostrado, aún más, se nota la gratitud y el cariño que han demostrado, no sé cómo, pero siempre, con la atención a los encuentros con Marta Sordi. Un saludo particular lo reservo a los Colegas de la universidad de Bolonia y de Milán, que están aquí con nosotros porque Marta Sordi estuvo presente en tres etapas fundamentales en su larga carrera de Docente: Mesina, Bolonia y por último la universidad Católica de Milán, donde enseñó por casi 40 años.
Marta Sordi estuvo presente en el Meeting, si recuerdo bien, en al menos cuatro ocasiones: en 1988 y después en 2004, 2005 y 2006 teniendo encuentros junto con el profesor Morani y conmigo. En 2006 no pudo leer su presentación porque las condiciones de salud eran muy precarias y confió la lectura a la profesora Angela Maria Mazzanti, docente de Historia de la Literatura cristiana antigua de la universidad de Bolonia, que está aquí con nosotros y que ha compartido con Marta Sordi la responsabilidad de una importante investigación sobre el léxico patrístico y sobre la historia del pensamiento cristiano en los primeros siglos que es intención de los que han hecho parte de ello el continuar esa búsqueda por la importancia que reviste en el panorama de los estudios y también para recordar a Marta Sordi. Con respecto a esta 'empresa', entre el 11 y el 13 noviembre de este año, en la Universidad Católica de Milán, se desarrollará un congreso que tendrá como titulo "Dal logos dei Greci e dei Romani al logos di Dio. Ricordando Marta Sordi" (Del logos de los griegos y de los romanos al logos de Dios. Recordando a Marta Sordi) que será iniciado por una presentación del Cardenal Camillo Ruini. Lo digo por los que eventualmente fuesen interesados en participar de este acontecimiento. Se avisará sobre este encuentro más o menos hacia mitad de Octubre.
El tiempo que tenemos a disposición no es muchísimo, por lo tanto enseguida vamos al grano. Quisiera señalar una cosa esencial: la centralidad de la figura de Pablo y de todas las problemáticas inherentes a la figura de Pablo en los estudios de Marta Sordi. Marta Sordi tuvo dos sobresalientes amores: uno fue por San Pablo, el otro por San Ambrosio y, aunque es un recuerdo personal, se me viene a la mente que el día de las exequias Marta Sordi no había estado nunca físicamente tan cerca de San Ambrosio, porque las exequias fueron realizadas en la basílica de San Ambrosio y físicamente estaba frente a este extraordinario santo. Vio siempre a Pablo y a Ambrosio desde el punto de vista histórico de Roma; le interesaba muchísimo. Ella no se definía como historiadora del cristianismo, ni teóloga o estudiosa de patrística: era una historiadora de Roma y dio una contribución fundamental al conocimiento de la cronología de Pablo. Desde el punto de vista de la vida personal, Pablo todavía es poco conocido, casi misterioso. De él no conocemos ni siquiera la fecha de nacimiento; la Iglesia celebró el año pasado el bimilenario del nacimiento, acreditando así el 8 d.C. (hipótesis más razonable) pero no se pueden excluir otras posibilidades, incluso, entre 6 A.C. y 8 d.C. (He 7,58; 9,1-2; Flm 9). Por lo tanto hay un periodo de catorce años dentro del cual se puede poner su fecha de nacimiento, dependiendo de cómo son interpretadas algunas afirmaciones suyas o de los Hechos de los Apóstoles. Creemos que el 8 puede ser la fecha más atendible, pero los indicios son mínimos. En todos los casos, como he dicho, la figura de Pablo es central en el pensamiento de Marta Sordi; sus estudios sobre San Pablo son numerosos (aquellos sobre San Ambrosio han sido recaudados en un volumen publicado en 2008; en 2006 salió otro volumen de escritos elegidos en el cual son combinados muchos estudios sobre la historia del cristianismo primitivo y también sobre San Pablo. La figura de Pablo tantas veces es 'relegada' a un ámbito cristiano; La figura de Pablo en cambio tiene una amplitud muy superior, como ya es reconocido por todos. La multiculturalidad de Pablo fue basada sobre su origen hebreo, sobre su cultura de base judío-helenística, asimilada probablemente en Tarso, y al fin sobre el hecho de que él mismo se define ciudadano romano de nacimiento; ser ciudadano romano no fue algo agregado sino un hecho sustancial, considerando también que la misión de Pablo se desarrolla sobre todo en el período de la edad de Claudio, que reina desde 41 a 54, y sabemos que Claudio era particularmente severo en creer que la ciudadanía romana debiera ser honrada, ante todo, con el conocimiento de la lengua latina: desde Svetonio (Claud. 16,2) tenemos la noticia de un griego, persona importante en la provincia de Grecia, que fue privado por Claudio de la ciudadanía porque no conocía el latín. Pablo se define ciudadano romano desde el nacimiento, como referencia a los Hechos de los Apóstoles (22,28): una tribuna romana le confía: "Yo a un alto precio he obtenido esta ciudadanía. Y Pablo replicó: yo en cambio nací". Pablo debió haber heredado la ciudadanía de su padre y como ciudadano romano tuvo que poseer una cultura de fondo la cual correspondía a un hombre de su rango - entiendo sobre todo desde el punto de vista del derecho de Roma.
