Tecnología ¿un gran bien o idolatría?
autor: Marco Carrai
Presidente Cambridge Management Consulting Labs Srl
Roberto Cingolani
Director Científico Instituto Italiano de Tecnología
Máximo Ibarra
Administrador Wind Spa
Fabio Pammolli
Docente del Institute for Advanced Studies de Lucca
Mario Rasetti
Presidente Institute for Scientific Interchange Foundation
Andrea Simoncini (introduccíon a cargo de)
Docente de Derecho Constitucional de la Universidad de Estudios de Florencia
fecha: 2015-08-24
fuente: Tecnologia: un grande bene o idolatria?
acontecimiento: Meeting per l’amicizia tra i popoli: "Di che è mancanza questa mancanza, cuore, che a un tratto ne sei pieno?", Rimini, Italia
(Meeting para la amistad entre los pueblos: "¿De qué es ausencia esta ausencia, corazón, que de repente te llena?")
traducción: María Eugenia Flores Luna

ANDREA SIMONCINI:
Buenas tardes, y bienvenidos a nuestro encuentro sobre el tema: “¿Tecnología, un gran bien o idolatría?”. Cuando se programa el Meeting, se hace siempre con mucha anticipación, y se espera siempre que de la concatenación de los encuentros, de los eventos, de las presentaciones y de las conferencias pueda surgir un hilo unitario. Por otra parte, esta es una manifestación en la cual se desarrollan decenas y decenas de encuentros y el riesgo es de ser un poco dispersivo. El riesgo es que entre un encuentro y el otro hayan enfoques, planteamientos diversos. Aquí, incluso en nuestra mejor expectativa de lograr crear un vínculo unitario, cierto quizá no habríamos imaginado en realidad cuánto el encuentro de esta tarde termine por colocarse exactamente en conexión con muchas de las reflexiones que han surgido hasta ahora.

El tema que enfrentamos esta tarde es la tecnología, no hay necesidad de decir cuánto hoy la tecnología haya cambiado y esté cambiando la facha de nuestra vida y justo porque no quiero decirlo yo, querría, para introducir, tomar prestada la descripción que hace Papa Francisco en su reciente encíclica, Laudato si’, donde según yo capta un poco el corazón del problema que querríamos enfrentar esta tarde.

Dice Papa Francisco en el capítulo 3: “La humanidad ha ingresado en una nueva era en la que el poderío tecnológico nos pone en una encrucijada. Somos los herederos de dos siglos de enormes olas de cambio: el motor a vapor, el ferrocarril, el telégrafo, la electricidad, el automóvil, el avión, las industrias químicas, la medicina moderna, la informática y, más recientemente, la revolución digital, la robótica, las biotecnologías y las nanotecnologías. Es justo alegrarse ante estos avances, y entusiasmarse frente a las amplias posibilidades que nos abren estas constantes novedades, porque « la ciencia y la tecnología son un maravilloso producto de la creatividad humana donada por Dios ». […] Pero no podemos ignorar que la energía nuclear, la biotecnología, la informática, el conocimiento de nuestro propio ADN y otras capacidades que hemos adquirido nos dan un tremendo poder. Mejor dicho, dan a quienes tienen el conocimiento, y sobre todo el poder económico para utilizarlo, un dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad y del mundo entero. Nunca la humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma y nada garantiza que vaya a utilizarlo bien, sobre todo si se considera el modo como lo está haciendo”.

Estamos frente a una encrucijada, la tecnología, la ciencia nos pone delante a posibilidades inéditas, posibilidades que son también posibilidades económicas inéditas. Como verán el encuentro de esta tarde reúne el perfil científico y tecnológico con el perfil económico emprenditorial. La nueva tecnología es también ocasión de nuevo desarrollo económico, nueva ocasión de empresa, e incluso esta nueva oportunidad, para usar las palabras del encuentro que Mónica Maggioni ha magistralmente moderado hace poco, para usar las palabras del profesor Weiler, “no elimina el problema del deber, de la responsabilidad”. Estas posibilidades, más bien paradójicamente potencian la capacidad de decisión del hombre y por tanto no resuelven automáticamente la cuestión para qué uso, para quién, con qué objetivo uso estas posibilidades.

Para afrontar este tema, tenemos un panel, como se suele decir, un conjunto de ponentes excepcional, sea desde el punto de vista del prestigio y del grado de innovación sea tanto del punto de vista de la capacidad de empresa, de la capacidad de proponer estas novedades también a nivel económico.

En particular, Marco Carrai, Presidente Cambridge Management Consulting Labs Srl, es aquel al cual se debe también gran parte de la concepción de este encuentro y de los nombres que están aquí esta tarde. Con Marco Carrai estará el profesor Roberto Cingolani, Director Científico del Instituto Italiano de Tecnología de Génova, el profesor Mario Rasetti, Presidente del Institute for Scientific Interchange Foundation de Nueva York; a mi izquierda Máximo Ibarra, que es Administrador de Wind S.P.A. y para cerrar el profesor Fabio Pammolli, que es Docente en el Institute for Advanced Studies de Lucca. Pediría a Marco que comience.

MARCO CARRAI:
Gracias, profesor Simoncini, más bien gracias, Andrea por la invitación. La tecnología no es más que una emanación del hombre y el problema es cuándo la tecnología desde objeto del hombre se vuelve sujeto. En el encuentro precedente han oído proferir palabras como deber, conciencia, libertad, responsabilidad, que son en definitiva las palabras claves de cómo el hombre se comporta en la vida y también pues frente a los grandes desafíos, a los entusiasmantes desafíos de la tecnología. Me gustaría iniciar con una película, me gustaría iniciar con “The imitation game”, una película que no sé cuántos de ustedes habrán visto. Esta película habla de un personaje, para la mayoría desconocido, pero un gran personaje que se llama Alan Turing. ¿Quién era Alan Turing? Alan Turing hoy probablemente sería definido por algunos un loco, por otros un genio, en realidad Alan Turing fue un genio y ha contribuido también al final anticipado de la segunda guerra mundial.

Alan Turing era un matemático, que el Gobierno británico llamó con otros matemáticos y físicos al famoso grupo de criptógrafos, estableciéndose en Bentley Park, para descifrar aquellos que eran los códigos que los nazistas utilizaban para dar las comunicaciones a las naves de guerra para hundir las provisiones hacia Inglaterra y en definitiva las naves de guerra aliadas.

Alan Turing fue movido por el amor a Su Majestad, la Reina, pero fue movido sobre todo por amor a la búsqueda del infinito, por amor a la búsqueda del conocimiento, por amor a la propia razón y al dar razón al propio ser. Logró descifrar los códigos realizando aquella que es llamada “la máquina de Turing”, que en definitiva es un sistema basado en el cálculo computacional, que es el progenitor de la actual computadora.

