Una iglesia pobre entre los pobres
autor: Silvina Premat
fecha: 2014-02-01
fuente: Una chiesa povera tra i poveri. Quelli che vivevano con Bergoglio
traducción: María Eugenia Flores Luna

Una anciana en silla de ruedas pasa todo el día sola en una barriada de Rodrigo Bueno, cerca de un arroyo de agua pantanosa que desagua en el Río de la Plata; un ex empresario (en pensión) también vive solo, pero en el trigésimo cuarto piso de una de las torres más lujosas del modernísimo Barrio de Puerto Madero, a pocos metros de la anciana paralítica. Incluso, los dos reciben las visitas del mismo sacerdote, para tener compañía o saber si tienen necesidad de algo.

Un adolescente pasa el tiempo con otros dos amigos acostados en un colchón en la calzada, al costado de la basura que ninguno se preocupa de recoger, en el límite entre un barrio urbanizado de la ciudad de Buenos Aires y el ingreso a la barriada 21/24; frente a un seminarista desconocido que simplemente lo saluda pasando por allí, el adolescente le agradece, como si le hubiera regalado un tesoro de valor inestimable.

En uno de los callejones de la 1-11-14, otra de las grandes barriadas de Buenos Aires, un muchacho de quince años apunta una pistola contra otro, unos años más grande que él, sin saber que es uno de los nuevos sacerdotes del barrio. Pide dinero para comprar un poco de leche, dice él. Sin miedo por la posible reacción de su agresor, el sacerdote lo invita al comedor de su oratorio, se voltea y se va. Unos días después, el sacerdote ve a Marcelo, aquel muchacho, sentado en el comedor del oratorio, esperando un vaso de leche.

Experiencias de este tipo, que demuestran cómo “el destino no ha dejado solo al hombre”, son relatadas en Sacerdotes del fin del mundo. Viaje entre los Curas Villeros de Bergoglio (EMI), libro que será presentado en el XXXV Meeting de Rímini, en la 18° Festivaliteratura de Mantua y en Parolario 2014 de Como, así como en otros encuentros.
Publicado en Argentina en el 2010, con el título Curas Villeros. De Mugica al padre Pepe, este libro es una investigación periodística sobre la presencia de la Iglesia entre los más pobres entre los pobres en la ciudad de Buenos Aires en los últimos cincuenta años. La investigación está concentrada en el Equipo de sacerdotes para las villas de emergencia un grupo fundado en 1969, que hoy asiste a una población de cerca 300 mil fieles. Se trata de crónicas escritas para responder a la necesidad de conocer a los sacerdotes de las periferias de Buenos Aires: necesidad surgida en la sociedad argentina después de las amenazas de muerte recibidas en abril de 2009, por padre José María “Pepe” Di Paola, coordinador del grupo. Notificado mafioso, sobre el que la justicia argentina no ha aclarado, y que se piensa que hubiera sido obra de jefes narcos o traficantes de armas.

Teniendo conocimiento de las historias contadas en este libro, que hablan de laicos y sacerdotes curas vinculados por la pertenencia a la Iglesia, puedo confirmar cuánto la fe pueda incidir en nuestra vida e transformar la cultura, una capacidad que tienen estos sacerdotes, muy cerca al estilo de vida cristiana que Papa Francisco está proponiendo a todos. Un estilo abierto, libre, simple y, sobre todo, alegre que busca al hombre, a la mujer, al niño o al joven en el propio barrio para anunciarles que existe una esperanza que no decepciona.

Los primeros sacerdotes que deciden ir más allá del confín trazado de la urbanización de sus barrios para entrar en las “villas miserias”, las barriadas de Buenos Aires, lo hicieron al final de los años Sesenta, cuando eran ya miles las familias que vivían precariamente en zonas abandonadas de la ciudad.

Inspirados por los curas obreros franceses, estos sacerdotes se propusieron vivir en las barriadas y trabajar como laicos, pero fue su propia gente que les pide vivir al ciento por ciento como sacerdotes, si de verdad lo eran. La relación con el arzobispo de la época no fue fácil; un grupo de sacerdotes pertenecientes a parroquias del centro de la ciudad se opuso con decisión a la labor de estos curas en las barriadas. Los acusaron de ser militantes socio-políticos disfrazados de misioneros. Los sacerdotes respondieron con un increíble número de
bautizos, comuniones y confirmaciones, de niños y adultos.