La figura de Pablo tiene una importancia fundamental si consideramos que en él, en su pensamiento, pero también en su formación y por lo tanto en su cultura, podemos reconocer el punto de transición de la antigüedad clásica - su formación era necesariamente griega pero inmersa en la cultura ya dominante de Roma - al pensamiento cristiano. Pablo es por lo tanto una figura representativa, un 'punto de encuentro' fundamental, ineludible, para la sociedad occidental y para su completa y correcta comprensión. Esto emerge claramente si reflejamos sobre los Hechos, además que sobre las Cartas. De ellos reconocemos que el primer impulso a la vida cristiana vino de un hombre en el cual prevalecía sobre el resto la conciencia de la propia multiculturalidad, capaz por tanto de valorizar todos los aspectos de su vida 'anterior' y de 'volverlos a leer' a la luz de lo que le ocurrió personalmente, en definitiva del acontecimiento cristiano. Como dije, muchos aspectos de la figura de Pablo quedan inciertos; entre estos también el canon paulino, es decir, la lista de las obras que le son atribuidas consideradas auténticas. De algunas cartas como aquellas a los Colosenses, se duda que sean directamente atribuibles a Pablo. El trabajo de comentario de Marta Sordi de la carta de Pablo a Filemón, o "de la esclavitud", alcanza en pocas páginas a acreditar la autenticidad de la carta a los Colosenses. Ambas cartas, aquella a Filemón y a aquella a los Colosenses, tienen a los mismos protagonistas, presentan el mismo contexto: aquel de una reclusión substancialmente tolerable y próximo al fin (este detalle sugiere como fecha probable de la Carta los años 56-58, con preferencia por el 58, según Sordi) y sobre todo los mismos contenidos, aunque en la carta a los Colosenses ellos son tratados de manera mucho más extensa. Mientras sobre la autenticidad de la carta a los Colosenses, como se mencionó anteriormente, se han avanzado dudas, sobre la autenticidad de la carta a Filemón no hay dudas importantes como para dejar huella. Agudamente Marta Sordi pone en evidencia los elementos comunes de la carta a Filemón y de la carta a los Colosenses así que la primera termina por acreditar a la segunda. Bajo este punto de vista el resultado principal del trabajo que estamos tratando es que, a través de la carta de Pablo a Filemón, la carta a los Colosenses 'adquiere' mayor credibilidad y encuentra, si se puede decir así, mayor espacio en el canon paulino.
Abro un breve paréntesis, recordando una opinión que Marta Sordi pudo expresar en más de una ocasión: muy a menudo, respecto a los autores cristianos los filólogos exasperan su crítica, se comportan con una severidad que va bien más allá de las exigencias del método. Digamos que la comparación más apropiadada pudiera ser ésta: hasta que un individuo no es reconocido culpable se puede considerar inocente y lo contrario - es decir considerar culpable un individuo hasta que no es reconocida la inocencia - es un acto de injusticia que va contra el derecho (in dubiis pro reo); en nuestro caso es precisamente esto: se busca en cada modo de poner en duda la autenticidad hasta que no se demuestra lo contrario. Marta Sordi ha estado, por así decir, al juego, y siempre ha utilizado, cuando las circunstancias lo requerían y lo permitían, las argumentaciones adversas para demostrar su hipótesis que - debe ser recordada - no era nunca una opinión sino una afirmación basada sobre el análisis de las fuentes, materia en la cual Marta Sordi, para ser breves, no tenía rivales. Al origen de esta tentativa de reducir el espacio de las certezas históricas sobre los orígenes del Cristianismo está, sistemáticamente al menos desde la mitad del siglo XIX, una orientación 'protestante', la de alejar lo más posible o de reducir hasta donde es posible el estrecho vinculo que tiene con Cristo y con los que le fueron testigos, es decir, la tradición apostólica. Ésta es basada en la credibilidad del evangelio y de todas las obras neotestamentarias, por lo tanto, sobre todo los Hechos y las Cartas.
Marta Sordi, como pueden leer en su texto de comentario a la carta a Filemón, rechaza los postulados teóricos de naturaleza literaria y pseudoteológica. Quiero decir que muy a menudo los criterios a través de los cuales se juzga o no la autenticidad de un escrito, en particular neotestamentario, son de carácter teórico, es decir prejuicioso, por ejemplo, "este texto es atribuible a un cierto género literario, por tanto no puede ser es escrito antes de otros documentos que también pertenecen a este género literario". La libertad de juicio - porque a menudo una mala interpretación de la filología puede convertirse en una jaula - con la cual Marta Sordi siempre ha afrontado la lectura y la interpretación de las fuentes hace posible una lectura más libre y por tanto más capaz de captar aspectos, también elementos históricos y de otro género, que en precedencia no fueron plenamente considerados y suficientemente puestos en evidencia.
¿Pero de qué trata la carta de Pablo a Filemón? Esta carta, brevísima, la más breve de las cartas de Pablo, trata de un argumento que también hoy resulta de gran interés, es decir, el de la esclavitud. Se trata de un siervo llamado Onésimo, que huyó de su dueño, Filemón, y se refugió donde Pablo; el hecho crucial es que ambos, Onésimo y Filemón, fueron convertidos al cristianismo por Pablo. Onésimo es un nombre típicamente servil, un 'nombre grecanico', es decir, de origen griego, que significa "útil": por lo tanto Onésimo, nombre típicamente servil, es "el que es útil" y es por tanto un nombre que no queda bien a un ciudadano romano. Los siervos eran propiedad de sus dominus, de sus dueños y si huían podían ser devueltos al legítimo propietario, que ejercía sobre ellos el derecho de propiedad (si hubiese querido, podía también matarlos). Nosotros no tenemos informaciones dramáticas sobre la crueldad de los dueños respecto a los siervos, excepto algún caso particularmente brutal referido por Tácito (Anales 14,42-46). Esto también porque, tratándose de un uso de dinero (gran parte del así llamado fuerza-trabajo era constituida de esclavos) nadie mataba o tiraba lo que había comprado también a alto precio. Pero Filemón es un dominus particular porque él también fue convertido, así como su siervo Onésimo, por Pablo. Se trata pues de un dueño y de un siervo que tienen ambos la misma fe. Pero esto no cambia la lógica que hace de fondo al hecho: uno sigue siendo dominus y el otro siervo. Se podía observar que Pablo no tenía una gran sensibilidad social: nosotros habríamos pensado que lo primero que podríamos pedirle a Filemón era la liberación de Onésimo. Pablo propone una solución alternativa que resuelve y supera este problema: él afirma que tanto los patrones que los esclavos son siervos del único y verdadero Dios (Rm 6,18-23) y la real liberación nace de la conversión; es decir, la conversión de Filemón y de su siervo Onésimo, borrando las diferencias, los pone sobre el mismo plan (Flm 16). Los términos, las expresiones que son usadas por Pablo en la versión griega y en la traducción latina son muy significativas: Pablo habla de un loghiché latréia (Rm 12,1) expresión traducida en el latín de la Vulgata de Jerónimo con rationabile obsequium, es decir, un respeto razonable, que nace de la ratio, de la razón, pero una razón convertida. La razón puede ser convertida. San Pablo insiste sobre esto: no se trata de un mando que yo puedo darte, le dice a Filemón, que yo podría darte por todo lo que tú me debes, es decir, el hecho de haber conocido a través de mí la salvación que viene de la palabra de Cristo (Flm 8; 19,); tú deberías hacer esto pero dejo que tú seas libre de hacer lo que crees más justo; pero recuerda que el siervo es igualmente siervo de la fe en Cristo como los es el patrón. Por lo tanto frente a Cristo todos los hombres son iguales.