El actual personal computer es nada más que el producto de una investigación nacida de este gran matemático, también polémico matemático, que creó descifrando los códigos, la llamada machine learning.

Pero machine learnign es aún más. La machine learning es la base de aquello que años después nacerá con el nombre de Yahoo y de Google. En la base de los algoritmos que fundan Facebook, Amazon, Google, Yahoo está la machine learning, que es una primordial forma de inteligencia artificial, que sin saberlo condiciona nuestra vida todos los días.

El profesor Rasetti, mucho mejor que yo, describirá cuáles sean las grandes oportunidades del llamado big data, porque del machine learning nacerá aquello que hoy nosotros llamamos los analitics, es decir el big data.
Les doy algunos números, que él dará mucho mejor que yo. Todos los años, sólo en las comunicaciones sociales, por tanto Facebook, Mail, Twitter, vienen producidos un número que el profesor Rasetti me ha dado. Todos los años se producen 10 a la byte veintiuno, es decir cien millones de millones de datos. Es un poco, dice siempre Rasetti, como si se imprimieran 323 millones de veces, la Guerra y la paz, un libro de 1250 páginas, pero es sobre todo otra cosa muy significativa.

10 a la veintiuno es también más o menos el número de Avogadro que en realidad es 6,022 por 10 a la veintitrés, es decir, no me meto en cuestiones físicas, la partícula más pequeña. Nuestro ilimitado sistema de comunicaciones se acerca a aquello que hay de más pequeño, a la unidad de medida de la cantidad de sustancia: lo infinitamente pequeño ha sido alcanzado por el ilimitado sistema de comunicaciones.

No sabemos si esto sea un bien o un mal, y sobre todo no sabemos aquello que tenemos dentro, el número de Avogadro, pero sabemos todo de todos. Si este precisamente sea un bien o un mal lo descubriremos más adelante. Me gusta hacer desde este punto de vista un salto cuántico, y luego Rasetti nos informará también sobre el quanting computer, es decir sobre aquello que es la cosa más parecida a la inteligencia artificial: transformar las cadenas de datos de cero en uno, a través de la física cuántica, para hacer cálculos millones de veces más potentes que aquellos de los actuales algoritmos de Yahoo y Google, por tanto realizar en algún modo verdaderamente por primera vez la inteligencia artificial.

Pero hago un salto cuántico y tomo las palabras de Julián Carrón en su intervención, hace años, en la presentación del volumen Charity, tercero de los tres tomos en inglés del trayecto del libro de don Giussani, se puede vivir así, en torno a las tres virtudes teologales, fe, esperanza, caridad: “No son palabras, fe, esperanza, caridad - nos describe Carrón - no son palabras que se superpongan al externo de la existencia humana, sino un hecho que entra en la estructura del yo, en su autoconciencia - palabra clave - con la pretensión de responder al problema de la vida. Esto en efecto está en juego sobre todo hoy, que la vida valga la pena de ser vivida. No sabemos entender qué cosa es la caridad sin tomar conciencia de nuestra naturaleza necesitada. Ella se presenta en la relación con cada cosa. Nada nos basta. El poeta Mario Luzi - dice siempre Carrón - describe en modo insuperable en qué consiste esta naturaleza: « ¿De qué es ausencia esta ausencia, corazón, que de repente te llena?».

La naturaleza de esta falta - continúa Carrón - se hace evidente cuando tratamos de responderla. Los placeres constituyen a menudo la primera tentativa de colmar el vacío de esta falta, pero nos espera una sorpresa descrita por Cesare Pavese en un modo irreprochable: «Lo que el hombre busca en el placer es un infinito y nadie renunciaría jamás a la esperanza de conseguir esta infinidad».

He aquí, es esta tendencia hacia lo infinito la respuesta al tema de hoy: “Tecnología: ¿un gran bien o idolatría?”. En la historia, las grandes innovaciones han nacido esencialmente por dos motivos, para dar una respuesta a un problema práctico o bien para dar una respuesta a la necesidad de infinito, por tanto a las ganas de búsqueda que hay dentro de cada uno de nosotros.

Hago dos ejemplos. Charles Carlston, que probablemente ninguno de ustedes conocerá, trabajaba en el oficio de patentes, y tenía que copiar a mano los diseños de las patentes. A cierto punto de su vida le da artritis y por tanto ya no puede continuar a copiar a mano, porque en esa época la fotocopiadora no existía. Sin embargo viendo que le pasaban por lo bajo algunas patentes, en esa época no existía internet, hizo nuevos descubrimientos físicos que hicieron posible la creación de la primera fotocopiadora. Fue a presentarlas a IBM, el cual no entendía qué cosa fuera, luego el Gobierno americano le hizo un contrato, los americanos son muy buenos para hacer estas cosas, y de IBM fue fundada la Xerox. Es la historia de la fotocopiadora, nacida porque un señor del oficio de patentes tenía artritis en una mano. Por tanto se parte de un problema personal para llegar a una invención que ha cambiado parte de la historia moderna, hasta nuestros días.

De otra parte también Alan Turing parte de un problema de la búsqueda, de la propia búsqueda de infinito, que pone al servicio de Su Majestad, pero lo que lo impulsa fue el amor y la investigación.

Otro grupo sin embargo, que se estableció en Manhattan, y partía siempre del amor por la investigación, terminó por inventar otra cosa: la bomba atómica.

¿Dónde está entonces la diferencia entre Alan Turing y el proyecto Manhattan?

¿Dónde está el límite en la búsqueda de alcanzar el infinito del conocimiento?

En nuestra autoconsciencia y en la reglamentación. Retomando las palabras del Papa en la encíclica Laudato si’, “cada época tiende a desarrollar una escasa autoconsciencia de los propios límites”. Les hago un simple ejemplo. El smartphone nos ha cambiado la vida de todos los días, ha nacido un eco sistema, el eco sistema de los app.

Hasta hace poco tiempo nadie sabía qué cosa fuera un app. La exigencia ha creado también una exigencia, aquella de estar todos conectados. El mundo de los app ha revolucionado en modo permanente nuestro modo de vivir como jamás quizá había sucedido después de la invención del motor de explosión.

Tres ejemplos de qué quiere decir la innovación tecnológica en el mundo. La más grande sociedad inmobiliaria del mundo es una sociedad nacida hace tres años, que se llama Air B&B: no posee ni siquiera un inmueble.
El más grande transportador del mundo es una sociedad nacida hace 5 años, que se llama Uber: no posee ni siquiera un carro.