A cuarenta años de distancia de aquellos primeros pasos, recorriendo las parroquias y las capillas fundadas por estos sacerdotes y sus sucesores, se encuentra con poblaciones transformadas por el poder de la caridad, así como afirmaba Benedicto XVI en la Caritas in veritate.

En las barriadas de Buenos Aires hay toda una historia de ausencia del Estado y, al mismo tiempo, de transformación. Estos “barrios” se han creado gracias a la presencia de personas llegadas a la capital de las provincias argentinas económicamente quebradas o de Países como el Paraguay, donde los pobres tienen que pagar hasta la asistencia sanitaria. A su llegada a las barriadas, estas personas se encuentran ante un lugar donde el Estado es absolutamente inexistente y, a menudo, comienzan a construir ayudados por los sacerdotes.

El poder iluminado por la caridad

“La caridad tiene el poder de transformar aquello que las ideologías no han sabido hacer. Por el contrario, a menudo, las ideologías nos han hecho sentir peor. Viviendo en las barriadas más abandonadas se descubre que la caridad cambia la realidad con un poder mucho más fuerte de cuanto nosotros creamos. Pienso, por ejemplo, a cuando faltaban los alimentos, en el 2001/2002, grupos de dos o tres personas han organizado un comedor. La caridad tiene un poder ilimitado, como las armas nucleares, mucho más grande de cuanto nosotros los cristianos podamos imaginar” dice padre Pepe Di Paola. Y puntualiza: “Esto no es sentimentalismo. Muchas veces, el compromiso ha sido visto como una especie de sentimentalismo con una fecha de vencimiento.

Al contrario, cuando uno tiene una certeza basada en la caridad, los resultados alcanzados no consisten sólo en números/cifras. No importa si has tratado de salvar a cien jóvenes de la droga y, quizá, has logrado hacer que veinte la abandonaran”.

En Sacerdotes del fin del mundo quiero describir esta forma de trabajo en las villas, muy parecido a cuanto realizado por los jesuitas, en estas mismas tierras, en el siglo XVII y del cual resulta evidente la transformación de la periferia geográfica en el lugar central de la pastoral. Se ve en la práctica aquello que ha descrito papa Francisco en el mensaje enviado al Meeting de Rímini de 2013, en el cual se resaltaba la labor de la Iglesia: “Servir al hombre yendo a buscarlo hasta en los meandros sociales y espirituales más ocultos”.

Cuando Sacerdotes del fin del mundo ha sido publicado por primera vez en 2010, la opción de Bergoglio por los más pobres estaba sujeta a duras críticas al interior de la Iglesia de Buenos Aires. Las objeciones venían de algunos intelectuales que, por cuanto no numerosos, estaban ganando siempre más resonancia pública. “No ha descuidado jamás ningún ámbito, como la salud, los niños, la cultura” ha dicho un sacerdote muy cerca al entonces arzobispo Bergoglio “pero, para él, ningún ámbito era así prioritario como todo lo que concernía a los sacerdotes de las barriadas. Y eso era motivo de celos y envidia”.

Muchos mentían o distorsionaban a propósito la realidad, porque no la conocían. Por ejemplo, acusaban a los curas “villeros” de no tener una “pastoral familiar” organizada, cuando ya existían “grupos de parejas” precisamente con este objetivo.

Quizá agradecido de estas objeciones, un año después de su elección a Papa, cuando algunos periodistas de la radio de la barriadas de Bajo Flores en Buenos Aires preguntaron a Bergoglio qué pensara de la teoría según la cual “existen dos Iglesias, aquella de los pobres y aquella jerárquica”, la respuesta del Pontífice fue categórica: “Evidentemente, la labor, no sólo de los sacerdotes de las barriadas, sino también de cualquier persona que tenga un ideología, puede hacer pensar que hayan una, dos, tres, cuatro Iglesias diferentes. La cosa importante es que el trabajo de los sacerdotes de las barriadas de Buenos Aires no es ideológico, sino apostólico y, por tanto, hace parte de la misma Iglesia. Aquellos que piensen que ésta sea otra Iglesia, no saben cómo se trabaja en las barriadas, que es la cosa más importante”.

Para ir al fondo de este “estilo” de vida cristiana, he proseguido la investigación comenzada con Curas villeros, escribiendo Pepe. El cura de la villa, biografía de don “Pepe” Di Paola, finalizada de escribir pocos días antes de la elección de Bergoglio a Sumo Pontífice y publicada en Argentina en agosto de 2013.