Esto es un modo característico de Pablo de acoger la realidad, sin entrar en el mérito de los aspectos jurídicos, los cuales no pertenecen a la fe cristiana porque esto los transciende. Marta Sordi pone en fuerte evidencia la continuidad del pensamiento entre el “antes” y el “después” de Pablo. No hay una ruptura con lo que pertenece al derecho romano sino una continuidad entre pasado y presente, y también hay un respeto y una conservación del status personal, porque un modo diferente de concebir la posición de los siervos respecto al dueño habría llevado a una acusación respecto a los cristianos de ser unos 'revolucionarios'; lo fueron, efectivamente, pero en otro sentido. Este razonable obsequium, como Jerónimo traduce el texto de Rom 12,1, a mi modo de ver es muy importante porque traslada la solución al ámbito de la ratio, de la razón. Pablo exhorta a cada uno para que permanezca en la condición en que se encontraba al momento de su vocación (1Cor 7,24) y la conclusión que se puede llevar del discurso de Pablo es ésta: el esclavo llamado por Dios se convierte en uno liberado por Cristo, es decir adquiere la libertad verdadera: esto quería decir que adquiría, con la libertad, también una humanidad de la cual hasta entonces había sido privado: se convertía en un ser humano, mientras antes era una simple res (una cosa) pero el hombre libre se vuelve a su vez siervo de Cristo (1Cor 7,22): para decir esto Pablo utiliza las mismas palabras apeléutheros y doulos, libre y esclavo, pero invirtiendo los papeles. He aquí entonces la verdadera revolución que Pablo quiere evidenciar en su carta.
En pocas palabras concluyo: los siervos y los patrones son para Pablo compañeros de esclavitud en Dios, porque ambos lo sirven; por lo tanto el dominus ya no piensa en ser patrón: él no es dueño de nada, todo nace y todo viene de la voluntad de Dios. Un pensamiento muy lindo aparece en la carta a los Romanos, 12,1, quizás la más bella de Pablo según un juicio bastante compartido, en el que él afirma que el cristiano obedece a la razón rescatada de los condicionamientos del pecado. Por lo tanto razonar después de haber aceptado y acogido el mensaje de Cristo permite asumir una actitud humana. Cada condición humana es rescatada por el sacrificio de Cristo y por ser todos hermanos en el único y verdadero Dios. Ésta es la solución que es puesta en fuerte evidencia por Marta Sordi al final de su trabajo. Pablo no afronta nunca el problema de la esclavitud sobre el plano del derecho y de la justicia sino lo considera en vista - son su palabras - «de la brevedad del tiempo» y el hecho que «pasa la figura de este mundo» (1Cor 7,29; 31). Separémonos pues de los bienes terrenales y aprendamos a juzgar con una razón convertida.
Marta Sordi está muy interesada en resaltar la continuidad entre la romanidad y el cristianismo en la figura de Pablo, como en aquella de Ambrosio. La figura de Pablo, en su compleja cultura multifacética y por lo tanto con la posibilidad de comparación pero también de síntesis, es un modo de pensar y de medirse con la realidad que es de evidente continuidad. La herencia de la romanidad no es ignorado o debilitado sino que encuentra nueva savia cultural, además del resto, también en el léxico de los Padres de la Iglesia: Tertuliano, Lactancio, San Agustín, San Jerónimo, todos personajes que escriben en latín, en la lengua de Roma, que en tiempos breves ha adquirido la capacidad de expresar los contenidos de la nueva religión: la complejidad de sentido del léxico latino se ha incorporado de modo natural en el lenguaje cristiano, purificado por la enseñanza de Cristo, sin perder sus connotaciones históricas. Un simple ejemplo es ofrecido por la palabra logos, que será interpretada por Jerónimo y en consecuencia traducida al principio del Evangelio de Juan con Verbum; otras posibles traducciones, tal vez más comunes y coherentes, antes que todas ratio, son indicativas de la novedad de pensamiento del cristianismo. Esto nos permite también hablar de un léxico 'convertido' como la razón que lo expresa.
Con esto he concluido. Les agradezco la atención y doy la palabra al Prof. Morani, que continuará esta reflexión. Gracias.

MORENO MORANI:
Añado algunas ulteriores y pequeñas observaciones a cuanto ya dicho por el amigo y colega Alfredo Valvo.
En 1987 Marta Sordi publica un comentario de la carta de Pablo a Filemón; en el prefacio la estudiosa declara que su intención es afrontar esta carta como historiadora y solamente como historiadora dando sobre todo espacio para confrontar el pensamiento de Pablo y el comportamiento por él adoptado respecto a un problema concreto derivado de la esclavitud con el pensamiento y la praxis del mundo griego y romano. Esta declaración de intentos es la clave indispensable para afrontar la lectura de este libro. Y entonces querría partir de ésta para un ulterior hilo de discurso.