El más grande mercado del mundo no es Amazon o Ebay, sino es una sociedad china, se llama AlìBaba y es grande cinco veces Ebay y Amazon juntas: no tiene ni siquiera una tienda.

Esta es la revolución copernicana que hemos tenido en estos últimos años. Los app desencadenan la creatividad de cada uno, pero también si no nos hemos dado cuenta crean los más grandes monopolios, con el riesgo, como dice Papa Francisco, que se reduzcan las capacidades de decisiones personales y nuestra libertad más auténtica.

Hoy, de nosotros, sabe más Google, Facebook y Amazon, de cuanto sepa el fisco, la policía y los servicios secretos todos juntos.

Yo no sé si esto sea un bien y un mal, nos pone sin embargo un problema enorme, un problema que un gran filósofo del 1900, el primer marido de Hannah Arendt, Günther Anders, describe en dos volúmenes, cuando dice que el hombre es anticuado, e introduce el concepto de “vergüenza prometeica”.

La vergüenza prometeica - Prometeo como saben es el hombre que roba el fuego a Dios y lo dona a los hombres - es también el hombre que, frente a la gran tecnología, se siente inadecuado. Esto es un problema naturalmente de naturaleza social, pero también un problema cotidiano. Mi pequeña nieta Livia, que tiene un año y siete meses, si le damos un celular, sin saberlo hace así y alarga, mientras mi padre, que ha creado tantas cosas, no lo sabe hacer. Esto es sí un problema, pero es también una gran oportunidad, para poder tener aplicaciones increíbles. Piensen en la investigación que ya no podrá ser hecha in vitro, sino que será hecha artificialmente, yendo a reducir sea los ahorros que los tiempos para los nuevos descubrimientos médicos; o incluso la gestión de los flujos logísticos: si ustedes son habitantes de New York y hacen el mercado en Amazon, cuando llenarán el carro, descubren que mitad del carro está ya lleno, porque Amazon sabe aquello de lo cual tienen necesidad antes que ustedes y comienza a llenar el carro antes que aprieten el botón. ¿Es un límite a nuestra libertad? No lo sé. Yo sé que es solamente una enorme oportunidad y que es una enorme oportunidad en manos del hombre, en manos de la libertad del hombre y en manos también del coraje que cada hombre tiene y debe dar a la propia vida para ser hombre. No es el celular nuestro problema, sino el genio humano, que puede ser un problema o puede no serlo y según yo no lo es cuando se pone a la búsqueda del infinito, a la búsqueda de aquella libertad que, como decía Antígona, “es inscrita desde el cielo en el corazón de los hombres”. Gracias.

ANDREA SIMONCINI:
Gracias. Ahora a usted la palabra, profesor Rasetti.

MARIO RASETTI:
El título de este encuentro es “¿Tecnología: gran bien o idolatría?”. Inicio inmediatamente diciendo que estoy mucho más de la parte de quien la considera un gran bien que no una idolatría. Creo que esto sea un momento histórico, extremamente importante e interesante, en el cual está sucediendo algo che en la historia ha sucedido pocas veces. Estamos iniciando una sociedad con un modelo estructural diverso del consueto, que es la sociedad del conocimiento, una sociedad en la cual el bien principal, el bien en el cual se fundarán también los poderes, el bienestar, el ser hombre, es el conocimiento. Y al mismo tiempo está naciendo en el frente tecnológico el hecho de que finalmente tenemos los instrumentos para enfrentar y sostener esta sociedad del conocimiento. Se habla de quinta revolución del ICT, donde la primera era del ICT eran las computadoras, las grandes computadoras de los años 1970, luego viene el pc, el personal, luego internet, luego la web 1.0. Luego los celulares y la web 2.0 si quieren, y éste es el quinto paso de esta evolución, el big data. Pero los big data son una cosa que se parece mucho a aquel hecho histórico de importancia inconmensurable que fue la invención de la imprenta.

Deténganse un momento a reflexionar sobre qué significó la invención de la imprenta. La invención de la imprenta significó el pasaje de los instrumentos del conocimiento, de la tradición y del saber y del modo de vivir por tanto, de las manos de pocos, de poquísimos, a la comunidad siempre más extensa. La revolución de la imprenta no consistió sólo en el hecho de que se pudieran reproducir más libros, sino que se pudieran reproducir a costos tales que muy pronto se difundieron a todas las clases sociales. Es el nacimiento de las grandes inteligencias, de la categoría misma de los intelectuales luego sucesivamente de la alfabetización. Bien, yo creo que big data sea una cosa de la misma importancia histórica. Los big data dan origen a un nuevo modelo de sociedad, la sociedad hipertextual, una sociedad en la cual los hombres comunican entra ellos no sólo con aquellos instrumentos que derivan de su ser hombres, por tanto el lenguaje y la escritura, sino de relaciones interpersonales que son mediadas por un mecanismo de interacción inédita, debido a la tecnología. Esto crea nuevas modalidades de equilibrio entre los individuos y la comunidad a las cuales pertenecen, crea nuevas tensiones entre los conceptos de libertad, dignidad, igualdad que, contrariamente a aquello que sucedía, con los instrumentos tradicionales, esta es la potencia de la nueva imprenta que es lo digital, son casi instantáneos en la difusión global. Cuánto son grandes los big data se los ha dicho Marco Carrai, que ha citado también los números con los cuales yo me divierto a sorprender a los estudiantes. Hoy en día, escribimos 350 millones de veces Guerra y paz, pero estamos circundando el mundo de una gran cantidad de datos, que es el equivalente a 350 millones de veces Guerra y paz, de los cuales sabemos hacer poco y tenemos necesidad de todos los instrumentos posibles porque en aquellos datos está encerrado todo. Ésta, que ven ahora, es una película que les muestra cómo era, del inicio del 1800, la distribución de la temperatura en la tierra. El blanco es el valor medio de los últimos 100 años, el azul y el rojo son los movimientos hacia el frío y hacia el calor. Pongan atención a qué cosa sucede en los últimos 10 años. Son datos que nos consienten tener este tipo de información.

