Sin Prejuicios hacia la verdad
autor: Gianpaolo Bellini
Universidad de Estudios de Milán, Instituto Nacional de Física Nuclear
fecha: 2013-08-11
fuente: Senza Pregiudizi verso la verità
Publicado en el N. 51 de Emmeciquadro (2013-12)
traducción: María Eugenia Flores Luna

La siguiente reflexión sobre el tema de la búsqueda de la verdad en la Ciencia enfoca el llamado «método científico», esencialmente caracterizado por no conceder afirmaciones que no encuentren una confirmación precisa, en los resultados experimentales: eso implica una forma de valiente honestidad intelectual, la de la comparación de las propias afirmaciones con la realidad fenomenológica, aun cuando llevara a mostrar la falsedad de ellas. Con este método se llega a representaciones que consienten la comprensión de los fenómenos naturales, y que, incluso no siendo definitivas, permiten una forma de conocimiento riguroso y objetivo.

La búsqueda de la verdad, el discernimiento entre verdad y concepción errada es el fundamento mismo de la Ciencia. Cualquier disciplina científica no podría existir sin la posibilidad de identificar qué sea lo verdadero y qué lo falso. Corrientes de pensamiento como las que vienen reconocidas como «pensamiento débil» y «relativismo» son por sí mismas totalmente anticientíficas. El proceso de distinción entre verdadero y falso en la Ciencia utiliza la lógica matemática, cuyos últimos fundamentos pueden remontarse a Aristóteles. Otras configuraciones lógicas no tienen relevancia científica. Así Einstein juzgó el Die Dialektik der Nature de Engels del todo carente de valor científico

La honestidad científica: la caída de los cuerpos

En la Ciencia la aserción de la verdad se identifica con la honestidad científica. En efecto no basta buscar la verdad, sino el científico tiene que aceptar de toda manera el resultado de un test, de un experimento, de un cálculo, suficientemente comprobado, aunque éste tuviera que invalidar su trabajo plurianual. El desviar respecto a la línea de «búsqueda y aserción» de la verdad destruiría cualquier investigación científica y quitaría credibilidad al científico que tuviera que emprenderla. Esta búsqueda de la verdad en la Ciencia es continua, no sólo en el sentido que el estudio de nuevos fenómenos implica automáticamente tal actitud, sino también en el sentido que un modelo, la representación de un fenómeno, una ley, no viene jamás considerada definitiva, sino es sometida a verificaciones continuas.

El proceso de verificación continúa teóricamente hasta el infinito, aunque en ciertas condiciones y en campos bien definidos de aplicación algunas leyes son tan fiables que se consideran prácticamente definitivas. Tratemos de aclarar las afirmaciones precedentes con un ejemplo simple. Supongamos que un científico observe un fenómeno, como la caída de los cuerpos sobre la Tierra. Iniciará a experimentar en un cierto lugar: por ejemplo dejando caer un cuerpo de la Torre de Pisa. Después de haberlo hecho muchas veces se convencerá de que en aquel lugar los cuerpos recorren una trayectoria rectilínea y que están todos sometidos a un movimiento acelerado (en dirección de la Tierra,) con aceleración siempre del mismo valor. De este modo ha elaborado una «representación» del fenómeno: «caída de los cuerpos de la Torre de Pisa». El paso sucesivo es una extensión, obviamente hipotética, de la representación «de Pisa»: en toda Italia todos los cuerpos caen con trayectoria rectilínea y con la misma aceleración.

Esta nueva representación va obviamente probada y por tanto necesitará proyectar experimentos, por ejemplo, de la Torre del Filarete en Milán, de la Torre de los Asinelli en Bolonia, etc., y comparar el resultado de estos experimentos con la predicción de la representación, la que los cuerpos caen hacia Tierra, con trayectoria rectilínea y con una aceleración que asume el mismo valor en todas partes (va ahora subrayado que tales experimentos han sido realizados hasta este punto con cuerpos macizos). Si los resultados experimentales van de acuerdo con las predicciones de la representación, entonces ésta última resulta válida y por tanto extendida a toda Italia.

