Tierra Santa
autor: Pierbattista Pizzaballa
Custodio de Tierra Santa
Roberto Fontolan
Responsable del Centro Internacional de Comunión y Liberación
Giancarlo Cesana (moderador)
Docente de Medicina del Trabajo en la Università degli Studi de Milán, Bicocca
fecha: 2007-08-21
fuente: Terra Santa
acontecimiento: Meeting per l’amicizia tra i popoli: "La verità è il destino per il quale siamo stati fatti", Rimini, Italia
(Meeting para la amistad entre los pueblos: "La verdad es el destino para el que estamos hechos")
traducción: Carolina Velez

MODERADOR:
Empezamos este encuentro sobre Tierra Santa el cual, como saben los que viven en el movimiento de CL, es muy importante para nosotros – le decía antes al padre Pizzaballa - no por razones arqueológicas. Luego me corregí: no sólo por razones arqueológicas, porque en todo caso la arqueología también es fundamental porque la fe cristiana es la adhesión a un acontecimiento histórico, es la adhesión a un hecho, no es la adhesión a una idea, y por lo tanto la custodia de la historia es fundamental. Ésta es la primera razón. La segunda razón: me viene a la mente que hace unos cuantos años nosotros los de CL usábamos una insignia que era un círculo con una cruz y un punto, el punto indicaba a Jerusalén como centro del mundo. Tengo la leve impresión de que Jerusalén - más allá de las bolsas de valores, más allá de los lugares del desarrollo de la economía mundial, de la moda, de la cultura, etc. – esté aún en el centro del mundo como lugar de contradicción, como si allí el Misterio hubiera tomado el mundo y de algún modo los provocara a todos a enfrentarse con Él. Hacemos el encuentro con el padre Pierbattista Pizzaballa que es el Custodio de Tierra Santa, está entre los más jóvenes en ser elegido para este cargo, sabe bien el hebreo, está desde los años 90 en Jerusalén y será entrevistado por Roberto Fontolan, periodista y director de nuestro Centro internacional.

ROBERTO FONTOLAN:
Desde hace tres años, desde 2004, el padre Pizzaballa guía la Custodia de Tierra Santa. Como dijo Giancarlo, ha sido el custodio más joven que se ha elegido porque tenía treinta y ocho años. Quizás también es un indicio del hecho de que se requiere de una cierta energía para cargar con una responsabilidad tan grande, que comprende unos trescientos frailes franciscanos en ocho Países. Podemos decir - si bien las distinciones son muy complejas -, ocho realidades diferentes del Medio Oriente. Sobre esto quisiera pedirle enseguida, Padre, una breve descripción de la Custodia: ocho siglos de historia desde los tiempos de San Francisco y de esta realidad que es tan difusa, pero que además no es tan conocida.

PIERBATTISTA PIZZABALLA:
Como ya lo dijeron, los franciscanos están presentes en Tierra Santa desde hace ochocientos años y se suele hacer remontar nuestra presencia hasta los tiempos de San Francisco. No sabemos si San Francisco estuvo en Jerusalén, quizás no, pero seguramente estuvo en Tierra Santa. Es conocido su encuentro con el sultán del tiempo, que dominaba aquellas tierras y también Tierra Santa, durante las cruzadas. Desde entonces los frailes se quedaron allí con la misma actitud de San Francisco, una actitud siempre marcada por mucha mansedumbre y diálogo para con todos. Terminado el período de las cruzadas, los únicos católicos que pudieron quedarse en Tierra Santa fueron los franciscanos, que poco a poco lograron reorganizarse. En 1342 el papa Clemente VI, con la bula “Gratias agimus tibi”, dio formal y oficialmente a los franciscanos la tarea de custodiar los lugares santos. De aquí el nombre de Custodia de los lugares santos: la tarea consistía entonces en recuperar los lugares santos que se convirtieron todos en propiedades islámicas, recuperarlos en nombre de la Iglesia y para la Iglesia, luego custodiarlos. Y con esto obviamente, también custodiar y reorganizar un poco, dentro de lo posible, la presencia católica en todo el Medio Oriente y en particular en Tierra Santa y Siria. Hasta hoy esta bula que aún está en vigor, nos dice qué debemos hacer, quiénes somos y cuál es el sentido de nuestra presencia en Tierra Santa. Gran parte de los lugares santos - quien de ustedes ha estado en Tierra Santa lo ha visto - fueron recuperados y cuidados por los franciscanos de Tierra Santa y alrededor de los lugares santos fueron instituidas muchas actividades a lo largo de los siglos - escuelas, comunidades eclesiales, parroquias -, de carácter social y pastoral que permiten mantener unido, sano y sólido un principio que para nosotros es fundamental: la unidad de las piedras de la memoria de aquellos lugares que son fundamentales para nuestra fe, y las piedras vivas, las comunidades eclesiales que junto a nosotros deben custodiar aquellos lugares y hacerlos vivos, no solamente los lugares de un recuerdo sino los lugares donde aquel recuerdo hace presencia viva cada día. Esto hasta hoy.

ROBERTO FONTOLAN:
A esto volveremos más tarde. Mientras tanto quería preguntarle lo siguiente: en su biografía impacta el hecho de su acción pastoral en el mundo de expresión judía, podemos decirlo así porque luego, cuando hablamos de estas cosas la terminología siempre es muy compleja. Cuando nos vimos ayer, el padre Pizzaballa me corregía continuamente y con razón. ¿Puede contarnos esta acción pastoral en el mundo de expresión judía, en Jerusalén?