Son datos que nos enseñan a vivir la nueva vida, que esta sociedad del conocimiento nos llamará a vivir, en una manera que logre estar a la altura de los desafíos de este mundo, donde hay 7 millones y medio de personas y 4 millones y medio de celulares (de personas que poseen un celular). Es el primer instrumento que más de la mitad de la población del Globo posee. Les cuento una anécdota que es una metáfora que les hace entender por qué los datos son importantes. Creo que todos recordaran, la epidemia aviaria de 2009. La aviaria es una historia de contemporaneidad dura, nos dice cómo es duro el mundo en el cual vivimos. La historia es simple: un señor americano visita un criadero de pollos en Hong Kong y se contagia el virus H1N1, el virus de la aviaria, y luego retorna a Los Ángeles. En el viaje de Hong Kong a Los Ángeles, era en medio a otras 500 personas, que por 10 horas han todas respirado su mismo aire. El aire de los aviones es filtrado, pero no a nivel del diámetro de un virus. Llegados a Los Ángeles, al menos 300, de estas personas tenían el virus: algunos han tomado otros aviones algunos han ido a casa y han abrazado a sus niños y los niños el día siguiente han tomado el autobús que los llevaba a la escuela. Hoy, las enfermedades infectivas se propagan con mecanismos que son absolutamente diferentes de aquellos del pasado. La peste de 1370 se tomó 4 años para barrer toda Europa: la razón era que el morbo era llevado por la mordida de los ratones y el trayecto medio de los ratones es de pocos metros. Mató sin embargo a 25 millones de personas en una Europa que tenía 40. Hoy los virus tipo H1N1, están bajo control.

Nosotros logramos, con el análisis de datos, hacer una cosa que hasta ahora no sabíamos hacer. De siempre recogemos datos, en particular la ciencia vive recogiendo datos y tratando de interpretarlos, los datos son una información de la cosa de la cual se están ocupando y son una información que recuerda la fotografía. Ustedes fotografían un pedazo de sociedad, un hecho natural, un fenómeno físico recogiendo datos que lo describen. En el momento en que sin embargo hacen una fotografía, sin embargo, entregan la cosa que han fotografiado al pasado, porque el sistema evoluciona. Ustedes tienen una bella fotografía, pero la cosa fotografiada en tanto ha ido adelante. El gran desafío de los datos es aquel en base a los cuales nosotros, en particular mi instituto de Turín, el ISI, Instituto para el intercambio científico, hemos construido este algoritmo capaz de prever. Hoy tratamos de acercarnos a los datos con técnicas de inteligencia artificial sustancialmente, de manera tal que aquello que fotografiamos, lo fotografiamos en el momento actual pero logramos también ver dónde está andando.
Con H1N1 los resultados fueron clamorosamente buenos, tanto es que hoy la Organización Mundial de la Salud ha adoptado nuestro algoritmo. ¿Qué cosa es un algoritmo? Es un conjunto de técnicas sustancialmente matemáticas, de matemáticas bastante esotéricas, para entrar en los datos y extraer informaciones. El verdadero trayecto que tenemos que aprender a hacer es pasar de esta enorme masa de datos que nos circunda. El problema es que hemos pasado el crossing point, hemos pasado el punto por el cual la cantidad de datos que producimos es más grande que nuestra capacidad de archivarlos. Si no somos capaces de archivarlos todos, ¿quién decide qué cosa se bota? ¿Quién decide qué cosa es importante tener, qué cosa es importante botar? El algoritmo es la cosa que usa Google. Cuando usan Google, ustedes escriben 4 o 5 palabras y en un tiempo que es típicamente inferior al centésimo de segundo, Google les escribe: he encontrado 2 millones de respuestas. 2 millones y medio, alguna vez más. La fuerza de Google sin embargo no es que ha encontrado 2 millones y medio de respuestas, sino que las ordena en manera que están en orden decreciente en relación a la pregunta que han hecho y por tanto ustedes, su respuesta, la encuentran en dos páginas, a menudo en las primeras 10 cosas que les son ofrecidas.

Hacer algoritmos significa esto. Es una nueva cultura y yo querría concluir citando un dato: una de las cosas que yo encuentro intolerable en la sociedad italiana es el hecho que el 42 % de los jóvenes este desocupado. Hace poco más de un año ha sido hecha una investigación según la cual los big data son el trabajo del futuro y la sociedad futura vivirá si sabrá manipular los datos y se realizará la sociedad del conocimiento. Sólo en Usa se piensa que se necesitarán para este trabajo casi tres millones de trabajadores. Ahora, ¿cómo es posible que en nuestra sociedad el 42 % de los jóvenes, que son aquellos que poseen estos instrumentos, queden desocupados? Europa no se ha ni siquiera dignada a calcular estos números y de probar a estimar cuántos nos sirven. A menudo las universidades americanas no son capaces de gestionar estos requerimiento clamoroso. Yo estoy orgulloso del hecho que a nuestro instituto en los Estados Unidos se ha pedido tener cursos para docentes de las universidades americanas en data ciencias, es decir en aquellas ramas de la ciencia que nos enseñen a gestionar los datos.

ANDREA SIMONCINI:
Gracias al profesor Rasetti. Los tiempos son muy reducidos pero ha logrado darnos una idea bastante fascinante de esta perspectiva. Y ahora pasamos a otra frontera de este futuro que no imaginábamos, que es aquel de la robótica. La palabra al profesor Roberto Cingolani, Director del Instituto Italiano de Tecnología de Génova.

ROBERTO CINGOLANI:
No sé cuántos de ustedes tengan la percepción del hecho de que nuestra vida media, nuestra expectativa de vida aumenta de tres meses cada año, lo que quiere decir que dentro de una treintena de años, el siglo será un estándar alcanzable de existencia y no sé, al mismo tiempo, cuántos de ustedes tienen la percepción de que esta cosa es verdadera sólo para una veintena de Países en el mundo, mientras hay una enorme parte del planeta en la cual la vida media no aumenta.

Todo esto es verdad porque la tecnología, incluido el big data, incluida la revolución digital, ha permitido simular fármacos en tiempos mucho más rápidos que su composición química, tener hospitales, máquinas de diagnóstico, tener climatizadores, neveras, lavadoras, la higiene, la escuela, la instrucción, todo. Sin embargo es un hecho que es reservado a pocos, cerca del 20 % de la población del planeta. En 2050, seremos 9 millones, este es un hecho bastante incontrovertible, y tendremos en los Países ricos, aquellos donde la vida media crece mucho, el 35% di over sixtyfive, por tanto tendremos el problema de tener cerca un trabajador activo por cada trabajador en pensión. En otras partes probablemente asistiremos a flujos migratorios mucho peores que aquellos que tenemos ahora, que son justo fruto del reequilibrio de un sistema termodinámico que no funciona. Si les dijeran, sin ser laureados en física: hay una botella llena de agua, en un ángulo la temperatura es de 100 grados, todo el resto es de 20 grados. Nuestra reacción sería probablemente aquella de decir: no, antes o después la temperatura se debe repartir, la botella debe llegar a 40 grados, a 50. Esto sucede en cualquier sistema complejo, no sólo en una botella de agua: con mayor razón en una sociedad de 9 mil millones de habitantes que está muy desproporcionada. Hoy producimos, gracias a estas revoluciones tecnológicas, a estos grandes bienes tecnológicos, tantísimas cosas, tantísimos productos y utilizamos 2600 km cúbicos de agua dulce cada día. La mayor parte de ésta es usada para la producción industrial.