El libro de Marta Sordi es la preciosa contribución de una especialista de historia antigua y revela cuán útil pueda ser la aportación que el estudioso especialista del mundo antiguo puede dar para un enfoque del pensamiento de Pablo y de tantos otros problemas culturales que nacen de la lectura de esta carta. Marta Sordi elige una carta que tiene un carácter un poco especial al interno del corpus de las cartas de Pablo, tanto que ya los antiguos retenían, como San Jerónimo escribe, que fuese priva de principios edificantes y que nihil habere quod aedificare nos possit: algunos denegaban la autenticidad. La estudiosa pone pues como primer punto de su comentario la discusión acerca de la autenticidad y de la cronología de la carta. No me extiendo sobre este punto ya tratado en la relación anterior, noto sólo que Marta Sordi afirma que sería oportuno de parte de quien lee estas cartas mucha cautela en valorar la autenticidad. Sobre la base de razones crítico-filológico-históricas muy sólidas, a cuantos han considerado la carta no paulina o en todo caso han intentado una interpretación diferente de aquella tradicional, Marta Sordi contrapone una lectura muy seria y documentada. La hipercrítica cuando se trata de la autenticidad de textos sobre cuya atribución los antiguos no tenían dudas no es siempre la mejor vía para recorrer, según la Sordi. El consejo de usar en a los textos cristianos la misma metodología de trabajo y la misma actitud que se usa con respecto a los textos de la literatura pagana es un punto relevante, desde el punto de vista propio del método de estudio. Es una conducta usual de la Sordi, en el curso de su actividad científica, aquella de tener una actitud de prudente cautela en la valoración de los datos transmitidos por las fuentes antiguas, mostrándose siempre tendencialmente favorable. Cuando no hay grandes objeciones o motivaciones que hacen considerar no atendibles los datos tradicionales, es justo aceptar todo lo que las fuentes antiguas nos dan. Las dudas y las incertidumbres notadas acerca de la paternidad paulina de algunas cartas, también con alguna exageración, sobre todo a partir de la segunda mitad del siglo XIX, en un clima de estudios que utiliza ideas positivistas y protestantes, se ponen a la par con las dudas e incertidumbres que han llevado a poner en tela de juicio la paternidad tradicional de muchas obras antiguas, no sólo cristianas sino también paganas, de algún modo sobre la base de observaciones cuyo peso es discutible. Cito, sólo para indicar en el ámbito de la literatura pagana el ejemplo más conocido, el "Prometeo" de Esquilo, pero podría extenderme al citar textos o piezas de autores antiguos de los cuales ha sido discutida la autenticidad sobre la base tampoco de sospechas, sino de intuiciones fugaces y absolutamente frágiles. La reconocida autenticidad de la carta a Filemón lleva consigo la autenticidad de la carta a los Colosenses y vuelve poco probables ciertas interpretaciones que han sido avanzadas en época reciente. Marta Sordi también pone el problema de la cronología y concluye que la carta viene escrita durante el encarcelamiento romano, más precisamente durante la primera reclusión, más cerca de 58 d.C. que cerca de 56, cuando Pablo ya viejo ve próximo el fin de la leve reclusión a la que era obligado en Roma. Noto accidentalmente que la carta a Filemón es la única carta de Pablo en que hay una incluso vaga coordenada cronológica y biográfica autobiográfica. Pablo en el versículo 9 se define a sí mismo como presbýtes como viejo. En el momento histórico en que, según Marta Sordi, debe ser colocado el segundo encarcelamiento, alrededor de 63-64 d.C. la situación está completamente cambiada; mientras en la carta a Filemón Pablo parece hablar de una próxima liberación, en el período de la segunda reclusión estamos frente a una situación en que hay sombras obscuras de persecución que se extienden sobre la comunidad cristiana, la que padece también en su interior momentos de tensión y deserción: a este nuevo y oscuro escenario no se sustrae ni siquiera Pablo, como parece de la lectura de la 2a carta a Timoteo, que parece introducirse en este nuevo fondo.
Como ya dicho el hilo que guía a Marta Sordi en la lectura y en la interpretación del texto es aquel de una atenta inserción de la carta al interior del contexto socio-cultural de la época. Hay por lo tanto toda una amplia reflexión sobre el problema de la esclavitud así como está planteado en el ámbito griego, para proceder luego al enfoque de la cuestión en el ámbito romano sobre todo desde el punto de vista jurídico. En fin, después de esta amplia panorámica, se llega al V capítulo del comentario, que trata sobre la actitud de los cristianos respecto a un problema socialmente relevante en el mundo antiguo como es el problema de la esclavitud. Me inspiro sobre todo en este V capitulo.
En la época de Pablo es difundido un modo de pensar que es madurado ampliamente en la reflexión filosófica helenística y sobre todo en la escuela del pensamiento estoico. La cuestión de las relaciones entre Pablo y el estoicismo es uno de los problemas que de modo más vivaz y más atento Marta Sordi ha desarrollado a lo largo de todo el curso de su pensamiento y de su magisterio científico. Con la conquista de Alejandro Magno la cultura griega extiende su presencia en un área vastísima; la literatura, la ciencia y el pensamiento griego se convierten en la cultura de referencia tal como la lengua griega se convierte en la lengua vehicular en todo el área oriental de la cuenca mediterránea. Si el hombre griego hasta Alejandro Magno se sentía ciudadano de una pequeña ciudad, la polis, ahora se siente ciudadano de un mundo sin confines y vence también su natural desconfianza respecto a las culturas externas, bárbaras, con respecto a las cuales busca una integración en la que anteriormente no había nunca pensado La actitud de superioridad con que había mirado hasta entonces a las culturas extranjeras ya no es actual. Hay un casi coterráneo de Pablo, el filósofo Crisipo, nacido en Soli pero crecido y educado en Tarso en el III sec. a.C., entre los fundadores y nombres más ilustres de la escuela estoica: Crisipo desarrolla de manera nítida y consciente esta idea por la cual el hombre que respeta la ley divina se vuelve por eso mismo ciudadano del mundo, kosmopolítes, porque pone en sintonía las propias acciones con el deseo de la naturaleza que guía al entero universo: el mundo es la casa y la ciudad del hombre. Esta idea no es una novedad y Crisipo no es el primero en expresarla sino es el primero en afirmarla de modo muy completo, así decidido, así programado. La idea había sido ya desarrollada por los primeros pensadores del estoicismo, por ejemplo de Zenón de Cizico, y este clima de afirmación de la idea cosmopolita había encontrado en Alejandro Magno un atento e interesado seguidor. Cito a este propósito algunas palabras de Benedicto XVI pronunciadas en la audiencia general del 2/07/2008 que es dedicada precisamente al ambiente religioso y cultural que hace de fondo a la actividad y a los escritos de Pablo, escribe el Santo Padre: "la cultura griega o mejor helenística después de Alejandro Magno se volvió patrimonio común al menos del mediterráneo oriental y del medio oriente incluso integrando en si muchos elementos de las culturas de pueblos tradicionalmente juzgados bárbaros". Un escritor del tiempo afirma, al respecto, que Alejandro ordenó que todos considerasen como patria el entero ecúmene y que el griego y el bárbaro no se distinguieran más. Con esta frase Alejandro se había opuesto explícitamente al consejo de su maestro Aristóteles, que lo había exhortado a comportarse como un señor respecto a los griegos y como un déspota respecto a los bárbaros: a su propuesta había conseguido precisamente la objeción citada. Si aquello de los filósofos estaba aún al estado de intuición o utopía, Alejandro querría dar una realización práctica al espíritu de las nuevas ideas. Pero hay una segunda circunstancia que hay que tener presente en la lectura de la carta a Filemón, y también por este segundo elemento me refiero a las palabras de Benedicto XVI en el mismo discurso que he citado antes: "la estructura político-administrativa del imperio romano que garantizaba paz y estabilidad desde la Bretaña hasta el Egipto meridional, un territorio de dimensiones nunca vistas antes, en el que se podía mover con suficiente libertad y seguridad disfrutando además de un sistema vial extraordinario y encontrando en cada punto de arribo características culturales de base que sin ir en detrimento de los valores locales representaban en todo caso una red común, es un fondo que permite, favorecer la predicación de Pablo". El dominio romano favorecía la circulación y la difusión de ideas nacidas en territorio griego, en el ámbito de la cultura griego-helenística, permitiéndoles también ser escuchadas en territorios lejanos. Esto compensaba en buena parte a los griegos por la pérdida de la independencia política, porque frente al sacrificio de la independencia existía para ellos la posibilidad de dar un espacio realmente universal a los productos de su saber y de su ciencia. Fue tan fuerte la percepción de esta novedad que los griegos mismos empezaron a llamarse romanos y siguieron llamándose con este nombre de Romaîoi aun cuando el imperio de Roma ya no existía. Un lingüista y escritor que vivió en las primeras décadas del siglo XX, uno de los máximos estudiosos de lengua neo-greca, Psicharis, escribió estas palabras: "los bizantinos tenían una concepción estrecha y contemporáneamente grandiosa de la historia; incluso siendo romanos los Bizantinos no olvidan de ser griegos y entonces ¿qué ha hecho a sus ojos la vieja Roma? Ella ha sometido al mundo y únicamente conquistado el universo para entregarlo a los griegos; era el gran general de las armadas del rey."