PIERBATTISTA PIZZABALLA:
Jerusalén es un lugar donde se encuentra de todo, están un poco presentes todas las realidades religiosas. Creo que si hay una realidad que habla de fe y de fes, de religiones, es precisamente Tierra Santa y en particular Jerusalén. Además de los católicos cristianos “tradicionales” de origen árabe-palestino, hay un 1% de católicos que vienen de Israel, no solamente del Israel político, sino de Israel como pueblo, judíos en todos los aspectos que en circunstancias particulares, cada uno con su historia personal, encontraron a Cristo, encontraron a Jesús y entendieron que sólo pueden vivir este nuevo descubrimiento con la Iglesia, dentro de la Iglesia y en comunión con la Iglesia. Por lo cual, muy a su pesar, la Iglesia local tuvo que instituir en el año 55 una obra, que se llama Obra de San Giacomo, que tiene la tarea de cuidar y custodiar las pequeñas comunidades católicas de expresión judía. Por lo tanto son comunidades parroquiales en todos los aspectos, en donde se reza, se habla, todo se hace en hebreo, por lo tanto hubo que retraducir y traer de nuevo la liturgia en hebreo. Son comunidades que tienen una doble vocación, muy difícil - un unicum - y seguramente muy atormentada: por un lado, hacer conocer a la Iglesia la importancia de las raíces judías. La Iglesia debe tener dos pulmones: la Iglesia de los gentiles, de las gentes y la Iglesia de la circuncisión. Jesús le habló ante todo a los suyos, a los Judíos. Por lo tanto la Iglesia debe tener esta doble sensibilidad por un lado, y por el otro debe hacer conocer a Israel el rostro de la Iglesia, que no es un rostro hostil, como desafortunadamente fue por muchos siglos.

ROBERTO FONTOLAN:
Aquella alusión que hizo, “que muy a su pesar tuvo que instituir”, me daba curiosidad en el sentido de que era como una alusión a las grandes divisiones que hay en las iglesias cristianas.

PIERBATTISTA PIZZABALLA:
Cuando uno va a Jerusalén, la primera cosa que ve son las divisiones: ve a judíos, cristianos, musulmanes, ve a cristianos católicos, ortodoxos, armenios y coptos. Luego, si va donde los católicos, hay otras divisiones: católicos latinos, maronitas, melquitas… La primera impresión que uno tiene cuando va a Tierra Santa, a Jerusalén en particular, son las divisiones. Seguramente la impresión tiene un fondo de verdad, porque las divisiones existen, desaforadamente, existen, pero no es toda la verdad, también se comparte mucho. Jerusalén es la única realidad en el mundo - no debemos olvidarlo - en donde todos vivimos juntos. Piensen en las iglesias cristianas: todas las iglesias cristianas viven juntas, realmente juntas, no una junto a la otra, bajo el mismo techo; en el Santo Sepulcro católicos, franciscanos, ortodoxos, armenios, coptos, etc., viven bajo el mismo techo, en un condominio.

ROBERTO FONTOLAN:
¿Y las asambleas de condominio son bastante tumultuosas?

PIERBATTISTA PIZZABALLA:
A veces las asambleas de condominio son vivaces, a veces se llega incluso a las manos, como sucede en todos los condominios. Quiero decir que también en el mejor condominio se nos escapa una disputa. Creo que ésta es una buena imagen para hacer entender cuáles deben ser las relaciones entre nosotros. El episodio de violencia no debe ser la llave de lectura de nuestras relaciones, vivimos juntos en aquel lugar desde hace siglos, y en sí esto es positivo, no hay otra realidad en el mundo. Y claramente nuestros discursos, nuestras asambleas de condominio, no son sobre la infalibilidad del Papa: discutimos por cosas más banales, más vulgares, por ejemplo la instalación eléctrica, los itinerarios de las procesiones, quién pasa antes, quién pasa después. Cosas banales, si quiere, pero son las más difíciles. Si no estamos de acuerdo con el monofisismo o con la infalibilidad del Papa, no pasa nada, cada uno hace su vida; pero sobre la instalación eléctrica, si no estamos de acuerdo quedamos a oscuras. Por lo cual, esta realidad que ahora banalizo un poco, pero luego no tanto, esta realidad del Santo Sepulcro de Jerusalén también te enseña mucha humildad. Todos debemos dar un paso atrás y ser obligados por la realidad de las circunstancias a reconocernos, a aceptarnos unos a otros para solucionar los problemas que nos vuelven, también, hermanos comunes.

ROBERTO FONTOLAN:
Imagino que en esta vida de proximidad, todas estas realidades, todos estos componentes, todos estos matices, sean también el testimonio de una gran aspiración a la unidad que llama a todos los cristianos. ¿Cómo se vive esta doble dimensión, una discusión continua sobre la instalación eléctrica y, pero, la convocación a la unidad bajo este gran cielo de Jerusalén?

PIERBATTISTA PIZZABALLA:
Se vive de manera diferente: tenemos la misma fe, tenemos al mismo Jesús, la misma verdad, pero culturalmente somos muy diferentes y por lo tanto tenemos enfoques que son muy diferentes. Lo que para mí, católico latino, es sucio, para él está bien. Mi concepción del tiempo no es la suya, mi liturgia conmovedora, para él es puro teatro y viceversa. Por lo cual somos muy diferentes y también tenemos un aproximación al concepto de unidad, de relación entre las iglesias, que es muy diferente. El diálogo no está hecho solamente de diálogo, también hay silencios: hay que respetar los tiempos de los demás. Los católicos hicimos nuestro camino, alcanzamos nuestras etapas, hace cincuenta años los llamábamos cismáticos, hoy los llamamos hermanos separados. Pero no todas las iglesias hicieron el mismo camino. El diálogo ecuménico te dice que también debes respetar sus tiempos, debes quererlo por lo que es, no pretender que él use tu lenguaje, no pretender que él sea necesariamente como tú. En Jerusalén esto se vive cotidianamente, y en las pequeñas cosas de todos los días, que luego son importantes.