En nuestros Países occidentales consumimos de 250 a 350 litros de agua dulce al día per cápita. El límite biológico para la existencia es 5 litros, en gran parte del mundo hay menos de 50 litros, en algunas partes menos de 20 litros. ¿Entonces es un gran bien? ¿Hay una patraña? ¿Hay algo que no funciona? Debemos reflexionar.

Hace cincuenta años, una información viajaba en cerca de tres semanas de un punto al otro del planeta. Hoy se necesitan tres décimas de segundo. Esto ha generado la revolución digital de la cual hablábamos ahora. No sé si se han preguntado de dónde venga todo esto, porque parece que el software, los algoritmos sean cosas que crecen en los árboles y basta regar; en realidad todo esto tiene un origen fantástico. Había tres tipos un poco autísticos que en los subterráneos de Bell Lab, en los años 1950, estudiaban la resistencia de un objeto absolutamente inútil que se llama “germanio”, que es un material bastante inútil hasta ahora. Y han descubierto que un pedazo de germanio puede ser aislante o conductor según ciertas situaciones. En resumen han hecho una cosa muy ingeniosa, han tomado un pedazo de germanio, le han puesto una corriente en esta dirección y luego han medido la corriente de acá; por tanto un campo eléctrico, una pila conectada aquí y medían la corriente a estos extremos. Y han visto que según la pila, si era encendida o apagada, había conductividad, es decir corriente que pasaba en esta dirección. Habían inventado el interruptor. Este era el dedo, y eso era aquello que hacía pasar la corriente.

Este interruptor era grande dos centímetros y medio, y no servía rigurosamente para nada. Han ganado el Nobel, sin embargo no servía para nada. Cincuenta años después es grande como una proteína. Aquí dentro hay circuitos integrados grandes dos centímetros cuadrados que contienen un millón de esos, porque como cada uno de estos interruptores es grande como una proteína, le meto cuantos quiero en un centímetro cuadrado. Un interruptor se conoce porque está encendido o apagado, que desde el tiempo de los marineros - yo vivo en Génova, por desgracia - quiere decir uno o cero, quiere decir código Morse. En resumen complicando un poco más, quiere decir alfabeto, quiere decir procesar las informaciones. Si yo tengo un millón de interruptores muy veloces conectados entre sí, bien coordinados, son capaces de procesar muchas secuencias de uno y de ceros, y por tanto de procesar informaciones de manera extremamente rápida. He aquí por qué las computadoras se vuelven siempre más veloces, los celulares siempre más avanzados, He aquí por qué hacemos millones y millones y millones de operaciones en poco tiempo.

¿Saben cuántas operaciones hace un ser humano en un segundo? El metabolismo celular de un ser humano equivale a diez a la dieciocho operaciones al segundo. Es decir un millón de millones de operaciones al segundo. La gran diferencia es que yo las hago con un cerebro que tiene un volumen de dos litros y consume cuarenta volt y un pedazo de chocolate, mientras la computadora que debe usar Amazon o Google, las computadoras que deben usar para gestionar más o menos el mismo número de informaciones al segundo, son grandes como esta habitación y requieren de treinta a cien megavolts, como una ciudad. Entonces la tecnología es un gran bien, pero está muy atrás aún, muy atrás, está tremendamente atrás respecto a aquel que ha creado la evolución, y esto genera fuertes desequilibrios. Si el silicio hubiera sido la solución correcta, habríamos evolucionado hacia el silicio, en cambio somos agua y carbono, y no somos más ingeniosos que la evolución, créanme. Entonces cada uno puede creer que haya un gran arquitecto o que haya una teoría darwiniana, yo no entro en el mérito; está de hecho que sea que haya el arquitecto sea que haya la teoría darwiniana no somos más ingeniosos que la evolución. Y por tanto la tecnología tiene mucho que hacer, muchísimo.

Eso no obstante, hoy, que somos aún primitivos respecto a la evolución, hemos llegado a tener rendimiento de cálculo similar a un ser humano, a costos energéticos extremamente elevados. Se ha abierto este gran horizonte: todos tenemos dos celulares por cabeza con los cuales no hacemos rigurosamente nada, porque si van a ver cuántos megabyte intercambian seriamente con su celular, son pocos, lo usan para hacer fotos y llamadas, mientras tenemos en el bolsillo un cerebrito que podría hacer mucho más que aquello que hace. Entonces, como hoy, gracias a estos big data, a estas súper computadora, hacer un genoma cuesta de cien a mil dólares, tenemos la posibilidad de alargar la vida donde es posible. Sin embargo esto vale sólo para ciertas personas, no vale para una gran parte de la población del planeta.

Por tanto, ¿qué cosa tiene que hacer el científico? Mientras tanto debe desarrollar un programa de ciencias y tecnología, apoyado por el Estado en el cual vive, que ambicione reducir el gap entre aquel 20%, cuya expectativa de vida aumenta de tres meses al año, y aquel 80% cuya expectativa de vida no aumenta. Reducir el gap entre los dos estados del planeta no quiere decir disminuir a quien está mejor, quiere decir elevar a quien está peor. Y por tanto poner en pie tecnologías llamadas “twofold” o hasta “multifold”, bivalentes o multivalentes, para hacer portátil la diagnosis y la farmacéutica, los materiales, la sostenibilidad de ciertos materiales, el reciclaje, la purificación del agua etc. Estos son los grandes retos. Son retos infinitos, enormes, que se basan fuertemente en el aumento de la capacidad de cálculo, en la capacidad de analizar inmensas masas de datos. Desde siempre decimos que ciencia y consciencia deben ir juntas.

