Sigmund Freud. Psicoanalistas
autor: Vittorio Messori
fecha: 1993
fuente: Psicoanalisti
(Traido de: Messori Vittorio, La sfida della fede. Fuori e dentro la Chiesa: la cronaca in una prospettiva cristiana, Paoline, Milano 1993, p. 354-357)

Son al menos cuatro las religiones nacidas de Israel. Efectivamente, al hebraísmo y al cristianismo hace falta añadir el islamismo que, históricamente, no es sino otra forma de "judaísmo" simplificado, inexplicable sin la raíz hebrea. Pero a estas tres creencias se ha en fin sumado el marxismo, sobre cuya esencia religiosa nadie (excepto los marxistas más ingenuos) nunca ha tenido dudas. Es verdad que Karl Marx, un hombre que contó en su genealogía una serie incesante de rabinos, está completamente en la línea del profetismo hebreo y que sus categorías vienen directamente de una perspectiva bíblica, aunque invertida.
Pero, a estas cuatro "religiones de Israel", alguien propone añadir una quinta: el psicoanálisis de Sigmund Freud, también él, como Marx, no solo judío auténtico, sino por toda la vida atormentado por un encuentro-choque con sus raíces judías. No por casualidad, su último libro, escrito cuando ya la muerte era eminente, es una tentativa de ajuste de cuentas con Moisés y la religión monoteísta (como dice el título).
Como siempre, también aquí las cosas son muy complejas y las simplificaciones son abusivas; y no ignoro ciertamente que muchos estantes están llenos de libros que afrontan el enredado problema de las relaciones - y de las incompatibilidades o posibles compatibilidades - entre dimensión religiosa "clásica" y psicoanálisis freudiana.
Parece pero incontestable que la teoría del profesor de Viena quisiera quitar la base misma a la religión en general y aquella judío-cristiana en particular. Efectivamente, el elemento base del cristianismo es la dialéctica dramática entre culpa y redención, entre la necesidad de salvación del hombre y un Salvador de los hombres.
Ahora, para repetir cosas demasiado evidentes (pero quizás por esto removidas sin ninguna discusión profundizada) y para reducir el problema a sus términos: el sistema freudiano transforma el pecado, desde culpa que hay que confesar, en patología que hay que curar; el remordimiento de la conciencia es visto como el síntoma malsano de un obstáculo que hay que remover para encontrar la propia completa humanidad; los vínculos morales son entendidos como una jaula de tabúes dañinos que hay que hacer evaporar, haciéndolos emerger al nivel consciente desde aquel tipo de basurero escondido que es el inconsciente.

Así, aquella necesidad de salvación, aquel propender hacia una redención que son quintaesencia del "homo religiosus", son vistos como expresión de un malestar patológico, como ligámenes ilusorios y dañinos que pueden venir anuladas haciendo emerger las raíces oscuras con el hablar delante de aquel mudo testigo que es el analista. Con un vuelco total, lo que los creyentes creen estar "en alto", en los Cielos donde Dios habita, está en realidad "abajo", en la zona genital: no brincos místicos, pues, sino impulsos sexuales.
Alguien ha reconocido claramente un esquema en el fondo común en las "religiones" - o "anti-religiones" - de los dos modernos hijos de Israel: para Marx, creer significa alienar en los Cielos lo que es sólo necesidad material, miseria económica; pero también para Freud de algún modo el hombre se "aliena", proyectando entre las nubes y atribuyendo a una realidad misteriosa, del otro mundo, un malestar "terrenal" entre todos como es aquello sexual. Para el uno, Dios es el desahogo ilusorio del oprimido por clases económicamente predominantes; para el otro, es el desahogo otro tanto ilusorio del oprimido por una patología que está escondida dentro de él.