Si en cambio los resultados fueran discordantes, en estos casos se necesitaría cambiar la representación. Este alternarse de deducción para la representación e inducción para la comparación entre resultados de los experimentos y predicción de la representación, es un ciclo que no se detiene teóricamente jamás, porque la extensión de los experimentos, el progreso de la técnica que permite medidas siempre más precisas, y teorías siempre más omnicomprensivas pueden poner en duda la representación aceptada hasta aquel momento.

Después de haber extendido la representación de la caída de los cuerpos de Italia a todo el mundo, con las mismas modalidades utilizadas para pasar de Pisa a Italia, podemos utilizar no solo cuerpos compactos y macizos, sino por ejemplo una pluma; se constataría entonces que la trayectoria ya no es rectilínea y que el tiempo necesario para efectuar la caída es mucho mayor. Eso implica una revisión de nuestra representación en cuanto a su formulación precedente no precisa el medio dentro del cual debe ocurrir la caída (y que no es siempre posible descuidar la fricción del aire). Ahora haciendo de nuevo el experimento de la caída de la pluma en un tubo al vacío se obtiene el mismo valor de la aceleración que en el caso de los cuerpos macizos. Además será bueno precisar que el cuerpo no debe tener vínculos sino debe estar libre en su caída. Por consecuencia la representación tendrá que ser correcta en: «Todos los cuerpos en caída libre a la Tierra, en ausencia de fricción atmosférica, recorren una trayectoria rectilínea y son dotados de aceleración constante».

Una generalización: la atracción gravitacional

Obviamente este estudio está muy lejos por detenerse. En un paso sucesivo y seguido de las observaciones de Kepler sobre el sistema solar, fue formulada por Newton la ley de la gravitación universal, en la cual está automáticamente englobada la caída de los cuerpos. Por tanto la caída de los cuerpos sobre la Tierra se vuelve un problema de dinámica entre dos cuerpos, la Tierra y el cuerpo, que se atraen con una fuerza gravitacional proporcional al producto de las masas e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia.

La ley gravitacional está también sujeta a continuos controles. Por ejemplo en una de las expediciones de la NASA a la Luna se han realizado medidas de caída de los cuerpos para hacer un test con una masa diversa de la de la Tierra. Naturalmente medidas también muy precisas sobre la atracción entre masas se pueden hacer con la balanza de Cavendish. Pero hasta ahora nos interrogamos si la ley de la gravitación universal, ampliamente probada en el Sistema Solar, sea válida también en zonas del Universo donde la densidad de materia puede alcanzar valores mil millones de veces superiores a la de los cuerpos celestes conocidos.

Así desviaciones de la ley de gravitación observadas al interno de ciertas galaxias y entre dos galaxias diversas, desviaciones obtenidas como si ulteriores masas estuvieran presentes agregadas a los cuerpos que emiten algún tipo de radiación, podrían ser debidas al hecho de que la ley de gravitación cae en defecto en presencia de densidades muy elevadas. Aunque va resaltado que actualmente la tendencia es atribuir tales desviaciones a materia estelar invisible, la llamada «materia oscura». El ejemplo muy esquemático hecho ahora concierne a observaciones de Física, pero el discurso podría ser alargado a otras Ciencias de la Naturaleza, las llamadas «Exactas», con varias diferencias según el tipo de ciencia y de su posibilidad de proceder en experimentos u observaciones que analicen las «representaciones» obtenidas con diversas técnicas.

Verdad científica: comprensión del fenómeno

No es esta la sede para hacer un discurso sobre el método. Hasta el momento es bueno resaltar que la búsqueda de la mejor representación es en síntesis una continua y constante búsqueda de la verdad que implica un análisis continuo de los conocimientos existentes con el objetivo de mejorar y por tanto reforzar la verdad científica. El ciclo metodológico reproducido en el esquema siguiente reasume a fin de cuentas el proceso arriba ilustrado.