Todas estas cosas de las cuales les he hablado son grandes bienes pero tienen reveses peligrosos. Y no hace falta incomodar a la bomba atómica, cosas grandes. Han visto, el once de setiembre de 2001, que un Boeing 737, que es un avión civil, que no ha sido pensado para matar, para hacer mal a ninguno, si es utilizado por un imbécil, se convierte en un arma de destrucción de masa que mata a tres mil personas. Entonces, yo no creo que ninguno se haya jamás planteado el problema de la ética del aeroplano de transporte. Si yo utilizo un cojín para sofocar un niño, no me vengan a decir que hay un problema de ética de los cojines. ¿También el cojín tiene tecnología, no? Memory fom, elástico, antibactérico. Entonces, el punto es que nosotros debemos dar tiempo a la sociedad para crecer de manera sosteniblemente científica. El tecnólogo, el renovador, el investigador, se comienza a formar a los seis años, con un programa de escuela que parte de los niños. No hace falta temer aquello que no se comprende. Una sociedad sana es una sociedad que pregunta, que pregunta cómo funciona, que quiere entender aquello que cabalga, aquello que usa, aquello que guía, aquello que come. Hay tanta polémica sobre los Ogm, ¿no? Pero se han dado cuenta que la naturaleza es toda una Ogm? Todo aquello que existe en la naturaleza es una modificación genética, se llama evolución, la naturaleza se ha tomado más tiempo, nosotros en ciertos casos aceleramos, pero al final somos todos Ogm. Antes que satanizar, antes que tener un niet cultural a priori, tratemos de entender, expliquemos, enfrentémonos. Ésta es una cosa que falta, a nivel de divulgación, de televisión, de escuela, de debate público. Tercer punto y concluyo. Existe una tecnología que resuelve problemas. Después existe una ciencia que no tiene necesidad de problemas por resolver: es el patrimonio mundial, el patrimonio de la humanidad. A menudo desarrollamos conocimientos que hoy no sirven, el transistor de los años 1950, y tenemos soluciones a problemas que aún no conocemos. Luego, desgraciadamente, hoy, existe una tecnología de mercado que en realidad no es que sea tan útil, a menudo es una tecnología que crea problemas. Aquí si yo tuviera que ahorrar, ahorraría sobre ésta, porque está un poco de moda, pero quizá es menos importante que otras. Sin embargo no es que sea todo esto un gran mal, con tal que sea claro que existe una ciencia que no tiene necesidad de un problema y que existe una ciencia que en cambio tiene que resolver un problema. Estas son las dos cosas que debemos perseguir como público, como privado, como ciudadanos, como Estado, formando también la clase de los jóvenes, a partir de los muchachos, que pregunta también por qué y que tiene un poco de consciencia.

La cultura científica, tecnológica y más, va metabolizada. Y aquí concluyo con una nota un poco triste. ¿Recuerdan aquel grupo de radical chic, muy nutrido, que hace cinco, seis, siete años decía que la primavera árabe, gracias a internet, había transformado las zonas sufridas del planeta en un oasis? He aquí vayan a ver qué hay ahora. Lejos de mí decir que los dictadores que había antes fueran mejor; sin embargo yo tengo tres hijos, si yo a mi hijo de seis años le hago ver una bonita película de uno que guía un avión en internet, y le digo: He aquí, éste es el avión, ahora despega; probablemente no le ha bastado ver la película en internet, para aprender a guiar el avión. Esto para decir que los grandes escenarios sociales, demográficos, que tienen que ver con la organización de sistemas complejos como la sociedad, no se pueden ver en internet imitando modelos y esperando que luego estos vengan transferidos sic et simpliciter. La cultura de un pueblo va madurada: hacemos trece años de escuela para llegar a estudiar la segunda guerra mundial.

Se necesitará más o menos lo mismo para que un pueblo entienda cuánto es difícil gestionar una democracia. Esta es una gran responsabilidad de la tecnología, ha sido un gran error de este tipo de tecnología. Como yo he sido, en 1991, el autor del primer trabajo que demostraba un transistor bajo cincuenta nanómetros, quizá he sido también uno de aquellos que ha dado el “la” a ciertas tecnologías. Un poco de responsabilidad me la tomo también yo. Aquel tipo de tecnología ha abierto las puertas a algo bellísimo pero potencialmente dañado; y así como la consciencia no se enseña, hace falta un pueblo, una cultura di civilización, por la cual se debe tratar, desde cuando los muchachos son pequeños, de hacerlos entender que lo que es bello, puede también ser muy peligroso.

ANDREA SIMONCINI:
Agradezco de verdad también a Roberto Cingolani, por la eficacia con la cual ha completado este gran panorama que esta tarde está emergiendo. Ahora, sólo parcialmente cambiando el tono, pido que intervenga Máximo Ibarra, que es Administrador de Wind Spa.

MAXIMO IBARRA:
Buenas tardes a todos! Quisiera partir con un pequeño video, para el cual robaré dos minutos a mi presentación con un video que habla de tecnología pero sobre todo de personas.

Diría que de tecnología podríamos también hablar días enteros. Yo partiría con decir que la tecnología, o los varios campos de la tecnología, están viviendo un desarrollo exponencial, y es exponencial porque el costo de la tecnología hoy está indiscutiblemente y enormemente más bajo respecto a aquello que podía verificarse hace cinco años. Baste imaginar también el costo de una impresora 3D, antes que la capacidad de almacenamiento de datos de un Smartphone. La otra característica de esta tecnología es que confluye, por tanto cada rama ya no procede a lo largo de un binario único, aumentando ulteriormente la capacidad de expansión y de desarrollo. ¿Qué tipo de mundo nos encontraremos delante? Si pensamos en la medicina, todos podríamos hacer también un tipo de auto-diagnosis: con el smartphone – podríamos tomar una foto de un lunar y mandarla a un médico que está en cualquier otra parte. No que esto sustituya la capacidad de un médico de poder hacer una diagnosis, para que sepamos perfectamente que la realidad no es sólo una realidad aséptica, científica, sino mucho depende también de la persona y de su personalidad, carácter, emociones que obviamente cambian a menudo la diagnosis. En el campo de la robótica: las robo-cars, el hecho que incluso un auto pueda venir a recogerte cuando quieras ir al cine sin que tú tengas que estacionar. Esto seguramente es el sueño de todos. Las aplicaciones son obviamente gigantescas.

De vez en cuando me gustaría ser un científico para poder trabajar en ello. No soy un científico, me apasiona la tecnología, sin embargo es claro que busco entender los impactos de esta tecnología en las empresas. Y los riesgos: recientemente en los Estados Unidos han hecho un estudio por el cual imaginan que este crecimiento exponencial de la tecnología pueda portar, de improviso en los próximos años, un número significativo de unemployment adicional; incluso se habla, no recuerdo si en los próximos diez o en los próximos veinte años, de dos millones de desocupados más. Esta es una amenaza importante, sin embargo, como decíamos antes, faltan data scientist, faltan personas que sepan gestionar esta tecnología y por tanto esta mayor desocupación durará sólo por un tiempo limitado.

