Veteranos, pero no derrotados en Los Ángeles
autor: Guido Piccarolo y Nancy Albin
Co-fundadores de Los Angeles Habilitation House, Inc.
fecha: 2014-02-01
fuente: Veterani, ma non sconfitti a Los Angeles
Publicado en Atlantide n. 32
traducción: María Eugenia Flores Luna

“Creemos que la pasión por realizar a nosotros mismos caracteriza el modo en que vivimos nuestras vidas y trabajamos en nuestro lugar de trabajo. Queremos promover una sociedad que ayude a todos a satisfacer sus verdaderas necesidades: verdad, belleza, felicidad, amor y justicia. Al hacer esto podemos ser nosotros mismos y tratar a los demás con amor y respeto incondicionado por su dignidad humana. Tenemos necesidad de una ‘casa’ como un niño tiene necesidad de una familia para ser ayudado, instruido, corregido y sostenido. Tenemos necesidad de una ‘casa’ que despierte continuamente la voluntad de trabajar, cambiar, inventar. Tenemos necesidad de una ‘casa’ que impida que los individuos se conviertan en alienados y cínicos. Dedicamos Los Angeles Habilitation House a esta misión”.
Los Angeles Habilitation House

No hace falta necesariamente llegar a los barrios pobres para encontrar la “periferia” y conocer los sufrimientos y la oscuridad en que muchas personas viven: podemos encontrar la periferia también en el lugar de trabajo. Los veteranos en los Estados Unidos son 24 millones y constituyen el 8% de los ciudadanos americanos; el drama vivido por ellos es una cuestión que el comandante en jefe, el Presidente Obama, conoce bien y lleva en el corazón; esto vale también para el “Juan de todos los días”, es decir para el ciudadano estadounidense medio, cuya vida diaria no siempre cruza la de un repatriado. Recientemente, en junio, al responder a los militantes islámicos en Iraq, Obama ha expresado su reflexión a través de esta respuesta: “No podemos resolver simplemente este problema enviando miles de soldados y terminar pagando una cuenta en sangre y recursos ya pagado”. [1]

El drama vivido por los veteranos ciertamente no es una novedad en los Estados Unidos, sino en este momento histórico es algo nuevo por el hecho de que nos encontramos frente a una crisis del ser humano. Esta crisis es evidente, desde el secuestro de las jóvenes en Nigeria hasta la desintegración de la familia, como evidenciado por la alta tasa de divorcios. El estadounidense medio, el “Juan de todos los días”, percibe un nexo entre su libertad y la decisión de miles de hombres y mujeres que ponen en riesgo su propia vida por la salvaguardia de esta libertad. Estados Unidos es una tierra de ideales y oportunidades, basada en la convicción de que cada individuo tiene el derecho de perseguir su libertad, como indica a menudo la muy citada declaración de independencia: “la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.”

Muchos estadounidenses sienten una profunda gratitud por el supremo sacrificio ofrecido por muchos soldados en batalla, porque aquel sacrificio no es considerado vano sino directamente conectado a la defensa de la libertad. El drama de los veteranos en los Estados Unidos es ampliamente sentido y trasciende la edad cronológica, el sexo, la raza y la religión, por el simple hecho que aquellos hombres y mujeres han decidido arriesgar su vida por defender la libertad de otros perfectos desconocidos.