ROBERTO FONTOLAN:
Desde hace tiempo se ve con gran preocupación la situación de los cristianos en el mundo en su mayoría musulmana. Además de los fenómenos de real y verdadera persecución, pensando en Irak, en los episodios que ocurrieron en Turquía, existe la percepción de una realidad debilitada, quizás desmoralizada, a lo mejor nos lo dirá usted. Hace medio siglo los árabes cristianos en Tierra Santa representaban el 10% de la población; hoy son el 2% - es lo que yo pensaba pero usted en la rueda de prensa dijo que tal vez menos -. Si nos diera algún número sobre esto, seguramente sería interesante. Retomando la rueda de prensa de antes, hasta en ciudades como Belén, el apelativo cristiano se aplica hoy con cierta dificultad. ¿Qué sucede, qué le sucederá al cristianismo del Medio Oriente, desaparecerá?

PIERBATTISTA PIZZABALLA:
Es una pregunta que seguramente nos hacemos todos. Puedo hablar por la experiencia en Tierra Santa, aunque sé que tanto en Líbano como sobre todo en Irak y en otro lugar, los problemas son mucho más grandes. En Tierra Santa los cristianos son pocos: no podemos tener las cifras exactas, es muy difícil porque las estadísticas también están sujetas al fenómeno político y siempre hay una tendencia a aumentar a los propios y disminuir a los demás. Los cristianos, no sólo los católicos, todos los cristianos juntos, no son más de ciento sesenta y cinco mil, quizás ciento setenta y cinco mil cristianos, pero no más. Un poco más del 1%…

ROBERTO FONTOLAN:
…al interior del estado de Israel, es decir dentro de los confines del año 48 o de toda el área…

PIERBATTISTA PIZZABALLA:
Cuando hablamos de Tierra Santa entendemos Israel y la que hoy es la autonomía palestina, todo, para nosotros todo es Tierra Santa, Belén es Tierra Santa, no podemos excluirla. Este porcentaje se refiere a todo. El 60% vive en Israel, en el Israel político, el 40% en los territorios de autonomía palestina. El problema es muy serio: es cierto que hace medio siglo eran el 10%, pero hay varios fenómenos; la población aumentó mucho mientras que a menudo los cristianos fueron el mismo número, se mantuvieron estables. Entonces los porcentajes disminuyen. Éste es el fenómeno que ocurre por ejemplo en Israel. En Israel el número de cristianos no disminuye en sentido absoluto, disminuye en porcentaje, porque los musulmanes tienen muchos más hijos como aumento demográfico y también el mundo hebreo tiene un aumento demográfico mayor, por lo tanto los porcentajes cambian. En cambio el problema es muy dramático y serio dentro de las autonomías palestinas: allí los números también disminuyen en términos absolutos. En el año 67 Belén tenía la mayoría absoluta de cristianos, hoy son un poco menos del 10%. Éste es uno de los problemas serios. Por lo cual, nosotros también nos preguntamos qué será de la presencia cristiana en Tierra Santa. Sigo siendo optimista, creo que los cristianos no desaparecerán nunca por completo, pero se convertirán en una presencia cada vez menos significativa desde el punto de vista de la incisividad dentro de la vida del territorio.

ROBERTO FONTOLAN:
Es decir que se convertirán en una presencia cada vez menos significativa…

PIERBATTISTA PIZZABALLA:
Sí, el 1% políticamente no quiere decir nada, no cuentas, la política y la realidad pública tienden a ignorarte. Y por lo tanto necesitaremos hacer más alboroto, hacernos sentir, necesitaremos la unión con la comunidad internacional, para que la realidad cristiana de Tierra Santa sea tenida en cuenta. Éste será uno de los problemas principales, pero repito, el problema de la presencia cristiana es un problema dramático. Además también hace falta añadir que muchos se van por falta de perspectivas políticas o económicas (la situación política también paraliza las perspectivas económicas, etc.). Aquellos que se van son la franja media de la población: los profesores, los abogados, los médicos, etc. Éste es un doble empobrecimiento de la presencia cristiana, que no sólo queda disminuida como numero, sino que también puede ser menos propositiva.

ROBERTO FONTOLAN:
En efecto usted mismo decía que existe este fenómeno de migración junto al problema demográfico. En estos años, en América latina, en Australia, en los Estados Unidos, luego de los emigrados cristianos, no sólo de Tierra Santa sino también de otras partes del Medio Oriente, se multiplicaron por ejemplo, las diócesis de las iglesias orientales. Es un fenómeno particular.

PIERBATTISTA PIZZABALLA:
Sí, hay más cristianos de Belén en Chile que en Belén.

ROBERTO FONTOLAN:
Para nosotros la pregunta es ésta: ¿podemos juzgar a quien busca otra posibilidad de vida? ¿Por qué quedarse cuando el reto de la vida cotidiana parece o es tan difícil, cuando se está rodeado de una realidad que parece ser hostil o que se siente tan hostil? ¿Qué les cuentan a sus jóvenes, a las familias, a quien dice: “me quiero ir”?