Pues la época de Pablo es una época de elaboración de ideas; ésta pone el problema de cuánto esta circulación de ideas y más en particular cuánto del pensamiento estoico haya influenciado a Pablo. Marta Sordi la cual, recuerdo accidentalmente, ha sido una de los pocos estudiosos favorables en creer autentica la correspondencia que ha sido transmitida por la tardía antigüedad entre Pablo y el filósofo Séneca; esta correspondencia, recuerdo, está constituida por un discreto número de cartas escritas en latín que, según la mayor parte de los estudiosos representan una falsedad: según la Sordi se trata en cambio de un documento auténtico que testimonia un conocimiento y un interés recíproco que había entre Pablo y la cultura estoica, en la figura de uno de sus máximos representantes vivido en Roma. (Otro grande estudioso que se había pronunciado favorablemente respecto a la autenticidad de esta correspondencia, uno de los pocos como se ha dicho, había sido uno de los más grandes estudiosos de literatura latina medieval del siglo pasado, Ezio Franceschini).
Pablo viene de Tarso, donde ha vivido la primera parte de su vida. Tarso es una ciudad ferviente de vida y cultura; se encuentra en el Anatolia meridional, tierra fuertemente helenizada. En Tarso ha crecido y ha estudiado el ya nombrado Crisippo, de Tarso también viene su sucesor Zenón y de Tarso viene, en tiempos más próximos a aquellos de Pablo, aquel Atenodoro que Augusto había elegido como su maestro de filosofía. En Tarso había sido procónsul Cicerón y la difusión del interés por la filosofía entre los habitantes de esta ciudad es tal que un autor de geografía e historia vivido en el siglo I d.C., Estrabón, puede escribir las siguientes palabras: "los habitantes de Tarso son tan apasionados a la filosofía y tienen un espíritu tan enciclopédico, que su ciudad ha terminado por eclipsar a Atenas, a Alejandría y a todas las otras ciudades que se podrían recordar por haber dado nacimiento a alguna secta o escuela filosófica. Este amor por la cultura es tan difundido que hace difícil la permanencia de los extranjeros en la ciudad." En Tarso también había un fuerte asentamiento judío cuya historia se prolonga en los siglos y está cerca de nuestra edad. En la época de Pablo el movimiento farisaico constituía una hairesis, una escuela, que representaba en el judaísmo una corriente de gran importancia. Severos y rigurosos en la observancia de los preceptos, los fariseos también se distinguían exteriormente de las otras sectas del judaísmo, tanto que se designaban ya en el nombre como perušîm "los separados", y sobre todo querían distinguirse de otras corrientes como aquella de los saduceos, a los que reprochaban una actitud sustancialmente laicista en la observancia y en la práctica de la ley. Con respecto a la cultura griega los fariseos oscilan entre el rechazo total y una blanda aceptación. Un famoso paso del tratado talmúdico Bababatra establece la reprobación sobre la casa que osara impartir las palabras de los yawanîm, de los griegos. Cito para ulteriores profundizaciones de esta temática un artículo muy interesante de S. Fumagalli aparecido en el último número de la revista Zetesis (1-2009) y dedicado precisamente a las relaciones entre Pablo y la cultura judío-farisaica de su época. En la práctica pero la cultura judía es una cultura minoritaria que debe por fuerza hacer las cuentas con la cultura dominante del helenismo y no se podía cerrar los ojos al hecho de que tentativas de síntesis entre el pensamiento judío y el pensamiento filosófico griego se realizaban en la época o sobre la vertiente filosófica o también sobre la vertiente literaria, puesto que los autores hebreos habían elegido la lengua griega para escribir obras de historia o literatura, arriesgándose hasta en el género trágico, aquel que los Griegos habían inventado y puede ser considerado peculiar de su experiencia y de su visión del mundo: un autor hebreo, Ezequiel, en el II siglo a.C., escribe una tragedia de argumento bíblico, el Exagoge. Es paradójico que justo uno de los más grandes representantes de la literatura judía de expresión griega, Flavio José, relacione entre ellos el fariseísmo y el estoicismo declarando, en un pasaje de una de sus obras, que había empezado a los 19 años "a seguir la secta de los fariseos que está próxima a aquella escuela que entre los griegos es llamada estoica": en otro escrito el mismo autor nos dice que la escuela a la que se adhiere, el fariseísmo, pone todo en las manos de Dios y del destino, el heimarméne: utiliza así una de las palabras claves del pensamiento griego, y helenístico, en particular para designar un concepto de su cultura de origen. Que Pablo sea un profundo conocedor sea de la cultura farisaica sea de la cultura griega está fuera de discusión. Su lengua materna es el judío y en judío ocurre su encuentro con el Señor en la vía de Damasco, pero de su capacidad para utilizar al griego hacen fe sus cartas, que son también un documento de gran importancia desde el punto de vista lingüístico, en cuanto documento de una calidad griega lingüística que no es ni la lengua del empleo literario ni la lengua incorrecta o aproximativa de las inscripciones vulgares y de los papiros. El conocimiento de los preceptos y de la retórica antigua trasluce en varias cartas suyas, como también resulta del análisis apasionado que hizo de un trozo de la primera carta a los Corintios San Agustín en el De doctrina cristiana. Si Pablo se considera a sí mismo un hebreo practicante (así se presenta más veces en sus cartas), tenemos también que decir que su deuda respecto a la cultura griega, y a la cultura estoica en particular, es innegable.