En la presentación de este último libro en Buenos Aires ha participado Monseñor Jorge Casaretto, contemporáneo de Bergoglio en el episcopado argentino y uno de los mayores protagonistas, en el ámbito de la Iglesia argentina, del diálogo con el mundo político y sindical. En esta ocasión, Casaretto ha afirmado que ambos libros están ambientados en un contexto geográfico que es, al mismo tiempo, un contexto ambiental o cultural de frontera. “Así como hay una periferia geográfica, del mismo modo hay un contexto cultural de periferia que es un gran desafío para la vida de los pueblos” y ha explicado que una de las características de la exclusión social es justo el término “periferia”: no sólo periferia geográfica, sino, a veces, también periferia existencial, de la vida.

Un pueblo de muchas caras

Otra lectura del fenómeno de las periferias como realidad cultural ha sido hecha por el abogado, ensayista y exdirector de la Facultad de jurisprudencia de la Universidad Austral de Buenos Aires, Roberto Bosca. En el artículo titulado Leer para creer, publicado en la revista Criterio en setiembre de 2013, Bosca ha declarado que, con la elección de Papa Francisco, se ha producido en Argentina un fenómeno editorial “que no se veía desde decenios”. Ha recordado que, en los años Sesenta, diversos editores en América Latina publicaban libros de autores famosos a precios accesibles a todos, sobre temáticas relacionados a la fe católica. “Eran el testimonio de un catolicismo que asumía las nuevas condiciones de la moderna sociedad de masa.
Este periodo de oro ha sido seguido por otro, que reflejaba un eco cultural de la secularización, en el cual la literatura religiosa venía apenas aceptada en las librerías. La New Age ha portado al negocio editorial una suerte de brillante espectáculo pirotécnico y lo ha hecho de un modo arrollador, y aún no se ve su declive”, ha escrito Bosca. Él también ha afirmado que, junto a esta “espiritualidad light” de la New Age, han sido publicados algunos títulos que, en un tono algo “extraordinario”, planteaban una cierta visión ortodoxa de la fe. Para sorpresa mía, Bosca ha agregado que “esta presencia casi solitaria sería por terminar gracias a publicaciones como Curas villeros o anche Pepe. El cura de la Villa, que plantean un enfoque completamente diferente por la sensibilidad encarnada de un género escandaloso”, como lo son libros de la talla de El código da Vinci o Infierno.

En muchos de los reportajes hechos por mis colegas tras la publicación de Curas villeros. De Mugica al padre Pepe, me han preguntado si la presencia de estos sacerdotes en las barriadas no constituyen un “particular underground” interno en la Iglesia. Respondo, partiendo de mi experiencia, que no es absolutamente así. He constatado que la Iglesia es la misma en todas partes. En estas villas es quizá más evidente la afirmación y la valorización de las expresiones de religiosidad popular que llevan consigo los habitantes de las barriadas de su País de origen. La Iglesia nunca ha abandonado a los pobres de Buenos Aires, y si aun ahora los problemas son diversos respecto a aquellos de hace cincuenta años, la actitud frente a las necesidades de la gente es la misma: el primer objetivo de estos sacerdotes es llevar a los demás la alegría que Jesús les ha dado primero y, por tanto, ayudarlos en todos los modos posibles, en el plano material.
Dos de los conceptos que los sacerdotes de las barriadas confirman mayormente son: primero, que los pobres no son sólo personas que son ayudadas, sino también personas de las que se necesita aprender, por su relación simple y humilde con Dios, Padre y Creador; y, segundo, que ellos, en cuanto sacerdotes, quieren valorizar la propia cultura, original, de los habitantes de las villas. De este modo, ellos encarnan, dentro de una experiencia eclesial, aquello que afirma el Papa en el parágrafo Un
Pueblo con muchois rostrosi, de la Evangelii Gaudium
(116): “En los distintos pueblos, que experimentan el don de Dios según la propia cultura, la Iglesia expresa su genuina catolicidad y muestra la belleza de su rostro pluriforme. […] En la inculturación, la Iglesia introduce a los pueblos con sus culturas en su misma comunidad, porque los valores y las formas positivas que cada cultura propone enriquecen la manera en que el Evangelio es anunciado, comprendido y vivido. De este modo la Iglesia, asumiendo los valores de las diferentes culturas, se convierte en ‘sponsa ornata monilibus suis’, ‘la esposa que se adorna con sus joyas’”.

-
Unless otherwise stated, the content of this page is licensed under Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 License