PIERBATTISTA PIZZABALLA:
La pregunta es legítima, en el sentido de que los que se van no son sólo los cristianos: también se van muchos musulmanes, muchos israelíes judíos. El fenómeno de la emigración no se limita sólo a la presencia cristiana, porque todos sufren el conflicto y la situación política. Digamos que para los cristianos el problema es más agudo porque los números son los que son. ¿Qué decimos nosotros? Ante todo, es cierto que, es más fácil para un cristiano, al ir al exterior: económicamente tiene mayores perspectivas, no tiene que demostrarle a nadie que es cristiano, no tiene que pedirle permiso a nadie para vivir en calidad de cristiano. Si vas a Europa, en el mundo occidental, en pocas palabras, el domingo están en casa. El domingo descansas, y a fin de cuentas es normal, culturalmente todos son - sea lo que sea lo que se diga de ello - de la misma cepa. Lo que nosotros decimos es ante todo que es importante estar en Tierra Santa. Ante todo es importante para nosotros, para nosotros los frailes, para nosotros los religiosos, para cualquiera: todos nacimos allí, no lo olvidemos, todos nacimos allí, nuestra fe nació allí en Tierra Santa, también lo dice el salmo, todos nacieron allá, nosotros nacimos allí. Si hoy somos lo que somos, es porque allí sucedió lo que sucedió. Allí se reveló Dios, allí ocurrió la revelación, un hecho histórico, concreto. Por eso, también es importante para nosotros estar allí, sobre aquellas piedras que testimonian un hecho ocurrido realmente. No es un principio, no es filosofía, no es teología: es también esto, pero después. Ante todo es Jesús que se hizo carne allí y vivir hic, aquí, es fundamental. Quiere decir mantenerse unidos a la propia raíz, al propio padre, a la propia madre, en fin a los propios padres. Fundamental, imprescindible. Y esto vale para mí fraile, que vengo de la baja Bergamasca, pero también vale para quien nace en Belén, en Jerusalén. Estar allí es importante, simplemente. No tenemos que estar allí para solucionar los problemas, para cambiar el mundo, para hacer la paz: si se logra, bienvenido sea, por amor de Dios. Pero lo primero es estar allí en nombre de la Iglesia, con toda la Iglesia, para toda la Iglesia: allí, en la vida, en el corazón del mundo. Y seguramente esto es difícil, no es para todos, pero estoy convencido de que el Señor - porque éste es un llamado - no puede olvidar, no puede evitar seguir llamando a las personas que tenemos esta vocación: estar allí y testificar aquella Presencia con la "P" mayúscula.

ROBERTO FONTOLAN:
¿Entonces, vivir como minoría en una realidad en su mayoría musulmana, en el contexto histórico de hoy, es posible? ¿Aún es posible?

PIERBATTISTA PIZZABALLA:
Claro que es posible. Desde hace siglos los cristianos viven en su mayoría en un contexto musulmán, en donde son minoría en todos los aspectos. También hubo siglos en los que había fuertes discriminaciones: los cristianos en calidad de cristianos no tenían acceso a los cargos públicos, ni tampoco a los derechos esenciales, a la propiedad, etc. Por lo cual el problema de la convivencia no es un problema de hoy, es un problema que existe desde siempre para las minorías en Medio Oriente, en Europa. Pero hoy también hay nuevas dificultades, nuevos desafíos: está el fenómeno del terrorismo internacional, el regreso del fundamentalismo, hay muchos fenómenos sociales, muchas dinámicas que seguramente influyen y sobrecargan, hacen difícil y tormentoso el recorrido de cada cristiano en Tierra Santa, pero no imposible. Y en el fondo nuestra pequeñez también es como decir, garantía de mucha libertad. Somos tan pequeños e insignificantes que podemos ser libres de hacer todo, en sentido positivo.

ROBERTO FONTOLAN:
En Israel, Palestina, Tierra Santa: antes decíamos que también darle un nombre que sea bueno para todos a esta región es difícil, quizás, hay que decirlos siempre todos al tiempo. Todo parece un poco paralizado: estoy hablando desde el punto de vista histórico y político de esta época. Usted escribió: “El corazón del mundo está en Tierra Santa, el corazón del mundo late en Jerusalén, aquí convergen todas nuestras aspiraciones y nuestras esperanzas”. Pero si es así - y pienso que lo es, porque además cuando sólo se nombra a Jerusalén todos sienten un poco de escalofrío, una emoción, hay una emoción con el solo hecho de pronunciar el nombre de esta ciudad -, ¿Cómo explicarse un drama tan inextricable? Quizás porque hay demasiadas aspiraciones: ¿no es quizás por qué hay toda esta presión sobre esta pequeña ciudad, sobre este pequeño mundo?