Concluyo rápidamente. Leyendo la carta a Filemón es difícil resistir a la tentación de poner en comparación la actitud de Pablo respecto al problema de la esclavitud con las contemporáneas exhortaciones de Séneca a tratar con sentido de humanidad a los esclavos. Por cuanto puedan haber semejanzas verbales, la distancia en términos de contenido es sensible. La exhortación de Séneca nace de una actitud que se basa sobre un empeño moral; la exhortación para tener un comportamiento humano con el esclavo es debida al reconocimiento de una común participación a una humanidad precaria y doliente, continuamente en manos de un destino al cual no podemos oponernos; la humanidad respecto a los esclavos para Séneca nace de nuestra común condición de siervos, sýndouloi. También Pablo usa este término (sýndouloi), pero Pablo proclama muchas veces a sí mismo esclavo de Cristo y compañeros de esclavitud a sus compañeros en el apostolado: como Marta Sordi escribe, se trata de una esclavitud completamente especial. La llegada de Cristo, Su Pasión y Su Resurrección han liberado definitivamente al hombre de toda esclavitud; la esclavitud de Pablo es una esclavitud que nace del amor, tal como la Pasión y la Cruz de Cristo son el fruto del amor del Padre y del Hijo para la humanidad; el destino del hombre es la vida eterna. Cuando Pablo afirma que ya no existe ni judío ni griego, no existe esclavo ni libre, no existe hombre o mujer, puede reflexionar aquel ideal de cosmopolitismo, de igualdad y de fraternidad que flota en el pensamiento estoico, pero el punto de partida y el punto de llegada son radicalmente diferentes. Aquel de Pablo no es ni una utopía ni una ideología sino una realidad. No siendo una ideología no se traduce ni siquiera en un programa político o social; si Séneca exhorta a los patrones a tratar bien a los siervos, Pablo exhorta a los esclavos a obedecer a sus dueños según la carne con temor y tremor, en la sencillez del corazón como a Cristo. Como aún Marta Sordi observa, la novedad verdadera está en la relación nueva que esclavo y patrón tienen con Dios y que transforma la común esclavitud de la condición humana delante de la suerte en el racional respeto a un Dios que libera a quien sirve por amor. No hay pues conflicto con el derecho romano que le reconoce al esclavo una potencial igualdad con el dueño en el momento en que prevé la posible liberación y el paso entre cultura cristiana y cultura pagana ocurre, y es éste uno de los elementos sobre los que más fuerte y continuamente Marta Sordi insiste en el curso de todo su magisterio científico, a través de una línea de continuidad que pasa en todo caso por una continua nueva significación de cuanto de positivo y de fecundo era capaz de producir el pensamiento pagano.

ALFREDO VALVO:
Doy las gracias al colega Morani por esta relación suya, puntual y documentada como siempre, y doy la palabra a Su Excelencia Monseñor Luigi Negri, que habrá seguramente de decirnos mucho para recordar.

LUIGI NEGRI:
Agradezco a Alfredo Valvo y a todos quienes hoy hacen posible este momento de memoria agradecida, de grata memoria cristiana de esta gran personalidad que ha incidido intensamente en la vida de la Iglesia y de la cultura, dando testimonio de una fuerte pertenencia junto a una gran capacidad cultural. También agradezco a Su Excelencia Monseñor Francesco Lambiasi quien está presente entre nosotros.
Son tres las observaciones que, no digo definen, sino más bien retoman las presentaciones tan acertadas y profundas que han hecho Valvo y Morani.
Toda la obra de Marta Sordi, como ya hemos escuchado, tiende a devolver, como decirlo, a llenar de sentido y de capacidad el gran acontecimiento del encuentro entre el cristianismo y la humanidad de su tiempo. La humanidad de su tiempo no era sólo la cultura griega, ya bien nos lo ha dicho Morani, no era solamente la cultura hebrea sino una realidad compleja con la cual el cristianismo entra en contacto aportando lo nuevo. Genialmente la carta a Filemón, según creo, Marta Sordi la ha ubicado como un elemento decisivo en la narración de este encuentro, pues no es una idea ni tampoco una enseñanza: es un evento, es un acontecimiento, es un acontecimiento histórico concreto este reenviar del esclavo a su amo y todo aquello que nace como conciencia crítica sobre este acontecimiento es lo que muestra la novedad cristiana. El cristianismo ha entrado en el mundo no con el rigor cruel de la ideología, como hemos visto desaforadamente en los siglos siguientes; no es una ideología que invade el mundo cultural y social con la fuerza de un rigor intelectual y por tanto, lo repito, con la impiedad y la violencia que cada ideología comporta. No ha entrado en el mundo con el marchar de gallardetes y ejércitos; el acontecimiento cristiano ha puesto, ha llevado su novedad en un contacto vital, existencial, concreto con el contexto, con la vida del hombre; ha sido, retomando una de las expresiones más significativas del gran Juan Pablo II, ha sido un encuentro entre Cristo y el corazón del hombre. El cristianismo ha nacido y se desarrolla en el mundo como esta permanente posibilidad objetiva de un encuentro entre Cristo y el corazón del hombre. Decía Juan Pablo II: "La Iglesia vive en el mundo por esto, existe para esto, para hacer posible en el flujo, en el reflujo de las generaciones, este continuo encuentro entre Cristo y el corazón del hombre". ¿La novedad dónde está? La novedad está en que hay un pueblo nuevo, un pueblo que no se puede reducir a los grandes eventos culturales, éticos o raciales. Es un pueblo diferente. Plinio decía - creo recordarlo de mi juventud - es un pueblo de tercer género. Es un pueblo, pues, que tiene como fundamento de la comunión, tiene como fundamento de la societas, no el ser griegos o el ser bárbaros, el ser esclavos o el ser libres, o el ser hombre o mujer; el pueblo de Dios tiene como estructura fundamental y dinámica ésta pertenencia al Señor Jesucristo, que está antes de las condiciones en las que cada uno vive y antes de los condicionamientos que cada uno padece. La cultura es una condición, la esclavitud y la libertad un condicionamiento. La última palabra sobre la vida del hombre - y por lo tanto sobre la vida de la sociedad - no se deduce de las condiciones o de los condicionamientos, sino de esta novedad de pertenencia a Cristo, que da valor, da sentido, lleva a un nivel más alto, quiero decir, transciende las condiciones y los condicionamientos. El cristianismo ha entrado como