Por tanto en las Ciencias de la Naturaleza la relación continua y referencial con la realidad es el fundamento mismo. Y «verdad» para la Ciencia es la comprensión del fenómeno, comprensión que corresponde lo mejor posible a los mecanismos del fenómeno mismo. ¿Qué significa «lo mejor posible»? Significa que el resultado de los experimentos y la predicción de la representación están de acuerdo, aceptando diferencias entre ellos que no deben superar, según las leyes del caso, las incertezas de las medidas experimentales, seguidas con las mejores técnicas del momento, y eventuales distorsiones instrumentales. Todo cuanto ilustrado arriba implica que el científico deba ser antes que todo absolutamente libre de prejuicios, deba ser absolutamente riguroso e inmediatamente dispuesto, más bien entusiasta para captar el resultado de un experimento, cualesquiera que sean las consecuencias. Si bien comprende también que las verdades científicas tienen diversos grados de fiabilidad dependiendo si el ciclo representado por el esquema precedente pueda ser recorrido más y más veces. Por ejemplo si dejamos caer un cuerpo a Tierra no tenemos ninguna duda sobre dónde y cuándo tocará el suelo. No podemos tener la misma certeza si modelamos los primeros instantes de vida del Universo.

La objetividad de la ciencia

Una propiedad fundamental de cualquier resultado experimental es que, para poder ser aceptado, debe poder ser reproducido por cualquier otro grupo de investigación: es decir los resultados deben ser compatibles entre sí dentro de las incertezas de las medidas experimentales, siempre presentes en mayor o menor medida según las dificultades experimentales y la tecnología utilizada. Y eso vale también para un cálculo o para un modelo. Cualquiera que tenga conocimientos técnico-científicos apropiados debe poder alcanzar el mismo resultado obtenido por otros sobre el mismo argumento.

Por tanto la «verdad» científica es una verdad «objetiva»: no depende del enfoque de una sola persona y debe ser compartida y aceptada por todos los expertos, para poder ser considerada válida. Estas características de la Ciencia la hacen difícil de aceptar para muchos porque el resultado científico es impredecible, no se manipula y debe ser aceptado así como es. Eso da fastidio ciertamente a todos los sostenedores de las ideologías porque continuamente hace falta enfrentarse con la realidad y por tanto no son admitidos teoremas mentales abstractos. La Ciencia, como conocimiento de base, no es amada por aquellos que quieren hacer prevalecer a toda costa su punto de vista, aunque esto jamás ha sido sometido al análisis de la realidad. Y entonces nos inventan extrapolaciones, que partiendo de resultados científicos, operan interpretaciones y extensiones absolutamente arbitrarias. Un sólo ejemplo para todos: el Evolucionismo respecto a la Teoría de la Evolución. Es inútil decir que estas extrapolaciones no tienen nada de Científico, como en general no lo tienen las corrientes de pensamiento cuya denominación termina en «…ismo». En conclusión la «verdad» en el ámbito científico es continuamente buscada, analizada, probada como solo y único objetivo de la Ciencia, entendiendo por ella la investigación científica fundamental.

La Ciencia aplicada, en cambio sigue otra lógica. Ella aplica los conocimientos adquiridos por la investigación fundamental para alcanzar objetivos de tipo tecnológico, humanitario, político, financiero, ético, según el caso. El «coraje de la verdad» en el desarrollo científico no es otra cosa que la honestidad científica del científico, fundamental para la existencia misma de la Ciencia. En los últimos tiempos se ha asistido a algunos anuncios prematuros de descubrimientos científicos, luego desmentidos por test más atentos.

Estos episodios son ciertamente contraproducentes y violan el decálogo del mundo de la Ciencia, donde los resultados científicos, para ser aceptados, deben tener una probabilidad de no ser desmentidos superior al 99.73%. (Algunas revistas científicas piden incluso una probabilidad mayor). Por tanto el anuncio de cualquier descubrimiento científico no debería ser dado si su fiabilidad fuera inferior a esta probabilidad y si aún no es reproducida y confirmada por otros experimentos independientes.

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