PIERBATTISTA PIZZABALLA:
Ante todo no hay que tener miedo de pronunciar los nombres: Israel se puede pronunciar con mucha libertad, nosotros amamos a Israel y reconocemos a Israel sin ningún problema. Y así mismo tampoco hay que tener miedo de pronunciar el término Palestina. Nosotros como religiosos preferimos el término Tierra Santa, porque lo que es importante para nosotros es el fenómeno, el aspecto religioso. Pero no hay que tener miedo de usar la terminología normal. En primer lugar, la pregunta: es cierto, siempre he dicho que Jerusalén es el lugar donde convergen todas nuestras aspiraciones, nuestras esperanzas. Y la pregunta que todos nos hacemos, todos nosotros, yo en primer lugar, que vivo allí desde hace muchos años, es ¿por qué aquella ciudad, aquella tierra está tan lacerada desde siempre? ¿Tal vez precisamente porque hay muchas presiones? Estoy convencido de que en este sentido, Jerusalén es en verdad un poco, el corazón del mundo, donde convergen, sí, todas nuestras aspiraciones pero también todos nuestros conflictos, todos nuestros miedos. Hago un ejemplo para hacerme entender: si a nosotros y a los ortodoxos nos cuesta hablarnos, no es porque nosotros seamos más malos que ustedes, sino porque las tensiones, las divisiones entre el mundo ortodoxo y el mundo latino, nacieron y confluyeron allí. Y también el deseo de estar allí, en aquel mismo lugar, nosotros y los ortodoxos, expresa la misma esperanza, la misma aspiración, las mismas ganas, la misma pasión de quedarse allí, pegados a aquellas piedras nos recuerda lo mismo, a ellos y a nosotros. Jerusalén es todo esto, es el lugar donde convergen las tensiones del mundo. Las tensiones no nacen allí, llegan, confluyen allí, y también las aspiraciones: creo que esto es un poco inevitable. Hay un vínculo imprescindible entre Jerusalén, el corazón, en fin, y todo el cuerpo, el resto del mundo, que están ligados, son necesarios el uno para el otro.

ROBERTO FONTOLAN:
David Grossman, un escritor israelí, contaba en un libro suyo este episodio: tiempo atrás, una delegación israelí y una Palestina, ambas más bien pacifistas como orientación, participaron en un encuentro en Ginebra, en el cual exponentes católicos y protestantes de Irlanda del Norte explicaban cómo se abrió y luego se volvió irreversible un proceso de pacificación. David Grossman cuenta que los delegados tanto israelíes como palestinos, escuchaban absortos y aturdidos y se preguntaban: “¿No podemos hacerlo también nosotros?”. Y la otra pregunta, en conjunto con esta era: “¿Por qué no logramos hacerlo?”.

PIERBATTISTA PIZZABALLA:
Debo decir ante todo que estos grandes escritores - Amos Oz, Grossman, etc. - son muy queridos en Israel, pero mucho más afuera. A menudo me pregunto cuánta incidencia real tienen dentro de la vida de la sociedad israelí. Yo creo que el ejemplo que Grossman trajo de Irlanda del Norte, es un ejemplo indudablemente adecuado pero que no puede funcionar porque son culturas completamente diferentes. Históricamente la realidad - no hay necesidad de que lo explique - es completamente diferente, las dinámicas son diferentes. En el conflicto entre Israel y Palestina se intersecan diversas religiones - Judaísmo, Cristianismo, Islam - odios atávicos, que son mucho más antiguos, prejuicios, miedos. Luego está la cuestión territorial: todo está mezclado, muy mezclado, es mucho más complejo y no tiene una solución fácil. Ni siquiera sé si existirá la solución. Pero a veces, ante todo, hay que aprender a convivir con ciertos problemas sin resolverlos, sin pretender, sin presunción de resolverlos. En todo caso creo que las dos realidades son totalmente diferentes y precisamente por esto es casi imposible llevar así sic et simpliciter este ejemplo al Medio Oriente.

ROBERTO FONTOLAN:
Quería citar a otro escritor - pero ahora me lo ha recordado -, que es Amos Oz, de hecho, usted lo citó. Escribió que lo absurdo de este conflicto está en el hecho que - y quizás es una paradoja - se combate sin un objetivo real, puesto que la solución existe y todos la conocen, y es la convivencia. Que después esta convivencia tenga que tomar formas institucionales, - dos Estados, la confederación, otros sistemas, etc. - éste debería ser precisamente, el objeto de la política, que más bien parece encomendado al conflicto, a la guerra. Además del hecho de que no sé si sea del todo verdad, aplicable, ¿tal vez usted mismo tiene dudas sobre esta paradoja? También porque el extremismo árabe-musulmán no parece pretender concederle la legitimidad a la existencia de Israel (incluso hoy, en el Corriere della sera, había una cosa en este sentido): pienso que existe un fondo de verdad. ¿En el fondo, no es cierto que la solución, y es evidente, es también aquella de la historia, de la realidad, que es esta convivencia entre todos?

PIERBATTISTA PIZZABALLA:
Le doy otro ejemplo. Dos hermanos pelean, sucede en muchas familias. Son dos hermanos, están marcados por el destino, o por lo que usted quiera, a ser hermanos, a llevarse bien, a construir juntos como hermanos el propio futuro. Pero no logran entenderlo y se pelean por años, años y años, no se hablan, no se saludan, etc. Es más o menos la misma cosa: es evidente que israelíes y palestinos debían encontrar formas de convivencia, pero el modo de lograrlo, la vía… Entonces, ¿qué significa realmente convivencia, qué se entiende por convivencia?, se percibe de manera completamente diferente entre israelíes y palestinos: y éste es el drama que se está viviendo. El muro del que se habla tan a menudo, aún antes que físico, es psicológico, humano, al menos en el sentido de que son dos acercamientos completamente diferentes a la misma realidad y que están muy lejos el uno del otro, también políticamente. E indudablemente esto plantea grandes interrogantes: ¿qué hacer? ¿Cómo hacer? Todos estamos de acuerdo, si se habla de paz todos dicen que queremos la paz, si se habla de tolerancia, todos dicen: "Sí, queremos la tolerancia". ¿Quién dice que no? Luego, cuando hay que poner el contenido en las palabras tolerancia, paz, convivencia, he aquí donde nacen las divisiones.