Pero, antes o después, "les dieux s'en vont" (los dioses se han ido): así, la caída del esquematismo marxista parece anunciar una caída paralela del esquematismo freudiano. Salen continuamente publicaciones que dan por descontado que el sistema de Freud es bastante benéfico para los especialistas que lo practican: se sabe que, entre los postulados esenciales, está el hecho de que el análisis tiene que ser pagada. El honorario (a menudo muy costoso) es obligatorio, afirmándose que de este modo se tutela la relación profesional entre especialista y paciente, se mantiene una separación que impide el surgir de una dañosa complicidad. Para que se logre la "cura", el paciente tiene que ser un cliente que paga, no un amigo que se confía gratis.
Pues, aquellas publicaciones que salen ahora no ponen ciertamente en duda el beneficio para el analista; en cambio ponen cada vez más en duda el beneficio para el analizado. No hay pruebas, dicen, que el sistema freudiano haya constituido de verdad una ocasión de curación para las legiones de dolientes que a ello han recurrido. Nos preguntamos si el "alivio" que muchos afirman de haber probado después del análisis a menudo durado muchos años sea debido a la verdad de la teoría o si no sea el simple, natural producto de la posibilidad de "desahogarse" con alguien que esté a escuchar (aunque sea pagado) más allá del resultado usual de cada reflexión profundizada sobre la vida misma, sobre el propio pasado. Y nos preguntamos cuánto - en aquellas eventuales "mejorías" - hay de objetivo, de legado directamente al método y cuánto de subjetivo, casi por una sugestión, por un tipo de "efecto placebo". ¿Cura eficaz o fantasía?

Si, como ha demostrado la historia social, el esquema de Marx era ilógico, se basaba en presupuestos equivocados que no estuvieron de pié en la prueba de los hechos, ¿no podría darse (se preguntan estudiosos cada vez más numerosos) que fuera ilusorio también el esquema que Freud aplicaba a la historia personal de cada hombre? No tendrá por casualidad razón el gran filósofo Karl Popper que deseaba vivir lo bastante largo para ver desmentir juntos marxismo y psicoanálisis, que llama ambas "pseudo-ciencias"? (cfr. "Pensare la storia", [pensar la historia] pp. 428s).
La polémica enfurece, incluso por la descontada resistencia del gremio de los psicoanalistas, que ven amenazado no sólo su poder "sacerdotal" sino su supervivencia misma, con el colosal negocio conexo con todo eso.
Mientras tanto, subsiguen no solo dudas sobre el freudismo, mas sobre Freud mismo. Estudios recientes lanzan luz inquietante sobre el método de trabajo del vienés. El cual, ya se sabía, destruyó la mayor parte de sus apuntes de trabajo y de la documentación médica sobre la cual apoyaba sus conclusiones. Así, quien trata de reconstruir como fueron de veras las cosas, ha pensado de rebuscar en los papeles de los que fueron pacientes de Freud. Partiendo de aquellos documentos, Anthony Stadlen, psicoanalista y entre los responsables del instituto Freud de Londres, afirma que "hace falta reconocer que muchos de los casos sobre los cuales el Fundador basó sus teorías no resisten a un análisis histórico de los hechos."
Ya en el 1981, el descubrimiento de las auténticas circunstancias en que se desarrolló el tratamiento de Anna O. (la joven judía Bertha Pappenheim cuyo "caso" está al origen mismo del psicoanálisis) abrió serias dudas sobre la verdad de cuanto Freud nos contó.
Ahora es el turno de otro de los casos fundamentales sobre los cuales viene construido el entero sistema, el caso de Horace Frink que en 1922 Freud indujo a divorciarse como único remedio a la homosexualidad "latente" que le había diagnosticado. La hija del primer matrimonio de Frink, Helen, ha descubierto entre los papeles del padre que las cosas no fueron para nada como Freud le había expuesto y como todos los estudiosos habían creído.
Todas estas "novedades" han sido expuestas en un artículo publicado en el "New York Times" por Frank Sulloway, docente al célebre Mit de Boston y autor de importantes estudios sobre el vienés, el que termina con estas palabras textuales: "Es cierto que, ya que se van descubriendo nuevos detalles sobre los casos seguidos por Freud y sobre los cuales basó su construcción, es imposible alejar la sospecha de un hombre que manipula los datos para justificar sus teorías."
Si esto es verdadero, entonces seríamos una vez más en paralelo con Marx: el cual, como todos saben - pero como muchos simularon no saber - solamente en apariencia fue "objetivo."
En realidad, fue rebuscando en todo sitio para elegir solamente lo que parecía estar de acuerdo con su esquema apriorístico, borrando o difamando lo que en cambio no estaba de acuerdo. Ya desde décadas los que tuvieron el valor de analizar bien las millares de páginas de "El capital" denunciaron en vano este sistema de trabajo estafador.
¿Que, ahora, haya llegado el tiempo también para los célebres "casos clínicos" del doctor Freud?

Unless otherwise stated, the content of this page is licensed under Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 License