Se hablaba antes del smartphone, hoy lo utilizamos verdaderamente para hacer muy pocas cosas, mañana podremos pedir a nuestro smartphone verdaderamente de todo, y este smartphone podrá darnos respuestas. Las oportunidades son gigantescas. Sin embargo, para poder gestionar este escenario radicalmente diverso, tenemos que partir de la formación de los niños que tendrá que ser mucho más holística respecto a aquella de hoy. ¿Qué quiero decir con holístico? Quiero decir que no basta aprender de los skill, porque no es posible no conocer cuáles son las infinitas perspectivas del big data, no será posible imaginar a un niño, un chico, un adolescente, una persona que frecuenta un colegio, que no sepa manejar los instrumentos del social digital. Esto seguramente hará parte del bagaje de cualquier trayecto o proceso formativo.

Holístico significa no sólo desarrollar la capacidad intelectual y los skills, sino también las capacidades naturales del hombre, la posibilidad de poder tener un mayor cociente no sólo intelectual, sino también emocional, la famosa inteligencia emotiva, la inteligencia social, aquella que pone a las personas en contacto, las une con las otras, aquella que luego al final estimula la creatividad, la curiosidad. Si piensan en cómo están hechas hoy las escuelas, cómo están hechos los jardines de la infancia, cómo están hechas las universidades, entienden inmediatamente que están todas a enseñar nociones de memoria. Se reciben informaciones, se aprenden estas informaciones, pero no se crean algoritmos para ponerlos en relación, es como si el ser humano de hecho no fuera capaz de construir por sí mismo algoritmos que les permitan ser una persona mucho más completa.

Creo que en la formación tendremos que hacer todos una inversión gigantesca. Nos damos cuenta al interno de la empresa, porque como empresa de telecomunicaciones, nosotros al final damos tecnología y la ponemos a disposición de tantas personas, de millones de personas. También nosotros tenemos dificultades para entender qué cosa puedan hacer nuestros clientes con esta tecnología. Hemos entendido que sustancialmente para vivir una gran jornada y para hacer grandes cosas no basta sólo la tecnología. Sin embargo seguramente la tecnología es importante y central. También nosotros estamos alguna vez un poco fuera de lugar por el hecho que el contexto económico cambia, por el hecho que no conocemos a nuestros competidores. Si yo pienso en mi empresa, si pienso en todas las empresas de cualquier sector, al modo en el cual tenemos que afrontar el futuro, está claro que tendremos necesidad de personas diversas.

A estas personas hace falta formarlas desde pequeñas con una formación mucho más sofisticadas respecto a aquella de hoy, no sólo tecnológica, muy humana. Y cuando hablo de humanidad, y con esto concluyo, creo que tenemos que hacer todos un esfuerzo gigantesco al tratar de llevar a nuestros chicos, nuestros niños, a tener una visión ética, radicalmente diversa de aquella de hoy. La tecnología puede tomar una dirección u otra en la medida en la cual la ética se vuelva el epicentro de un trayecto formativo. Recientemente he leído un libro sobre el concepto de meaningfullness: cada uno de nosotros hace un trabajo, cada uno de nosotros tiene una actividad, para recibir a cambio un sueldo. Prueben a imaginar en cambio un ser humano que desarrolla una tarea pensando en aquello que puede ser una ventaja para la sociedad que está en torno a él. Este es el concepto de meaningfullness, un nuevo concepto de ética, que tiene seguramente que ser central en cualquier trayecto formativo, porque es aquello que permite crear en la sociedad mejores personas, capaces de gestionar la tecnología en un escenario absolutamente positivo. Mil gracias.

ANDREA SIMONCINI:
Gracias, la palabra ahora al profesor Pammolli, al cual pedimos un punto de síntesis.

FABIO PAMMOLLI:
Pienso que haya un punto, que ha tocado Roberto Cingolan de modo muy lúcido, que revela un aspecto del dualismo que estamos analizando. Yo estoy acostumbrado, como experiencia personal, desde cuando partí con una maleta de cartón para ir a los Estados Unidos, a Boston, al MIT, a considerar positiva la investigación tecnológica, como fuente de descubrimiento, de crecimiento del individuo, de oportunidad, de libertad. Hay todo un aspecto, también existencial, que me lleva a dar una acepción, una connotación positiva. Sin embargo hay aspectos que tenemos que enfrentar.

Cuando Aristóteles dice que la mula, el caballo, el hombre viven mucho porque no tienen hiel, plantea un problema, conocido como inducción, que procede por enumeración, donde la instancia es aquella de alcanzar una ley universal, una generalización, partiendo de una lista de lo que se descubre en la experiencia. Provocadoramente se me ocurre decir que es éste el problema, que luego Hume reformula, después que Bacone había introducido el nuevo método, como uno de los límites insuperables de la inducción, como la imposibilidad de pasar a lo universal partiendo de la enumeración de lo particular. Y bien este problema no está lógicamente resuelto por los big data, por el análisis. El problema de lo que observamos con nuestras representaciones, con nuestra teoría, con los lentes con los cuales miramos la realidad, no es un problema que se supera sólo aumentando la capacidad de complejidad. Queda la tensión entre Aristóteles y Hume. Queda el punto de entender qué inferencias son posibles. Cuando hablamos de frontera de evolución del hardware, estamos sin embargo hablando de una frontera de evolución del hardware artificial, que no ha logrado copiar aquello que la evolución natural ha constituido en aquel objeto, en aquel conjunto de neuronas que constituyen nuestro hardware. También aquí una reflexión. Yo quedo no aniquilado, sino extremamente humilde, porque pienso que la solución de las relaciones entre nivel lógico de las computaciones, nivel lógico de nuestro pensamiento y el nivel físico del hardware en el cual se desarrollan estas computaciones, quede lejos de ser resuelto. A menos que nosotros en esta sede queramos aceptar por definición que somos cadenas de secuencias binarias.

La consecuencia natural sería, en efecto, aquella, con todo aquello que sigue en términos de relevancia de la dimensión trascendente, en términos de qué hay más allá de la decisión racional, porque cada decisión racional es siempre reconducible a una máquina del Turing. Son problemas que de un lado nos dicen cuánto estamos yendo adelante en la exploración de los fundamentos de la materia, de la computación, de las inferencias que somos capaces de hacer en las grandes estructuras de datos; del otro lado son problemas que no hemos aún resuelto. Estos nos acompañarán por toda la evolución de nuestra especie. Desde un punto de vista individual y de la sociedad, las palabras contenidas sea en la Charitas in Veritate, sea en el Laudato si’, palabras de amplio reconocimiento, también donde se relevan dimensiones críticas, del nexo entre investigación científica y tecnológica y libertad, responsabilidad y esencia de la naturaleza humana, pienso que sean de naturaleza fundamental. Si no perdemos el sentido de la humildad y de una exploración continua, que Paul Ricoeur habría traducido en términos de hermenéutica del texto de la vida, la duda, el conflicto de las posibles contradicciones, el hecho que podamos tener hipótesis científicas todas aparentemente fundadas por cuanto diversas, me llevan a decir dos cosas.