ROBERTO FONTOLAN:
Continúo con otro escritor que creo que está generando muchas discusiones, que se llama Abraham Burg. Esto testifica justamente la vitalidad de una sociedad israelí, una cultura que debate mucho, que discute continuamente. En cambio nosotros la vivimos como una realidad monolítica, mientras que existe un continuo, casi desesperado cuestionarse sobre las razones de Israel, de la identidad, del futuro, del destino, etc. En todo caso, este otro escritor crea una tesis que está haciendo discutir mucho: que hasta sea necesario borrar la noción de Estado judío (que define como nitroglicerina), y que en cierto sentido, por una de aquellas heterogénesis de los fines, quizás, Israel sigue viéndose en el espejo que Hitler le puso en frente con el holocausto, y que, en lugar de cerrarse a esto, debería abrirse a las iglesias cristianas, a los cristianos. Ésta podría ser una mirada diferente, un desvío con respecto a una realidad que parece tan quieta, tan cerrada, tan paralizada: son tesis además muy duras, naturalmente, y también testifican la vitalidad cultural e intelectual de esta sociedad. Quería introducir este tema de la posible relación con las iglesias, con la Iglesia, con la realidad de los cristianos por parte del mundo israelí.

PIERBATTISTA PIZZABALLA:
Éste es un argumento difícil, complejo. Primero que todo, aquí también Abraham Burg, que además fue el presidente de la Knesset hace muchos años, es indudablemente una personalidad relevante, un gran provocador. Creo que también cuando escribió estas cosas pretendía simplemente (¡simplemente… no es simple!) provocar una gran discusión al interior del Estado de Israel. Confirmo que si hay una sociedad absolutamente vivaz, llena de fermentos, llena de grupos, de discusiones sobre cada cosa, sobre todo, también sobre la propia existencia, es precisamente esa sociedad israelí, mucho más que la Palestina, que es compacta, al menos sobre algunos argumentos. En la sociedad israelí tú puedes encontrar de todo, seguramente además de manera fascinante. Creo que también aquí la tesis de Abraham Burg tiene poca acogida dentro de la sociedad israelí, en el sentido de que Burg provocó, seguramente de manera punzante, pero gran parte de la sociedad - yo no soy israelí, no puedo ser portavoz de la sociedad israelí y tampoco quiero serlo, pero por lo poco que puedo percibir - hoy vive muchos otros problemas: vive con gran drama el problema de la seguridad, también el problema de las perspectivas. Frecuentemente, sobre todo después de la última guerra entre Israel y el Líbano, se fortalece la pregunta sobre la existencia: ¿estamos seguros? No solamente por la cuestión entre Israel y Palestina, sino la Medio oriental, de manera más amplia, por lo cual la mayoría de la población, la mayoría de la sociedad está preocupada por esto. No tiene el tiempo y menos la energía, ni los recursos psicológicos, humanos, para hacerse muchas otras preguntas, sin contar los pequeños grupos tipo Abraham Burg.
La relación entre Israel y la Iglesia: aquí abrimos otro ámbito muy difícil. En pocas palabras, creo que se debe distinguir entre la sociedad israelí e Israel, Israel como pueblo: son dos realidades imprescindibles, necesarias la una para la otra, pero que tienen dos acercamientos diferentes. La sociedad israelí, hebreo-israelí es una sociedad que vive en un contexto culturalmente hebreo, por lo tanto muy libre desde el punto de vista religioso. Hay zonas enteras donde son todos judíos, donde no hay una presencia tradicional cristiana y por lo tanto no han visto nunca a ningún cristiano. Son más libres, necesitan menos defensas para conservar su identidad en su relación con un no judío. Esto crea una situación de gran posibilidad de diálogo, fascinante. Yo, antes de volverme Custodio, pasaba gran parte de mi tiempo yendo a los cuarteles, a las escuelas, en fin, en las realidades israelíes, a hablar del Evangelio, de la historia de la Iglesia, del cristianismo, de Jesús, de manera completamente libre, sin ningún problema. No iba con la regadera para bautizar a nadie, sino sencillamente iba para discutir y dialogar con ellos, leer juntos el Evangelio: esto era y es fascinante. El problema es que la Iglesia, la iglesia local no está lista para Israel, todavía no. El conflicto absorbe gran parte de las energías, incluso las psicológicas. Cuando en la iglesia se reza por Israel, el palestino no piensa en el Israel bíblico o en la sociedad israelí libre, sino en check point (el punto de control): por lo tanto objetivamente, tiene dificultades en este sentido. En todo caso, repito, la iglesia local tiene grandes dificultades para dialogar con Israel. Mientras que en cambio la sociedad israelí busca con gran ansiedad, con gran - no digo desesperación - deseo, el diálogo con la Iglesia y con las iglesias.
Tal vez las instituciones quieren un diálogo interesado, buscan instrumentalizar un poco. Miren, la Iglesia está con nosotros. Pero más allá del elemento institucional, hay muchos movimientos sociales, repito, sobre todo culturales, que buscan casi desesperadamente, la relación con la Iglesia. Hoy en día en la universidad, en la facultad de arte, no puedes estudiar el arte renacentista si no lees el Nuevo Testamento, si no conoces la historia de la Iglesia, la Reforma, la Contrarreforma, o si no, ¿cómo haces para entenderlo? Y buscan con un gran deseo alguien que los introduzca en esta realidad. Un judío que va al Santo Sepulcro quiere entender por qué hay ortodoxos, católicos etc.: no hay nadie que se lo explique. Miren, el diálogo sobre esto es fundamental, sobre esta realidad. Porque aquí no hay conflicto, no hay muro, no hay nada, es más, aquí todo es espacio abierto para el diálogo lo cual puede ser una óptima premisa para luego construir otras formas de diálogo. Aquí, repito, todavía hay mucho camino por recorrer, sobre todo por parte de la Iglesia.