pueblo, ha comido con los hombres, ha bebido con los hombres, ha sufrido con los hombres, ha amado con los hombres, ha sido una presencia humana nueva que ha traído consigo una concepción nueva y definitiva del hombre y de la realidad. Es esta novedad que se ha introducido benévolamente en la historia: benévolamente. La imagen del Concilio Ecuménico Vaticano II, que recuerda que la fe se comunica de corazón a corazón y con dulzura, es ciertamente la imagen de este cristianismo naciente, que en Roma, en los tiempos de Pablo, tenía en su interior a esclavos, libres, incluso también representantes de la aristocracia senatorial - tal como una alumna de Marta Sordi nos enseñó en los años 90. Esta novedad encuentra la realidad histórica presente, encuentra a los hombres que vivían en aquel tiempo, encuentra – en este asunto de la esclavitud o de la libertad - encuentra aquella experiencia, según pienso, extraordinariamente grande y positiva, que era la sociedad romana. Quizás esto aclara a posteriori por qué la Providencia haya hecho nacer a Jesucristo en tiempos del imperio romano, dentro del imperio romano y el por qué el cristianismo se difundió sustancial y principalmente en el mundo romano: porque el mundo romano, en su conjunto, conservaba y mantenía abierto el sentido del misterio de la persona. La cultura romana, la cultura de la sociedad romana, era una cultura que ciertamente, si bien es cierto que no lograba teorizarlo, tenía el sentido del misterio de la vida, tenía el sentido del misterio de la persona, tenía el sentido del misterio de las relaciones y por tanto no era propensa a reducir la persona y las relaciones a su mero contexto. Marta Sordi nos ha enseñado - en páginas extraordinarias - que la realidad que conservó en el mundo romano esta apertura al anuncio de la igualdad entre libres y esclavos, no fue una estructura filosófica o quizás una mezcla de ciertas connotaciones de carácter ideológico, sino que fueron las costumbres; la sociedad romana se basó en las costumbres, sobre las costumbres antiguas, sobre las costumbres de aquella religión romana que ha representado -cómo decir- el elemento fundamental de aquello que Monseñor Giussani ha llamado 'el sentido religioso'. Entonces se da una rotura. Nadie puede venir a decir que no hay más griego, ni bárbaro, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, esto no es una novedad que se extrae del conocimiento, es una novedad que se puede desear de lejos, que se puede intuir, que se puede esperar - mándanos padre Zeus el milagro de un cambio. La novedad viene de lo alto, pero la novedad encuentra un corazón listo. En el corazón del encuentro entre cristianismo y romanidad -en esta vivencia de la esclavitud- hay una novedad que llega y hay un corazón abierto al encuentro, porque es un corazón que no afirma el derecho a la desigualdad entre los hombres, sino que afirma el derecho a una común pertenencia que, desde el punto de vista de la costumbre, remite a la que más tarde será llamada la común naturaleza humana. He aquí que Marta Sordi nos hace ver esta novedad que se establece, que se vuelve capaz de recibir lo nuevo y sobre todo que es capaz de testimoniar que las reglas fundamentales de la vida -la relación entre el hombre y el hombre, la relación entre el hombre y la mujer, la relación entre el libre y el esclavo- ya no pueden ser prestadas por una cultura anterior, tienen que ser dadas a la luz del acontecimiento de la fe, pero de la fe concreta, de la fe experimentada, de la fe de un pueblo, porque el esclavo y el libre pertenecen al mismo pueblo y dentro de este pueblo no es que desaparezcan las diferencias, sino que las diferencias ya no tienen el sentido fundamental y definitivo. Lo que define a un hombre es su ser de Cristo, no su ser griego o su ser bárbaro. Abro un paréntesis que cierro enseguida. Espero que se hayan percatado cómo continua esta lógica en el mundo cristiano todas las veces que existe una experiencia auténtica de cristianismo. Incluso se habrán dado cuenta, espero, que hay presos y guardias, presos y policías que viven juntos, que comen juntos – me refiero a aquella penitenciaría de Padua. Esto no es el trastorno de la lógica, no es el trastorno de las funciones, no es la sustitución a la variedad de funciones por un nuevo e indiferenciado desorden, como a veces hemos oído proclamar y actuar. La novedad es esta capacidad de dar como sentido último de la vida el acontecimiento de Cristo que trae consigo y que valoriza todo lo que es dado, según la expresión inolvidable de Benedicto XVI: "Cristo no quita nada y todo lo restituye". Segunda observación, breve. La parte más importante, más imponente -no soy un filólogo, Marta Sordi lo ha sido por muchos años de acuerdo a las connotaciones que Valvo ya nos ha mostrado - ciertamente el punto más alto de sus enseñanzas es el de habernos vuelto bien claro este encuentro, esta intervención, este nacimiento del cristianismo en el mundo romano – “Los Cristianos y el Imperio Romano” es ciertamente, desde mi punto de vista, su obra maestra. ¿Cómo lo ha logrado? Quisiera que tengan cuidado con esta observación. Marta Sordi ha logrado esto porque ella misma fue el testimonio viviente de ello, fue el testimonio del encuentro, en su persona, entre la fe como elemento fundamental de su vida, como principio de su cultura, como principio de su moralidad y el dato histórico que amaba como historiadora, que amaba investigar como historiadora, según la especificidad, es decir, la genialidad de su competencia con una perfecta autonomía en la crítica de los contenidos y en la aplicación del método investigativo. Pero fe e investigación en Marta Sordi, como en cada hombre que expresa la fe en la cultura, fe e investigación no son realidades de ningún modo conflictivas y no son tampoco paralelas. El ideal no es el paralelismo de cultura y fe, el ideal es ver cómo la fe anima - si hay, si no hay ¿quare conturbamus nos? -; la búsqueda de alguien que no tiene fe también puede ser una búsqueda destacada también ella, siendo culturalmente muy digna - hablo de quien afronta la investigación científica, la búsqueda histórica, la vida social, la vida profesional, la vida política, la vida familiar a partir de la experiencia de la fe. La fe ilumina la búsqueda, la fe potencia la ratio, la fe hace amar más el contenido de la misma búsqueda y hace arriesgarse más porque la fe no elimina los problemas específicos que estamos llamados a afrontar. La fe constituye aquel fundamento