Para aquellos hombres y mujeres que regresan a los Estados Unidos inválidos se abre paso la consciencia siempre más profunda de que los signos y el impacto de la batalla han regresado con ellos a casa y que es necesaria una respuesta. “Muchos descubren haber perdido el antiguo trabajo, o que los potenciales empleadores son escépticos respecto al valor de su servicio militar. La tasa de desocupación entre los nuevos veteranos es del 13,1%, respecto al nivel nacional que se sitúa el 8,5%. Entre los veteranos del rango entre los 18 y los 24 años – muchos de los cuales poco instruidos o con escasa experiencia profesional al momento de la partida – una de cada tres personas hoy se encuentra sin trabajo: una tasa doble respecto a los no veteranos del mismo grupo de edad. “El aumento en la tasa de desocupación de los nuevos veteranos debería representar una campana de alarma para el País”, afirma Paul Rieckhoff, director ejecutivo de Veteranos estadounidenses de Irak y Afganistán. “También puede ser que la marea de la guerra se esté retirando, pero es la marea de regreso a casa que está apenas iniciando.” [2]
Hay un claro y evidente deseo de dar una respuesta y apoyo a estas personas, aun en los niveles más altos del Departamento de Asuntos de Veteranos, como demuestran las recientes renuncias del Secretario del Departamento mismo. [3] Ric Shinseki, un general del ejército en pensión con más de cincuenta años de experiencia, ha renunciado para no ser una molestia en la investigación relacionada a la muerte de 40 veteranos muertos en Phoenix, en Arizona, en una estructura de la Veterans Administration, [4] allanando así el camino para que estos problemas vengan afrontados por una nueva leadership.

Los programas y fondos de apoyo para los veteranos no están resolviendo el problema de los suicidios ni aquel de la desocupación crónica que afligen a muchos repatriados. “Nadie estaba realmente preparado para el número de sobrevivientes gravemente heridos,” sostiene el médico Ronald Glasser, autor de un volumen sobre medicina de guerra. Los veteranos heridos han mandado en confusión el sistema VA y eso ha provocado un cúmulo de casi 900.000 demandas de invalidez. Los veteranos se quejan de una burocracia opresora, de prácticas que se pierden, de controles médicos redundantes y diagnosis incongruentes. “Combates por tu País, luego regresas a casa y debes combatir contra tu propio País para tener los beneficios que te habían prometido,” ha declarado Clay Hunt, un francotirador de la Marina que había reportado una herida de arma de fuego a un pulso en Irak y que había debido esperar 10 meses para obtener el cheque de invalidez. Deprimido, divorciado y perseguido por la pérdida de algunos queridos amigos en batalla, Hunt se ha quitado la vida el pasado marzo”. [5]

Nuestro objetivo es aquel de crear y mantener oportunidades de trabajo para personas inválidas (nuestros empleados), que los ayuden a desarrollar, expresar y aplicar sus capacidades aumentando al máximo su contribución a la comunidad. Este es un modesto intento de ayudar a los veteranos inválidos a adaptarse a la vida de civiles. Por este motivo en noviembre del 2009, la LAHH (Los Angeles Habilitation House) ha dado vida al programa Contract Management Services – Outreach & Training Program (CMSOTP) para afrontar la necesidad de aquellos veteranos con invalidez que regresan de la guerra a la patria para encontrar trabajo. La ocupación es un factor clave para que los veteranos inválidos logren reintegrarse a la sociedad, a sus familias y a sus comunidades, entre sus amigos.

Reconstruir el curriculum y la confianza en sí mismos

En estos años hemos verificado que la formación profesional ayuda a los veteranos a reconstruir su curriculum y la confianza en sí mismos, permitiéndoles al mismo tiempo realizar algo del cual puedan hablar con los amigos y la familia. Hemos verificado que su experiencia como soldados suele ser un argumento que evitan, porque han aprendido a convivir con las experiencias vividas en la guerra. Cuando los veteranos regresan de la guerra no tienen mucho de qué hablar con sus familiares y amigos y esto puede ser causa de aislamiento y ansia creciente. El aislamiento y el ansia son dos de los principales peligros para el bienestar de un repatriado inválido. Si no controlan, estas dos características pueden empujar al repatriado a abandonar la búsqueda de un empleo. El hecho de que haya un puente entre el regreso a casa y la reanudación del trabajo es un factor crucial, y este puente es justo la formación profesional retribuida que lleva al trabajo. La LAHH puede ofrecer todo esto en el ámbito de la gestión de contratos, incluido el cierre de contratos, porque actualmente ofrecemos este servicio en la Base Medica Naval en San Diego. La asunción y el reclutamiento de veteranos como empleados genéricos o como especialistas en el cierre de contratos les proporciona un conjunto de competencias y medios económicos para mejorar su situación financiera. Mientras creamos nuevas oportunidades de empleo para otros veteranos, nos comprometemos a mantener nuestros actuales empleados veteranos.