ROBERTO FONTOLAN:
Bueno, luego le pediré que vuelva por un segundo y profundice porque quería cerrar ese capítulo de antes preguntando, después de haber examinado un poco el debate público en acción en la sociedad israelí, qué sucede en cambio en la sociedad árabe, polarizada como tres mundos o tres áreas (como siempre, corríjame, en esto): Gaza, Cisjordania, los árabes israelíes. ¿Hay fenómenos, expresiones de vitalidad? Usted ya dijo antes algo en este sentido. ¿Hay un debate, en este mundo, sobre las perspectivas, sobre el destino, sobre el futuro?

PIERBATTISTA PIZZABALLA:
Diría que sí. Es un mundo culturalmente muy diferente con respecto al israelí, pero no se puede decir que no haya un debate: ya el hecho mismo de que políticamente exista también esta fuerte división política entre Gaza, Cisjordania, etc., indica que no son divisiones nacidas así, de repente: detrás hay un debate, sobre todo un estilo, un planteamiento de vida que es muy diferente, también visiones de la estructura de la sociedad, del futuro de la sociedad que son muy diferentes. No se trata sólo de facciones o de tribus, en efecto son visiones completamente diferentes. Si ustedes iban al Parlamento palestino - al menos cuando se reunía - veían a los parlamentarios de Hamas vestidos de manera clásica. Detrás estaban las esposas todas bien arregladas, como tenía que ser: a lado, tal vez, estaba una saharaui vestida como una dama inglesa moderna. Son concepciones de vida muy diferentes, que naturalmente no pueden no suscitar un debate. Existe, dentro de la sociedad palestina: pero se vive de una manera muy diferente, menos pública, también porque es una cultura todavía bastante hermética. Y además, el conflicto te obliga sobre todo, al menos en el exterior, a mostrarte compacto, si bien recientemente esta unidad ha decaído.

ROBERTO FONTOLAN:
En este contexto - para retomar el hilo de sus consideraciones anteriores - viven los cristianos. Como decía: iglesias antiquísimas, rituales pluriseculares (es suficiente con dar un paseo alrededor y dentro del Santo Sepulcro para darse cuenta de ello, además quería señalar que en el último número de Huellas hay un cuento muy interesante sobre el peregrinaje, de Javier Prades, quería sugerirles la lectura, si aún no la han hecho), y luego la Iglesia universal, la universalidad de la iglesia que es precisamente la Custodia, creo, testigo más allá de todas las localizaciones, de las particularizaciones. A menudo a nosotros, aún en la Vulgata de los medios de comunicación, nos gusta pensar - o quizás sea una imagen que nos hicimos - que los cristianos son un puente entre dos riberas, entre dos orillas. Pero ya adelantó un poco: ¿un puente al cual le hace falta algún ladrillo, quizás, algún fundamento? ¿O no? ¿Es una imagen, una película que nosotros nos hicimos aquí en Occidente?

PIERBATTISTA PIZZABALLA:
Sí, nosotros los occidentales somos un poco presumidos, creemos que el mundo depende de nosotros: quizás es un poco cierto, pero no tanto, (al menos, en Oriente se vive de manera diferente). De todos modos, pienso que todos recordamos la famosa frase del Papa: “¡La Tierra Santa no necesita muros, sino puentes!”. Siempre me he preguntado: “¿Qué significa concretamente? ¿Qué debemos hacer aquí, como cristianos? ¿Cómo debemos ubicarnos, qué significa ser puentes?”. Me lo he preguntado y sigo preguntándomelo. Para que un puente se sostenga en pie, si tiene que unir las dos orillas del río, necesita tener un cimiento de un lado y un cimiento del otro. Por lo cual, si la Iglesia y los cristianos quieren ser puente, deben estar cimentados, inseridos en la vida de los palestinos y en la vida de los israelíes. ¿De lo contrario, cómo hacen para ser puente? No puede, será un puente levadizo que abres cuando quieres, dejas pasar y luego lo cierras: éste ya no es un puente como nosotros lo entendemos. Creo que es muy difícil para la Iglesia en Tierra Santa, pero no imposible, ser puente en este sentido. Hay realidades, pequeñas realidades eclesiales como la comunidad judía y la comunidad palestina, que están inseridas dentro de las dos realidades. Pero de hecho, la Iglesia no está muy inserida dentro de la vida de Israel, por lo que es difícil para ella ser puente. Lo que en cambio la Iglesia tal vez puede hacer hoy, es testimoniar un estilo diferente para vivir dentro de aquella realidad, que demuestre aperturas, no hostilidad hacia nadie, esto sí; pero ser puente de manera realmente concreta, hoy es objetivamente difícil para la Iglesia.

ROBERTO FONTOLAN:
Una opinión difusa aún entre las diplomacias de medio mundo, quizás de todo el mundo, es que si se hace la paz allí, será más fácil hacerla en cualquier lado. Toda la crisis medioriental, y aún más que medioriental, hoy se remonta a la crisis israelí-palestina. Sé que usted no está tan convencido de esta afirmación. ¿En qué sentido?

