Zot 2

¿Qué es la sobrestimulación?

Es dar al niño o niña, de afuera para adentro, lo que no necesi-ta. Durante años, hemos creído que la sobreestimulación era necesaria para formar niños inte-ligentes. La estimulación tempra-na o precoz está fundamentada en este paradigma: el niño es un ente movido desde afuera, con unos hitos por cumplir, y cuando no se cumplen, realizamos actividades para normalizar al niño. Hoy sabemos que es tan nocivo el exceso de estímulo como la carencia de estímulo. La neurociencia ya afir-ma claramente que los niños y niñas tienen en sí mismos lo nece-sario y suficiente para el descubri-miento y el aprendizaje.

“Hoy sabemos que es tan nocivo el exceso de estímulo como la carencia de estímulo.”

Hablas de la saturación de los senti-dos: no sólo de irritabilidad o impaciencia, sino del ahogo de esa ingenuidad necesaria para maravillarse.

Si el asombro es el deseo de conocer, cuando saturamos, bloqueamos ese deseo, que es imprescindible para jugar, para crear, para cualquier cosa que deban hacer desde dentro. Hoy en día, algunos niños y niñas están a la espera de que les entretengamos, les divirtamos y les empujemos desde afuera.

Pero si vivimos en una gran ciudad, con transportes masificados, una in-dustria cultural y de ocio hiperes-timulante…, ¿podemos abstraernos de eso? Y, si lo hacemos, ¿no ter-minamos en una burbuja?

Bueno, los niños saben lo que desean, pero no lo que necesitan, eso lo manifiesta su naturaleza. No saben que no se pueden tragar una pieza de juguete, ni comerse un pastel entero. Debemos actuar como filtro, pero no para excluir-los del mundo, sino para buscar alternativas que les respeten, que no quemen etapas.

D. Christakis, un experto en el efecto pantalla, habla también del efecto desplazamiento: hay muchas cosas que no son malas en sí mis-mas para los niños y niñas pero, mientras las hacen, ¡se están perdiendo otras que son mucho mejores! Se trata de dejar de pensar en términos de qué está bien o mal, para ir a lo mejor en la medida de nuestras posibilidades.

¿Cuál es la diferencia entre escuchar al niño y hacer o darle lo que nos pide, y escuchar a su naturaleza y hacer o darle lo que necesita?

Se encuentra en algo que los ame-ricanos nombran como sensitivity, que vendría a ser “sensibilidad”, aunque no tenemos una traducción exac-ta del sentido de este término. Sería la intuición para satisfacer las necesidades del niño pequeño en cada momento, viendo lo que necesita. No nos referimos a sus caprichos, sino a lo que pide su naturaleza: sus tiempos, su orden interior, su inocencia, su sed de silencios. Esta sensibilidad hace que la relación entre el niño y su cuidadora o cuidador sea buena y segura. ¡Esto marca la diferen-cia: no la cantidad de estímulos que recibe, sino la calidad de la relación con su principal cuidadora!

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