¿Para qué todo esto? Hay un paso ulterior para aquellos que proporcionan apoyo y ayuda a los veteranos. Este paso está constituido por una mirada sensible y compasiva que parte mirando antes a sí mismo para luego posarse sobre los veteranos del mismo modo. No podemos comenzar a afrontar el problema del ser Atlántida 2.2014 23 humano, la condición del ser humano, la crisis del ser humano, si antes no miramos al interior de nosotros mismos y establecemos cosas que nos permiten ser ciudadanos equilibrados y activos de esta gran nación. No se trata sólo de aquello que una persona puede hacer, sino mucho más, se trata de quién es aquella persona y qué tiene en el corazón. Con el corazón pleno de una mirada de amor, sensibilidad, compasión, una persona también puede encontrarse frente a las peores circunstancias y recomenzar de cero.

Esto ha sido evidente para Nancy y para mí cuando recientemente hemos estado en San Diego a visitar a nuestros empleados, que son veteranos con invalidez. Nuestros empleados han sufrido mucho en manos de otros o han infligido violencia en otras personas y en este momento están atravesando el proceso crítico de fijarse en sus propias acciones. Frente a nosotros hemos visto hombres y mujeres capaces de afrontar el propio pasado, allá donde antes esto venía silenciado, no reconocido. No hemos hecho nada de especial ni tenemos una experiencia profesional en ámbito médico o social.
Uno de nuestros empleados, un ex marino, nos ha dicho: “…ustedes son muy diferentes, son diferentes de todo lo que he visto y encontrado hasta ahora en mi vida.” Éste no es el resultado de un programa diferente para veteranos. Éste no es el resultado de nuestros “esfuerzos morales” hacia aquel que está afligido por marcas invisibles de guerra. Es sólo nuestra frágil humanidad que desea evidenciar las palabras de papa Francisco: “[Yo veo con claridad que la cosa de la que la Iglesia tiene más necesidad hoy es] la capacidad de curar las heridas y de avivar el corazón de los fieles, la cercanía, la proximidad. Veo la Iglesia como un hospital de campo después de una batalla. Es inútil preguntar a un herido grave ¡si tiene el colesterol y los azúcares altos! Se deben curar sus heridas. Luego podremos hablar de todo el resto. Curar las heridas, curar las heridas… Y se necesita comenzar de abajo.” [6] El Papa además ha añadido: “Hace falta siempre considerar a la persona. Aquí entramos en el misterio del hombre. En la vida Dios acompaña a las personas, y nosotros debemos acompañarlas a partir de su condición. Hace falta acompañar con misericordia.” [7] Aquello que tenemos y ofrecemos por tanto a nuestros veteranos inválidos es una mirada que los abraza, que abraza su pasado, presente y futuro con una libertad que permite a ambos respirar.

1http://www.nbcnews.com/storyline/iraq-turmoil/obama-u-s-prepared-take-targeted-action-iraq-n135621.
2http://theweek.com/article/index/223423/a-tough-homecoming-for-war-veterans.
3http://www.msnbc.com/msnbc/eric-shinseki-resigns.
4http://www.nbcnews.com/storyline/va-hospital-scandal/va-report-confirms-allegations-phoenix-hospital-n116616.
5http://theweek.com/article/index/223423/a-tough-homecoming-for-war-veterans.
6http://w2.vatican.va/content/francesco/it/speeches/2013/september/documents/papa-francesco_20130921_intervista-spadaro. html.
7http://w2.vatican.va/content/francesco/it/speeches/2013/september/documents/papa-francesco_20130921_intervista-spadaro. html.

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