PIERBATTISTA PIZZABALLA:
No es que no esté convencido. En cierto sentido es verdad, ¡si logramos hacer la paz en Jerusalén, seguramente llega la paz a todas partes! Creo, como ya lo dije antes, que Jerusalén reúne un poco los miedos. Los conflictos que están en el mundo también confluyen allí, así como también las aspiraciones. Por esto, es cierto que si llega la paz a Jerusalén quiere decir que ya llegó al resto del mundo. Pienso que el origen de los conflictos no está en Jerusalén, está en el mundo, y Jerusalén es un poco el espejo de la realidad del mundo, desde el momento en que todos vemos a Jerusalén y todos volvemos a traer a Jerusalén nuestras aspiraciones, nuestros miedos, nuestros conflictos, nuestros prejuicios. Jerusalén paga, descuenta los conflictos y las tensiones que están un poco en todo el mundo. Estoy convencido de esto. Y viceversa, si en Jerusalén, nosotros que en efecto vivimos allí hombro a hombro, lográramos plantear de manera diferente las relaciones entre nosotros, de manera más positiva y propositiva, seguramente esto podría influir en la vida del mundo, pero creo que la realidad sea en doble sentido no solamente en sentido único.

ROBERTO FONTOLAN:
Pienso que lo que usted dijo ahora indica también una gran responsabilidad para nosotros, para los hermanos de Occidente.

PIERBATTISTA PIZZABALLA:
Absolutamente sí. Estar en Jerusalén no es como estar en cualquier otra parte del mundo, con el debido respeto (es importante estar por todas partes, que quede bien claro). Nosotros nacimos allí, nacimos en Jerusalén y estar en Jerusalén es fundamental. Quiere decir estar en el corazón de la vida del mundo, en el corazón de la vida de nuestra fe. Jesús nació en Belén, murió y resucitó en Jerusalén y estar allí significa atestiguar, custodiar aquella memoria y aquella Presencia que no solamente es memoria del pasado sino que es también hoy nuestra vida. La Iglesia no puede vivir sin Jerusalén, Occidente no puede vivir sin Jerusalén, porque Occidente nació allí, en Jerusalén, el Occidente de hoy.

ROBERTO FONTOLAN:
Gracias, padre. Giancarlo.

MODERADOR:
Agradezco también a Fontolan y sobre todo al padre Pizzaballa, por el testimonio que nos ha dado y por la obra que lleva a cabo. Y para agradecerle adecuadamente, concédanme cinco minutos. He estado dos veces en Israel, en Tierra Santa: la primera vez con don Giussani, la segunda vez por motivos de trabajo. Pero di una vuelta. Y ambas veces, por cierto, impulsado además por la impresión de don Giussani, lo que me impresionó más fue el dramatismo de lo verdadero, porque en Israel, es decir en Tierra Santa, el dramatismo de la verdad se ve, se toca, se percibe sensiblemente. El Evangelio que leímos el domingo pasado: en una casa estarán tres contra dos y dos contra tres. Él lo decía: en una familia somos todos cristianos, tenemos que prender la luz. Es impresionante, a su vez, la vecindad, la proximidad de la que esta realidad está constituida, también porque es pequeñísima (me parece que es más pequeña que Lombardía). Es impresionante la proximidad y la tasa de conflicto, de tensión, vean: la tensión se siente fuertísimo. Y el padre Pizzaballa decía: “Nosotros nacimos allí”. Nosotros nacimos dentro de esta tensión, porque la tensión de Jerusalén, la tensión de Tierra Santa es la tensión que hay dentro del mundo. Por esto nacimos allí y yendo allí, en cierta manera, nuestro cristianismo un poco burgués, complaciente, está completamente trastornado, tan es así que oír decir “nosotros nacimos allí”, disculpen la palabra, es como decir: “¿Pero yo qué tengo que ver con este embrollo?” Pues no. Tengo profundamente mucho que ver, tengo profundamente mucho que ver con esta tensión porque nací dentro de este hecho y es igual en Milán, es igual en Nueva York, es igual en Londres, es igual en todas partes, en donde se ubica el cristianismo. Desde este punto de vista, mientras lo oía hablar, me di cuenta de una cosa, que la custodia no es sólo la custodia de las piedras, de los lugares, también es, en un cierto sentido, la custodia de una contradicción. No en el sentido de que se cultiva la contradicción, sino que no se escapa: se acepta, se abraza, se abraza lo que Cristo determinó dentro del mundo y se toma como carga de la propia vida.
Y de este punto de vista creo que nosotros debemos agradecer en verdad al padre Pizzaballa, por lo que hicieron los franciscanos, para esta causa: como dice don Giussani en la introducción al Sentido religioso, si la historia, si la tradición, si lo que sucedió en el pasado no es un acontecimiento presente, no es algo que impacta ahora, la historia sólo es la ocasión de una curiosidad. Si no existiera el mismo acontecimiento de entonces, si no existiera ahora, si no existiera ahora acá, Tierra Santa sería exactamente una curiosidad, una oportunidad de turismo, de análisis político, sociológico. Lo que nos convence, en el sentido etimológico de la palabra, es decir lo que nos “une con”, es el presente, es el ahora. Pero sin la historia, sin todo este pasado custodiado, sin esta memoria, sin esta dedicación, sin esta obra, no existiría la posibilidad de darse motivos, no existiría la posibilidad de una educación, justamente no existiría la posibilidad de dar razón de lo que somos. Ellos nos están ayudando en esto.

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