La primera es que estamos, cuando hablamos de tecnología, en una intersección entre individuo, sociedad, instituciones y comunidad que lleva a hablar de un objeto más complejo. Debemos reflexionar sobre el hecho que cuando hablamos de sofismos, cuando hablamos de relativismo práctico – aquí cito la Evangelii Gaudium - cuando hablamos de reducción y parcialización de saberes, cuando hablamos también de reducción de la empresa científica y tecnológica a un cálculo de conveniencia de breve periodo, que todo fragmenta y todo reduce a un beneficio inmediato, estamos reflexionando en el hecho que debemos buscar una conexión entre algunas grandes directivas de desarrollo de nuestra sociedad y las trayectorias de investigación. Tenemos que encontrar un proceso y un fundamento, una legitimación del trabajo de investigación. ¿Sobre qué bases?

No pienso que el problema sea la ciencia o la tecnología, no pienso que los fundamentos de este relativismo práctico sean intrínsecamente una propiedad de la ciencia y de la tecnología, pienso que sean una propiedad de lo que postulamos o hipotizamos o queremos ver en las instituciones que gobiernan la ciencia y la tecnología. Si hipotizamos que la ciencia y la tecnología puedan ser resueltas en el dualismo entre estado y mercado, estamos reportando en la lectura de la ciencia y de la tecnología nuestra incapacidad de leer la riqueza del tejido social, la identidad, el valor, de responsabilidad, de comunidad que en cambio vamos a postular cuando hablamos de trabajo.

Toda nuestra reflexión sobre la subsidiariedad, sobre la importancia que el individuo haya centrado en una comunidad que sea al mismo tiempo una comunidad de científicos y de técnicos, que sepa afirmar un principio de investigación consciente y responsable, pero que sea también un individuo centrado en la propia familia, en la propia sociedad, en la propia escala de valores, esto hace que haya un espacio para pensar que no todo sea una máquina de Turing reducible a una secuencia. Además, cuando hablamos de una desigualdad introducida por la tecnología y por la ciencia, no estamos hablando de una desigualdad introducida por la tecnología y por la ciencia. Por definición la exploración, el descubrimiento son una identidad local definida en modo limitado. Cuando hay un descubrimiento, cuando el explorador llega y descubre algo, está él. Ahora pueden haber muchos exploradores que lleguen con más o menos la misma velocidad a una misma verdad o a una misma hipótesis. Pero la tecnología, la ciencia genera intrínsecamente asimetrías.

No conocemos el crecimiento económico sin la generación, de asimetrías. El problema es luego encontrar mecanismos de redistribución que a través de la meritocracia, a través de la responsabilidad, pero también a través del compartir, lleven a una reabsorción de esta asimetría. No es un mal de la tecnología, es un mal del hecho que las instituciones que gobiernan, por ejemplo, el sistema de welfare a nivel global, no son capaces de dirigir la investigación, o no lo hacen, hacia las grandes directivas de desarrollo de los países.

Monica Maggioni antes ha recordado un pasaje en el cual papa Benedicto XVI reclama la importancia de las buenas estructuras. Pienso también yo que las buenas estructuras ayuden. Las buenas estructuras en nuestro País, en el campo de la ciencia y de la tecnología, tienen que lograr hacer más participado y más compartido el proceso de responsabilidad de los individuos y de los científicos. El IIT de Roberto Cingolan rompe exactamente un modelo lineal, ésta es libre interpretación mía, que disocia investigación fundamental de investigación aplicada, rompe la mitología de que la investigación fundamental va de una parte y que luego sea el problema de la transferencia tecnológica. Nosotros en cambio tenemos, desgraciadamente, un sistema de entes de investigación y de universidad que se meten plenamente en un modelo lineal, en un modelo en el cual los docentes ya no saben hacer los docentes, porque han perdido la referencia, ya no tienen una referencia externa, tienen una semántica sin referencia y de los entes de investigación que, en nombre de la investigación aplicada, no hacen investigación. Creo que desde este punto de vista se deba hacer una reflexión donde las buenas estructuras vengan llamadas al servicio de una reorganización de nuestro sistema y creo que haya mucho que aprender de aquello que el IIT ha portado a nuestro País.

Último punto, don Giussani, el valor de experiencia: creo que en cambio de hablar en abstracto de biotecnología y de categorías, que luego son muy poco, tenemos que pensar en la experiencia y en lo vivido por aquellos investigadores que encuentran posibilidades de exploración y de crecimiento en el momento en que hacen el biotecnólogo y el biólogo moleculares. Es ahí donde tenemos que buscar de construir un trayecto educativo con un espíritu de responsabilidad, donde la libertad responsable no es vivida como un vínculo a la libertad, sino es un principio ordenador, una estrella polar que tiene que guiar nuestra vida como hombres. Gracias.

ANDREA SIMONCINI:
Gracias de verdad a Fabio Pammolli que ha hecho una reflexión extremamente lucida, como siempre, pero también con puntos de novedad que valdría mucho la pena desarrollar. Yo resalto solo un punto. Todos han dicho que es grandiosa la posibilidad que nos encontramos delante, que es inédita, que es como una nueva invención de la imprenta. Pero toda la investigación y la tecnología no podrán resolver la cuestión fundamental que es el sujeto, el sujeto que se encuentra usando esta tecnología, el sujeto que viene potenciado por esta tecnología, pero que no puede ser sustituido por esta tecnología. No podemos satanizar ciencia y técnica, ha dicho Pammolli, porque son parte del alma del hombre, pero quizá aquello que a menudo satanizamos, y con razón, es una cierta imagen, una cierta construcción que de ella se hizo. Por tanto hay una encrucijada y al centro de esta encrucijada está la persona. Me permito sólo hacer una observación extrayéndola de mi competencia específica.

Hay un atajo en todo esto que son las reglas. Aumentando o precisando el sistema de reglas pensamos poder llegar a resolver estos problemas. Pienso que sea un atajo, porque puede sólo alejar la cuestión. Hay en cambio un problema de educación de la persona. El Papa habla de una “ecología integral”, entendiendo propio esto: es de un sistema de relaciones de las cuales tenemos necesidad, nada podrá sustituirlo. Una relación que despierte aquel deseo, aquella envidia de lo bello y de lo nuevo que es el factor que nos ha traído hasta aquí, que nos ha llevado hasta arribar a estas conquistas.

-
Unless otherwise stated, the content of this page is licensed under Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 License