total de conocimiento y de acción que hace tan humana y por tanto irrepetible cada búsqueda. Marta Sordi se ha descrito ella misma en esta búsqueda del encuentro entre el cristianismo y el mundo romano, o mejor, ha sido realmente una maestra hasta ahora inigualada - y doy esta buena noticia a los colegas presentes - de este testimonio de la fe que potencia la cultura, que potencia la búsqueda y vuelve la investigación algo realmente humano, es decir, algo 'no especializado' en el sentido academicista al que estamos acostumbrados. Lo especializado no es el culto al detalle, es algo que debe ser creado y vivido, el 'especialismo' es una ausencia de una cultura más grande y por tanto muchas veces se convierte en la idolatría del propio detalle y es propiamente la fe la que enlaza la investigación a lo verdaderamente humano. Por lo tanto, una investigación sin fe o sin cultura en el sentido amplio, en el sentido que Juan Pablo II definió la cultura en la gran alocución ante la Unesco, el detalle se convierte en lo absoluto y lo absoluto se convierte subrepticiamente en fundamento de la misma existencia. Quisiera recordar aquí, estando seguro que la misericordia de Dios lo ha acogido más allá de sus formulaciones teóricas, que cuando yo asistía al bachillerato del Berchet y don Giussani enseñaba religión, había un extraordinario profesor de química, de aquellos que todos habrían querido escuchar, sobre todo aquéllos que como yo no entendíamos muy bien la química. Bien, este hombre dijo una vez al final del año escolar: "Yo, si no tuviera la química, me mataría". Encuentran esta cita en una de las páginas de “El Sentido Religioso” de don Giussani. El detalle existe si no es lo absoluto, si se absolutiza el detalle se vuelve entonces una profunda inhumanidad, ya que es inhumano todo lo que no está unido a la experiencia auténtica del hombre, pues antes de ser químico se es cristiano, así como antes de ser griego se es cristiano, antes de ser político se es cristiano y, permítanme, antes de ser marido o mujer se es cristiano, o padre o madre y es porque pertenecemos al Misterio de Cristo que se es padre o madre, hijo o hija, político o intelectual, pues es Él la única novedad de la vida, Cristo en nosotros, la esperanza de la vida. Última observación: su capacidad de iluminar la investigación a partir de la fe y por tanto, cualquier cosa se haga iluminada por la fe, se convierte en caridad. La enseñanza de Marta Sordi ha sido caridad, la compañía que les ha dado a sus alumnos ha sido caridad, la capacidad con la cual ha sabido involucrarse con los así llamados intelectuales, incluso en temas diferentes participando en muy vivas experiencias, quizás una de las más bellas de las muchísimas y bellas que el Señor Dios me ha regalado es la caridad, porque la fe se expresa en la caridad, porque la verdad se expresa en la caridad. Fue una hija humilde y acreditada de la Iglesia, fue una hija humilde y acreditada, humilde en la dependencia, humilde en el respeto, por ejemplo, en el respeto de la función del sacerdote y del obispo, con aquella devoción, con aquel respeto que a veces es dejado de lado - y no es siempre cosa buena - dentro de las comunidades cristianas. Junto a una gran devoción por el Cuerpo del Señor, por la Iglesia, con gran dedicación a ella, para que también por su testimonio y su trabajo la Iglesia fuera comunicada a todos, o mejor, como decía el padre Gemelli en una brillante carta dirigida a todos sus alumnos y por lo tanto también a mí hace muchos años, al inicio de los estudios en la Católica, nosotros hacemos todo esto, amamos, buscamos, trabajamos para que Cristo sea anunciado a los hombres, así que si viniera alguien a demostrarnos que para anunciar más a Cristo a los hombres debiéramos dejar la biblioteca, los estudios, la enseñanza, todo lo dejaríamos sin ninguna nostalgia, porque lo que nos interesa es que Cristo sea anunciado. Marta Sordi desde su humildad ha sido una gran cristiana y justo porque ha sido una gran cristiana ha sido plenamente libre dentro de la vida eclesial y social con su propia fisonomía, con una libertad por la que ha pagado no poco. Permítanme dos últimas confidencias, la primera triste, la segunda de gozo. La primera es que me han dicho en estos días que en la Universidad Católica se puede escuchar durante las clases que, en el fondo, en los juicios de Marta Sordi acerca de los documentos, sobre todo los cristianos, está el peso de la fe, está el peso negativo de la fe. La fe, según aquellas personas, alteraría la capacidad de comprender el dato, en vez de lo opuesto, que la fe ilumina auténticamente la búsqueda, permite penetrar más a fondo en los hechos y en los datos y darles significado. No se llegará muy lejos si esta gran tradición que hoy tenemos como emblema en la institución - que podría ser muchos otros - no se llegará muy lejos si se traiciona esta gran herencia de la Universidad Católica. La gran herencia de la Universidad Católica es fe y cultura, es fe y búsqueda, no es fe o cultura, no es una razón que siempre siente que es fuerte porque no tiene que ver con la fe y no es tampoco una fe que no entra en la cultura y se desvía en espiritualismos o en empeños caritativos. Es una síntesis. Esta síntesis lleva el nombre de Universidad Católica y en ella uno de los puntos más brillantes ha sido ciertamente la presencia y las enseñanzas de Marta Sordi. La segunda y última es un gesto que me ha llenado más que de estupor, de maravilla, Marta Sordi ha destinado su biblioteca, que está entre las más completas desde el punto de vista de estudios sobre Roma y Grecia, a la fundación Juan Pablo II para la Doctrina Social de la Iglesia, de la cual soy su presidente, esto para señalar una ideal continuidad entre la búsqueda antigua y filológica y la tarea que tenemos de devolver lo antiguo al presente para construir, a partir de este presente, nuestro porvenir y el de los hombres que viven cerca nuestro. Gracias.

ALFREDO VALVO:
Finalmente una palabra de gran agradecimiento, en nombre de todos, creo, como ha testimoniado este aplauso, a Monseñor Luigi Negri, que nos ha representado a todos quienes hemos sido estudiantes e investigadores en La Católica un punto de referencia, que lo es todavía. Le agradecemos grandemente su testimonio. Creo que no hay nada más que añadir salvo encomendar a todos aquellos que la han conocido, estimado y seguido la memoria de Marta Sordi. Gracias a todos.

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